03/04/2020 BARCELONA

La ola revolucionaria azota Bosnia

Con la llegada del mes de febrero, las tensiones y reclamos contenidos durante años, explotaron en las principales ciudades de lo que conocemos como Bosnia Herzegovina.

Con la llegada del mes de febrero, las tensiones y reclamos contenidos durante años, explotaron en las principales ciudades de lo que conocemos como Bosnia Herzegovina. Y quiero hacer énfasis desde un inicio en el dejo de incertidumbre con la frase “lo que conocemos”, porque hablar de una unidad de Estado en territorio bosnio es tan complicada como la situación que se vive actualmente.

Todo comienza la tarde del 6 de febrero, donde trabajadores de la industria química en la ciudad de Tuzla, manifiestan su descontento frente a oficinas gubernamentales tras 18 meses de no recibir salario. Después de 18 meses sin paga, tal vez nosotros nos podríamos preguntar el por qué esperar un año y medio para levantar la voz; lo cierto es que estos trabajadores, a sabiendas de la lacerante crisis económica que azota a Bosnia, entraron en la dicotomía natural de tener que decidir entre soportar “un mes más sin paga” pero manteniendo la esperanza de algún momento recibir salario, o bien, reclamar y formar parte de la alarmante cifra del desempleo que aqueja al 48% de la población en aquel país. Decisión difícil y valiente.

Lo sucedido posteriormente, puso en alarma a toda aquella persona que vive aún con el recuerdo de la sangrienta guerra de principios de los noventa. La manifestación se tornó en violencia rápidamente y se trasladó a las principales ciudades de la Federación, incluyendo la capital Sarajevo. Al día siguiente del inicio de los reclamos, el caos y el fuego se adueñó de las calles, donde en Sarajevo, dos edificios de gobierno fueron incendiados mientras una blanda policía era agredida por una multitud que había perdido ya los estribos del manifiesto.

Tras un día de oficinas de gobierno y autos policiacos en llamas, locales comerciales destruidos y transeúntes violentados por los proyectiles urbanos de la multitud, el saldo de los daños ascendió a 3.8 millones de Euros. La pregunta es ¿acaso es esta la forma de buscar el bienestar?…tal vez, fue sólo una reacción pura del desespero.

Reacciones y generaciones

Manifestación en Zenica, Bosnia
Manifestación en Zenica, Bosnia

Rápidamente, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, distintas versiones comenzaron a correr por el mundo. Por un lado, algunos culpaban a los manifestantes de haber actuado de forma reaccionaria, sabiendo que la violencia sólo trae violencia, y el pueblo bosnio está colmado de tragedias. No obstante, la voz levantada del pueblo enfatizaba que los verdaderos revolucionarios e interesados en hacer un cambio, no habían sido los que atacaron policías y edificios con armas de fabricación casera, sino simples inadaptados que en gran proporción, ni siquiera alcanzan la mayoría de edad. Los adultos presentes en dichos reclamos quedaron abruptamente silenciados y los jóvenes de entre 16 y 18 años, tomaron las armas para iniciar la violencia. Ambas reacciones absolutamente naturales: los adultos tuvieron en un segundo, la imagen de dolor del pasado; los jóvenes, ni siquiera habían nacido en la época de guerra. El miedo invadió a los mayores, porque la sabiduría y las cicatrices les recuerdan que Bosnia sigue siendo el mismo polvorín de antes.

Ese temor no sólo invadió a aquellos que vivieron un asedio de cuatro años que cobró miles de vidas y desplazó a la mitad de la población del país. Una tragedia tan cruda, que rompió en absoluto con los paradigmas de la evolución del hombre hacia la civilidad del nuevo siglo. Los intereses económicos y la búsqueda insaciable del poder, nos recordó con Bosnia, que a pesar de la evolución, el hombre sigue siendo una especie animal. Teniendo conciencia de ello, los verdaderos artífices de este levantamiento de voces, comenzaron a trabajar con aquello que la actividad repentina y peregrina, no les había regalado: el orden. Desde aquel día, 7 de febrero, la población (en su mayoría joven) se ha re organizado de manera excelsa en espacios abiertos, centros culturales y universidades, para poder lograr un diálogo con el gobierno y con la media internacional y poder así expresar su descontento. De manera admirable, tras casi veinte años de hartazgo y miseria, pareciese que aquella juventud bosnia que se preveía tan ajena la concordancia de objetivos, han llevado a las calles y principalmente a las oficinas gubernamentales las siguientes demandas que han sido enlistadas por los mismos:

  1. Establecimiento de un gobierno de expertos: establecimiento urgente de un gobierno municipal en Sarajevo, compuesto por expertos que no tengan relación con algún partido político y sometido al consenso de la población.
  2.  Auditoría sobre los salarios y beneficios de la clase política en Sarajevo: realizar de manera inmediata una revisión sobre los salarios y beneficios que reciben los políticos en la ciudad, asegurándose que éstos concuerden con la situación económica actual en el país.
  3. Auditoría sobre las privatizaciones: realizar una investigación minuciosa sobre las sospechas de privatización en empresas tales como Feroelektro, Holiday Inn, Sarabon, Zora Kljuc y demás consorcios de importancia alrededor del país.
  4. Establecimiento de una comisión independiente de expertos para dar revisión exhaustiva a los hechos suscitados el día 7 de febrero: evaluar los daños y señalar a los responsables de los actos vandálicos.

Analizando brevemente los puntos expuestos, destaquemos que dentro de los dos, primero se hace referencia un tanto a lo que hay detrás de la manifestación: una población harta de la corrupción, del desempleo, el nepotismo reinante en el rubro político y sobre todo, una población que después de cuatro años de sangre y veinte años de silencio, está colmada de ver cómo los pobres son cada día más pobres, y los políticos lucen autos cada vez más lujosos.

Por el otro lado, el tercero es en esencia la última chispa que encendió la hoguera, refiriéndonos a las privatizaciones en ciudades como Tuzla o Sarajevo, y por supuesto, los salarios olvidados y el desempleo que impera como una de las características que tristemente definen a Bosnia como país. Pero el último punto, es tal vez el más interesante a analizar; de manera brillante, los manifestantes organizados saben que la pulcritud de su imagen legitimará su accionar frente a la media internacional, y que otro brote de violencia como el sucedido el 7 de febrero, nublaría su esperanza de lograr un cambio. Por ello mismo, no sólo se deslindan de los actos violentos, sino que proponen una comisión para encontrar a los responsables, aquellos que no sólo dañan las estructuras de la ciudad, sino también del Estado y de la nación.

Es cierto que nunca existirá justificación para un acto de violencia y que lo sucedido aquel viernes 7 pudo/puede traer consecuencias que ya se vivieron en el pasado. La violencia genera más violencia y entorpece el desarrollo y el bienestar: objetivo medular de las manifestaciones. Pero tampoco podemos olvidar que aquellos chicos, puede que no conozcan una guerra que los mira a los ojos, pero sí conocen los ojos de sus padres que los miran con el dolor del pasado, el desespero de buscar un sustento que no existe ni en la cartera ni en el estómago de sus hijos, e indudablemente, la mirada de la desesperanza en aquellos recuerdos donde Occidente prometió no le fallaría al pueblo bosnio. Tal vez esos 3.8 millones de Euros en daños no se comparen a los años de sufrimiento y hambre de un pueblo que pide a gritos un cambio.

Dar un fin a la violencia

El 21 de noviembre de 1995, en la base aérea de Wright-Patterson en Dayton Ohio, Richard Holbrooke, Slobodan Milošević, Franjo Tuđman y Alija Izetbegović, firmaron el Acuerdo Marco General para la Paz en Bosnia y Herzegovina que daría fin a la guerra de cuatro años. Los Estados Unidos, como líder de Occidente, hubo de actuar como el mediador y salvaguarda de las vidas de los bosnios. Sin embargo, ¿qué pasó con ese aguerrido interés y aquella ayuda prometida? La situación en un país cada vez más homogéneo étnicamente, dividido en dos e incluso en tres, y prácticamente la creación de un país que no es un Estado, incrementa la preocupación de un estallido de violencia en aquella Bosnia que conoció el derramar de sangre como ningún país en Europa.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Javier Gutiérrez

Javier Gutiérrez Lozano (Puebla, México. 1988). Poeta, traductor y ensayista. Editor de Revista Reflejo en Belgrado, Serbia. Profesor de Literatura Contemporánea. Recibió la Beca del Ministerio de Educación de la República de Serbia para realizar estudios especializados en política y cultura de los Balcanes. Sus textos han sido traducidos al idioma inglés, griego y serbio. Ha publicado más de 60 artículos periodísticos, ensayos y poemas, en diversas revistas de distintos países. Autor de 12 reportes para la Secretaría de Relaciones Exteriores, dentro de la Embajada de México en Serbia. Ha impartido conferencias en el Instituto Tecnológico de Monterrey Campus Puebla, y ofrecido talleres en la Facultad de Filología de la Universidad de Kragujevac, Serbia. Participante en el Festival Internacional de Arte de Prijepolje en Serbia, el Festival de Literatura Bayelsa Book & Craft Fair en Nigeria y el Festival Internacional de Poesía de Granada 2013 en España.



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