27/11/2022 MÉXICO

Taiwan archivos - United Explanations

De Ruba Leonel05/10/2022
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*Artículo escrito por Leonel De Ruba y Florencia Mendieta

Desoyendo las alertas y las protestas de China, Nancy Pelosi incluyó en su gira asiática una visita inesperada: Taiwán. Sumó un nuevo capítulo a las sensibles relaciones entre Estados Unidos y China provocando una cadena de eventos que alteraron la seguridad mundial. ¿Muestra de poderío  o una “trampa de Tucídides”?

Historiadores y expertos en geopolítica no tardaron en sostener que esta visita de Pelosi se convertiría en la cuarta crisis del Estrecho de Taiwán. La decisión de la “Speaker” de la Cámara de Representantes y tercera en la línea de sucesión presidencial estadounidense no sólo se enmarca en la disputa por el poder global entre las grandes potencias, sino que también en el contexto de cambio del orden mundial vigente.

Pelosi, es una experimentada como reconocida congresista cuyo expertise le permite utilizar e interpretar agudamente las señales y símbolos políticos, más aún en la era de las redes sociales. Aunque muchos analistas critican la toma de esta decisión, definiendola en una posible descoordinación diplomática de la administración Biden, se puede inferir que es una acción decidida en el compromiso de una mayor presencia en el Indo-pacifico y además un capítulo más en la compulsa para dominar la agenda internacional.

¿Por qué Pelosi visitó Taiwán?

En el marco de serias amenazas por parte de China, que no se remiten únicamente a la condena diplomática, sino que implican cuestiones de seguridad y hasta escaladas militares, Pelosi aterrizó en la Isla de Formosa el pasado 2 de agosto, convirtiéndose después de 25 años en la autoridad estadounidense más importante en visitar la isla autogobernada.

Este viaje es la consecuencia del abierto desafío geopolítico que implica el ascenso de China que, en las últimas décadas, ha conseguido un desarrollo militar, político y económico que la ubica ya no como potencia regional sino como una potencia internacional con amplías capacidades y roles para incidir en el orden global, generando rispideces con Estados Unidos, garante del actual sistema internacional. En este contexto debe ubicarse la polémica visita.

La “Speaker” Nancy Pelosi y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen. (Flickr)

Otra arista la representa la cuestión ideológica y cultural. Nancy Pelosi ha dedicado su carrera pública a defender los principios más importantes del orden liberal: democracia, derechos humanos y libertad. Por su parte, el régimen comunista chino antagoniza con los principios occidentales por su liderazgo autocrático y su consecuente historial de falta de respeto a las libertades individuales y colectivas de las minorías.

Recientemente, Pelosi se ha reunido con disidentes chinos que luchan por la democracia y ha mantenido diálogos con el Dalai Lama, un líder espiritual tibetano exiliado. Además, en 1991 la congresista junto a otros colegas del Congreso estadounidense desplegó en la mismísima Plaza de Tiananmen una pancarta que recordaba a las víctimas de los hechos ocurridos en el corazón de la política china en 1989.

Las crisis del Estrecho de Taiwán, un larga historia

Este fenómeno, que podría parecer como coyuntural, debe entenderse desde una perspectiva histórica, particularmente a la luz de las últimas tres crisis, en las que los actores se repiten.

Primera crisis (1954-1955): Luego de la guerra civil china, los nacionalistas se replegaron en la Isla de Formosa y establecieron allí un gobierno democrático denominado República de China. El régimen comunista gobierna sobre toda la China continental.

En agosto de 1954, la República de China ordenó una invasión de las Islas de Kinmen y Matsu situadas a tan sólo 10 kilómetros del continente. La respuesta de la China de Mao fue bombardear el archipiélago y lograr la toma de las Islas Tachen, ubicadas a 300 kilómetros de Taipéi.

La situación generó preocupación en Estados Unidos, por lo que suscribió un Acuerdo de Defensa Mutua con Taiwán evitando mayores confrontaciones entre las dos Chinas que pudieran desestabilizar la región.

Segunda crisis (1958): Las fuerzas de Mao bombardearon las Islas Kinmen y Matsu con el objetivo de desalojar la ocupación taiwanesa. Pensando en la posibilidad de que una escalada militar condujera a la derrota y posible caída de la República de China, Estados Unidos haciendo uso del pacto de Defensa Mutua proveyó a Taiwán de material bélico, incluso, analizó la posibilidad de emplear armas nucleares.

No obstante, el régimen comunista observando el cariz que generaba el conflicto, y ante el nulo avance militar, anunció un alto al fuego unilateral que logró que cada país volviera a las posiciones que poseía antes del enfrentamiento.

Tercera crisis (1995-1996): Con Taiwán saliendo de una dictadura y caminando una senda democrática, se generó un nuevo conflicto enmarcado en la visita a Estados Unidos por parte del nuevo primer ministro Taiwanés, Lee Teng-Hui.

La visita fue considerada como una “traición” por la China comunista, pues se podría concretar el deseo de Teng-Hui de convertir a Taiwán en un estado soberano. Para evitarlo, Beijing empleó el uso de la fuerza y probó  misiles en la zona contigua a la Isla de Formosa.

Por su parte, Estados Unidos envió una flota naval a la zona, calmando la demostración comunista. Ofuscados por el accionar chino, los taiwaneses eligieron para gobernar al Kuomintang y a Lee por una mayoría absoluta,  demostrando el fracaso de la estrategia china.

Disputa geopolítica en el Indopacífico

A medida que el poder económico, político y militar se acrecienta en China, el Mar de China Meridional y el Estrecho de Taiwán aumentan su peso estratégico. Los océanos y los estrechos continúan poseyendo un alto valor estratégico. El estratega marítimo Alfred Mahan, en su famosa obra: “La influencia del poder naval en la historia”, describió una serie de elementos que constituían el poder naval, concluyendo lo siguiente: “Quién domina los mares, dominará el mundo”. Es evidente que China comprendió este planteamiento desde hace mucho tiempo, por lo que a medida que los Estados logran controlar su soberanía en el mar, la doctrina de Mahan basada en una “geopolítica marítima”, recupera su trascendencia.

Por su parte, Zeno Leoni, especialista en orden internacional, defensa y relaciones entre China y Occidente en Londres afirma que:China ya tiene una gran influencia militar sobre el mar del sur, pero si tuviera a Taiwán, eso les permitiría expandir su influencia naval y tener un control completo de la zona, lo que también tendría implicaciones para el comercio global. Ciertamente, la ubicación de Taiwan es geoestratégica para la proyección del poder naval chino. Durante estos años, China ha desarrollado una política exterior particular, en lo que concierne a Taiwán, conocida como One China Policy”. Ésta intenta garantizar que la isla que se encuentra a 180 kilómetros de las costas chinas no sea parte de alianzas con rivales estratégicos. La relevancia de Taiwán permanece en que es uno de los pasajes comerciales más importantes del mundo, y además, se encuentra ubicada entre dos raíces marítimas directas de China al Pacifico como lo es el Canal de Bashi (localizado entre Filipinas y Taiwán)  y el  Estrecho de Miyako (ubicado entre Japón y Taiwán).

Mapa de China y Taiwán. (Flickr).

Ma Fengshu, academico chino, agrega que Taiwán funciona como un bloque crucial para el desarrollo económico de China y asimismo, posee el mayor potencial de conflicto, dado que existe presencia estadounidense en la isla. Por consiguiente, Fengshu advierte que China debería superar la influencia regional estadounidense explotando la dependencia económica de los Estados de la región, incluyendo a Taiwan.

“Ambigüedad estratégica”: La política de Estados Unidos hacia Taiwán

Para comprender el apoyo estadounidense a Taiwán es preciso remontarse a mediados del siglo XX. En medio del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, Mao Zedong (República Popular de China) se enfrentó al partido nacionalista Kuomintang (República de China). Los nacionalistas recuperaron la isla en 1945, sin embargo, en el año 1949 fueron derrotados por el partido comunista. En este conflicto, Estados Unidos apoyó al Kuomintang, no reconociendo la legitimidad de los comunistas. No obstante, en el año 1971, la Organización de Naciones Unidas le otorgó el reconocimiento a la República Popular de China.

En la actualidad, las relaciones entre Taiwán y Estados Unidos se desarrollan mediante lazos no oficiales, proyectándose en acuerdos comerciales, educativos y culturales. Sin embargo, es pertinente señalar que la política de Estados Unidos hacia Taipéi es explicada como una “ambigüedad estratégica”. La posición tradicional estadounidense es analizada por Stephen Collinson de la siguiente manera: el objetivo es mantener un control sobre el enfrentamiento al disuadir a China manteniendo abierta la posibilidad de una respuesta militar estadounidense. Al mismo tiempo, se pretende privar a Taiwán de las garantías estadounidenses que podrían llevarlo a presionar por su independencia oficial. El objetivo es preservar el statu quo y evitar una guerra en Asia, y ha funcionado, permitiendo a Washington caminar por la cuerda floja de las relaciones con ambas partes”. En otras palabras, la ambigüedad característica de esta posición se encuentra basada en el hecho de que Estados Unidos acepta la política de Pekín de considerar a Taiwán como parte de China, pero se niega a cambiar el status de la isla por los medios militares, vendiendo armas a Taipéi.

La ambigüedad que pregona Estados Unidos en su política exterior hacia Taiwán se cimienta en la importancia de la ubicación geográfica de la isla. Por el momento, Estados Unidos es su principal aliado y proveedor de armas. Washington reconoce que es clave mantener aliados en el Pacifico, que aporten a debilitar y limitar el creciente poderío chino en la región. La política disuasiva de Estados Unidos se fundamenta en la creación de alianzas militares como AUKUS o QUAD. Apoyado en esta red estratégica de socios, el presidente estadounidense Joe Biden señaló que, en caso de que sea necesario, intervendría en defender militarmente a Taiwán.

Taiwán y China. (Wikimedia).

Al respecto, el vocero de China Daily afirma que: “una vez que Taiwán se transforme en una amenaza para la seguridad nacional… debido a las maquinaciones de Estados Unidos, el cálculo estratégico de Beijing cambiará drásticamente”. La estrategia de Pekín en Taiwán no ha sido otra que la “paciencia”, esto le ha facilitado modificar el status quo en la región de una forma sostenida durante años. Sin embargo, los ejercicios militares conjuntos entre las fuerzas militares taiwanesas y estadounidenses, a pocos kilómetros de las costas chinas, suponen una gran amenaza a la seguridad nacional.

En este contexto, Estados Unidos obliga a China a salirse de su “paciencia estratégica” para establecer límites. Un historiador estadounidense, Graham Allison, señaló que las potencias podrían caer en lo que se conoce como la “trampa de Tucídides”. Este concepto permanece vinculado a la creciente conflictividad entre dos potencias: el hegemón (potencia establecida) y el ascenso de otra que le disputa la hegemonía. No obstante, resulta pertinente resaltar un discurso que Xi Jinping sostuvo hace unos años atrás: “No existe tal cosa que algunos llaman la trampa de Tucídides en el mundo. Pero si las potencias repetidamente cometen el error de mal cálculo estratégico, pueden crear tales trampas para ellas mismas”.

“Creciente incertidumbre”

Debido a que China no logró disuadir a Washington de evitar la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, las tensiones entre China y Taiwán aumentaron. Considerando el análisis previo, se detallan posibles escenarios sobre la disputa geopolítica en el Asia Pacifico.

1.“El plan de China para anexar Taiwan”

Este escenario a largo plazo, característico de la política china “paciencia estratégica”, se basa en la decisión de Pekín de ejercer presión sobre los intereses regionales de Taiwán y de invadir paulatinamente su territorio durante los próximos meses. Se normalizarían las actividades militares chinas en Taiwán. China podría esperar que su posición militar dominante y su desvinculación económica de los Estados Unidos fomenten condiciones para forzar el regreso de Taiwán a Pekín dentro de los próximos años, idealmente por “negociación” o por la fuerza, en caso de ser necesario.

Esta situación podría acelerarse únicamente por el declive hegemónico de Estados Unidos. Asimismo, la decisión de Pekín permanece vinculada a las elecciones en China, debido a que una guerra no planificada podría costarle el tercer mandato consecutivo a Xi Jinping (2023). Es posible que las provocaciones estadounidenses hacia Taiwán, en realidad giren en torno a esta cuestión: generar desestabilidad interna dentro del año electoral.

2.“Disuasión integrada

Sabiendo que China es el mayor desafío geopolítico de este siglo, Estados Unidos llevaría adelante una estrategia de “disuasión conjunta” mediante las alianzas militares como AUKUS (Australia, Estados Unidos, Reino Unido) o QUAD (Japón, India, Estados Unidos y Australia). Estos países conforman la red de aliados estratégicos de Estados Unidos en Asia Pacifico, por lo que, a medida que el poder militar chino se incrementa, la competencia estratégica estadounidense también. Ante el creciente nivel de los ejercicios militares chinos en la zona, se observa un significativo incremento en las ventas de equipos militares estadounidenses a Taiwán, estimulando el dilema de seguridad.

En este escenario, se evita que la disuasión falle, ya que tanto China como Estados Unidos se verían altamente perjudicados, especialmente en materia económica y comercial. Cuando las cuestiones de seguridad internacional (dilema de seguridad) sobrepasan las comerciales, la interdependencia que caracteriza el sistema internacional es el punto débil. Este sería el principal objetivo por el cual se aplicaría una estrategia disuasoria.

3. “Estabilidad estratégica

Teniendo en cuenta que ni China ni Estados Unidos se benefician con otro conflicto armado en curso, se prefiere sostener el status quo en la región. Ambos Estados se alejarían de una situación que derive en un conflicto, tratando de mejorar sus esfuerzos en la comunicación diplomática.

En consecuencia, China cesaría los ejercicios militares próximos a la frontera con Taiwán, mientras que Estados Unidos se comprometería a llevar a la práctica la política que aceptaron oficialmente: “One China Policy”. Asimismo, Washington controla el apoyo bipartidista hacia Taiwán. En este escenario, se prioriza la preservación de la seguridad y de los intereses económicos en la zona, disminuyendo los riesgos de conflictividad.

4. “Invasión china a Taiwan

Este escenario prevé la confrontación armada directa entre Estados Unidos y China, producto del aumento de la conflictividad por Taiwán. Un error de cálculo de Occidente implicaría que  la disuasión falle nuevamente (tomando en consideración lo sucedido con Rusia). Una de las posibles razones para el desarrollo del conflicto bélico podría ser que Taiwán obtuviera el reconocimiento como Estado de los países miembros de la OTAN. Claramente, este hecho sería el fracaso de la “One China Policy”. En efecto, el gobierno taiwanes sería un aliado estratégico para el desarrollo de los objetivos de la “OTAN Global” en el Pacifico.

En este caso, el conflicto bélico aportaría al bloqueo del Estrecho de Taiwán. La interrupción del mismo supondría un golpe significativo a la economía internacional debido a que por medio de este se produce un flujo comercial marítimo importante. Asimismo, las rutas marítimas y de aviación regionales que conectan a Asia con el sur y norte de Asia, así como con Medio Oriente también se verían altamente afectadas.

Definitivamente, la visita de Nancy Pelosi a Taipei ha producido una escalada en el conflicto entre Estados Unidos y China. La reunificación de Taiwán es fundamental para la política exterior china, hasta tal punto, que es considerada como un legado para Xi Jinping.

Los temores sobre un posible conflicto en Taiwán se intensifican cada vez más, traduciéndose en el gran temor de Occidente: una confrontación simultánea en dos frentes. Por tanto, el desarrollo de los escenarios planteados solamente dependerá del curso de las políticas que implementen los actores participantes.


A Leum Yang01/07/2013
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La gira diplomática a América Latina de Xi Jinping fue la segunda después de tres meses desde que asumiera la presidencia china. Así, América Latina y el Caribe fueron señalados como unos de los socios más importantes para el país asiático después de Rusia y África.

En la noche del pasado 31 de mayo el presidente chino aterrizó en Trinidad y Tobago para empezar su primera gira por América Latina y el Caribe, donde el mandatario chino prometió 3.000 millones de dólares de préstamos a las naciones caribeñas además de proporcionar médicos y becas. Luego llegó a San José, donde firmaron nuevos acuerdos entre los cuales destaca un crédito preferencial por 400 millones de dólares para las infraestructuras del país del istmo. Por último, en México, Xi Jinping y Peña Nieto elevaron la relación de sus países al nivel de asociación estratégica integral (a pesar de sus rivalidades comerciales).

Sin embargo, todos estos acontecimientos no son sorprendentes, ya que la relación entre China y América Latina ha sido cada vez más estrecha. En el período 2005-2009, las tasas de crecimiento de las exportaciones (24,8%) e importaciones (24,5%) de la región con China fueron más altas que las de países latinoamericanos con cualquier parte del mundo. Siguiendo este ritmo, en el año 2020 China sería el segundo socio comercial de la región después de Estados Unidos, desplazando a la Unión Europea. También las visitas mutuas y los acuerdos gubernamentales han aumentado significativamente. Así, ambas partes, desconocidas durante décadas, protagonizan hoy un acercamiento que se produce a una velocidad impresionante.

¿Por qué América Latina?

Presidenta Dilma Rousseff durante el encuentro bilateral con el presidente de China, Xi Jinping. Durban-Sudáfrica / Roberto Stuckert Filho Cuenta Flickr: Blog de Planalto

La razón fundamental del acercamiento entre China y América Latina reside en la percepción de sus situaciones económicas respectivas en el mundo. Para China el crecimiento económico ha sido y es la fuente fundamental de su ascenso internacional como principal potencia mundial. Por lo tanto, la continuidad de este crecimiento es la clave para mantener e incluso para aumentar su estatus. Sin embargo, la creciente demanda interna de energía, materias primas y alimentos, así como la constante prospección de nuevos mercados para vender sus manufacturas son desafíos que pueden impedir su crecimiento.

Sin duda, el petróleo es uno de los productos más buscados en América Latina, y esto explica, en buena medida, el interés chino en los países productores de hidrocarburos como Venezuela, Brasil, Colombia, Ecuador y Trinidad Tobago. Además, hay otras materias primas que interesan a los chinos, en especial los minerales y los alimentos: los principales productos exportados desde la región a China son la soja, el  hierro, el cobre, la pasta de papel, la harina de pescado y el cuero.

Por otra parte, los mercados latinoamericanos son cada vez más interesantes para las exportaciones de manufacturas chinas como es el caso de México y Panamá. En este sentido, Pekín quiere que sus socios latinoamericanos le reconozcan el estatuto de economía de mercado para reducir las posibilidades de acciones anti-dumping contra ella. Así, el país asiático inició una ofensiva diplomática en la región, por lo cual ha logrado convencer a Argentina, Brasil, Chile y Perú.

Detrás del acercamiento también hay motivos políticos. Para China, que quiere expandir su poder e influencia en el mundo, es necesario conseguir nuevos socios como América Latina y África. Así, en sus discursos hacia los “amigos del Sur”, los dirigentes chinos nunca olvidan resaltar que deben “salvaguardar los intereses comunes de todos los países en vías de desarrollo” como dijo Xi Jinping ante el Congreso mexicano el pasado día 5 de junio.

Existe otra razón política importante para explicar el acercamiento de China hacia América Latina: la cuestión de Taiwán. En la actualidad existen 27 países en el mundo que mantienen sus relaciones diplomáticas con Taipei y 11 de ellos se encuentran en América Latina y en el Caribe. Aunque Taiwán y China acordaron mediante un pacto tácito no competir por aliados diplomáticos, China sigue ostentando la ventaja de ser su socio como lo hizo el presidente Xi en Costa Rica. Este es el único país del istmo que tiene relaciones diplomáticas con China desde 2007 tras romper lazos con Taiwán y ha tenido acceso a numerosos proyectos de cooperación con Pekín, incluido un estadio nacional de fútbol, equipamientos para la policía y financiación de carreteras.

Visita del Presidente Xi Jinping y primera dama Peng Liyuan de la República Popular China / Cuenta Flickr: Presidencia de la República de Costa Rica.

¿Por qué China?

Para los latinoamericanos, es indudable que quieren beneficiarse de las enormes oportunidades económicas que presenta China. De hecho, la región se ha beneficiado del impacto chino en la economía mundial como el aumento de la demanda mundial, especialmente la de materias primas y alimentos y la consecuente subida del precio de estos productos.

Por otro lado, América Latina ha visto a China como una alternativa o contrapeso para diversificar sus relaciones exteriores. En la década pasada, la región se tuvo que enfrentar a la indiferencia de sus dos socios más importantes, Estados Unidos y Europa: el país vecino dirigió su atención hacia Oriente Medio y las amenazas terroristas; en cuanto a Europa, la relación está estancada desde mediados de los 90 debido a la preocupación europea por su propia dinámica regional, la ampliación y la estabilidad de su entorno acuciado por la actual crisis económica que vive. Además, la aparición de gobiernos de centro-izquierda y hasta los más radicales hizo posible políticas pragmáticas y anti-imperialistas para buscar alternativas como China.

¿Estamos ante otro ejemplo de Cooperación Sur-Sur?

Las cifras de las relaciones económicas entre China y América Latina son espectaculares.

El valor del comercio bilateral es de casi 200 billones de dólares. Ahora China es el primer destino de las exportaciones de Brasil y Chile, y el segundo de Perú, Cuba y Costa Rica. También un 13% de las importaciones de América Latina y el Caribe viene de China, el tercer país entre otros principales orígenes de las importaciones. A su vez, la región es uno de los destinos más destacados de la inversión china por un monto total de 31 billones de dólares.

La cooperación militar también tiene un papel creciente en las relaciones sino-latinoamericanas. Casi todos los países de América del Sur tienen acuerdos militares con Pekín y los ejemplos más significativos son los siguientes:

  • con Brasil ha firmado cinco acuerdos bilaterales para desarrollar satélites y también el Acuerdo para Cooperación en Defensa;
  • mantiene diálogos con las autoridades de Defensa de Colombia y Venezuela;
  • con Argentina desarrolla una cooperación para el uso pacífico de la energía nuclear;
  • con Ecuador y Bolivia firmó convenios para mejorar la capacidad logística de sus fuerzas armadas.

Más allá de crear relaciones bilaterales, Pekín y los países latinoamericanos también han intentado sentarse juntos en las instituciones regionales: China es país donante del Banco Interamericano de Desarrollo desde 2008 y observador en la Asociación Latinoamericana de Integración desde 1994, en la Organización de Estados Americanos desde 2004 y en el Parlamento Latinoamericano desde 2004. Además, está promoviendo varios foros de cooperación con la región y ha establecido ya mecanismos de dialogo con el MERCOSUR y con la Comunidad Andina.

Preocupaciones: las desesperanzas y los desafíos

A pesar de las expectativas y los intereses cruzados, a medida que la relación avanza aparecen dudas y preocupaciones sobre esta relación. Esta tendencia ha sido más fuerte en América Latina donde algunos empezaron a percibir a China como una amenaza.

En primer lugar, además del constante déficit comercial de la región con China, la inversión de China en América Latina se ha concentrado en determinados sectores estratégicos de la región tales como energía, agricultura extensiva de exportación, y minería. Por lo tanto, muchos latinoamericanos temen que China tome el control de estos sectores.

En pocos años las corporaciones estatales chinas han logrado una posición importante en todos los sectores energéticos de la región. En Ecuador, por ejemplo, la Corporación Petrolero Nacional China y Sinopec han logrado adquirir un billón de dólares de activos de Encana, por lo cual cuenta con un 12% de la producción total de petróleo ecuatoriano.

Protestas en Argentina “Made in China” / David Sasaki

Además, el gran interés de China por las materias primas de América Latina parece deteriorar la situación económica de la región. Sobre todo porque América Latina está regresando a su posición histórica de proveedor de recursos naturales y de materias primas para responder a las necesidades del mundo exterior, en este caso las chinas. A lo largo de la historia latinoamericana se ha experimentado cuán vulnerable es la economía cuando depende de la exportación de materias primas haciendo que este tipo de modelo económico no sea sostenible.

También existe también escepticismo en el ámbito político, especialmente por el comportamiento chino en la escena internacional. Muchos latinoamericanos esperaban más apoyo en foros internacionales tales como la Organización de Naciones Unidas o en las negociaciones internacionales, debido a su identificación común como países del tercer mundo. Sin embargo, de forma contraria a las expectativas, China no ha mostrado su voluntad de apoyar a la región, por lo menos en la práctica.

El aumento de las relaciones sino-latinoamericanas ha generado importantes ganancias para ambas partes, mientras ha producido dudas y preocupaciones por la posible asimetría de dichas relaciones. Sería prematuro identificar ya un eje sur-sur como vaticinan muchos observadores exteriores. Es más bien un acercamiento pragmático y realista. El futuro de esta relación está todavía “en vías de desarrollo”.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

Foto portada: Cena de Estado que en honor del Excmo. Sr. Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, y de su esposa, Sra. Peng Liyuan. Palacio Nacional, Ciudad de México / Angélica Rivera de Peña.