29/11/2020 BARCELONA

Grecia, ¿y ahora qué?

Este domingo Grecia celebra un referéndum para decidir si se aceptan o no las condiciones del Eurogrupo. Entretanto, las negociaciones entre Grecia y sus acreedores se han congelado pendientes del resultado de la consulta popular. Te explicamos cómo se ha llegado a esta situación, qué conlleva el "sí" y el "no", y cuáles son las perspectivas a corto y largo plazo del pueblo griego.

En 1986 empezamos a hablar del mercado común, más tarde pasando al mercado único, y finalmente, en 1999, empezamos a hablar de la divisa única. Que la Eurozona no cumplía ninguna de las condiciones para ser una unión monetaria óptima no era ningún secreto entonces, ni lo es ahora. El que Grecia haya llegado a esta situación no es, por tanto, nada sorprendente.

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La política monetaria y fiscal son herramientas útiles a la hora de ajustar economías para maximizar recursos y minimizar sufrimientos. Países como Suecia, Canadá o Reino Unido han podido así superar la crisis mucho más rápido que la Eurozona, que sigue en una situación incómoda. El discurso moralista que prevalece en el Viejo Continente apunta a Alemania como ejemplo de prosperidad, sobriedad y pragmatismo a seguir.

Menos se habla del hecho que Alemania, al igual que Reino Unido o Suecia, cuenta con política monetaria propia, ya que el BCE sigue una política monetaria adaptada casi en su totalidad a la economía alemana. Eso, y no el pasotismo griego que se vende como apólogo de esta fábula económica, es lo que ha llevado a Grecia a esta situación.

¿Por qué se ha convocado un referéndum?

En las elecciones generales griegas del pasado enero salió elegido Syriza, un partido de izquierdas que pretende romper con el paradigma neoliberal reinante en la Unión mediante políticas sociales y estímulos fiscales para reactivar una sociedad y economía agonizantes, a la vez que intenta alejar a la troika de la república helena. A las pocas semanas, Syriza tuvo que renunciar a varias de sus propuestas de reactivación para poder conseguir una prolongación del rescate europeo a Grecia hasta finales de junio, aceptando nuevas medidas de austeridad y recortes.

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En vista de que la troika sigue tratando a Grecia como en 2008, sigue culpando al derroche como principal problema del país, y es incapaz de ver que los recortes hace ya años que no están funcionando, y que están contrayendo irreversiblemente la economía griega, el gobierno de Tsipras decidió plantarse en las negociaciones de la semana pasada. Cada ola de recortes lleva a una contracción económica, que a su vez requiere un nuevo rescate, asociado, cómo no, a más recortes.

Una señora escucha el discurso de Alexis Tsipras en el que convocaba a votar a los ciudadanos griegos [Twitter]
Una señora escucha el discurso de Alexis Tsipras en el que convocaba a votar a los ciudadanos griegos [Twitter]

El ejecutivo de Syriza, que no acepta la austeridad como principio moral, y que ve su inutilidad como herramienta económica, ha decidido romper esta ronda de negociaciones. Catalogan los nuevos recortes que les han sido propuestos como inaceptables e inútiles, ya que sólo prolongarían el rescate unos meses antes de tener que negociar más recortes otra vez. Por eso han decidido preguntar al pueblo griego si deben o no aceptar las propuestas del Eurogrupo.

¿Y qué tiene de malo el referéndum?

El Sr Varoufakis ha declarado en su blog que la propuesta de referéndum se vivió en la reunión del Eurogrupo como poco menos que una tragedia. Siempre según Varoufakis, un miembro del Eurogrupo llegó a increparle diciendo “¿qué sabrá la gente corriente de asuntos tan complejos?”. Desde un punto de vista democrático, preguntarle al pueblo por su futuro no puede ser malo. Sin embargo, en la narrativa moralista neoliberal, conceptos como confianza (de los inversores) o estabilidad (de los mercados) importan más de lo que una sociedad pueda pensar.

Europa ahora mismo está en vilo, sabiendo que la votación de un país de once millones de personas este domingo marcará el futuro del continente en los próximos años o incluso décadas. Las bolsas han caído, los ahorradores miran a sus carteras con miedo,la cotización del euro sigue a la baja, y la inversión directa extranjera es menos de un tercio de lo que fuera otrora.

¿Qué opciones hay?

Como en la mayoría de referéndums, las dos opciones son “sí” y “no”. En este caso, la pregunta está formulada de manera algo confusa. El sí significaría una prolongación del rescate europeo y, por tanto, de las medidas de austeridad. El no rechazaría más austeridad y pediría una reestructuración de la deuda, pero implicaría de manera muy posible la salida del euro y el retorno a la dracma o, como mínimo, la creación de una moneda paralela al euro que el gobierno griego sí pueda imprimir.

El pueblo griego, dividido entre el "sí" y el "no". [Imagen: Louisa Gouliamaki]
El pueblo griego, dividido entre el “sí” y el “no”. [Imagen: Louisa Gouliamaki]

Lo cierto es que ambos caminos son difíciles. Se están oyendo promesas de prosperidad inmediata asociadas a ambas opciones, pero pensar así es cuánto menos cándido. Ante un triunfo del sí, Grecia permanecería en el euro con toda probabilidad, pagando el coste en la imposibilidad de tomar medidas de estímulo fiscal, más allá de ínfimas concesiones europeas como el tipo de IVA reducido para el sector hotelero. Tampoco se reestructuraría la deuda. El ejecutivo de Tsipras se plantea dimitir en bloque si esto ocurre, añadiendo una nueva crisis política a un país ya maltrecho de por sí.

Ante un triunfo del no, Grecia tendría que empezar a preparar su salida del euro y su retorno a la dracma, que muy probablemente vendría acompañado de una fuerte devaluación y un corralito más pronunciado para evitar la fuga de capitales que, si ocurriese, llevaría sin duda al país a una fortísima crisis de liquidez. La opción preferida por Syriza triunfaría a coste del aislamiento político total de Grecia respecto a la Unión Europea.

En esta situación, el resto de la eurozona tendría que blindarse para evitar el contagio. El euro bajaría su cotización sin dudas, aunque a largo plazo la eurozona no se vería demasiado afectada, ya que los activos europeos en Grecia han bajado a niveles mínimos desde el primer rescate de 2008.

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¿Y entonces?

Los próximos años estarán marcados por la pobreza y la recesión se vote sí o se vote no. Si se vota que sí, será por prescripción facultativa del Eurogrupo y la troika. Si se vota que no, será por la debilidad de la dracma y las condiciones hostiles a la inversión que resultarán del necesario corralito. A corto plazo, por tanto, el referéndum del domingo no deja de ser una lúgubre elección entre pobreza y pobreza.

A medio y largo plazo, la cosa cambia. Ante un sí, es muy probable que la troika siga exigiendo ulteriores recortes y medidas de austeridad. Es muy improbable que el BCE se embarque en una política de expansión fiscal, ya que ésta sería desfavorable a Alemania. Grecia estaría a expensas de un cambio de paradigma y modelo europeo que probablemente no se produzca en las próximas legislaturas. La troika muy probablemente no perdone la deuda, añadiendo dificultad a la situación.

Ante un no, un banco central emisor de divisa propia reganaría el control sobre la política fiscal y monetaria del país, pudiendo controlar las tasas de interés e inflación de manera favorable para reactivar la economía griega. Además, la devaluación de la dracma haría las exportaciones griegas más competitivas, favoreciendo a la industria y al turismo.

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Por este motivo, economistas como Paul Krugman o Joseph Stiglitz han declarado que si fueran griegos votarían que no. El sí beneficia sobre todo a los grandes ahorradores, que en un país como la Grecia de 2015 se refiere cada vez más a la élite socioeconómica del país y cada vez menos a jubilados con ahorros o clase media. El no beneficia a las clases menos privilegiadas y a la cada vez más empobrecida clase media, así como al 60% de jóvenes sin trabajo, cuyas perspectivas laborales son un poco menos malas con la dracma que con el euro.

Se está vendiendo el no al euro como una hecatombe para toda Grecia. Muchos griegos piensan que la hecatombe ya ha llegado y que sólo recuperando la soberanía económica se podrá salir de la perversa narrativa moral en que se ha metido al país, convirtiéndolo en chivo expiatorio de los males e inconsistencias iniciales de la zona euro, que nunca debería haberse constituido sin una unión política que la acompañase. Otros muchos griegos consideran que salir del euro les alejaría del ideal europeo, cosmopolita y democrático cuya cuna es precisamente la antigua Atenas.

Es difícil aconsejar cómo votar: si uno tiene 25 años y jamás ha trabajado, o tiene 45 años y medio millón en el banco, obviamente le beneficiará más una opción u otra. En cualquier caso, es el conjunto del pueblo griego quien debe decidir, de manera informada, razonada y objetiva, y para eso habrá que esperar al domingo. Kalí tíxi!

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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Sergio Marin

(Soy de) Barcelona, España. (Vivo en) Bruselas, Bélgica. Tras una convalecencia que me hizo cambiar mi futuro como matemático por uno como politólogo, estudié el bachillerato británico por libre. Llegué a la Universidad de York donde me he graduado en Política y Relaciones Internacionales. Tras tres años en Inglaterra me mudé a París para cursar un Master en Política Europea en SciencesPo, y actualmente trabajo en el Parlamento Europeo en Bruselas. @Sergio_MZ


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