20/03/2019 BARCELONA

Guerra de divisas. La otra cara de la devaluación competitiva

El aumento de la volatilidad cambiaria en el último año ha sido dramático. Quiénes, cómo y por qué desatan una auténtica guerra de divisas.
  • En el último año se agudizó la volatilidad cambiaria, conforme a un contexto internacional dinámico.
  • Casi todas las economías emergentes han devaluado respecto del dólar.
  • El fortalecimiento del dólar frente a la depreciación de monedas más débiles.
  • Devaluación como solución. Cuando el remedio es peor que la enfermedad.
  • Las economías más debilitadas serán las grandes víctimas de esta guerra de divisas.

Uno de los rasgos que caracteriza el último año y en particular el último semestre de la economía mundial, es la presencia de una fuerte volatilidad cambiaria en varias regiones.

Ante un escenario dinámico y con crecientes riesgos coyunturales, en un mundo que se desacelera y que ofrece más riesgos que oportunidades, la actitud de muchos países ha sido la de recuperar competitividad a través de la depreciación de sus monedas. Mientras que otros se han visto forzados a hacerlo por las características del contexto.

Ahora bien ¿cuáles son las razones que determinan los movimientos en los tipos de cambio?

Un poco de teoría

El valor de una moneda es producto de la conjugación de diferentes variables económicas. Si bien la relación que adquiere una moneda respecto de otra se determinan principalmente por la oferta y la demanda, hay factores que inciden sobre este comportamiento, a saber: La balanza comercial, la inflación y la tasa de interés.

Una balanza comercial favorable, una inflación nula o muy baja, y tasas de interés elevadas, provocan la apreciación de una moneda. Por el contrario, si estos indicadores adquieren valores opuestos, presionan el tipo de cambio hacia la depreciación.

Pero, veamos un poco qué ha pasado a lo largo y ancho del planeta.

La incidencia del contexto económico.

El enfriamiento de la economía mundial provocó una seria reducción de los niveles de demanda de materias primas. Ésta conducta fue la que siguió incluso el nivel de precios del petróleo, agravada por el exceso de oferta que produjo la revolución del fracking en Estados Unidos.

Cómo era previsible, la incidencia de este factor fue más acentuada en aquellos países que transitaban por dificultades económicas internas o que tienen características estructurales precarias, y en algunos casos la suma de ambas.

Warriorwriter Flickr.
Warriorwriter Flickr.

Algunos casos

Así las cosas, el derrumbe del precio del crudo, el estancamiento de la economía europea y las sanciones económicas aplicadas por las potencias occidentales, empujaron al rublo ruso que se devaluó un 20% en sólo un día, acumulando una caída de aproximadamente un 50% respecto al dólar en el último año.

Otra víctima del petróleo barato fue Venezuela. La gran dependencia de sus arcas a la exportación de crudo y el complejo deterioro de su economía interna, llevaron al país al abismo cambiario. El bolívar sufrió una dramática devaluación, que superó el 80% frente a la moneda estadounidense.

Por la caída de los precios de las commodities agrícolas, y problemas políticos y económicos internos, Brasil depreció su real en un 18% en lo que va de 2015 y Argentina hizo lo propio con el peso, un 16% en el último año.

En tanto que en Europa, los efectos de la continua recuperación de la economía estadounidense y la puesta en marcha por parte del  Banco Central Europeo de una política monetaria expansiva, han contribuido a que el euro se deprecie alrededor de un 10% respecto al dólar, alcanzando su menor nivel en 12 años. Resulta inminente a esta altura que el euro alcance una paridad 1 a 1 con el dólar, hecho que podría consumarse hacia finales de este 2015.

Por su parte el yen, acosado por la recesión japonesa se depreció un 15% frente al dólar, aunque ya ha comenzado a mostrar signos de recuperación.

También sufrieron importantes depreciaciones el dólar australiano, el canadiense, el rand sudafricano y la lira turca.

Por último, China, que ha colocado su yuan como segunda moneda mundial de intercambio comercial en volumen, parece reticente a seguir acompañando el ritmo del dólar, y comienza a dar algunos indicios de intentar aminorar el ritmo de su apreciación respecto de monedas como el euro, que ha alcanzado aproximadamente un 18% en los últimos 24 meses.

El fortalecimiento del dólar

En general podemos coincidir en que casi todas las monedas del mundo se han depreciado respecto del dólar. Y esto es así porque en simultáneo y en parte por causas compartidas, lo que sucedió es que el dólar se apreció considerablemente.

Fotografía: Dennis Skley
Fotografía: Dennis Skley

Las economías emergentes productoras de materias primas presentan en general índices de inflación más altos que Estados Unidos. Además, en un mundo con tasas de interés prácticamente en cero, la especulación de que la Reserva Federal comenzaría a subir las tasas de interés hacia mediados de año, terminó de conjugar todas las fuerzas que tienden a apreciar el dólar respecto de las demás monedas.

Existe un indicador, se trata del “Índice Dólar” (USDX), que mide el valor de la moneda de los Estados Unidos respecto a una canasta de otras monedas importantes del mundo (euro, yen, libra esterlina, dólar canadiense, corona sueca, franco suizo), y en la actualidad refleja su valor más alto en la última década.

Causas y efectos de la devaluación

Las consecuencias que implican fenómenos de este tipo replicándose por todo el mundo son complejas y sus alcances inciertos.

Lo que generalmente se propone un país, y lo que primero logra al depreciar la moneda, es abaratar los costos nacionales de producción en dólares.

Posteriormente, pasado el efecto inmediato que la maniobra tiene sobre la recuperación de la competitividad, hablando en términos de comercio internacional, comienzan a salir a la luz los enormes costos que trae una devaluación en cualquier economía.

Haciendo una primera proyección se pueden obtener pronósticos preocupantes, sobre todo para las economías emergentes.

Casi en simultáneo podemos advertir el primer efecto negativo. Así como las exportaciones se abaratan, en contrapartida se encarecen las importaciones, afectando directamente los niveles de inflación.

Una depreciación de la moneda local encarece la deuda externa de todos aquellos países que hayan asumido compromisos en moneda extranjera, elevando los riesgos de incumplimientos.

Además, la apreciación sostenida del dólar empeora la situación, ya que actúa en detrimento del poder adquisitivo de las otras monedas, por lo que afecta su capacidad de compra a nivel internacional, y por lo tanto reduce la demanda, impidiendo que los precios de los commodities vuelvan a repuntar.

Por último, la consecuente pérdida de rentabilidad en dólares provocada por una desventaja en la variación del tipo de cambio, desalienta la inversión externa.

Agricultor en India [Georges Flickr]
Agricultor en India [Georges Flickr]

Los más débiles primero

En resumen, el grupo de mayor riesgo está conformado por aquellos países exportadores de materias primas, con un alto grado de dependencia del ingreso de divisa para balancear sus cuentas, altos niveles de endeudamiento, alta inflación y cuyas economías se encuentren en recesión o con crecimientos muy bajos.

La capacidad de reacción con la que pueden contar dependerá en buena medida de cuán capaces fueron de reconvertir estructuralmente sus economías durante el boom de los commodities, permitiéndoles diversificar la oferta exportable para atenuar los efectos mencionados.

En esta guerra de divisas, las devaluaciones han ido sucediéndose unas a otras, como una reacción ortodoxa ante la pérdida de competitividad por razones estructurales y de mercado.

El alcance de la solución, sin embargo, es acotado. El costo de no haber interpretado correctamente la evolución de la economía mundial en épocas de bonanza, acecha la frágil situación de los emergentes, que una vez más no supieron transformar el crecimiento en desarrollo.

Es necesario advertir que la fragilidad cambiaria finalmente es sólo un síntoma, que indica economías precarizadas, atomizadas y que no han sabido reconvertirse haciendo una lectura inteligente de la realidad internacional.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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Lionel Gamarra

Buenos Aires, Argentina. Técnico en Comercio Internacional.


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