01/12/2020 BARCELONA

Rosas con espinas por Sant Jordi

Las rosas que se venderán por Sant Jordi hoy huelen a un suave y delicado perfume, pero también huelen a desigualdad, a explotación, a pobreza, a contaminación y a injusticia. Son en su mayoría mujeres aquellas que las reciben con ilusión en el norte y mujeres también las que se dejan la suya en su producción en los países del sur.

Rosas con Espinas

Las rosas que se venderán por Sant Jordi hoy huelen a un suave y delicado perfume, pero también huelen a desigualdad, a explotación, a  pobreza, a contaminación y a injusticia. Son en su mayoría mujeres aquellas que las reciben con ilusión en el norte y mujeres también las que se dejan la suya en su producción en los países del sur.

Hoy es 23 de abril  y en Cataluña se convierte en una fecha especial, se trata de Sant Jordi, también conocido como el día de la rosa y del libro. Durante este día se venderán más libros que en todo el año y lo mismo sucede con las rosas: sólo este día el año pasado se vendieron 6 millones de rosas. Hoy sábado paseando  por cualquier lugar de Cataluña podemos observar  grandes bellezas como las rosas de Vilassar o Santa Susana, pero también encontraremos otras preciosuras de Colombia, Kenia y Ecuador. El año pasado el  82 % de las rosas que se vendieron provenían de estos países, siendo estas más rentables económicamente que las locales. En este artículo nos centraremos en el caso de aquellas que son importadas de Colombia, aproximadamente un 30 % de las rosas, y trataremos de respondernos ¿qué historias se esconden detrás de estas rosas? ¿Cómo es que llegan a nuestro mercado siendo más rentables que las flores que se producen aquí?

En Colombia la industria de las flores es de las más importantes del país (tercera fuente de divisas, después del petróleo y el café) y a nivel mundial se trata del segundo mayor exportador de flores después de Holanda. Hace ya más de 20 años que el documental “Amor, mujeres y flores” (1989), dirigido por la antropóloga  Martha Rodríguez y  Jorge Silva, nos mostró las condiciones de salud y seguridad de las mujeres colombianas que trabajan en el mundo de las flores,

las cuales representan un 70% de la mano de obra. Increíble es que después de todos estos años, poco ha mejorado en su situación.

En Colombia, la floricultura genera tanto inconvenientes ecológicos y para la agricultura local, así como de tipo social y económico. La huella ecológica de producir flores es importante, llegando a consumir tanta agua como una ciudad de 600.000 habitantes, acabando con los acuíferos naturales de la zona; los invernaderos consumen anualmente la cantidad de plástico equivalente a un rollo imaginario de 100 m de ancho que llegase de Barcelona a Madrid. Además se ha de considerar que el modelo intensivo de floricultura, destinado a satisfacer la demanda de rosas masiva de determinadas épocas del año, daña la fertilidad de las tierras, por el uso de productos agro-químicos y por la sustitución de cultivos típicos destinados al consumo interno, como el cereal, que se han sido sustituidos por flores para la exportación.[1]

En este artículo nos centraremos en la situación laboral de precariedad de las personas que trabajan en este ámbito de las cuales alrededor del 70% de las trabajadoras son mujeres. En Colombia el 82% de las empresas que se dedican a la floricultura pide un test de embarazo antes de empezar a trabajar e incluso el 10% de ellas llegan a pedir certificados de ligaduras de trompas para contratarlas. Finalmente, a menudo son despedidas al quedar embarazadas. Cuando consiguen ya el trabajo, estas mujeres hacen una jornada laboral normal de 10 o 12 horas y en épocas de mayor demanda llegan a hacer 18 hs diarias, con contratos temporales de muy corta duración, con un sueldo que no llega ni a la mitad de la cesta básica y sin posibilidad de sindicarse. Las trabajadoras colombianas reciben sólo un 2,5% del precio de la rosa que aquí pagamos. Según un informe de Censat y “no te comas el mundo”[2] las trabajadoras colombianas cobran unos 120€ al mes, 4€ al día, lo que  en España se paga por 1 rosa, y que no significa ni a la mitad de la canasta básica de alimentos en Colombia. Muchos economistas dirán que se genera trabajo (150.000 personas trabajan directa o indirectamente en el sector en Colombia).

Se genera dinero (más de 500 millones de €/año) pero la inequidad del modelo es gigantesca; y es así como la economía competitiva sobrevive gracias a este tipo de condiciones indecentes.

También la salud de las personas que trabajan en la flor, y de la población que allí vive, se ve alterada a causa de los agro-químicos, que llegan hasta las aguas y otras tierras y también alteran los ecosistemas. Los trabajadores padecen problemas como migrañas, gastritis o alergias, e incluso en algunos casos sus hijos han nacido con problemas respiratorios. Cada día se contabilizan una media de 5 intoxicados, ya que según fuentes de Intermón Oxfam[3], las mujeres tienen que volver a los invernaderos justo después de haber rociado las flores con pesticidas. Además, debido al tipo de trabajo en cadena, donde ellas realizan una sóla tarea concreta e invariable para ser más productivas, suelen tener problemas ergonómicos y físicos, como los específicos de túnel carpiano o de artrosis en diferentes partes del brazo.

Así la vida útil de una trabajadora de la flor, no suele superar los 40 años.

Estas trabajadoras además tienen difícil hacer una queja sobre su situación, ya que un factor a considerar sobre la realidad colombiana es que la mayoría de empresas no autorizan la sindicalización porque despiden a las trabajadoras. Sólo tomar parte de un sindicato se convierte en un riesgo en un país que entre 1986 y 2009 ha documentado más de 2700 muertes de sindicalistas. Además muchas veces no tienen ni derecho a sindicarse, ya que existen en este sector diversas formas de contrato: directa por la empresa, la cual está disminuyendo y cada vez es por menos tiempo; por empresas de servicios temporales que no ofrecen muchas veces contratos legales a sus trabajadores más que verbales, por contratistas unipersonales obligando a trabajadores asalariados a declararse como profesionales libres; y por cooperativas de trabajo asociado. Esta última forma desvirtúa la figura de la economía solidaria de las cooperativas, ya que se obliga a trabajadores asalariados de la empresa a que formen una cooperativa para ser contratados, en ella no tienen por qué tener contratos, ni prestaciones, ni derechos, ya que se les niega la condición de trabajadores.

Todas estas diversificaciones en las formas de contratación, permite a las empresas reducir los costos laborales, ya que no pagan los aportes parafiscales ni prestaciones; y crean inestabilidad y condiciones de desunión y competencia entre ellos dificultando la organización de los trabajadores.

Certificaciones de buena práctica

Se supone que cuando compramos flores se les puede incluir una etiqueta de certificado de buenas prácticas. Pero la realidad es que las condiciones laborales que hemos explicado se dan en empresas que presentan a sus compradores certificados de buenas prácticas[4]. Estos códigos estipulados por las empresas sustituyendo el poder coercitivo del Estado son certificados voluntarios que se convierten más en una herramienta de marketing que en una verdadera herramienta para obligar al cumplimiento de normas sociales y ambientales. Uno de los más populares es el programa FlorVerde, desarrollado por la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores Asocolflores.

Este programa no contempla los derechos sindicales de asociación o si las empresas tienen denuncias por violar leyes laborales en niveles salariales o formas de contratación; por lo que  no se puede considerar así salvaguarda del sistema.

Nuestros tratados comerciales con Colombia

En octubre de 2006 la Unión Europea anunció una profundización de su estrategia de política comercial con el lanzamiento del documento “Una Europa Global: Compitiendo en el Mundo”, que plantea nuevas metas para su política de comercio exterior y busca de manera agresiva una completa desregulación de los mercados a favor de las grandes corporaciones europeas. Esta política plantea como mecanismo principal para llegar a sus objetivos la firma de Acuerdos de Libre Comercio (TLC) con diferentes regiones y países del planeta. En la actualidad Colombia está gestionando la aprobación de un tratado de Libre Comercio que regule las relaciones comerciales con la UE. Debemos pensar en las implicaciones que para estas trabajadoras va a traer la ratificación del TLC entre la UE y Colombia,

dado a que el sector floricultor se considera uno de los sectores ganadores, según los directivos de empresas floricultoras, con las condiciones de acceso a mercados conseguidas en el Acuerdo.

El TLC que se está negociando desde 2007 con Colombia es injusto en muchos sentidos, ya que da acceso sin aranceles a la UE al mercado colombiano y les hace quitar ayudas a sus productos, aunque la UE mantiene los suyos, alarga las patentes médicas y de propiedad intelectual, entre otras cosas. Pero en la temática que estamos abordando el Tratado no mejorará las condiciones de las personas trabajadoras en Colombia, ya que se negocia con un gobierno que no hace cumplir los derechos humanos y sindicales de los trabajadores, si no que perpetúa este modelo de precariedad como su manera de ser competitivo en el mercado. El  TLC con la UE garantiza la firma de 27 convenios que son de obligatorio cumplimiento para que exista comercialización. El gobierno colombiano tiene ratificados todos estos convenios con la OIT y son los mismos que son violados sin que no exista sanción ni abandono del país de ninguna empresa europea. Existe en ellos una cláusula de compromiso de erradicar aquellas prácticas que violen los derechos humanos y laborales de los trabajadores, pero no acaba de definirse concretamente en ninguna de las políticas de los tratados y con las limitaciones que impone la protección a la inversión extranjera, se quedarán en el papel. Se dice que el TLC puede crear más trabajo, aunque

los antecedentes indican que éste será de mala calidad, sin derechos ni garantías.

¿Qué hacer?

Ante situaciones de este tipo nos podemos sentir impotentes o faltos de soluciones para cambiar el sistema de comercio. Estoy convencida de que mucha gente de los países desarrollados quiere disfrutar con las rosas, pero no a este alto precio. Sabemos que muchas cosas deberían cambiar pero nosotros debemos intentar al menos aportar nuestra parte. Algunas de las cosas que se pueden hacer es mantenerse informado sobre la situación, presionar a los gobiernos para que aprueben mejores condiciones de comercio, consumir flores de producción local, plantarlas nosotros o comprar aquéllas de comercio justo: las flores con la certificación Fairtrade al menos garantizan mejores pagos a las trabajadoras, que las fincas cumplan con los estándares básicos medioambientales y laborales y que los trabajadores puedan ejercer su derecho a sindicalizarse, aunque actualmente son minoritarias en el mercado. También se puede colaborar en campañas de incidencia y concienciación (noetmengiselmon.org, toalostlc.org, etc.,) o si se te ocurre alguna diferente, ¡no dudes en compartirlo! Debemos seguir en la búsqueda de un modelo que aporte verdadero desarrollo, no sólo económico, sino también social.

El derecho a un trabajo digno es un paso hacía el fin de la pobreza a largo plazo. Ellas también se merecen que una flor que no las haga infelices, sino todo lo contrario.

Más información:

Sindicato Flores:

http://www.untraflores.org/

Amargo florecer. El coste humano de las ventas de flores en los supermercados británicos:

http://www.cactus.org.co/documentos/Amargo_florecer.pdf

Las flores colombianas en los mercados europeos:

http://defensaterritorios.org/index.php?option=com_content&view=article&id=4044:las-flores-colombianas-en-los-mercados-europeos&catid=115:colombia–genero&Itemid=658

Publicación de Cactus con artículos sobre las condiciones en Kenya y Ecuador:

http://www.cactus.org.co/documentos/revista23.pdf]

o en: “Amor, mujeres y flores” (1989)


[2] Informe Censat y Noetmengiselmon http://www.odg.cat/documents/enprofunditat/Deute_ecologic/Documento_5_Flores_en_colombia.pdf

[4] En el Informe de Cactus sobre la floricultura colombiana en 2008  podemos encontrar, entre otros datos, innumerables ejemplos de estas violaciones de las empresas. http://www.cactus.org.co/documentos/cartilla_informe_final_cactus.pdf

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Brenda Bär

Creo en la educación y en la conscienciación como herramientas para el cambio, para la transformación de nuestro mundo. Nací en Buenos Aires y ahora vivo en Barcelona. Soy maestra, he hecho un máster en investigación educativa y ahora estudio ciencias polítcas. Me interesa comprender el mundo y combatir sus injusticias y desigualdades. Creo que nos ha tocado vivir un contexto complicado donde es imprescindible estar despierto y bien informado, para actuar y conseguir cambios.


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