¿Una nueva Ruta de la Seda para el desarrollo de China?

La Cumbre de la Ruta de la Seda celebrada en Pekín, en mayo de 2017 [Foto: Y. Bulbul vía dw.com].

“Hay tanto dinero que las infinitas cuerdas que se usan para unir las monedas se pudren y quiebran. Los graneros de la capital desbordan de mercancías y los granos se echan a perder y no pueden comerse” decía el historiador Sima Qian, que vivió en el siglo I a.C. y cuya reseña puede parecerse más a la China del siglo XXI.

Durante la dinastía Han, en el siglo II a.C., el imperio chino desarrolló la Ruta de la Seda, cuyo objetivo en ese momento era desarrollar el comercio con Asia Central y el Mediterráneo. De hecho, durante varios siglos, la Ruta de la Seda, más allá de ser una ruta puramente de comercio, también fue una ruta por la cual se transmitían ideas, conocimientos y hasta los fundamentos del budismo y el Islam. Sin embargo, fue con el almirante  Zheng He, durante la dinastía Ming, cuando China comienza a conectarse con los estados del Océano Índico, empezando así a  concentrarse en los países al sur de su territorio. Y así, la Ruta de la Seda quedaría en desuso.

Mapa del proyecto de la nueva Ruta de la Seda que muestra la vía terrestre y marítima del plan de Pekín, sus principales puertos, y los países miembros del AIIB (Asian Infrastructure Investment Bank) [Foto: MERICS vía dw.com].

Ya en la historia reciente de China,  un gran cambio acontece en relación a su desarrollo económico. Después del fracaso de El Gran Salto Adelante de Mao Zedong, que arrancó en 1958 y terminaría con un rotundo fracaso en 1961, y bajo el cual se calcula que hubo entre 15 y 45 millones de muertos, llegaría, en 1978, el milagro económico chino.

Liderados por Deng Xioping, anterior lugarteniente de Mao y en ese momento líder del Partido Comunista, se adopta la política de reforma económica y apertura al exterior, cuyos elevados ritmos de crecimiento económico llegarán a incrementos anuales del PIB de entre el 8 y el 10%, un verdadero milagro económico del cual el Banco Mundial dijo que “China ha hecho en una generación lo que a la mayoría de países les ha costado siglos”.

Y es que nunca en la historia de la humanidad, había habido un cambio económico tan grande y tan rápido. Sin embargo, en los últimos años, la economía china crece a un ritmo menor, llevando al país a modernizar su modelo ecónomico.

Inicio y desarrollo de la Ruta de la Seda

De esta manera, a partir del 2013, China arrancó con el Belt and Road Intiative, cuyo objetivo era el de apoyar a países asiáticos a desarrollar grandes proyectos de infraestructura, y recuperar los bancos y las empresas que tienen dificultades. Con el objetivo de generar nuevos y más fuertes mercados para la creciente exportación de bienes y servicios chinos, el gigante asiático conseguía fortalecer su propia economía, marcada por una pequeña desaceleración en los últimos años.

En pocas palabras, lo que China pretende desarrollar es un corredor comercial que lo una con Oriente Medio y el este de África, tal y como sucedía en el siglo II a.C. De esta manera, el proyecto se estima que tendrá un coste de US$ 51.000 millones, de los cuales China pondría US$ 46.000.

No obstante, cualquiera podría preguntarse: ¿cuál es el verdadero beneficio para China de ejercer tan costoso y ambicioso proyecto de infraestructura?, ¿valdrá realmente la pena? Muy probablemente la respuesta sea afirmativa.

Durante años China ha venido realizando una serie de inversiones en África y Oriente Medio, tratando de ejercer una mayor influencia económica en dichos sitios. Sin embargo, incrementar el volumen de comercio es muy complicado, dado que sus barcos deben pasar por el estrecho de Malaca, muy angosto y disputado, lo cual limita el comercio.

Sin lugar a dudas, el mayor beneficiado de este desarrollo en infraestructura será Pakistán, histórico aliado chino en Oriente Medio, gracias a que los 46.000 millones de dólares representan casi tres veces la inversión extranjera que Pakistán ha recibido entre el 2008 y el 2015.

El presidente de China, Xi Jinping, hablando en un foro de cooperación en Johannesburgo, Sudáfrica, el 4 de diciembre de 2015 [Foto: Siphiwe Sibeko vía Reuters].

África también se verá inmensamente beneficiada. De hecho, en este momento, en Kenia, ya se está construyendo la línea de ferrocarril que va a unir Nairobi con Mombasa —las dos ciudades más importantes del país y enclaves de gran importancia en el este de África— y que en un futuro será parte de una red más extensa de transporte en África Oriental.

Así, con el desarrollo en infraestructuras, China podría comerciar de una manera mucho mayor. Sin embargo, dicho proyecto tan ambicioso no se limita solamente a África y Oriente Medio: uno de los proyectos que tiene planeados Pekín es el de un tren de gran velocidad con destino a Moscú, con la idea de acelerar el comercio con Rusia y Europa. Cabe anotar, sin embargo, que el proyecto de desarrollo de infraestructuras no se limita solamente a la parte terrestre, la idea es también desarrollar infraestructuras marítima, zonas francas y hasta parques industriales.

Voluntad política 

No obstante, como en todos los grandes proyectos de infraestructura de escala nacional o internacional, sin voluntad política sería difícil lograr un verdadero resultado exitoso, más allá de los proyectos locales que China está desarrollando en la actualidad, como el anteriormente mencionado en Kenia.

De esta manera, en el mes de mayo del 2017, se reunieron líderes de más de 20 países para mandar un mensaje al mundo. La Nueva Ruta de la Seda pasaría de ser un proyecto a una realidad en la que hasta Estados Unidos quiere participar.

La ONU también ha expresado su deseo de participar en el proyecto, dado que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se ha vinculado al mismo. Según el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, la Nueva Ruta de la Seda supone “un desarrollo más equilibrado, equitativo e inclusivo”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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