11/08/2020 BARCELONA

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Victoria Silva07/08/2014
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La independencia del Kurdistán es tan antigua como la propia historia de Iraq. Sin embargo, parce más cerca de realizarse que nunca. El anuncio por parte del presidente del Kurdistán iraquí, Massoud Barzani, de llevar a cabo un referéndum sobre la independencia de la región ha suscitado reacciones encontradas entre los diversos actores implicados, por no hablar de los propios kurdos, quienes no acaban de ponerse de acuerdo, no en el qué, sino en el cuándo.

La demanda de autodeterminación por parte del pueblo kurdo es un factor que ha moldeado la historia de Iraq desde su mismísima fundación. Ya en tiempos del mandato británico sobre el territorio del actual Iraq, los kurdos empezaron a hacer llegar sus peticiones de independencia ante la inminente constitución de Iraq como estado soberano. Sin embargo, siempre ha sido contestada con más o menos dureza por los distintos gobiernos centrales, quienes, pese a que la Constitución Iraquí reconocía la autonomía de la región, nunca llevaron a cabo las medidas necesarias para que ésta se realizase en la práctica.

Mustafa Barzani y las tropas del Kurdistán iraquí

En la década de 1950 surgió el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) como fuerza en torno a la cual se aglutinaron las distintas facciones kurdas en su demanda de autogobierno para la región. Liderado por Mustafá Barzani, intentó negociar políticamente con el gobierno iraquí, pero, en vista del continuo rechazo, decidieron plantar cara militarmente a las autoridades centrales. Tanto los gobiernos monárquicos como las dictaduras militares de Qasim, Arif o Saddam Hussein han ideado diversas estrategias para debilitar el movimiento independentista kurdo, bien mediante el enfrentamiento armado, enviando tropas a luchar contra las guerrillas kurdas, bien sembrando la discordia entre los propios kurdos, creando enfrentamientos entre los distintos líderes tribales o entre distintas formaciones políticas, como sucedió con Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), una rama izquierdista escindida del PDK en los años 70.

Pese a todos estos inconvenientes, las ansias de liberación del pueblo kurdo no se han visto mermadas, sino más bien han recibido impulso gracias a las dos intervenciones estadounidenses en el país mesopotámico. Tras la Guerra del Golfo de 1991, se estableció una zona de exclusión aérea para los vuelos iraquíes sobre el norte de Iraq, lo que permitió el establecimiento de facto de la región del Kurdistán. Más adelante, con el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, la autonomía de la región se hizo posible por completo, en gran parte gracias a las inversiones económicas que recibieron, ya que no se debería olvidar la riqueza petrolífera que esconde bajo su suelo esta región.

Así vistas las cosas, cabe preguntarse por qué, tras una década de real autonomía de la región y, habiéndose dado las condiciones para una posible declaración de independencia tras la caída del sátrapa, ésta ha sido postergada y, por qué es ahora cuando Barzani reaparece con este anuncio. Hay quienes opinan que esto es una estrategia publicitaria del presidente del Gobierno Regional de Kurdistán (GRK) para presionar a Bagdad en sus demandas en un momento en el que el gobierno de al-Maliki se encuentra muy debilitado. O, quienes por el contrario, piensan que es un momento único para el pueblo kurdo que quizás no vuelva a repetirse con un estado iraquí más fortalecido.

¿Es posible un Kurdistán independiente?

Esta cuestión se torna de vital importancia para comprender por qué la independencia se está haciendo tanto de rogar. Existen varios factores a favor. En primer lugar, la debilidad por la que está atravesando el estado iraquí y su gobierno, incapaces de hacer frente de manera eficaz y rápida a la amenaza que representa para su soberanía la presencia de la organización ligada a al-Qaeda, el Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIL, en sus siglas en inglés). La organización armada está planteando un serio desafío a las autoridades de Bagdad, que están teniendo graves dificultades para hacer retroceder a los milicianos, quienes se encuentran a menos de 100 kilómetros de la capital.

KRG meets Secrerary of Defense Leon Panetta

Otro factor a favor es el deseo de independencia tan grande que tienen los kurdos, el cual no ha decaído en todo este tiempo. Existe la percepción de que la comunidad internacional apoya su causa, lo cual legitimaría llevar a cabo este acto de autodeterminación. Y se da entre los kurdos un sentimiento muy fuerte de considerarse a sí mismos como un factor de estabilidad política en la región, como ha demostrado la construcción de un gobierno estable en estas dos últimas décadas mientras que el resto de Iraq no ha podido salir del caos en el que se encuentra inmerso.

A pesar de estas razones, existen otros factores de mucho peso en su contra. La oposición de los países vecinos como Turquía e Irán es un factor clave que impide la declaración de independencia del pueblo kurdo. Un Kurdistán independiente en Iraq traería consigo una presión aún mucho mayor de demanda de autodeterminación en las zonas kurdas de estos dos países, algo que Teherán y Ankara no están dispuestas a tolerar.

De igual o mayor importancia es la rotunda oposición de Estados Unidos, quienes consideran que los kurdos de Iraq les deben a ellos el alto grado de autonomía y estabilidad del que disfrutan hoy en día. Además, la amenaza que representa ISIL es de suma importancia para los americanos, que consideran que el GRK debería apoyar al gobierno de Bagdad para mantener la unidad del Estado iraquí y derrotar a los milicianos del Estado Islámico. Precisamente este último es otro factor en contra a tener en cuenta. En el caso de que los yihadistas lograran imponerse sobre la autoridad de Bagdad, ¿tendría mucho sentido un Estado kurdo que tuviera como vecino al Estado Islámico de Iraq y el Levante? En el mejor de los casos, la seguridad de ese Estado kurdo se vería constantemente amenazada.

¿Tiene sentido?

La independencia es algo que sólo se declara una vez y después de ese momento ya no hay marcha atrás. Un Kurdistán iraquí independiente sería una buena noticia para el pueblo kurdo en general, pero estarían por verse las consecuencias que esto tendría en la estabilidad de la región. ¿Sería un Kurdistán iraquí independiente un primer paso en la independencia de todo el Kurdistán? ¿Le seguirían un Kurdistán iraní, turco y sirio independientes, o, por el contrario, ese Estado actuaría como receptor de poblaciones kurdas de esos países en los cuales no tienen derecho a la autodeterminación? ¿O quizás no tendría más repercusiones que la creación de una nueva nación? Y yendo más allá, ¿acaso tiene sentido un Kurdistán independiente en el que no todos los kurdos estén incluidos?

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


Lluis Torres01/08/2014
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Desde del punto de vista de las relaciones internacionales contemporáneas, Oriente Medio se presenta como un punto geográfico de especial interés. Su gran diversidad étnica y religiosa muchas veces provoca tensiones políticas que derivan en largos conflictos armados. Uno de los conflictos regionales más paradigmáticos es el del Kurdistán, caracterizado por la reclamación, por parte del pueblo kurdo, de plena soberanía de esta región respecto de los Estados en los que se encuentra dividida –Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia.

Sin embargo, aunque el pueblo kurdo comparta un mismo objetivo –la independencia de su región–, sus reclamaciones políticas no se encuentran coordinadas sino que se han estatalizado. En este sentido, si bien el caso más conocido es el de la lucha entre las fuerzas del Kurdistán turco y Turquía, aquella región con un estado más avanzado de soberanía política es el Kurdistán iraquí.

Este hecho se ha visto potenciado ante la ofensiva del grupo terrorista yihadista del Estado Islámico de Irak y Siria (en adelante ISIS, por sus siglas en inglés), llevada a cabo en junio de 2014. Aprovechando la desestabilización en el territorio iraquí y la debilidad del gobierno y las fuerzas armadas de Irak, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) –gobierno de la región autónoma kurda de Irak– ha llevado a cabo una ofensiva militar y política que puede llevar a la región a conseguir su objetivo último: la plena independencia.

El conflicto histórico en el Kurdistán iraquí

A lo largo de los años, los kurdos iraquíes han mantenido una política de alianzas variables, uniéndose a diversos actores políticos regionales, con el doble objetivo de ganar autonomía o disminuir las capacidades del gobierno central iraquí. En esta línea, el pueblo kurdo de Irak ha realizado pactos con agentes tan diversos como el Imperio Otomano, Israel, Irán o Estados Unidos.

No obstante, aun existiendo esta variabilidad, podemos distinguir tres grandes períodos en el conflicto kurdo-iraquí y cuatro grandes ejes permanentes que estructuran la conflictividad.

En referencia a esto último, podemos observar que este conflicto posee los siguientes elementos claves: la tensión étnica entre árabes, turcos y kurdos; la tendencia al islamismo suní moderado del pueblo kurdo, que lo ha enfrentado a los chiitas del resto del estado iraquí y a los sunitas radicales representados regionalmente por la organización Ansar al-Islam, vinculada a al-Qaeda; la lucha por las ciudades de Erbil, que representa un nexo en la ruta comercial que une Bagdad con Mosul, y Kirkuk, capital cultural del Kurdistán iraquí; y la competencia, de carácter económico, por el control del área de Kirkuk, dónde se encuentran campos petrolíferos con unas reservas estimadas de 8’5 billones de barriles de crudo.

Por otro lado, analizando la evolución temporal, se pueden distinguir tres grandes fases en el conflicto:

  • La fase inicial (1918-1961) caracterizada por la constitución de los peshmerga como una guerrilla kurda liderada por el clan Barzani en el Kurdistán iraquí –con Mahmud Barzani al frente– y por las primeras revueltas independentistas;
  • El período de conflictividad extrema (1961-2003) en el que se producen las grandes guerras de las fuerzas peshmerga –organizadas ya como un ejército– contra Irak y en el que el pueblo kurdo es ampliamente castigado por el gobierno de Saddam Hussein, perpetrador del genocidio kurdo de al-Anfal y de una política de arabización que incluyó el desplazamiento forzoso de kurdos fuera del área de Kirkuk;
  • La era dorada del Kurdistán iraquí (2003-actualidad), caracterizada por el apoyo del pueblo kurdo a Estados Unidos durante la invasión de Irak, lo que les permite controlar, en gran medida, las áreas de Mosul y Kirkuk, y da la posibilidad a los peshmerga de oficializarse como un ejército regular, recibiendo mejor armamento y entrenamiento directo por parte de las tropas estadounidenses. Además, se produce un hecho clave: el reconocimiento de una autonomía regional dentro de Irak bajo mando del Gobierno Regional del Kurdistán, liderado por Masud Barzani.

La racionalidad de la situación actual

Si bien es cierto que hechos anteriores como el establecimiento de una zona de exclusión aérea en el territorio kurdo durante la Primera Guerra del Golfo ya representaron un gran avance para la causa de este pueblo, la regularización de un gobierno autónomo en el Kurdistán iraquí fue vista por su población como la liberación regional definitiva. Sin embargo, la crisis generada por el ataque del ISIS a Irak da la oportunidad al Kurdistán iraquí de conseguir una soberanía total. De tal manera, a principios de julio de este mismo año, Masud Barzani declaró la intención de celebrar un referéndum independentista en cuestión de meses.

Pero ¿cómo se puede entender racionalmente esta nueva situación? Los análisis basados en el modelo de elección racional intentan explicar el por qué del comportamiento de un actor en una situación concreta teniendo en cuenta sus objetivos estratégicos. Es decir, asumiendo que todos los actores que interaccionan en un marco estratégico quieren conseguir sus propios objetivos y que conocen las decisiones tomadas o esperables de los demás actores, puede analizarse cuál es el modo de actuación más racional para cada uno de ellos.

En este sentido, lo que ha hecho la ofensiva del ISIS ha sido modificar el marco estratégico en el que operan todos los actores con capacidad para favorecer o evitar la independencia kurda. En primer lugar, Estados Unidos tiene como objetivo estabilizar el nuevo gobierno iraquí tras la marcha de sus tropas del país. El avance de este grupo no sólo pone en peligro dicho objetivo sino que ataca los intereses claves de la política exterior norteamericana des del 11-S, en tanto que crea un territorio de fomento del terrorismo islamista con capacidad de financiación a través de los campos petrolíferos del norte del país. De tal manera, teniendo en cuenta que Washington no se arriesgará a desplegar, nuevamente, tropas sobre el terreno, sólo puede utilizar actores regionales para frenar el avance del ISIS; de entre los cuáles, el Kurdistán iraquí parece ser el mejor agente del que puede disponer EUA para cumplir su objetivo de pacificar la zona.

Dada la inoperancia demostrada del gobierno iraquí de al-Maliki y sus tropas, y teniendo en cuenta que una intervención iraní – sobre la cual se ha especulado mucho – sería contraproducente porque daría a Irán más poder en las negociaciones nucleares de Ginebra, EUA sólo puede contar con los peshmerga para contener a los yihadistas y evitar, al menos, que se hagan con el control del crudo iraquí. Además, Arabia Saudí no toleraría la mediación iraní para acabar con el ISIS, ya que esto representaría una amenaza para su hegemonía regional; de tal manera que Riad podría responder relajando la vigilancia y presión sobre sus redes nacionales de financiación de yihadistas o amenazando con provocar fluctuaciones drásticas en el precio del crudo, como ya ha hecho en ocasiones anteriores.

Por otro lado, la debilidad iraquí ha sido aprovechada por Barzani para capturar las provincias en disputa con Irak, entre las cuáles se encuentra Kirkuk y toda su área petrolífera. Tal y como expuso el Ministro de Defensa del GRK “todos los territorios kurdos están ahora bajo control de las fuerzas kurdas”. Teniendo en cuenta que ya anteriormente, tanto Turquía como Israel, habían comerciado, sin el consentimiento del gobierno iraquí, con el crudo del Kurdistán a través del puerto turco de Ceyhan; la captura de estos bastos campos petrolíferos da una nueva baza negociadora al GRK. En este sentido, tanto turcos como israelitas, priorizando sus necesidades energéticas, ya han dado muestras de consentimiento ante un eventual referéndum soberanista en la región.

En conclusión, la ofensiva de los peshmerga sobre las provincias en disputa y la decisión de Barzani y el GRK de dar el paso definitivo hacia la independencia son gestos racionales teniendo en cuenta los objetivos kurdos y el nuevo marco estratégico surgido de la inestabilidad causada por el avance del ISIS. Un marco que ha hecho del Kurdistán iraquí el único frente de contención viable, a corto plazo, del yihadismo suní y que ha convertido la región en un importante enclave energético.

En palabras de Steven Cook, del Council on Foreign Relations, “la caótica disolución de Irak ha creado un ambiente propicio para un Kurdistán independiente”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro. 



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