27/11/2022 MÉXICO

¿Cuál es el impacto del conflicto ruso-ucraniano en América Latina?

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El conflicto ruso-ucraniano ha sido históricamente un asunto sensible y complejo; y en el caso de América Latina también se constituye como una lente que nos permite observar a nivel macro algunas aristas de las relaciones entre Moscú y el subcontinente latinoamericano.
Artículo escrito por: Bianca Lombardi y Ramiro Rubil

Vínculos políticos y un poco de historia


Finalizada la guerra fría, las relaciones entre las partes se fueron recomponiendo al calor de la diversificación de lazos pretendida por la región y la globalización propia de los años 90’s. El acercamiento entre Rusia y los países latinoamericanos con el cambio de milenio tuvo sus raíces fundamentalmente en dos aspectos: el boom de los commodities de inicios del siglo XXI; y el denominado “giro a la izquierda” en América Latina que trajo consigo gobiernos más afines a Moscú, donde veían la posibilidad de equilibrar la relación asimétrica con EEUU.

Brasil se posicionó como el socio comercial más fuerte de Rusia en el subcontinente, a la vez ambos formaron parte del grupo de países emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y luego también Sudáfrica). Venezuela, Cuba y Nicaragua por su parte, se constituyeron como los aliados más destacados en América Latina; tanto en relación a aspectos económicos como políticos. Venezuela se convirtió en el principal cliente latinoamericano de armamento ruso y en un socio prioritario en materia energética. Las relaciones con Cuba se centraron en el intercambio de materias primas, principalmente de azúcar por petróleo, en un contexto de imposición de sanciones de Washington a La Habana. Por otro lado, la amistosa relación con Nicaragua encuentra sus cimientos en el apoyo soviético al movimiento sandinista durante la guerra fría – enfrentado a los Contras respaldados por Estados Unidos -, mediante el abastecimiento de armas, petróleo, maquinarias y alimentos.

Propiamente en relación al conflicto entre Rusia y Ucrania, los posicionamientos de los países latinoamericanos han sido diversos y han variado con el tiempo. En la votación de la Resolución 68/262 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2014) por la integridad territorial de Ucrania (en el marco de la anexión de Crimea por parte de Rusia), América Latina se dividió en tres grupos: Colombia, México, Perú, Chile, y Costa Rica votaron a favor; Bolivia, Cuba, Venezuela y Nicaragua votaron en contra – en una clara muestra de apoyo a Moscú -; y Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Ecuador se abstuvieron.

(Fotografia Flickr)

Tras la invasión de Rusia a Ucrania iniciada el 24 de febrero del corriente año, se puede observar un leve corrimiento de las posiciones de los países latinoamericanos en sentido contrario a Moscú. En la Asamblea General de la ONU todos los estados de la región votaron a favor de la resolución que condena la invasión rusa de Ucrania, a excepción de Cuba – que se abstuvo – y Venezuela, que no se presentó en el recinto.

Consecuencias económicas para el subcontinente latinoamericano

Cuando volteamos a revisar las consecuencias económicas del conflicto europeo, vemos que el escenario actual tiene variadas repercusiones sobre los estados latinoamericanos. A pesar de las intenciones de Moscú de tener un mayor peso económico en la región, la mayoría de los países tienen un grado de intercambio comercial bastante bajo con Rusia – de acuerdo a los datos provistos por Focus-Economics -. Sin embargo, es innegable que la contienda también tendrá efectos en este lado del mundo.


Tanto Ucrania como Rusia son países productores y exportadores de commodities, por lo que compiten con las economías de Latinoamérica – cuya matriz productiva es fundamentalmente primaria – aunque no siempre en los mismos productos. Los países iberoamericanos especialmente ven afectados sus precios en un sector clave que es el energético. Al ser los dos países involucrados en el conflicto exportadores de gas y petróleo (especialmente Rusia), el precio de ambos productos ha aumentado a escala global.

Esto puede llegar a ser visto como un factor positivo para algunos países productores de petróleo – como Colombia, México, Ecuador, Venezuela y Brasil- , dado que se incrementó el valor de este bien debido a la disminución de la oferta y a la incertidumbre. No obstante esto también traerá aparejado consecuencias negativas como la dificultad de la población para acceder a esos recursos y el aumento de los precios finales de otros bienes que utilizan petróleo en su proceso productivo.

 

(Fotografia Flickr)

                         

Otros países como Venezuela y la República Dominicana, verán afectada su economía desde los efectos en el sector turístico, ya que estos son destinos muy populares para la población rusa. Especialmente en el caso de la isla caribeña, en donde Rusia está entre los tres principales países de donde provienen sus turistas.


Rusia y Ucrania también se especializan en la extracción, fabricación y comercialización de productos derivados de diferentes metales, por lo tanto, los precios de estos también tendieron al alza desde que comenzó el conflicto. Este hecho puede beneficiar a las economías latinoamericanas con acceso a estos mercados, como Perú y Chile – exportadores de Cobre, y el primero también de zinc, plomo y níquel -. México puede aprovechar para exportar oro, níquel y plomo a precios más elevados; al igual que Bolivia el zinc y el plomo, República Dominicana el oro y Brasil el hierro.

Al mismo tiempo Ucrania y Rusia tienen una gran participación en el intercambio internacional de granos y demás productos relacionados. Por lo tanto, los precios de numerosos alimentos sufrieron las consecuencias de la escasez de la oferta ruso-ucraniana. Esto significa también que países como Brasil, Chile, Argentina y México – los principales exportadores de productos agrícolas en Latinoamérica – pueden beneficiarse especialmente de este escenario.

(Fotografía Pixabay)                                                                                         

En pocas palabras

Vemos que ante la invasión rusa a Ucrania, América Latina ha optado mayoritariamente por alinearse detrás de la postura occidental, en un contexto post pandémico donde la recuperación económica y la mitigación de crisis se encuentran en lo más alto de las agendas latinoamericanas.


Teniendo en cuenta que las economías latinoamericanas no se encuentran atadas en gran medida a la rusa ni a la ucraniana, la región debe aplicar la mejor estrategia posible para aprovechar la situación macroeconómica actual de suba de los commodities. De esta forma, pueden obtener ganancias en sus sectores más competitivos y alcanzar mercados occidentales y orientales a los cuales antes se les dificultaba el acceso o era limitado. No obstante, nada impedirá que indirectamente suframos los reveses del impacto de la guerra en la economía y el comercio internacional, como la historia universal desafortunadamente nos ha ilustrado en numerosas ocasiones.

 

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Ramiro Rubil


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