
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) enfrentará un cambio próximamente: entre los meses de julio y agosto de 2026 se elegirá un nuevo Secretario o Secretaria General para el período 2027-2031 a través de la Asamblea General.
El proceso se da en un contexto donde se cuestiona la legitimidad y eficacia de la organización, especialmente por las críticas a su eficiencia, la falta de representatividad y la proliferación de conflictos internacionales que llevan a cuestionar su autoridad política para lograr la paz y seguridad internacionales. También se desarrolla bajo una fuerte crisis del multilateralismo, con una cooperación internacional debilitada, el auge de los nacionalismos y la preferencia del bilateralismo en muchos escenarios.
Actualmente (finales de abril de 2026) existen cuatro candidatos que han hecho oficial su postulación para ostentar este cargo. Lo que todos tienen en común es que representan al sur global o países en vías de desarrollo: tres latinoamericanos —Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina) y Rebeca Grynspan (Costa Rica)— y uno en representación de África: Macky Sall (Senegal). Dentro del sistema existe una tradición y un tipo de acuerdo tácito (aunque no es una norma formal) para que la Secretaría General rote regionalmente, y en este caso el nuevo período que comenzará el 1 de enero de 2027 le correspondería a América Latina.
Este artículo presenta un perfil de los actuales candidatos para la Secretaría General de la ONU y las propuestas que hasta ahora se han puesto sobre la mesa.
Michelle Bachelet
Ex presidenta de Chile (2006-2010 y 2014-2018), fue la directora de ONU Mujeres (2010-2013) y también Alta Comisionada para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022. Durante sus períodos presidenciales realizó reformas educativas como la gratuidad en la educación superior para jóvenes vulnerables y también en materia tributaria, donde lograron obtener más ingresos a través de los impuestos al sector privado. Frente a los derechos humanos, creó una subsecretaría exclusiva para este tema, se creó el Ministerio de la Mujer y de Equidad de Género, se despenalizó el aborto en tres causales (violación, riesgo de la madre o inviabilidad del feto) y se dio reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo, otorgándoles los mismos derechos que a las parejas heterosexuales.
En su papel como Alta Comisionada tuvo altos y bajos. Por ejemplo, puso foco en la situación de derechos humanos en Venezuela y se emitió por primera vez un informe donde se expresaba preocupación por las violaciones a los derechos humanos en medio de una crisis política, económica, social y humanitaria, e incluso realizó una visita al país para elaborar un informe sobre la situación de los venezolanos. Sin embargo, Bachelet fue muy criticada por el informe realizado después de la visita a China, ya que no hizo mención a las violaciones de derechos humanos reportadas por organizaciones no gubernamentales, especialmente contra la comunidad uigur en los “campos de reeducación”.
Junto con la presentación de su candidatura, Michelle Bachelet presentó su visión de trabajo en caso de ser Secretaria General, en la que propone:
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- Reforma interna de la ONU que sea más eficiente, transparente y menos burocrática.
- Mejorar la comunicación y transparencia para recuperar la confianza.
- Reafirmar principios fundamentales como la paz, la dignidad humana y el derecho internacional, poniendo los derechos humanos como uno de los ejes centrales.
- Reformar la institución para que tenga visión hacia el futuro.
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Rafael Grossi
Diplomático de carrera argentino, actualmente es el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), un ente perteneciente a la ONU que se encarga de la promoción para el uso seguro de la tecnología en materia nuclear. Dentro de su trabajo en el organismo se destaca la gestión en dos temas críticos y centrales de la agenda internacional: el programa nuclear iraní y la situación de la central nuclear de Zaporiyia (Ucrania), que se encuentra bajo control de las fuerzas rusas en medio del conflicto entre las dos naciones. También formó parte de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (2002-2007) y fue representante de Argentina ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Tras ser presentado como candidato, Grossi presentó su declaración de visión, que gira en torno a cinco temas:
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- Medidas eficaces en favor de la paz y seguridad, poniendo como objetivo principal la prevención de la guerra y la diplomacia activa.
- Desarrollo a través de soluciones realistas y alianzas de colaboración con un enfoque práctico y medible, incluyendo alianzas con el sector privado y la academia.
- Derechos humanos y dignidad humana como pilares de la paz, con un enfoque especial en los derechos de las mujeres y la participación de los jóvenes.
- Gestión moderna y renovación institucional mediante la simplificación de las estructuras, la digitalización de los procesos y la mejora de la coordinación.
- Multilateralismo basado en principios y pragmatismo, que no sea ideológico o polarizante, sino que permita al Secretario General el diálogo con todos los actores.
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Rebeca Grynspan
Economista costarricense, desde 2021 tiene el cargo de secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). También fue vicepresidenta de Costa Rica (1994-1998) y trabajó en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Dentro de su trayectoria se reconoce su participación en las negociaciones entre Rusia y Ucrania para lograr que se continuara la exportación de granos en medio del conflicto, lo que le permitió ganar el premio de negociador del año 2024 de Doha.
En su declaración, Grynspan pone atención a tres prioridades:
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- Volver al propósito de una paz y seguridad duradera, poniendo a la ONU como actor central de negociaciones de paz, fortalecer la diplomacia, usar la tecnología para la prevención de la guerra y reforzar los marcos de seguridad global.
- Entregar resultados reales a través de cambios en la organización para que sea más útil, más ágil y más responsable.
- Construcción del futuro, ayudando en la gestión de grandes transformaciones en materia de tecnología, desarrollo socioeconómico y cambio global para enfrentar la crisis climática, la desigualdad y la fragmentación.
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Macky Sall
Fue presidente de Senegal entre 2012 y 2024, y también primer ministro de la nación entre 2004 y 2007. Durante sus gestiones buscó la modernización de la economía, la mejora de la infraestructura y la participación activa dentro de los foros regionales, especialmente en la Unión Africana. Sin embargo, esta candidatura ha sido cuestionada debido a que en sus últimos años de gobierno se discutió el uso de las fuerzas del Estado en protestas que resultaron represivas y que tuvieron como resultado decenas de muertos.
En su declaración, Sall propone un plan de gestión basado en tres pilares:
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- Una visión integrada de paz, desarrollo y prosperidad en un sistema donde haya prevención de conflictos, sistemas de alerta temprana y mayor coordinación con los entes regionales.
- Renovación del multilateralismo a través de la reforma del Consejo de Seguridad, el fortalecimiento de la Asamblea General y el ECOSOC, y mayor cooperación con organizaciones regionales, el sector privado y las instituciones financieras internacionales.
- Mejora de la gobernanza de la ONU para reducir la burocracia por medio de una gestión transparente y orientada a resultados, junto con la modernización en tecnología, innovación y evaluación del desempeño.
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Diagnóstico compartido, desafíos pendientes
A través de las declaraciones de cada uno de los candidatos se puede reconocer que hay temas comunes que se consideran prioridad para todos, a pesar de tener trayectorias con enfoques variados: la necesidad de implementar reformas internas, especialmente para la reducción de la burocracia y la búsqueda de mayor eficiencia; volver a poner el foco en el objetivo principal estipulado en la Carta de San Francisco (1945) —la paz y seguridad internacionales—, pero desde la prevención de los conflictos y devolviendo el protagonismo a la ONU en las negociaciones; y el impulso al multilateralismo y la cooperación internacional.

El proceso de elección del nuevo líder de la ONU se da en medio de una crisis, pero también genera oportunidades. Por un lado, la organización enfrenta cuestionamientos profundos sobre su legitimidad, eficacia y capacidad real de incidir en un contexto internacional marcado por conflictos persistentes, el debilitamiento de la cooperación y el auge de posturas nacionalistas. Por otro lado, la coincidencia entre los candidatos en torno a la necesidad de reformas internas, fortalecimiento del multilateralismo y priorización de la paz y los derechos humanos sugiere que existe un diagnóstico compartido sobre los principales desafíos.
Así, la elección del Secretario o Secretaria General para el período 2027–2031 será determinante no solo para la dirección de la organización, sino también para su capacidad de adaptarse a un sistema internacional que ya no es el mismo en el que la ONU se instauró. En ese sentido, el verdadero reto no radica únicamente en quién asuma el cargo, sino en si ese liderazgo logrará traducir estas propuestas comunes en cambios concretos que permitan recuperar la confianza global y reposicionar a la ONU como un actor central y efectivo en la gobernanza internacional.
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