02/10/2022 MÉXICO

¿El regreso del desarme a la agenda internacional?

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Desde hace décadas, la política del desarme figura como la principal prioridad para la comunidad internacional, en especial, bajo el sponsor de las Naciones Unidas. No obstante, el reciente desenlace bélico entre Rusia y Ucrania ocasionó un realineamiento de una gran variedad de naciones occidentales en torno a ésta política. De manera inevitable, dicho suceso y su consecuente posicionamiento en el sistema internacional ha generado una llamativa reubicación del desarme en la agenda internacional con efectos en el gasto militar mundial.

El desarme constituye una política concreta basada en una serie de medidas y esfuerzos que contribuyen a asegurar la seguridad internacional y humana a toda la sociedad internacional. Pero, ¿qué implica el desarme? Se trata de despojar a la sociedad en general de todo tipo de artefacto que pueda ocasionar un daño físico en otra persona, espacio físico o animales. Según Naciones Unidas, consiste en una política promotora de la reducción y eventual eliminación de las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva, la destrucción de armas químicas, la prohibición de armas biológicas, la acumulación excesiva y el comercio ilícito de armas convencionales y aquellas de tipo autónomas de más reciente creación con la aplicación de tecnologías emergentes.

El desarme, como cualquier política que genera adeptos y desertores en el sistema internacional, tiene un fuerte anclaje en la coexistencia de diversos poderes entre los actores del sistema internacional. Éstos oscilan entre el empleo del poder duro, entendido como el uso o amenaza del poderío militar y/o presión económica para modificar el comportamiento de otros Estados, y el poder blando definido por Joseph Nye como la “[habilidad de un Estado para persuadir a otros países evitando el uso de la fuerza o la coerción, valiéndose de medios más sutiles, como su cultura, su modelo social o sus valores políticos.]”

El Desarme en las Naciones Unidas

En la Organización de las Naciones Unidas, desde su nacimiento en 1945, el desarme multilateral y la limitación de armas han sido establecidos como sus objetivos centrales para perseguir su misión de la paz y la seguridad a nivel internacional. A fines de alcanzarlos y evitar una nueva guerra mundial, Naciones Unidas se equipó tanto de instrumentos jurídicos internacionales como de organismos encargados de verificar su aplicación y de tratar las cuestiones relativas al desarme junto a los Estados miembros y demás actores involucrados.

Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, Viena, Austria, el 14 de mayo de 2018. (Aşkın Kıyağan – Agencia Anadolu).

En el marco de la Organización, por un lado, la Asamblea General según el artículo 11, inciso 1 de la Carta de Naciones Unidas, se encuentra facultada para “considerar los principios generales de la cooperación en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, incluso los principios que rigen el desarme y la regulación de los armamentos, y podrá también hacer recomendaciones respecto de tales principios a los Miembros o al Consejo de Seguridad o a éste y a aquéllos.” A raíz de esta facultad, la Asamblea ha emitido desde su creación diversas resoluciones relativas a la cuestión del desarme abordando específicamente, las municiones, la lucha contra el terrorismo, los gastos militares, los misiles, el desarme regional, las armas pequeñas y las armas ligeras y numerosos tratados sobre comercio de armas, armas biológicas y químicas.


Por el otro, y en consecuencia de la amplia facultad de la Asamblea en asuntos relacionados al desarme, ésta ha creado en 1952 por medio de su resolución 502 (VI) la Comisión de Desarme de las Naciones Unidas. En un primer momento, ésta quedó bajo la dirección del Consejo de Seguridad, pero luego en 1978, se estableció una nueva Comisión de Desarme como órgano subsidiario de la Asamblea integrada por todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas.

Asimismo, los Estados Miembros acordaron en 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, compuesta por 17 objetivos globales para combatir la pobreza y promover el desarrollo sustentable, de los cuáles es el objetivo número 16 el que busca promover sociedades pacíficas e inclusivas, y en particular la meta 16.4, la significante reducción de los flujos ilícitos de armas. Igualmente, existen tratados internacionales sobre los asuntos particulares del desarme que fueron celebrados por fuera de la esfera formal de Naciones Unidas y logrados con intensos esfuerzos diplomáticos de los Estados miembros, como el Tratado de No Proliferación Nuclear y el Tratado sobre el Comercio de Armas, entre otros.

Durante décadas, largos y tendidos debates se han llevado a cabo en los entornos diplomáticos para asegurar el desarme multilateral y garantizar la seguridad mundial. No obstante, son sus propios protagonistas como el ex Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, quien ha caído en la certeza de que “[El mundo está demasiado armado y la paz no cuenta con fondos suficientes.]”

Regreso del desarme a la agenda internacional


En 2018, Antonio Guterres, el Secretario General de Naciones Unidas inauguró un nuevo capítulo en la Organización al reconocer que las tensiones de la guerra fría habían vuelto en un mundo multipolar cada vez más complejo y signado por el incremento en el gasto global militar como en la competencia armamentística. A partir de dicho reconocimiento, anunció que la realidad de nuestro siglo exige que el desarme y la no proliferación sean puestos en el centro del trabajo de Naciones Unidas con la introducción de su Agenda para el Desarme. Por ende, bajo la consigna de “asegurando nuestro futuro común” y siendo el desarme el principal eje de su plan de implementación: desarme para salvar a la humanidad, desarme que salva vidas, desarme para nuestras futuras generaciones y el fortalecimiento de las alianzas para el desarme; el desarme como prioridad política ha vuelto a adquirir un fuerte predominio en la agenda internacional. Es decir, éste forma parte una vez más de aquella colección de temas importantes con programas sobre los problemas que más atención demandan de la comunidad internacional.

Si bien ésta Agenda fue planteada con su respectivo plan de implementación, el representante de Naciones Unidas dejó bien en claro su carácter multilateral y la apremiante necesidad de involucramiento de todos los niveles de las sociedades. Por ello, se puede vislumbrar la postura adoptada por los Estados miembros observando su nivel de involucramiento en las actividades concretas acordadas en el plan. Entre los Estados que se pronunciaron abiertamente a favor de ésta Agenda se encuentran la República Federal de Alemania, Japón, Canadá, Francia, Malasia, Suecia, India, la Unión Europea, Finlandia, Reino Unido, Países Bajos, Noruega y Austria, entre otros.

Un soldado está parado sobre las armas incautadas en Mogadishu, Somalia. Foto: ONU/Stuart Price

Recientemente, con el inesperado regreso de la guerra al continente europeo tras el desenlace del actual enfrentamiento bélico entre Rusia y Ucrania, la palabra “desarme” ha vuelto no solo a ocupar un lugar central en los debates de las esferas altas de política sino también a convertirse en palabra corriente en la compleja e interconectada sociedad internacional.

Una vez más, el desarme ha vuelto a desvelar a las cúpulas tomadoras de decisiones del gobierno de todos los Estados del sistema internacional, pero en especial, a aquellos que más próximos se encuentran a este conflicto como los países miembros de la Unión Europea, los países balcánicos y los pertenecientes a la ex Unión Soviética. En un primer momento, su alarma adoptó un color rojo vivo cuando el mandatario ruso, Vladimir Putin, el pasado 24 de febrero del corriente año decidió unilateralmente ingresar con sus fuerzas armadas y equipamientos militares a territorio ucraniano a sabiendas de la desigual dotación de fuerzas militares del país vecino.


El desequilibrio material militar entre ambos contrincantes del enfrentamiento, hizo rever la postura a favor del desarme de la gran mayoría de los países adherentes a la Agenda de Guterres. Pero la pregunta más repetida ha sido ¿cómo fue posible este viraje? Diversas teorías se han empleado para explicar este cambio de rumbo en la política internacional, sin embargo, en la academia se ha apuntado mayoritariamente al devenir histórico.

Del desarme al rearme ¿hay un solo paso?

En líneas generales, investigadores de la paz señalan que las guerras civiles superan en número a los conflictos interestatales y que el ataque de Rusia a Ucrania interrumpe la tendencia en la historia de los Estado- nación de ausencia de guerras de invasión y ocupación a gran escala en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Por ende, la magnitud del reciente episodio en la historia de las relaciones entre las naciones ha sido justificativo suficiente para que ciertos mandatarios y mandatarias estatales, rearmen a Ucrania, al pueblo ucraniano y a su ejército en combate. No obstante, dichos líderes aducen que la iniciativa militar rusa es consistente con su ya conocido patrón dictatorial y que su comportamiento agresivo con la democracia ucraniana es parte del mecanismo del régimen ruso.

Desde el comienzo de la invasión rusa hasta el 28 de abril de este año, los países que han enviado ayuda militar son 31, contando el sorpresivo apoyo material de la Unión Europea: Estados Unidos, Canadá, Portugal, España, Francia, Bélgica, Irlanda, Reino Unido, Países Bajos, Alemania, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Grecia, Italia, Polonia, República Checa, Rumania, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, Turquía, Macedonia del Norte, Japón y Australia.

Un miembro de las fuerzas de paz de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC) hace inventario de las armas y municiones recogidas durante el proceso de desmovilización en Matembo, Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo. Foto ONU / Martine Perret

Por su parte, la Unión Europea por primera vez desde su conformación como organización supranacional movilizó hasta 2 billones de euros de sus fondos en el marco del Mecanismo de Paz Europeo para “[apoyar aún más las capacidades y la resiliencia de las Fuerzas Armadas de Ucrania para defender la integridad territorial y la soberanía del país, y proteger a la población civil contra la agresión militar rusa en curso.]”

Específicamente, la ayuda militar consistió en paquetes de ayuda económica, armas de fuego, misiles, municiones, equipos militares no letales como chalecos antibalas, cascos y carpas, entre otros, drones de ataque y artillería pesada. Cabe aclarar que dicha ayuda fue variando de manera progresiva y cuantitativamente desde el día del ataque ruso, y la misma se explica a partir de la inclinación del desarme hacia el poder duro, es decir la Agenda del desarme se rearmó principalmente con diversos armamentos militares y se reforzó aún más con la gran variedad de sanciones económicas aplicadas por ciertos Estados.

El rearme y el gasto militar mundial

El paso de la política del desarme al significativo rearme ucraniano ha provocado un aumento generalizado del gasto militar mundial. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo destaca que para abril de 2022, por primera vez el gasto militar mundial supera los 2 billones de dólares, habiendo crecido un 0,7% en términos reales en 2021. En el episodio “Armas” de la Revista española 5W, investigadores en Paz y Desarrollo y periodistas corresponsales en Ucrania discuten sobre éste aumento teniendo en cuenta el inédito financiamiento de armas de la Unión Europea sumado a los distintos flujos de fondos que ya estaban enviando el resto de los países alineados a Ucrania. Agregan, que uno de los motivos que ha justificado la mayor inversión militar de los estados responde a la fuerte influencia del lobby de las empresas armamentísticas.

Indudablemente, la agenda internacional ha sido ocupada en los últimos 3 meses por la guerra ruso-ucraniana dando origen a dos tendencias en auge. Por un lado, el desarme como política a la cual la comunidad internacional considera que se debe volver a apelar, y por el otro, el rearme de la nación ucraniana con el compromiso directo de aquellos países pro desarme derivando en un mayor despliegue de elementos del poder duro y un inevitable pero marcado incremento en el gasto militar mundial.

 

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Natalia Luers

Argentinian Internationalist and Political Scientist growing in the field of international youth-based initiatives. Third- sector and academic volunteer curious about international security, geopolitical affairs and human rights.


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