30/03/2020 BARCELONA

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La industria del petróleo ha sabido impulsar el aparato productivo de Argentina durante casi 70 años, desde aquella lejana creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), en 1922, hasta la privatización de esa misma empresa en 1992. Un proceso que fue extremadamente poco transparente y que incluyó sobornos en el Parlamento y falsos diputados votando a favor de la entrega de uno de los sectores estratégicos más importantes para el desarrollo de la nación.

Las empresas multinacionales avanzaron en el negocio de los hidrocarburos en toda América Latina dando paso a una nueva forma de colonialismo de la región. Argentina no se vio exenta de este proceso ya que sufrió el desembarco de empresas que operan a su antojo sobre el territorio bajo el ala protectora de los respectivos gobiernos.

La “innovación” que trajeron las grandes petroleras con su llegada a Argentina fue la técnica de extracción de hidrocarburos no convencional, que comúnmente se conoce como fracking o fractura hidráulica, y que fue vetada en países como Francia por ser altamente contaminante, de alto riesgo para la población y uno de los motores del calentamiento global.

Sede central de YPF en el barrio de Puerto Madero, Buenos Aires, Argentina [Foto: Martin Barland vía WikimediaCommons].
Sede central de YPF en el barrio de Puerto Madero, Buenos Aires, Argentina [Foto: Martin Barland vía WikimediaCommons].

El principio del fin

Durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, en la década de los ’90, Argentina se vio sometida a un proceso de privatizaciones que dejó al Estado debilitado ante el avance de las grandes compañías extranjeras. Con una industria nacional desmantelada que ya no contaba con un sector tan valioso como el de los hidrocarburos, la administración nacional dejó todos los recursos a los grandes capitales que venían de afuera, y lo único que logró fue aumentar el desempleo y la pobreza.

El gobierno de Menem hizo la vista gorda ante el vaciamiento que sufrieron las reservas de gas y petróleo de YPF, permitiendo que las empresas privadas se llevaran 5.000 millones de barriles de crudo para sus países. Esto afectó gravemente al autoabastecimiento que podía ostentar Argentina. Además, las promesas de inversiones que hicieron las corporaciones brillaron por su ausencia, ya que Repsol, que era la accionista mayoritaria de YPF, se llevó de Argentina el 95% de sus ganancias.

Miles de poblados que nacieron al calor del crecimiento de la petrolera estatal se convirtieron, de pronto, en pueblos fantasma a causa del éxodo a las grandes ciudades. Al mismo tiempo, los trabajadores desocupados fundaron el movimiento piquetero que, a través de cortes de rutas, pedían una solución laboral para esta etapa de flexibilización que estaban atravesando.

La ley del negocio y la apropiación del agua

¿Representa el fracking una nueva etapa de la guerra por el petróleo? Muchos expertos opinan que sí. Un pionero en la materia fue Estados Unidos que, ante la situación de dependencia externa de petróleo y gas, decidió implementar el fracking como modo de extracción que garantizara el abastecimiento. Por eso en EE.UU. se habla de “independencia petrolífera”. Sin embargo, las consecuencias de esta “independencia” son terribles: terremotos, inundaciones, agua contaminada, sequías y destrucción de la flora fueron sólo algunas de las mismas.

Tanques de agua preparados para el proceso de fracturación hidráulica de terreno [Foto: Joshua Doubek vía WikimediaCommons].
Tanques de agua preparados para el proceso de fracturación hidráulica de terreno [Foto: Joshua Doubek vía WikimediaCommons].

La técnica de extracción de hidrocarburos no convencionales consiste en una perforación de 4.000 metros de profundidad, aproximadamente, hecha de forma vertical y horizontal, que atraviesa la roca madre que luego se vuela con explosivos. Una vez superado este proceso, se rellenan las zonas perforadas con agua, arena y más de 600 sustancias químicas que hacen aflorar el gas  que está impregnado en la roca. ¿Cuál es el problema? Que estos productos químicos, y el propio gas, migran hacia las reservas de agua, lagos o ríos próximos produciendo una contaminación irreparable para los pueblos aledaños.

En Argentina, la primera explotación en la se utilizó la técnica de fractura hidráulica se ubicó en territorio del poblado Mapuche, un pueblo originario de la provincia de Neuquén que denunció sobornos por valor de 13.000 pesos argentinos para no hablar de la contaminación producida por la petrolera Apache. El coste ambiental que deja el fracking en las provincias andinas es catastrófico.

Los vecinos de la zona dicen que “el agua potable parece aceite, es imbebible.”

Por ejemplo, cogiendo el caso del agua potable, vemos que las grandes compañías que explotan este negocio consumen un total de 30 millones de litros al día. Si comparamos esta cifra con los datos de la Organización Mundial de la Salud, que calcula que una persona consume, por diversas vías, cerca de 50 litros de agua por día, vemos que las grandes petroleras utilizan el agua que podría abastecer a 600 mil habitantes en un día. Teniendo en cuenta que la población de la provincia de Neuquén sufre de restricciones de acceso al agua y que su población total es de 620 mil ciudadanos, vemos que el 98% de las personas de ese distrito podrían acceder a este indispensable recurso sólo con lo que consumen las empresas que utilizan el fracking.

Por otra parte, la empresa responsable de limpiar las reservas de agua de estas compañías es propiedad del ex Ministro de Energía neuquino, Guillermo Coco, lo que pone en evidencia que la política es parte del negocio de la destrucción ambiental que sufre Argentina. Esto también se hace patente con el hecho de que las petroleras no pagan el agua que gastan, pues este coste es subsidiado por el Estado. Un negocio redondo entre empresas y el poder político.

Otro de los graves problemas que se generan es el éxodo de campesinos que, ante la contaminación de las aguas con la que riegan sus cultivos, se ven obligados a abandonar sus campos e irse a buscar suerte a las ciudades. Este es el caso del que hablábamos anteriormente, el de los agricultores de las inmediaciones del Rio Negro que fue contaminado por la empresa Apache.

El modelo energético de los Kirchner

La falta de inversiones tan prometidas por las corporaciones extranjeros generó una crisis energética que se ha convertido en un verdadero obstáculo para el desarrollo industrial de Argentina. Así, hoy Argentina no tiene una estructura energética capaz de soportar una industria avanzada.

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El matrimonio Kirchner, impulsores de una política de crecimiento del consumo energético [Foto vía WikimediaCommons].

Una vez que Néstor Kirchner asume la presidencia, en 2003, se vivió un proceso de crecimiento del consumo energético que, por el contrario, no se vio acompañado de políticas para recuperar la industria petrolera. A su vez, Kirchner prolongó las privatizaciones por 25 años, incluyendo el principal yacimiento del país, Cerro Dragón. Así, el negocio de las empresas siguió con un posicionamiento territorial arrollador.

Al mismo tiempo, no se avanzó en la explotación de energías renovables y menos contaminantes. Algunos académicos afirman que Argentina, en energías renovables, tiene el potencial de 3.000 centrales nucleares, pero seguir esta senda energética sería ir en contra de los intereses empresariales ya que los molinos eólicos o las fuentes de energía biomasa son parte de su competencia y pueden incluso ser administradas por pequeñas cooperativas.

A modo de ejemplificación vemos que, en el sur, Argentina cuenta con vientos de hasta 130 km/h, lo que supone una fuente de energía eólica muy importante. Mientras, en el norte, existe la región puneña capaz de abastecer de energía solar a gran parte de la población nacional. Por otra parte, el país cuenta con mares y ríos para explotar la energía mareomotriz. Sin embargo, el gobierno quiere seguir explotando la técnica del fracking, la opción que está arrasando el medio ambiente del país.

En 2013, la entonces presidenta Cristina Kirchner decide expropiar el 51% de YPF, lo que representa sólo el 16% del mercado interno. Cifras muy bajas para los volúmenes de dinero que se manejan, y más si hablamos de un recurso fundamental para la industria. Esta expropiación le costó 8.000 millones de dólares al Estado argentino para resarcir a Repsol.

No obstante, el neocolonialismo sigue presente, pues la ahora estatal YPF firmó un acuerdo con Chevron, una petrolera que fue expulsada de Ecuador por graves problemas ambientales en la selva amazónica. Chevron va a explotar el yacimiento Vaca Muerta, en Neuquén, a través del fracking. Este es el ejemplo de una continuidad del modelo extractivo que aparta el potencial de las energías renovables y persiste en la destrucción ambiental.

Actualmente, bajo el gobierno de Mauricio Macri, el Ministro de Energía es Juan José Aranguren, que fue el presidente de Shell en el país. Es decir, la persona que hace 10 meses representaba los intereses de una gran petrolera extranjera, ahora tendrá que defender los intereses de la petrolera estatal. Esto es, cuanto menos, digno de sospecha.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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