La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 fue interpretada como el fin del ciclo bolivariano. Pero confundir la caída de un caudillo con el colapso del sistema que lo sostenía es un error conceptual de fondo. Lo que inauguró esa fecha no fue una transición democrática, sino una mutación sistémica: el chavismo se reorganizó bajo la dirección de los hermanos Rodríguez, adaptó su arquitectura de poder y encontró en el pragmatismo su nueva herramienta de supervivencia. El Rodrigato no es la superación del sistema chavista; es su versión funcionalmente actualizada.










