12/08/2022 MÉXICO

ISIS archivos - Page 2 of 2 - United Explanations

Lluis Torres10/09/2015
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Turquía se ha unido finalmente a la lucha contra el ISIS pero ¿es realmente ese el propósito del gobierno de Erdogan?, ¿por qué ha esperado tanto a iniciar estos ataques? Desde la CIA hasta la OTAN pasando por cualquier gobierno del mundo, la teoría de la elección racional explica el comportamiento calculado de estos actores.


Ricardo Orozco27/01/2015
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El mundo post 11-S marcó el punto de inflexión a partir del que Estados Unidos radicalizó el contenido de su discurso de intolerancia y su actividad bélica en los países de Oriente Medio y Próximo (o el Gran Oriente Medio como lo llamó la administración Bush). El resultado, desde entonces hasta ahora, ha sido la correspondiente radicalización de grupos subversivos a la penetración de “la cultura occidental” en su modus vivendi. Hasta el momento, la expresión más amenazante es el autoproclamado califato del Estado Islámico y las posibilidades para derrotarlo se vuelven cada vez más escasas y difíciles de poner en práctica si no se permite que sean los actores locales los que aíslen y desescalen la violencia provocada por sus militantes.

La legitimidad del mensaje

La influyente revista estadounidense especializada en temas de política internacional, Foreing Policy, publicaba un artículo titulado “The United States Will Never Win The Propaganda War Against The Islamic State” (en español, “EEUU nunca ganará la guerra propagandística contra el Estado Islámico”). En él el autor afirma que, para poder tener alguna oportunidad de detener el avance del fundamentalismo islámico, hoy en día la mayor amenaza a la estabilidad y la seguridad mundiales en lo que Ariel Sharon alguna vez denominó El Gran Medio Oriente (desde Marruecos hasta Cachemira y de Somalia al Cáucaso), lo primero que hay que hacer es ganar en el terreno discursivo.

Para ello, lo que la administración Obama –hasta ahora caracterizada por la falta de seguridad y fortaleza del Presidente para actuar con libertad y determinación en el terreno internacional– debe hacer es, en primer lugar, fortalecer la narrativa existente en “voces locales” determinadas a desvincular la violencia ejercida por esta agrupación terrorista de las enseñanzas pacíficas del Islam y, en segundo lugar, hay que dotar de legitimidad al mensaje, para lo cual Washington debe permanecer al margen y ceder su liderazgo a quienes hablan desde el Islam.

La estrategia de dejar que sean los actores regionales los que se encarguen de mediar en alguna disyuntiva no es nueva y le ha funcionado bastante bien a los mandatarios estadounidenses cuando su credibilidad se pone en tela de juicio debido a sus acciones hostiles (y en reiteradas ocasiones hipócritas). Sin embargo, la problemática del Estado Islámico es bastante más compleja que otros líos en los que han quedado atorados los mandatarios estadounidenses, por el valor intrínseco de la región (que McKinder supo identificar como el “Hearthland”) en donde no únicamente concurren los intereses de seguridad de Israel, Estados Unidos y Europa, sino que además tienen cabida las esferas de influencia de las cuatro potencias asiáticas que hoy le disputan el orden mundial a los alfiles occidentales: Rusia, China, Irán e India.

No obstante, el hecho de que Estados Unidos degrade su discurso a uno de bajo perfil tiene sus ventajas, tanto para desescalar la violencia producida por el Estado Islámico en los territorios que controla y su periferia, como para no incrementar el discurso de odio antioccidental de otras organizaciones que ven en la diplomacia estadounidense el acto injerencista por antonomasia que balcaniza poblaciones enteras con su potente aparato industrial-militar.

Bandera del ISIS (EI) diseñada por Jama’at at-Tawhid wa’l-Jihad. Apareció en vídeos de ejecuciones en septiembre de 2004 [Foto: Axiom292 vía wikimedia]

La Balcanización de Oriente

En este sentido, no es un secreto que, posterior a los atentados del 11 de septiembre, la administración del entonces presidente George W. Bush se planteó como objetivo el balcanizar una franja de territorio que comprende a los Estados de Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán en un periodo récord de cinco años. La temporalidad no se cumplió. Sin embargo, en los doce años comprendidos desde que se tomó aquella decisión hasta la formación del Estado Islámico, Estados Unidos no reparó en crear, armar y adiestrar a combatientes que le disputaran el control estatal a los gobiernos de Irak, Afganistán y Siria.

Además, si tomamos en cuenta que las fronteras de esos Estados son producto del reparto territorial post Primera Guerra Mundial sobre los escombros del entonces Imperio Otomano y que estas no respetaron la distribución de la variedad de etnias y religiones que se congregan en dicho espacio, la apuesta de las administraciones estadounidenses por fortalecer a la rama sunita del Islam como desestabilizadora y catalizadora de cambios de regímenes circundantes al chiita Irán, fue bastante torpe.

De lo anterior se desprende que, para que el fortalecimiento de las voces sumadas a la causa de disminuir la intensidad de la carga bélica en el discurso funcione, estas tengan que penetrar primero en la postura ambivalente de Turquía, que lo mismo apoya al Estado Islámico que combate a los Kurdos en Siria, a la rama Hur Dava Partisti –identificada con el Hezbolla libanés– que combate a los Independentistas Kurdos en territorio Turco, que a los Kurdos que defienden la frontera Turca contra los combatientes del EI. Y posteriormente en la de los aliados con los que Washington cuenta en el Golfo Pérsico.

¿Por religión o vs Occidente?

Analizada a profundidad la retórica empleada por el Estado Islámico se hace evidente que, si bien esta apela a un discurso de reivindicación del Islam en el mundo, lo cierto es que el verdadero argumento, el de fondo, es el que promueve una acción sólida y “justificada” en contra del comportamiento hipócrita de Estados Unidos en torno a cuestiones como la libertad y los derechos humanos. Es precisamente este argumento el que parece atraer más adeptos a las filas de esta organización que la retórica misma de la religiosidad.

Tropas del EI [Foto: anticapitalistes.net]

Lamentablemente, para los países circundantes a los territorios controlados por el EI, su relación con Washington en el plano particular es un condicionante que restringe su campo de acción en la resolución del conflicto, ya que es esta misma relación de la que depende la resolución de otros conflictos igual de apremiantes: el programa nuclear iraní, la  pacificación de Siria, la estabilización del gobierno iraquí, la no desintegración del territorio turco, la seguridad de millones de civiles y el mantenimiento de la integridad de las cientos de minorías étnicas en la zona, por poner solo algunos ejemplos.

Las perspectivas de actuación de los estadounidenses, no obstante, se ven distantes y poco claras con un presidente que no ha tenido ni un solo acierto mayúsculo en su gestión en materia de política exterior y con poco menos de dos años para que se celebren elecciones para elegir a un nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cuyo caso, como pintan las cosas, bien puede ser un republicano del sector más cercano al ala radical que no titubee en poner en marcha una política exterior más agresiva y belicista en la región que solo arrastre a sus aliados a un nuevo conflicto como las guerras de Irak y Afganistán.

Foto de portada: Cartel de la resistencia en la ciudad siria de Kobane [vía anticapitalistes.net]

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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[notice]Limpieza étnica y confesional del Estado Islámico en Irak[/notice]


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Desde hace unos meses un nuevo actor ha entrado en la escena internacional, y a base de terror y sangre se ha alzado como protagonista principal. Todo el mundo habla de él, todos los periódicos lo sacan en portada, todos los gobiernos le temen. Se trata del nuevo grupo terrorista que está sembrando el pánico en Oriente Medio. Se hacen llamar Estado Islámico, y tienen como objetivo establecer un Califato Islámico para gobernar sobre todos los musulmanes del mundo.


Lluis Torres01/08/2014
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Desde del punto de vista de las relaciones internacionales contemporáneas, Oriente Medio se presenta como un punto geográfico de especial interés. Su gran diversidad étnica y religiosa muchas veces provoca tensiones políticas que derivan en largos conflictos armados. Uno de los conflictos regionales más paradigmáticos es el del Kurdistán, caracterizado por la reclamación, por parte del pueblo kurdo, de plena soberanía de esta región respecto de los Estados en los que se encuentra dividida –Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia.

Sin embargo, aunque el pueblo kurdo comparta un mismo objetivo –la independencia de su región–, sus reclamaciones políticas no se encuentran coordinadas sino que se han estatalizado. En este sentido, si bien el caso más conocido es el de la lucha entre las fuerzas del Kurdistán turco y Turquía, aquella región con un estado más avanzado de soberanía política es el Kurdistán iraquí.

Este hecho se ha visto potenciado ante la ofensiva del grupo terrorista yihadista del Estado Islámico de Irak y Siria (en adelante ISIS, por sus siglas en inglés), llevada a cabo en junio de 2014. Aprovechando la desestabilización en el territorio iraquí y la debilidad del gobierno y las fuerzas armadas de Irak, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) –gobierno de la región autónoma kurda de Irak– ha llevado a cabo una ofensiva militar y política que puede llevar a la región a conseguir su objetivo último: la plena independencia.

El conflicto histórico en el Kurdistán iraquí

A lo largo de los años, los kurdos iraquíes han mantenido una política de alianzas variables, uniéndose a diversos actores políticos regionales, con el doble objetivo de ganar autonomía o disminuir las capacidades del gobierno central iraquí. En esta línea, el pueblo kurdo de Irak ha realizado pactos con agentes tan diversos como el Imperio Otomano, Israel, Irán o Estados Unidos.

No obstante, aun existiendo esta variabilidad, podemos distinguir tres grandes períodos en el conflicto kurdo-iraquí y cuatro grandes ejes permanentes que estructuran la conflictividad.

En referencia a esto último, podemos observar que este conflicto posee los siguientes elementos claves: la tensión étnica entre árabes, turcos y kurdos; la tendencia al islamismo suní moderado del pueblo kurdo, que lo ha enfrentado a los chiitas del resto del estado iraquí y a los sunitas radicales representados regionalmente por la organización Ansar al-Islam, vinculada a al-Qaeda; la lucha por las ciudades de Erbil, que representa un nexo en la ruta comercial que une Bagdad con Mosul, y Kirkuk, capital cultural del Kurdistán iraquí; y la competencia, de carácter económico, por el control del área de Kirkuk, dónde se encuentran campos petrolíferos con unas reservas estimadas de 8’5 billones de barriles de crudo.

Por otro lado, analizando la evolución temporal, se pueden distinguir tres grandes fases en el conflicto:

  • La fase inicial (1918-1961) caracterizada por la constitución de los peshmerga como una guerrilla kurda liderada por el clan Barzani en el Kurdistán iraquí –con Mahmud Barzani al frente– y por las primeras revueltas independentistas;
  • El período de conflictividad extrema (1961-2003) en el que se producen las grandes guerras de las fuerzas peshmerga –organizadas ya como un ejército– contra Irak y en el que el pueblo kurdo es ampliamente castigado por el gobierno de Saddam Hussein, perpetrador del genocidio kurdo de al-Anfal y de una política de arabización que incluyó el desplazamiento forzoso de kurdos fuera del área de Kirkuk;
  • La era dorada del Kurdistán iraquí (2003-actualidad), caracterizada por el apoyo del pueblo kurdo a Estados Unidos durante la invasión de Irak, lo que les permite controlar, en gran medida, las áreas de Mosul y Kirkuk, y da la posibilidad a los peshmerga de oficializarse como un ejército regular, recibiendo mejor armamento y entrenamiento directo por parte de las tropas estadounidenses. Además, se produce un hecho clave: el reconocimiento de una autonomía regional dentro de Irak bajo mando del Gobierno Regional del Kurdistán, liderado por Masud Barzani.

La racionalidad de la situación actual

Si bien es cierto que hechos anteriores como el establecimiento de una zona de exclusión aérea en el territorio kurdo durante la Primera Guerra del Golfo ya representaron un gran avance para la causa de este pueblo, la regularización de un gobierno autónomo en el Kurdistán iraquí fue vista por su población como la liberación regional definitiva. Sin embargo, la crisis generada por el ataque del ISIS a Irak da la oportunidad al Kurdistán iraquí de conseguir una soberanía total. De tal manera, a principios de julio de este mismo año, Masud Barzani declaró la intención de celebrar un referéndum independentista en cuestión de meses.

Pero ¿cómo se puede entender racionalmente esta nueva situación? Los análisis basados en el modelo de elección racional intentan explicar el por qué del comportamiento de un actor en una situación concreta teniendo en cuenta sus objetivos estratégicos. Es decir, asumiendo que todos los actores que interaccionan en un marco estratégico quieren conseguir sus propios objetivos y que conocen las decisiones tomadas o esperables de los demás actores, puede analizarse cuál es el modo de actuación más racional para cada uno de ellos.

En este sentido, lo que ha hecho la ofensiva del ISIS ha sido modificar el marco estratégico en el que operan todos los actores con capacidad para favorecer o evitar la independencia kurda. En primer lugar, Estados Unidos tiene como objetivo estabilizar el nuevo gobierno iraquí tras la marcha de sus tropas del país. El avance de este grupo no sólo pone en peligro dicho objetivo sino que ataca los intereses claves de la política exterior norteamericana des del 11-S, en tanto que crea un territorio de fomento del terrorismo islamista con capacidad de financiación a través de los campos petrolíferos del norte del país. De tal manera, teniendo en cuenta que Washington no se arriesgará a desplegar, nuevamente, tropas sobre el terreno, sólo puede utilizar actores regionales para frenar el avance del ISIS; de entre los cuáles, el Kurdistán iraquí parece ser el mejor agente del que puede disponer EUA para cumplir su objetivo de pacificar la zona.

Dada la inoperancia demostrada del gobierno iraquí de al-Maliki y sus tropas, y teniendo en cuenta que una intervención iraní – sobre la cual se ha especulado mucho – sería contraproducente porque daría a Irán más poder en las negociaciones nucleares de Ginebra, EUA sólo puede contar con los peshmerga para contener a los yihadistas y evitar, al menos, que se hagan con el control del crudo iraquí. Además, Arabia Saudí no toleraría la mediación iraní para acabar con el ISIS, ya que esto representaría una amenaza para su hegemonía regional; de tal manera que Riad podría responder relajando la vigilancia y presión sobre sus redes nacionales de financiación de yihadistas o amenazando con provocar fluctuaciones drásticas en el precio del crudo, como ya ha hecho en ocasiones anteriores.

Por otro lado, la debilidad iraquí ha sido aprovechada por Barzani para capturar las provincias en disputa con Irak, entre las cuáles se encuentra Kirkuk y toda su área petrolífera. Tal y como expuso el Ministro de Defensa del GRK “todos los territorios kurdos están ahora bajo control de las fuerzas kurdas”. Teniendo en cuenta que ya anteriormente, tanto Turquía como Israel, habían comerciado, sin el consentimiento del gobierno iraquí, con el crudo del Kurdistán a través del puerto turco de Ceyhan; la captura de estos bastos campos petrolíferos da una nueva baza negociadora al GRK. En este sentido, tanto turcos como israelitas, priorizando sus necesidades energéticas, ya han dado muestras de consentimiento ante un eventual referéndum soberanista en la región.

En conclusión, la ofensiva de los peshmerga sobre las provincias en disputa y la decisión de Barzani y el GRK de dar el paso definitivo hacia la independencia son gestos racionales teniendo en cuenta los objetivos kurdos y el nuevo marco estratégico surgido de la inestabilidad causada por el avance del ISIS. Un marco que ha hecho del Kurdistán iraquí el único frente de contención viable, a corto plazo, del yihadismo suní y que ha convertido la región en un importante enclave energético.

En palabras de Steven Cook, del Council on Foreign Relations, “la caótica disolución de Irak ha creado un ambiente propicio para un Kurdistán independiente”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.