03/07/2020 BARCELONA

¿Se encuentra Libia al borde de la ruptura?

Petroleros de Corea del Norte robando petróleo y el Primer Ministro escapando del país: Todo los indicios apuntan a una pregunta que nadie se atreve formular en voz alta: ¿se encuentra Libia al borde de la ruptura?

A pesar de que las últimas noticias referidas a Libia han pasado desapercibidas frente a, entre otras, imágenes de Ucrania que inundan nuestras pantallas, el país árabe que un día se erigió en ejemplo de intervención internacional no parece hoy destacar como modelo de estabilidad.

El primer síntoma de ello que debiera haber hecho saltar todas las alarmas fue que un petrolero de Corea del Norte con bandera panameña (de nombre “Morning Glory“) penetrara en aguas territoriales libias de forma ilegal. Una vez que los rebeldes en el puerto de Sidre lo hubieron cargaron de crudo, éste abandonara el puerto haciendo caso omiso de las amenazas de acción militar del gobierno.

Posteriormente, el antiguo Primer Ministro libio escapó del país tras ser destituido por el Parlamento. Ahora las milicias basadas en Misrata han lanzado una ofensiva contra los rebeldes del este, en lo que bien podría ser considerado como el inicio de una guerra civil entre Libia occidental y Libia oriental. Todo los indicios apuntan a una pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta hoy en día en Trípoli: ¿se encuentra Libia al borde de la ruptura?

¿Quiénes son los llamados “separatistas”?

Los separatistas, que ya han sido acusados ​​por Estados Unidos de robo de petróleo, controlan desde agosto los tres principales puertos del país, para conseguir así acumular el poder suficiente para hacer valer sus demandas en pos de una mayor autonomía. Estos separatistas han ido bloqueando terminales petroleras en el este de Libia durante meses, no sólo por razones políticas, sino también con el objetivo de hacerse con una parte de los lucrativos ingresos que el petróleo reporta en el Norte de África.

La mayoría son antiguos rebeldes que un día encabezaron la sublevación en Bengasi, pero que tras el derrocamiento de Muamar Gadafi en 2011 comenzaron a tornarse contra el gobierno interino que se formó en ese momento.

Estos antiguos rebeldes/hoy separatistas se benefician de la preocupante situación en la que se encuentra Libia, un país que cuenta con un gobierno central sin poder alguno frente a los numerosos retos ante los que se ha enfrentado por meses. La economía del país, a pesar de sus envidiables recursos, no parece repuntar como muchas autoridades prometían. El petróleo es una fuente clave de ingresos para Libia, y sus exportaciones de petróleo, tras el bloqueo de los principales puertos, se han desplomado de 1,4 millones de barriles al día en 2011 a 235.000 barriles por día.

Provincias tradicionales de Libia, Wikipedia
Provincias tradicionales de Libia, Wikipedia

Tampoco parece mejorar la situación desde el punto de vista de la seguridad: el número de individuos encarcelados por las impunes milicias ya ha superado la cifra de 8.000, muchos de los cuales dicen haber sido torturados. Todo en Libia ha tenido que ser construido desde cero, y este es en particular el caso de su identidad.

Y ¿qué es lo que en realidad reclaman estos separatistas? Ellos no se conforman con la autonomía, sino que exigen algo cercano a la independencia. El territorio de Cirenaica (Barqa en árabe), ha venido adoptando este último año medidas concretas en este sentido: primero se creó un gobierno en la sombra, después se abogó (si bien de forma imprecisa) por un sistema federal de gobierno en virtud del cual sus dirigentes se repartirían durante unos meses el poder con la región de Fezzan. En junio de 2013, el jeque Ahmed Zubair Senussi , líder del Consejo de Transición de Cirenaica, declaró el autogobierno del territorio:

“Cirenaica es un territorio federal, en el marco del Estado de Libia y a partir de este 1 de junio de 2013, comenzará a llevar sus propios asuntos”, en un evento en principio organizado para conmemorar el 64º aniversario de la declaración de independencia de 1949 del Emirato de Cirenaica.

Por último, aunque no menos importante, el 4 de noviembre de 2013 fue declarada unilateralmente su condición de “estado semi-autónomo”. La región separatista incluso anunció la creación de una compañía independiente de petróleo, tras hacerse con el control, como se ha señalado, de varios puertos marítimos comerciales.

El autoproclamado gobierno de Cirenaica insiste en que su objetivo no consiste en desafiar al Gobierno o al Congreso, sino en reiterar su derecho a, entre otras cosas, exportar los recursos que les corresponden. La mayor crisis hasta ahora estalló en julio de 2013, cuando guardias de seguridad de las principales terminales petrolíferas desconectaron las mismas acusando a las autoridades de corrupción y clamando por una distribución más equitativa de los ingresos del petróleo. Aunque estas reclamaciones no deberían de haber pillado por sorpresa a nadie. En primer lugar, es clave el que la mayor parte de la riqueza del país se concentre en el este, en forma de reservas de petróleo.

No es tampoco coincidencia el que Bengasi, la segunda ciudad de Libia, se haya venido quejando durante décadas de haber sido dejada de lado, e incluso marginada, de la arena política bajo el regimen gaddafista. De hecho, fue allí donde estalló el levantamiento de 2011, en una ciudad que ha sido durante años polo de atracción de intelectuales, disidentes, jóvenes insatisfechos y activistas políticos.

¿El separatismo como tendencia en Libia?

Libya Libre, Shin Bi-Deviant Art
Libia Libre, Shin Bi-Deviant Art

Mientras que el gobierno central se esfuerza por recuperar el control, Libia parece deslizarse, al menos una vez al mes, en una espiral de ataques mortales, bien en Trípoli, bien en las regiones orientales del país. Desde que estalló la Revolución, el país se ha mostrado incapaz de dotarse de verdaderas instituciones o, dicho sea de paso, de siquiera ejército o cuerpo de policía. El gobierno alega que necesita más tiempo para crear unas fuerzas de seguridad profesionales. Mientras tanto, la ilegalidad se convierte en norma, y las milicias y líderes tribales, haciendo buen uso de las armas que la comunidad internacional les facilitó tres años atrás, utilizándolas esta vez no para acabar con el odiado dictador y su régimen, sino para tomar el control tanto de pueblos como de vitales fuentes de ingresos.

El noviembre pasado, las autoridades del autoproclamado gobierno de Cirenaica anunciaron en directo por la televisión nacional la creación de una empresa petrolífera de nombre Libya Oil and Gas Corp, establecida en Tobruk, junto al puerto de Hariga. Ello representaría, según ellos, el paso previo a la creación de un banco central oriental (probablemente con el fin de acumular petróleo y dinero manchado de sangre) y de una fuerza de defensa de Cirenaica.

Otros pueblos y ciudades han seguido adelante con sus propios experimentos democráticos.  La tercera ciudad más grande de Libia, Misrata, decidió, por ejemplo, celebrar de manera unilateral el año pasado elecciones a su consejo local. Ante las que el gobierno central no dijo ni una palabra. La diferencia radica en el hecho de que, mientras Bengasi ha recurrido de manera frecuente a la demagogia y a la violencia, Misrata simplemente ha optado por ser discreta y llevarse bien con las autoridades centrales. Por otra parte, y ya en marzo de 2012, una tribu libia, los Tabus, amenazaron con declarar un estado independiente en el sur de Libia, tras días de sangrientas batallas con tribus árabes rivales, que incluían a la tribu Abu Seif en la ciudad de Sabha y la tribu Zwiya en la región de Kufra, cerca de la frontera con Chad.

¿Semi-autonomía?

Según una antigua leyenda griega, escribe San Juan, la gente de Cartago y la gente de Cirenaica “acordaron establecer la frontera común entre sus esferas de influencia en conflicto en el punto donde se reunieran dos corredores que partieran desde ambos extremos”. La historia cuenta que los corredores se encontraron a mitad de camino en la orilla sur del Golfo de Sirte, justo en la frontera que los separatistas quieren imponer para el nuevo estado federal.

No es baladí recordar que un arreglo federal de características similares, simbolizado por la Constitución de 1951, ya estuvo en vigor durante los años 50.

Posteriormente, Libia se vio dividida en tres regiones administrativas: Tripolitania en el noroeste, Fezzan en el suroeste, y Cirenaica en el este, que ejercían un importante grado de autonomía a través de legislaturas regionales.

Y es que la realidad es que Libia no ha existido siempre como un solo país, sino que siempre ha estado partida en territorios que algunos reclaman aún como naciones, bien bajo el yugo del Imperio Otomano, bien antes de la invasión de Italia. En este sentido, son las tres provincias de Libia las que representan los tres colores de la bandera actual, mientras que la bandera de Cirenaica es negra con una media luna y una estrella blanca, el símbolo de la efímera insignia del Emirato de Cirenaica, fundado en 1920 y rápidamente desmantelado por los italianos.

Tripolí, Wikipedia
Trípoli, Wikipedia

Al contrario que Trípoli, una ciudad que ha ido creciendo en paralelo con la fusión de distintas identidades, Cirenaica ha forjado una identidad basada en un fuerte sentido de pertenencia tribal que permanece vigente incluso entre los jóvenes urbanitas que han tenido la oportunidad de viajar y descubrir otras culturas. La región hunde sus raíces en los nueve miembros de las tribus Saadi, “clientes” históricos de estas tribus, y miembros de familias nómadas de comerciantes del Oeste.

A la mayoría de los nacionalistas le gustaría volver a establecer el sistema puesto en marcha bajo el rey Idris, antes de que éste fuera derrocado por el propio Gadafi. Algunos activistas son delincuentes frustrados. Es éste es el caso de los extremistas acusados ​​de los ataques de Bengasi de 11 de septiembre de 2012, y son éstos individuos los que ya han recurrido a la violencia en varias ocasiones. Muchos libios temen que sus demandas no se vean satisfechas con tan sólo esta semi-autonomía, y creen que las próximas demandas girarán en torno a la plena independencia, siguiendo así peligrosamente los pasos de sus correligionarios en Sudán del Sur, aunque con el peligro añadido de sumir al país en una nueva guerra civil. Y eso que se creía que el federalismo, salvo en lo que respecta a la cuestión kurda, era precisamente uno de los problemas a los que los países de la región no tendrían que hacer frente tras la “Primavera Árabe”. Hasta ahora, como demuestra claramente el caso yemení.

Un futuro incierto

Esta no es, sin embargo, la única división  que el país se enfrenta. Tanto antes como después del levantamiento, el país estaba dividido en, por un lado, los territorios aliados con Gadafi, en connivencia con el líder y por lo tanto muy favorecidos por el régimen, como era el caso de su ciudad natal de Sirte. Por otro lado, el tirano se vio durante décadas acusado ​​de descuidar e incluso dar de lado a otras áreas del país, por ejemplo Benghazi y sus alrededores.

Y el abismo entre vencedores y perdedores que un día lucharon juntos, cuando los últimos han escapado o se ven obligados a enfrentarse a una marginación extrema, crece día a día. Es así como, tal y como muestra el que los trabajos de la llamada “Comisión de la Verdad y la Reconciliación” estén en punto muerto desde su creación, la justicia transicional como instrumento vital en todo territorio a la hora de lograr una verdadera reconciliación, se niega a casi todos los ciudadanos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro 

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Itxaso Dominguez

Itxaso Domínguez de Olazábal. Licenciada en Derecho y especializada en Derecho de la Unión Europea y relaciones internacionales, tras trabajar en Egipto se convirtió en una amante de la región y todo lo que en torno a ella gira. Idealista convencida, europeista irremediable, en constante aprendizaje. Escribe para Miradas de Internacional y algunos medios egipcios y tiene un blog personal, Discovering MENA and other thoughts.


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