24/02/2020 BARCELONA

Elecciones en Argentina: Tres candidatos se disputan la presidencia
Cristina Fernández, esposa de Néstor Kirchner y expresidenta de Argentina, junto al candidato oficialista Daniel Scioli, exvicepresidente durante el gobierno de Néstor Kirchner [Foto: Ministerio de Cultura de la Nación Argentina vía Flickr].

En Argentina, las elecciones primarias configuraron un panorama electoral muy dividido, en el que los representantes del kirchnerismo, el peronismo y la alianza de centroderecha se presentan como altamente competitivos. Así, la sucesión presidencial parece encaminada hacia el ballotage (segunda vuelta) con un final inesperado.


El pasado 9 de agosto se celebraron en Argentina las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) que tienen como objetivo resolver las pugnas internas de los frentes electorales que presentan más de una fórmula de cara a las elecciones generales a celebrarse el 25 de octubre.

Además de su función puntual, estas elecciones sirven como un termómetro del ánimo electoral y marcan alguna tendencia realista sobre qué puede llegar a suceder en las generales de octubre, siendo una suerte de “encuesta” fiable; sobre todo en un ámbito de profunda desconfianza sobre los realizadores de encuestas y las publicaciones tendenciosas de medios cooptados por el oficialismo o por la oposición.

De los resultados definitivos del escrutinio, publicados el pasado 2 de septiembre, se pueden  comenzar a esbozar algunas tendencias que nos permiten imaginar el escenario político argentino en este fin de año electoral.

La situación previa

En mayo de 2003, tras un caótico proceso de transición posterior a la gran crisis económica y social de 2001 –que derivó en una fuerte crisis política e institucional–, asumió la presidencia de la Nación el Dr. Néstor Kirchner, elegido tan solo por el 22’24% de los votos.

Las consecuencias de la crisis fueron largas y costosas en términos económicos, políticos y sociales. Tras la caída del expresidente De la Rúa después de fuertes protestas sociales y un inestable proceso de transición, llegó la presidencia provisoria del Dr. Duhalde en 2002, en la que el Dr. Roberto Lavagna asumió el cargo de ministro de economía. Sus medidas lograron el desendeudamiento paulatino del país, la recuperación económica y social y la reconstrucción del tejido productivo que había sido arrasado durante la década en que el expresidente Carlos Menem había aplicado políticas netamente neoliberales.

Posteriormente, Néstor Kirchner mantuvo a Lavagna en su puesto, consolidando la recuperación y la salida total de la crisis. La sociedad argentina lo “premió” con la victoria electoral de su esposa, la Dra. Cristina Fernández, que fue elegida para sucederlo en 2007; cargo para el que fue reelegida en 2011 con más del 54% de los votos.

En 2013, en medio de una embestida de referentes kirchneristas en el parlamento para modificar la Constitución Nacional y de ese modo permitirle a la Presidenta acceder a una nueva reelección, el entonces intendente del partido de Tigre y exfuncionario del gabinete nacional, el Dr. Sergio Massa, formó el partido Frente Renovador, con el cual enfrentó en la Provincia de Buenos Aires al kirchnerismo en las elecciones legislativas de ese año, venciéndolo y sepultando la posibilidad de que la Presidenta pudiera presentarse en 2015 en busca de una nueva reelección.

Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, en un acto en la Plaza de Mayo (junio de 2008) [Foto: Banfield vía WikimediaCommons].
Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, en un acto en la Plaza de Mayo (junio de 2008) [Foto: Banfield vía WikimediaCommons].

Ante esta negativa, el oficialismo tuvo que buscar un candidato con posibilidades reales de conservar el poder. El elegido fue el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que a pesar de no gustar al ala dura del kirchnerismo, acabó siendo el elegido por la Presidenta por ser el que más posibilidades tenía de poder asegurar un triunfo. Ante este escenario, el gobernador Scioli optó por alinearse definitivamente a la Presidenta, para convencer a los kirchneristas más intransigentes de que podía resultar una opción real de continuidad en caso de vencer en las elecciones.  Scioli comprendió rápidamente las ventajas de ser el candidato del oficialismo. Aceptó la imposición, por parte del gobierno, de su candidato a vicepresidente, un férreo ideólogo del kirchnerismo; cedió los primeros lugares en las listas de candidatos legislativos a la agrupación juvenil ultra kirchnerista “La Cámpora”; y la influyente candidatura a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires en manos del jefe de gabinete del gobierno nacional, un incondicional de la actual Presidenta. De este modo, ganó algunas lealtades en el núcleo duro del kirchnerismo a la vez que éste se aseguraba de rodear al posible futuro Presidente de representantes kirchneristas.

Paralelamente, la victoria en 2013 y la formación de renombrados cuadros técnicos dirigidos por el ya mencionado Dr. Lavagna permitieron que el diputado nacional, Dr. Sergio Massa, ampliara su frente electoral más allá de los límites de la provincia de Buenos Aires y se convirtiera en una alternativa nacional de gobierno peronista no-kirchnerista. Massa amplió más el arco de su flamante espacio político y recibió importantes adhesiones provenientes del radicalismo, las agrupaciones vecinales y dirigentes independientes provenientes de los ámbitos social y sindical; además de haber alineado detrás de su candidatura a buena parte del peronismo que jamás encontró lugar dentro de las ideas kirchneristas. De esta manera conformó la alianza UNA (Unidos por una Nueva Alternativa) para competir contra la fórmula presidencial encabezada por el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota. La propuesta de este espacio es principalmente la de continuar con algunas políticas actuales y cambiar otras, siendo su eslogan de campaña “el cambio justo”.

Por otra parte, el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, logró sumar a su coalición de derecha el apoyo formal de la Unión Cívica Radical, con una respetable estructura en el interior del país que sirve de complemento perfecto para su partido, que gobierna la Ciudad de Buenos Aires pero que no tiene presencia en el interior. El radicalismo, que tiene una tendencia de centro izquierda, sufrió fuertes tensiones internas producto de la decisión mayoritaria de apoyar a Macri, hecho que muchos interpretaron como una “entrega” del partido centenario al servicio de la candidatura del empresario. Macri basó su campaña en mostrarse como una alternativa radical de cambio respecto del kirchnerismo, poniendo en marcha una importante campaña publicitaria basada en esta idea, con el fin de conquistar el voto netamente antikirchnerista. El nombre de la coalición así lo demuestra: “Cambiemos”.

Las PASO

Ya configurada la oferta electoral, encontramos a los tres principales candidatos, que podemos ubicar en tres lugares bien diferenciados: 1) La continuidad de este modelo, expresada por el kirchnerismo de Scioli; 2) Un cambio total, expresado por la alianza de centro derecha de Macri; y 3) Un cambio moderado, representado en el peronismo de Massa.

El oficialismo llegó a las elecciones dentro de un marco favorable, habiendo cosechado importantes victorias en las elecciones provinciales que precedieron a las nacionales y con una imagen de la Presidenta en ascenso. Aunque también topó con algunas dificultades ya que la resistencia de algunos sectores del kirchnerismo hacia Scioli no desapareció totalmente a pesar de la orden de la Presidenta de atrincherarse detrás de éste. Y, si bien la buena imagen general de la Presidenta, detrás de la cual podía refugiarse, la seguridad de poder financiar la campaña con las cajas del Estado nacional y provincial, y un cierto ánimo de estabilidad económica propiciaron un buen ambiente electoral para el oficialismo, éste se vio un poco perturbado por causas judiciales que acechan al círculo familiar e íntimo de la Presidenta; además de otra causa latente por enriquecimiento ilícito que ronda al propio candidato Daniel Scioli.

Mauricio Macri, candidato de la coalición de centroderecha, en un acto de presentación de programa (marzo de 2015) [Foto: Mauricio Macri vía Flickr].
Mauricio Macri, candidato de la coalición de centroderecha, en un acto de presentación de programa (marzo de 2015) [Foto: Mauricio Macri vía Flickr].

El candidato de “Cambiemos” llegó con cierto impulso triunfalista por haber retenido la alcaldía de la Ciudad de Buenos Aires, aunque al haberlo hecho por mucho menos margen del esperado, la victoria tuvo un sabor amargo e influyó sobre la imagen ganadora que se pretendía lograr en vistas de la proximidad con las elecciones primarias. El espacio logró atomizar gran parte del voto antikirchnerista por darse a conocer como “el cambio” frente a otras propuestas opositoras que presentaban un cambio dosificado, reconociendo algunos aciertos del gobierno saliente e incluso reforzando algunas de sus políticas sociales. Macri competía en las primarias con la opositora Elisa Carrió y el radical Ernesto Sanz, dos rivales menores que ratificaron esa condición en la elección. Por su origen empresario, el candidato Macri cuenta con la simpatía del establishment argentino, lo que conlleva ventajas como un generoso financiamiento y espacios en los principales medios de comunicación nacionales. Entre las dificultades de “Cambiemos” se puede contar la derrota electoral en manos del socialismo en la provincia de Santa Fe, donde se esperaba un triunfo que reforzase las posibilidades nacionales de Mauricio Macri. Además, el propio candidato arrastra una causa judicial por espionaje, concretamente por escuchas ilegales.

Por último, el espacio UNA presentaba una interna más competitiva, entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota, gobernador de la provincia de Córdoba. Proponiendo un cambio más moderado y presentándose alejados tanto del kirchnerismo como de la derecha, se autoproclamaron ideológicamente como “la ancha avenida del medio”. Entre las dificultades que enfrentó este espacio encontramos la falta de financiación en medio de una fuerte presión por parte del establishment, que trabajó para concentrar el voto opositor en la figura de Macri; y la presentación de la idea, por parte de los principales medios de comunicación, de que la elección estaba polarizada entre la idea de continuidad o cambio –encarnadas en las candidaturas de Scioli y Macri– minimizando las posibilidades electorales no solo de UNA, sino de otros espacios políticos que incluso habían ganado importantes elecciones provinciales como es el caso del socialismo.

Ante este escenario, la UNA apostó por medios más modestos para dar a conocer sus propuestas, siendo el único frente electoral que realizó debates públicos y poniendo el foco en la presentación de propuestas en el contacto directo con los votantes.

Los resultados

Con una concurrencia de alrededor del 70% del padrón electoral, las PASO definieron las fórmulas ganadoras de “Cambiemos”, donde el candidato electo resultó ser Mauricio Macri; la de UNA, donde Sergio Massa se impuso; y la del Frente de Izquierda, donde el vencedor fue Nicolás del Caño. Por otra parte, entre las fórmulas que no competían porque eran lista única está la del oficialismo, con Daniel Scioli; y entre las que superaron el mínimo requerido para poder competir en las generales de octubre encontramos a Margarita Stolbizer de Progresistas, y Adolfo Rodriguez Saá de Compromiso Federal.

Los porcentajes por fuerza se repartieron del siguiente modo: Frente Para la Victoria (38’41 %); Cambiemos (30’07 %); Unidos por una Nueva Alternativa (20’63 %); Progresistas (3’46 %); Frente de Izquierda (3’24 %); y Compromiso Federal (2’09 %). Así, el primer análisis de los resultados nos muestra tres fuerzas que aglutinan casi el 90%de los votos, por lo que puede decirse que la elección se definirá entre ellas.

El oficialismo pretendía alcanzar el umbral de los 40 puntos, un resultado que le permitiera imaginar un triunfo en primera vuelta y evitar el ballotage (o segunda vuelta electoral). Recordemos que el sistema electoral para la elección presidencial en Argentina establece que para consagrarse ganador de la elección en primera vuelta un candidato debe alcanzar los 40 puntos y sacar al menos 10 puntos de ventaja al segundo, o bien alcanzar los 45 puntos. Que el candidato oficialista no haya llegado a los 40 puntos ni haya podido sacar 10 de ventaja sobre la fuerza que le sigue es una señal que augura la creciente probabilidad de que por primera vez en la historia haya ballotage en Argentina para definir la elección.

La interna de la fuerza “Cambiemos” consagró candidato a Mauricio Macri, quien obtuvo alrededor del 24% de los votos. El desafío del alcalde será conquistar ahora los casi 7 puntos que sacaron entre sus competidores. Las encuestas posteriores a las PASO, que fueron recogidas por los principales medios, anticipan que será una tarea difícil debido a que aproximadamente la mitad de los votantes que optaron por la alianza “Cambiemos” pero no por Macri, expresaron que no lo votarían en octubre. Sin embargo puede captar votos opositores al gobierno que hayan ido a otros candidatos ya que, según los resultados de las PASO, Macri es percibido como el candidato que contaría con más probabilidades de disputarle la elección a Scioli.

Distinta es la situación de UNA, donde el vencedor de la interna, Sergio Massa, obtuvo poco más del 14% de los votos. Sin embargo, las encuestas posteriores indican que absorberá la gran mayoría de los votos de su competidor, que además expresó públicamente su compromiso con la candidatura de Massa.

Sergio Massa, candidato de la UNA (Unidos por una Nueva Alternativa), coalición que representa al peronismo no-kirchnerista [Foto: Tigre Municipio vía Flickr].
Sergio Massa, candidato de la UNA (Unidos por una Nueva Alternativa), coalición que representa al peronismo no-kirchnerista [Foto: Tigre Municipio vía Flickr].

En cuanto a los grandes debates que se plantearon antes de la elección encontramos, en primer lugar, la puja entre continuidad y cambio y, en segundo lugar, la contienda entre peronismo y antiperonismo, fomentada por la alianza “Cambiemos”, cuyos candidatos cada vez que tuvieron oportunidad se describieron públicamente como una alianza antiperonista, incluso rechazando la propuesta de Sergio Massa de realizar una gran interna de la oposición que consagrara un solo candidato para enfrentar al kirchnerismo.

Respecto al primero de los debates puede observarse que un 60% de los electores se inclinó por un cambio, al optar por alternativas opositoras al gobierno frente a la candidatura única de Scioli como cara visible del oficialismo. Mientras que en el segundo debate, y considerando el origen peronista del kirchnerismo, de UNA y de Compromiso Federal, puede decirse que poco más del 60% votó alguna variante de peronismo. Estos dos datos pueden ser interpretados de muchas maneras, a favor y en contra de los tres principales candidatos.

Repercusiones posteriores a las PASO

Después del 9 de agosto sucedieron algunas cosas que se cree que pudieron tener incidencia en la intención de voto. Una serie de severas inundaciones en la provincia de Buenos Aires, la más poblada y donde se define buena parte de la elección nacional, ha dejado en una posición incómoda al gobernador y candidato a presidente por el oficialismo Daniel Scioli. Las inundaciones fueron interpretadas por la oposición y los principales medios como consecuencia de la falta de gestión en infraestructura, tras 8 años al frente de la provincia. Además, en medio de esta situación de emergencia, el gobernador viajó junto a su esposa a Italia, para luego volver inmediatamente ante las cuantiosas críticas que reclamaban su presencia.

Otro acontecimiento relevante fue la elección en la pequeña provincia de Tucumán el día 23 de agosto. El proceso electoral estuvo plagado de irregularidades que incluyeron videos donde puede verse a candidatos del oficialismo entregando paquetes de alimentos a cambio del voto, urnas quemadas, otras que estaban llenas de votos antes de comenzar los comicios, grandísimos errores en los telegramas finales de recuento de las mesas (por ejemplo, más votos para un candidato que votantes en esa mesa), y robo de boletas de algunos candidatos, entre otras cosas. Hechos que provocaron masivas marchas de la población pidiendo la anulación de los comicios, y que fueron reprimidas por la policía provincial. Los sondeos indicarían una victoria del oficialismo en esa provincia, pero los principales candidatos opositores, Macri, Massa y Stolbizer presentaron en conjunto su repudio frente a estos gravísimos hechos y acudieron a la Justicia electoral, que concluyó “abstenerse de dar por concluido el proceso de escrutinio definitivo que se encuentra llevando a cabo y de proclamar ganadores”. Se especula con que este hecho pudo haber dañado la candidatura de Scioli y por ende, las posibilidades del oficialismo de conservar el poder.

La alianza de centro derecha “Cambiemos” también tuvo sus turbulencias. Se dio a conocer que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires liderado por Macri contrató en concepto de servicios de consultoría a una empresa propiedad del candidato a diputado nacional por esa misma fuerza, el periodista deportivo, Fernando Niembro. Este hecho ocasionó un escándalo y produjo varias peticiones de renuncia de la candidatura de Niembro, no solo desde otros espacios políticos sino también desde el propio seno de “Cambiemos”.

En conjunto, las primeras encuestas que reflejan la intención de voto de cara a octubre muestran un leve retroceso del candidato oficialista Scioli, de alrededor de 3 puntos. El candidato opositor de “Cambiemos”, Mauricio Macri, muestra un crecimiento de alrededor de un punto respecto de su resultado en las PASO, demostrando sin embargo dificultades para captar el voto de sus competidores en la interna.

Por último, el candidato de UNA, Sergio Massa, muestra un leve crecimiento de alrededor de 3 puntos, probablemente de voto peronista desencantado con Scioli, hecho que se deduce por la similitud de los porcentajes perdidos y ganados por cada uno de ellos.

Juego de alianzas

Partiendo del escenario estático configurado por los resultados de las PASO, la tendencia indicaría que el candidato oficialista Scioli es el que tiene más oportunidades de llegar a la presidencia en octubre. Sin embargo, la suma de los votos opositores es mayor, hecho que pondría en peligro la victoria del kirchnerismo, lo cual entusiasma al conservador Macri.

Evaluando el panorama de forma más dinámica: haciendo proyecciones de evolución posible en base a los votos de las PASO, y calculando la posible movilización del importante porcentaje del padrón que no votó en las primarias pero sí podría hacerlo en las generales, surge la conclusión de que la elección está abierta.

Muy probablemente a quien resulte el más votado le resulte imposible consagrarse en primera vuelta. La presencia de la candidatura de Sergio Massa, actualmente en tercer lugar, estaría garantizando la necesidad de la segunda vuelta aunque finalizara en tercera posición, puesto que sus votos están compuestos por votantes peronistas y por votantes opositores. Esto resta posibilidad de crecimiento a los otros dos candidatos en proporciones idénticas, manteniendo la disputa entre tres fuerzas. Una encuesta realizada después de las primarias reveló además que los votos obtenidos por el candidato peronista son los más “fieles” siendo los que en mayor porcentaje (80%) aseguraron mantenerse sin cambios en octubre.

Ya ha comenzado un juego de alianzas y posibles apoyos en vista de un eventual ballotage. Casi con certeza el candidato que resulte electo Presidente precisará de consensos amplios para garantizar gobernabilidad, más aun considerando que muchos ultrakirchneristas tienen casi asegurada su presencia en el parlamento, por lo que se presume que la actual Presidenta seguirá siendo importante en  la vida política argentina.

Aún resta un mes y medio para las generales y más de dos meses para un eventual ballotage. La sensibilidad del electorado ante la dinámica realidad de la política argentina va modificando el escenario día a día, y cualquier eventualidad puede volver a cambiar todo. Todavía falta demasiado, la moneda pareciera aún estar en el aire, y tener tres caras.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Lionel Gamarra

Buenos Aires, Argentina. Técnico en Comercio Internacional. Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades.


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