10/07/2020 BARCELONA

Una reflexión acerca del concepto de terrorismo y sus implicaciones
Pancarta exhibida en Londres en contra del terror provocado por el ISIS en la región del Kurdistán [Foto: David Hold vía Flickr].

Los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre en París han conmocionado a buena parte del mundo, movilizando los aparatos institucionales en Europa; pero también han reavivado un debate en la opinión pública acerca del terrorismo y de sus implicaciones en un mundo globalizado.

Los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre en París han conmocionado a buena parte del mundo, movilizando los aparatos institucionales en Europa; pero también han reavivado un debate en la opinión pública acerca del terrorismo y de sus implicaciones en un mundo globalizado.

¿Qué es el terrorismo? La importancia del significado

El concepto de terrorismo según la última edición del diccionario de la lengua española de la RAE, recoge tres acepciones: a) “dominación por el terror”, b) “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror” y c) “actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”.

Mientras que el Oxford Dictionaries del inglés, define el terrorismo como el “no oficial o no autorizado uso de la violencia y la intimidación en la consecución de objetivos políticos”.

Por su parte, la Estrategia Global de las Naciones Unidas Contra el Terrorismo, establece que el terrorismo en todas sus manifestaciones tiene como objetivo “la destrucción de los Derechos Humanos, las libertades fundamentales y la democracia, amenazando la integridad territorial y la seguridad de los Estados y desestabilizando los gobiernos legítimamente constituidos”.

Así, en todas las definiciones sobre terrorismo encontramos un componente político o referencias al ámbito social, lo que ineludiblemente nos lleva a considerar –al menos de forma conceptual– este fenómeno como una actividad criminal con el objetivo de infundir terror, íntimamente ligada a fines políticos, ideológicos o de desestabilización social y cuyo propósito final es obtener algún tipo de poder, ya sea ideológico, político, económico, militar o institucional.

Orígenes y tipos de terrorismo

Puede considerarse el terrorismo como una práctica antigua, ya que desde la existencia de las luchas por el poder han existido actos terroristas. Sin embargo, de acuerdo con especialistas, el término no aparece hasta el siglo XVIII, durante la Revolución Francesa. Esto significa que el término es posterior a la conceptualización moderna de los Estados–nación, que surge en la primera mitad del siglo XVII con la Paz de Westfalia y da origen a un nuevo orden internacional entre las potencias europeas occidentales. Es a partir de este momento en que se va a definir a los Estados modernos como una unidad territorial, administrativa y cultural en contraposición a la visión de dominación feudal y hereditaria de los pueblos y territorios. Y son estas nuevas entidades las que ejercerán uno de los principales tipos de terrorismo.

Vivienda destruida por el impacto un misil israelí en Gaza durante la Operación Margen Protector de 2014. Israel ha sido acusado, en repetidas ocasiones, de ejercer el terrorismo de Estado [Foto: Muhammad Sabah vía WikimediaCommons].
Vivienda destruida por el impacto un misil israelí en Gaza durante la Operación Margen Protector de 2014. Israel ha sido acusado, en repetidas ocasiones, de ejercer el terrorismo de Estado [Foto: Muhammad Sabah vía WikimediaCommons].

Si bien existen distintas clasificaciones de terrorismo, por sus características o manifestaciones, podemos proponer dos grandes tipos de acuerdo a su naturaleza: 1) El terrorismo institucional o de Estado, que proviene directamente del poder institucionalizado, formal o informalmente, y que es realizado por un Estado, gobierno o grupo en el poder en una sociedad, buscando mantener el poder que detenta  y 2) El terrorismo no institucional o de grupos, que proviene del exterior del sistema institucional, siendo perpetrado por grupos, células o individuos vinculados a grupos terroristas que quieren obtener algún tipo de poder a través del ataque a objetivos concretos de una sociedad, buscando su desestabilización. Ambos tipos pueden operar a escala local, nacional o internacional.

Los atentados

De acuerdo a la mayoría de fuentes periodísticas, de entre los mayores actos terroristas de la historia reciente, si tenemos en consideración el número de víctimas, hay tres que son especialmente destacables:

  1. El ataque al World Trade Center en la ciudad de Nueva York (EE.UU), el 11 de septiembre de 2001, en el que murieron más de tres mil personas y resultaron heridas otras seis mil; reivindicado por la organización yihadista al-Qaeda.
  2. Las explosiones en la Estación de Atocha en Madrid (España), el 11 de marzo de 2004, también perpetradas por la organización fundada por Osama Bin Laden, en el que fallecieron 191 personas y fueron heridas 1.857 más.
  3. La masacre de Beslán (Rusia), el 3 de septiembre de 2004, en el que un tiroteo entre militantes musulmanes pro-chechenos y fuerzas de seguridad rusas durante la toma de rehenes en un colegio, dejó un saldo de más de 334 muertos, en su mayoría menores de edad y al menos 783 heridos. Como los anteriores, vinculado a grupos de ideología islamista.

Aún cuando el terrorismo no es un fenómeno nuevo, desde el surgimiento de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y con el advenimiento de la era de la sociedad de la información, estos hechos criminales han tenido mayor impacto social y penetración global.

Las Torres Gemelas ardiendo durante los ataques perpetrados por al-Qaeda en el World Trade Center (NY, Estados Unidos), 11-S de 2001 [Foto: Cliff vía Flickr].
Las Torres Gemelas ardiendo durante los ataques perpetrados por al-Qaeda en el World Trade Center (NY, Estados Unidos), 11-S de 2001 [Foto: Cliff vía Flickr].

En la actualidad, ante la vorágine informativa y la supremacía de la hiperinmediatez por encima del análisis en profundidad, se tiende a banalizar la discusión en torno al terrorismo y frecuentemente es confundido con otros hechos criminales como las guerras entre Estados, las luchas entre grupos armados nacionales o trasnacionales, la narcoviolencia o los crímenes de Estado.

Los conflictos armados y el terror

En los últimos años, las guerras y conflictos armados permanentes (de diversa índole) en África, Asia –particularmente en Oriente Próximo–, Europa del Este y Latinoamérica han dejado, en mayor o menos medida, cientos de miles de víctimas civiles entre muertos, desaparecidos, heridos, desplazados y personas afectadas psicológicamente, además de los daños en bienes materiales. Todo ello ha provocado, en muchos casos, catástrofes humanitarias, daños en la infraestructura de los estados, al patrimonio histórico y cultural o al medio ambiente. Sin embargo, resulta necesario establecer una diferenciación no solo conceptual y normativa, sino también material, de estos acontecimientos con respecto al terrorismo.

Aún cuando los actos de terror intencionado se pueden dar, y en la práctica se dan, en los diversos conflictos armados que existen en el mundo; en una sociedad que se encuentra inmersa en una dinámica permanente de guerra, de amenaza inminente y/o de inestabilidad social cotidiana, los actos terroristas más que infundir terror tienen como propósito real eliminar blancos concretos y atacar objetivos específicos en el marco del conflicto armado en el que se encuentran. No obstante, esto no anula el extremo dolor, terror y consternación que sufren las víctimas.

Por otra parte, los actos de terrorismo tienen la intención de generar mayor impacto, en cuanto a temor social se refiere, en medio de una sociedad en paz o en relativa normalidad institucional que en medio de una sociedad en conflicto armado permanente. Sin embargo, este tipo de actos no se limitan al mundo occidental sino que se han presentado tanto en países que pueden considerarse potencias globales como EE.UU, Reino Unido o Francia, como de países en vías de desarrollo como Nigeria o Túnez. Además, como se puede apreciar por los países mencionados, éstos reciben ataques independientemente de su poder geopolítico global o de su condición religiosa mayoritaria.

Los acontecimientos recientes: Estado Islámico, Islam y terrorismo

Poniendo énfasis en los acontecimientos recientes, vemos que la organización terrorista yihadista Daesh o Estado Islámico, utiliza el Islam como método de justificación de sus actos. En este sentido, cabe recordar que el Islam es una religión con más de mil millones de fieles, siendo la segunda con más adeptos en el mundo después del cristianismo.

El Islam, como religión semítica junto con el judaísmo y el cristianismo, no solo proclama la defensa de la vida humana sino que condena todo acto de violencia en contra de seres humanos; a diferencia de las posturas integristas o extremistas de carácter islámico, que solo usan el Islam como un método para garantizar el éxito de la propia organización y la consecución de sus objetivos –habitualmente relacionados con la obtención de poder local o regional–.

Destrucción causada por el terrorismo yihadista de Boko Haram en Nigeria [Foto: DiarioCrítico de Venezuela vía Flickr].
Destrucción causada por el terrorismo yihadista de Boko Haram en Nigeria [Foto: DiarioCrítico de Venezuela vía Flickr].

Sin embargo, a raíz de los atentados vividos en París, en las redes sociales se han generado diversas expresiones en contra del mundo musulmán y a favor de los bombardeos en Siria por parte de Francia y sus aliados; mientras que, por otro lado, se han tratado de justificar los atentados terroristas culpando a las potencias occidentales de sus incursiones militares en Oriente Próximo. Estas expresiones en la web pueden ser una reedición de la teoría de Lazarsfeld y Merton sobre la disfunción narcotizante que explicaba que los espectadores de TV –que ahora serían los usuarios de los medios sociales digitales– permanecen informados de su entorno real pero no participan de él. No obstante, éstos sí condicionan o influencian la opinión de un público sobresaturado de información pero bastante alejado del análisis en profundidad de lo que sucede a cada minuto en un mundo globalizado.

Un apunte final: poder, información y conciencia

Sin duda, el argumento superior en el mencionado debate tendría que ser la defensa de la vida humana ante cualquier circunstancia y, en función de ello, se podrán plantear un sin número de soluciones gubernamentales o de acción ciudadana. La guerra y el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones son incompatibles con este bien supremo, así que cualquier acción o reacción encaminada a la política del “ojo por ojo y diente por diente”, traerá sin duda resultados terribles. No resulta extraño pensar que sembrar violencia solo genera más violencia.

El fenómeno del terrorismo, íntimamente vinculado con el poder, juega un papel en el intrincado mundo de la geopolítica global, donde las diversas potencias mundiales y regionales –ya sean occidentales, asiáticas o árabes– mueven sus piezas para conquistar el poder, reforzar su soberanía, imponer su ideología o incluso dominar un territorio ajeno en el complejo tablero global.

La ciudadanía, en la era de la hiperinformación, tiene la enorme responsabilidad de trascender el papel de consumidores de información y buscar los análisis de mayor contraste, profundidad y argumentación para poder formarse una opinión mucho más contrastada y crítica. De esta manera, se podrán construir sociedades no solo de la información sino del conocimiento.

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Salvador Percastre

Investigador doctoral del Grup de Recerca en Comunicació, Mitjans i Democràcia de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona (UPF) y adscrito al ReSIC de la Université Libre de Bruxelles (Bélgica). Miembro de la European Communication Research and Education Association, con sede en Bruselas y de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales, con sede en la Universidad de Murcia.


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