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La posible intervención de EE.UU. en Siria, que parecía inminente hasta hace unas semanas, se ha convertido en un tema de obligado análisis. Mucho se ha escrito sobre ello. También, en United Explanations se ha tratado el posible uso de armas químicas por parte del gobierno sirio, así como algunas de las posibles consecuencias de un ataque como el que pretende EE.UU.

A pesar de las dudas expuestas por algunas personalidades como el profesor y politólogo belga Pierre Piccinin sobre la autoría del ataque con agentes químicos, y pese a la aceptación por parte del gobierno sirio de la propuesta de Rusia de poner su armamento químico bajo control internacional, parecía que la decisión por parte de EE.UU. ya estaba tomada, y era cuestión de tiempo que Siria fuese atacada.

La propuesta se ha materializado en una resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 27 de septiembre. Esta resolución reafirma “que la proliferación de las armas químicas […] constituye una amenaza a la paz y la seguridad internacionales”, y establece la obligación por parte de Siria de colaborar con la ONU y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) para la localización y pronta destrucción del arsenal químico sirio.

La resolución deja patente la indignación internacional por el uso de armas químicas el 21 de agosto de 2013, y subraya que si existen denuncias creíbles de uso de armas químicas en un futuro, serán investigadas. Se suscribe el acuerdo de la OPAQ para destruir tanto el arsenal como el proyecto de armamento químico sirio de la manera más rápida y segura posible, y que todo ello pueda ser estrictamente verificado.

El incumplimiento de estos términos conllevará la aplicación de medidas amparadas en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, el cual defiende la intervención militar, siempre y cuando otros tipos de presiones, como bloqueos comerciales, de comunicación o transportes, no resulten efectivos.

Finalmente, contra todo pronóstico, EE.UU. ha aceptado el plan de desarme consensuado en la ONU, aunque se reserva la potestad para intervenir militarmente en Siria si no observan avances significativos.

¿Podemos confiar en que se cumpla este acuerdo?

El movimiento del Kremlin pilló desprevenido al gobierno estadounidense y no ha tenido más remedio que ceder a la presión y aceptar el acuerdo, aunque imponiendo una serie de condiciones de tiempo y forma para la entrega del armamento. La pregunta que nos hacemos muchos es si, además de este acuerdo, la oposición de Rusia al ataque norteamericano será suficiente para evitarlo.

Para EE.UU. el compromiso de Siria de poner a disposición de la ONU todo su armamento químico representa un escollo en sus planes más que una oportunidad de paz.

De hecho, la propuesta rusa, fue posible gracias a una tremenda metedura de pata de John Kerry. Ante la pregunta de una periodista de la CBS ‘¿Y Asad ya no puede hacer nada para evitar el ataque?’, Kerry responde entre socarrón e ingenuo: ‘Bueno, pueden entregar hasta el último gramo de su arsenal químico a la comunidad internacional. Pero no lo va a hacer, ni tampoco se puede hacer, obviamente’.

Lo que fue un simple “recurso retórico” de cara a la galería, fue recogido como una propuesta válida por el Ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, y aceptada de inmediato por el gobierno sirio.

A China parece no importarle demasiado los movimientos de EE.UU. en Oriente Medio, puede que por el fracaso de intervenciones anteriores. Visto el gran desembolso económico que supuso Afganistán, que no cambió ostensiblemente la posición de EE.UU. en la zona, y tampoco consiguieron el control del territorio para construir el tan anhelado (por las empresas norteamericanas) oleoducto del Mar Caspio al Océano Índico, quizá China haya preferido no oponerse frontalmente por ahora a una intervención. Aunque ha expresado públicamente su desacuerdo.

Dmitry Medvedev en Siria (2010) [Foto: Kremlin.ru]

Pero Rusia parece que se mostrará menos flexible. Entre otras cosas, porque tiene intereses vitales en Siria que la caída de Bashar al Asad pondría en peligro. Irán es el tercer principal opositor a la intervención, y lleva proveyendo de armamento al gobierno sirio desde el comienzo del conflicto.

A pesar de estas y otras oposiciones (muchas desde dentro de EE.UU.), el anuncio por parte de Kerry de “consecuencias” si Siria no cumple y la beligerante posición de Reino Unido y Francia, nos hace pensar que la maquinaria de guerra estadounidense puede que todavía no se haya resignado a parar.

Y llegado el momento de un hipotético ataque, surgen algunas cuestiones más sin resolver. Veamos. A la hora de sopesar una intervención de este calibre, con las desestabilizadoras consecuencias que suelen arrastrar, hay que tener en cuenta todos los factores que entran en juego. Y un análisis que hemos visto en muy contadas ocasiones, pero que es de importancia capital para los hechos que puedan suceder, es la dimensión económica de una operación de este estilo.

El dispendio de una posible intervención y el techo de deuda

En un contexto de aparente normalidad económica tras el crack financiero del 2008, la realidad es que Estados Unidos nunca ha estado más endeudado en su historia y que ya subió el techo de deuda tras un duro debate entre republicanos y demócratas en el Congreso hace tan sólo 2 años.

Si el Departamento del Tesoro no es capaz de recoger la suficiente cantidad de dinero para pagar los gastos del gobierno federal, este puede ser autorizado por el Congreso a endeudarse, es decir, a pedir dinero para pagar el déficit del presupuesto federal. Antes de 1917, el Congreso autorizaba al Tesoro cada vez que éste necesitaba pedir dinero, pero es a partir de la Primera Guerra Mundial cuando el Congreso crea la figura de “techo de deuda”. Desde entonces el Tesoro puede tomar prestado la cantidad que requiera hasta un techo de gasto, una cantidad fija (salvo algunas excepciones contadas). Para cambiar esa cifra máxima de endeudamiento el Departamento del Tesoro tiene que pedir al Congreso un cambio de legislación y el Presidente tiene que ratificarla y convertirla en ley. (Fuente: Wikipedia)

Teniendo en cuenta el nivel de gasto actual, EE.UU. tiene todas las papeletas para llegar a su techo de deuda a mediados de octubre de este año. Al menos eso es lo que sostiene un documento del Departamento de Tesorería del 26 de agosto. No es que haya pillado a nadie desprevenido, pero no se esperaba al menos hasta 2014.

EE.UU. es el país más endeudado en la historia de la humanidadJim Rogers

Techo de deuda EE.UU. [Fuente: MartinD Wikimedia Commons]

La situación parece cuanto menos, paradójica. En un momento de gasto desbocado, en el que desde todos los puntos de vista financieros, EE.UU. está excesivamente endeudado, resulta curioso que se piense en empezar una guerra, que por muy “limitada” que intenten llevarla a cabo, nunca pueden controlar sus consecuencias y el dispendio que realmente ocasionará un conflicto de este tipo.

En esta tesitura la pregunta es clara: ¿de dónde sacaría EE.UU. los fondos para financiar esta guerra?

Existe una respuesta también evidente: se vuelve a elevar el techo de deuda y la Reserva Federal imprime más dinero, es decir, la misma jugada que hace un par de años. De hecho, el gobierno estadounidense ya se ha movido en esa dirección. Pero existen varios problemas para que esto suceda. El primero es que a día de hoy, el acuerdo entre republicanos y demócratas necesario para subir el techo de deuda, está muy lejano. Más todavía cuando el reciente desacuerdo entre los dos partidos para la probación de los presupuestos ha provocado un cierre parcial del Gobierno.

Y aun alcanzando un hipotético acuerdo, muchas voces críticas con la política económica estadounidense, llevan años desaconsejando seguir con el nivel de endeudamiento actual debido al alto riesgo de quiebra.

Junto al gran problema de la deuda, que no deja de atormentar a la administración Obama, se han de tener en cuenta otros factores, como la bolsa. Tanto un posible desacuerdo en torno al techo de deuda, como la propia intervención en Siria, previsiblemente provocarían grandes caídas en bolsa, como ya ha sucedido en alguna ocasión. Los inversores temen que EE.UU. no pueda devolver el dinero que se le ha prestado si no se llega a un acuerdo sobre el techo de deuda, y tampoco verían con bueno ojos la intervención militar por la posible subida del precio del petróleo.

La industria armamentística y el control geopolítico de la zona

A priori, las consecuencias económicas de involucrase en este conflicto no parecen halagüeñas para EE.UU. ¿qué otras razones pueden llevarlo a intervenir en Siria?

Soldado sirio [Foto: Wikimedia Commons]

EE.UU. esgrime razones humanitarias. El uso de armas químicas está prohibido por el derecho internacional, y se busca una intervención inmediata sin apenas bajas que derroque a Bashar al-Assad. El planteamiento, de tan excesivamente optimista, cae en la candidez. Por no mencionar la cuestionable legitimidad de este argumento, ya que EE.UU. es el país que con más frecuencia ha utilizado armamento químico y bacteriológico en los conflictos armados. Es por ello por lo que hay quien se inclina más a pensar que existen causas económicas de importancia para que se decida derrocar al gobierno sirio precisamente ahora, tras décadas de apoyo diplomático y dos años de guerra civil.

Sabemos el enorme negocio que representa la industria armamentística para EE.UU. Como muestra, señalar que de las diez compañías que más armas producen a nivel global, ocho son estadounidenses, según el Informe Sipri de gasto militar. EE.UU. gasta en su Fuerzas Armadas más que los 13 países que le siguen por nivel de gasto militar juntos. El gasto militar de EE.UU. alcanza aproximadamente el 20% del presupuesto federal, lo que nos puede hacer una idea del peso que la industria armamentística tiene en la economía estadounidense. Sin duda, reactivar este sector es importante para su economía, al igual que empresas constructoras y contratistas de todo tipo se ven beneficiadas por este tipo de intervenciones militares.

Pero si es este el camino que va a seguir EE.UU. – sobreendeudar el estado para reactivar sectores económicos privados – la estrategia se revela claramente insostenible. Es una vieja maniobra de intervención de los estados, sobre todo en periodos de recesión como el actual. El problema es que, para que funcione, tiene que existir una retroalimentación en forma de impuestos, y la ‘moda’ por parte de los políticos (occidentales, no sólo estadounidenses) pasa por beneficiar a las grandes compañías mediante preferencia en la contratación, y exenciones de impuestos. Sobre el pequeño contribuyente recae casi toda la presión fiscal, mientras estas ‘inversiones’ de dinero público no representan ningún beneficio para ellos.

Despegue de un caza F/A-18F Super Hornet [Foto: DVIDSHUB Flickr Account]

En resumen, no queda claro cómo financiaría EE.UU. una hipotética intervención en Siria, aunque por otra parte, las características de su economía lo convierten casi en una necesidad, por lo que me inclino a pensar que probablemente se lleve a cabo de todas formas, y el desembolso se intente rentabilizar más a largo plazo, entre otras cosas, mediante el control estratégico de un territorio clave como es Siria.

Se puede pretender reactivar la industria y con ello de paso reducir el paro, además de asegurar cuantiosas donaciones a los demócratas de cara a las siguientes elecciones, pero todo ello a costa de endeudarse hasta límites desconocidos (y con consecuencias también inéditas y probablemente nefasta para su economía y la del resto del mundo). Al margen, por supuesto, de las terribles consecuencias humanas de una intervención militar de estas características.

Foto de portada: whitehouse.gov [Negociación sobre el déficit y el techo de deuda, 13 de Julio de 2011.]

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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