15/10/2019 BARCELONA

Retos para Colombia: la frontera con Venezuela
El expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, junto a su homólogo colombiano, Álvaro Uribe.


Parte I: ¿Cómo se sentaron las bases? Un análisis de la convivencia Chávez-Uribe

A menos una semana de la celebración del referéndum plebiscitario por la paz en Colombia, los debates son muchos y muy variados. Se trata del inicio de un proceso de transición, en el se enfrentarán retos de diversa índole y de cómo manejarlos dependerá el futuro del país. Si bien el conflicto colombiano se ha librado fundamentalmente en el interior de las fronteras del país, han sido muchos los factores externos que han contribuido a su desestabilización. No obstante, hacer una reflexión sobre cuál es la situación en los territorios fronterizos y cómo eso revierte en las relaciones bilaterales con los países vecinos, deviene una cuestión fundamental para mapear todos los posibles riesgos de este nuevo horizonte que se abre en Colombia.

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Mapa de las fronteras de Colombia. [Foto: Juan José Madrigal vía Flickr].

El territorio colombiano delimita por el norte con el mar Caribe, por el sur con Ecuador y Perú, por el este con Panamá y el Océano Pacífico y por el oeste con Brasil y Venezuela. Aunque no sería posible afirmar que alguno de ellos se encuentre libre de problemáticas de carácter social o económico, hoy en día, la situación de Venezuela es especialmente delicada y supone para la región un elemento de preocupación que no deja indiferentes a ninguno de los países que lindan con su territorio. Desde una Colombia sumida en plena vorágine por zanjar un conflicto de más de medio siglo de antigüedad, la coyuntura venezolana no debe de ser asumida como una problemática ajena, sino como un contexto de “retos simultáneos”. Socorro Ramírez –doctora en Ciencia Política y Relaciones Internaciones y miembro de la Comisión Presidencial de Integración y Asuntos Fronterizos (COPIAF)– afirma que actualmente deben considerarse dos procesos de transición política que están teniendo lugar paralelamente: el fin de la guerra en Colombia y una transición que no termina de perfilarse pero que debe de tener como salida la reestructuración de un proyecto que ya no se puede considerar exitoso.

La tensión latente en relación colombo-venezolana

Las desavenencias que caracterizan las relaciones colombo-venezolanas datan del siglo XIX, incluso de antes de la proclamación de las independencias y posterior trazado de una frontera que nunca fuera aceptada de manera satisfactoria por ninguno de los dos países. Durante este tiempo, a pesar de las complejas tensiones territoriales, la necesidad de regular el mercado transfronterizo obligó a poner en práctica diferentes iniciativas que, como señala la profesora Ramírez, evidenciaron “lo fructífero de la cooperación” entre dos partes que tienen más de complementario que de opuesto. Algunos ejemplos, como la otorgación de cédulas de identidad de ambas nacionalidades para ganaderos que interactuaban en los dos lados de la frontera, son muestras de que existen alternativas para abordar de manera conjunta problemas como el del tráfico ilegal o la institucionalización de mercados negros.

La frontera entre Colombia y Venezuela se extiende a lo largo de 2219km. [Foto vía Creative Commons].

Entendiendo la relación entre Venezuela y Colombia en el marco de un eje conflicto-cooperación, la coyuntura política en ambos países en las últimas décadas, tomando como referencia la llegada de Hugo Chávez al poder venezolano en 1999, intensificó de manera significativa estas dinámicas de relación binacional. Sin entrar en los motivos de la continuidad política en el gobierno venezolano, que en dicho período sólo ha asistido a la delegación del poder a Nicolás Maduro tras el fallecimiento de Chávez, resulta fácil asociar las alteraciones en la dinámica fronteriza con los cambios en la presidencia de Colombia. Sin embargo, resulta paradójico que los dos momentos en los que se han alcanzado los dos extremos del eje, coinciden con el período Chávez-Uribe (2002-2010).

La fase olvidada del chávez-uribismo

La llegada de Chávez al gobierno interrumpió a Colombia en el segundo año de la legislatura de Andrés Pastrana (1998-2002). Una legislatura caracterizada por la iniciación de un proceso de paz similar al que se está viviendo actualmente y que sin embargo no derivó en el acuerdo. La llegada de  Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela fue cualquier cosa menos de actitud conciliadora con lo que respectaba al estado colombiano ya que en un primer momento Chávez muestra una cierta complicidad con la guerrilla declarándose neutral en el conflicto. Esto significó de algún modo una “exacerbación de temores mutuos”, que frente a todo pronóstico dio un vuelvo con la llegada de Álvaro Uribe al gobierno de Colombia . Para entender las peculiaridades de esta etapa, es necesario comprender las personalidades de dos figuras que, lejos de comulgar en cuanto a alineaciones ideológicas, compartían otras muchas prácticas políticas. Ambos se alzaron como líderes incontestables, de corte casi mesiánico, dispuestos a conectar a través de un discurso más próximo con el pueblo.

Hugo Chávez Frías y Álvaro Uribe Vélez han sido dos de los presidentes más populares de América Latina en las últimas décadas [Foto vía Flickr].

Durante este primer tramo del chávez-uribismo, el ansia de colaboración derivó en la elaboración de mega-proyectos estratégicos como la construcción del canal interoceánico a través del cual Uribe, firme aliado y colaborador de los EEUU, estaba dispuesto a facilitar a Chávez la diversificación de destinos de importación del petróleo, reduciendo así su dependencia con EEUU. También data de esta etapa el sustancial incremento del comercio bilateral, el cual se triplicó respecto al período anterior, además de otros logros en el ámbito de lo social como la reducción de los índices de violencia en los territorios fronterizos gracias a los esfuerzos conjuntos por la eliminación de prácticas ilícitas como el contrabando de gasolina. Poco tienen que ver estos inicios en los que incluso casi se resuelve el conflicto del Golfo que había puesto en jaque a ambos países en 1987, con el giro que dan las cosas a partir del año 2005.

Entonces ¿qué fue lo que paso? ¿qué elemento desencadenó la escalada de tensión que se produjo a partir del año 2005? Como prácticamente todos los hitos históricos por los que ha atravesado Colombia en las últimas décadas, tuvo que ver con el conflicto armado.

El “caso Granda”: la entrada en la espiral de conflicto

El hecho que comenzó a resquebrajar las “ejemplares” relaciones diplomáticas fue la detención del portavoz de las FARC, Rodrigo Granda, por medio de las autoridades colombianas el 10 de diciembre de 2004. A pesar de que rápidamente se proliferara la noticia de que se trataba de un secuestro, tenido lugar en la cuidada de Caracas, inicialmente ambos países llegaron al acuerdo tácito de aceptar que la captura se había realizado en Cúcuta, región fronteriza colombiana – a donde, se supo, fue trasladado después.

Rodrigo Granda Escobar era considerado uno de los miembros con mayor influencia en las filas de las FARC en ese tiempo [Foto vía Diario Semana].

En un primer momento no parecía que se le diera importancia a ésta ni a otras cuestiones como a la de por qué un alto cargo de la guerrilla se encontraba en territorio venezolano o a la sospecha de que la operación de las fuerzas armadas colombianas se había llevado a cabo mediante el soborno. El comportamiento aséptico de ambos gobiernos no duró más que unos meses, en los cuáles comenzaron a suscitarse severas acusaciones por parte de diferentes grupos de presión en los dos países. Por un lado, desde Venezuela comenzó a circular la idea de que la detención de Granda en Caracas suponía una grave intromisión en la soberanía nacional, mientras que desde Colombia se consideraba que su presencia en Venezuela ponía en evidencia el apoyo de este país a las FARC. También las FARC realizaron comunicados manifestando su decepción con Chávez por no haber mediado en lo que se había considerado un secuestro por parte de las fuerzas armadas colombianas. Investigaciones posteriores demostraron que Granda contaba con cédula venezolana y que su presencia en Venezuela era consecuencia de la invitación al congreso bolivariano del 8 y 9 de diciembre. Al mismo tiempo se ponía en entredicho la actuación  legal de las fuerzas policiales colombianas, una vez confirmado que habían pagado de manera privada a funcionarios venezolanos para que colaboraran en el secuestro de Granda. En definitiva, los sucesos que tuvieron lugar en el año 2005 supusieron una escalada de la tensión en la frontera, que se llevó consigo cualquier iniciativa de colaboración que se pudiera haber dado con anterioridad.

A partir el registro de testimonios agresivos por parte de la clase dirigente en ambos países es innumerable. Las consecuencias de esta tensión fueron, desde la ruptura de las relaciones comerciales, hasta la movilización de armamento a la frontera, la cual se encontró cerrada en diferentes ocasiones. La crisis diplomático tuvo gran repercusión internacional tanto en organismos multilaterales como Naciones Unidas (NNUU), desde donde el propio Ban-Ki Moon llamó a ambos países a la reconciliación, o la Organización de los Estados Americanos (OEA), como la intervención de otros países vecinos como Brasil, Chile o Ecuador en sus intentos de mediar en la situación colombo-venezolana.

Apelando a la soberanía en el lado venezolano y a la seguridad desde Colombia y retomando la importancia de los liderazgos presidenciales, tanto Chávez como Uribe utilizaron la coyuntura internacional en sus discursos a nivel nacional Venezuela era sinónimo de guerrilla y Colombia de imperialismo norteamericano, imágenes de las que ellos querían alejarse para construir el futuro de sus países.

No es hasta la llegada de Santos en 2010 que se considera la entrada en una nueva etapa que de alguna manera puso fin a un conflicto que ninguno de los dos países podía resistir. Pasados tres días de que Juan Manuel Santos ganara las elecciones, Chávez se reunía con el en la Quinta de San Pedro Alejandrino (Santa Marta, Colombia) para poner fin a sus deferencias. Las consecuencias de esta etapa fueron devastadoras, y los daños prácticamente irreparables, dejaron a la frontera de Venezuela y Colombia en una situación cuando menos quebradiza para enfrentarse a lo que viene a partir de ahora.

Ésta es una publicación sin ánimo de lucro.

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Laura Señán Cagiao

Madrid, España. Graduada en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Relaciones Internacionales por la University of Amsterdam. Totalmente apasionada por el análisis socio-política de la realidad latinoamericana, en donde me instalo siempre que puedo, actualmente trabajo en Bruselas.


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