19/04/2026 MÉXICO

Entre mayorías fragmentadas y extremos políticos: Colombia tras las elecciones legislativas de 2026

ChatGPT Image 16 mar 2026, 05_02_02 p.m.

Ad portas del cierre del primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia, la polarización se apodera del Legislativo tras cuatro años marcados por reformas, coaliciones y escándalos dentro del gobierno. El discurso del cambio entre los actuales candidatos que aspiran a ocupar las curules en el periodo 2026-2030 se divide entre aquellos que proponen continuar con la agenda legislativa del “cambio” impulsada por el primer gobierno de izquierda en el país y sus antípodas, encabezadas por los partidos de oposición, cuyas fuerzas reclaman regresar a la centenaria tradición política de derecha que dominó el país a lo largo de su historia.

¿Más de lo mismo o la incertidumbre como signo del futuro político?

Los partidos tradicionales han cobrado fuerza entre los colombianos que depositaron su esperanza en una izquierda convergente que, hasta antes de 2022, había sido la oposición. Hoy en día, estos partidos representan mayorías en el Congreso, pues Colombia Humana (movimiento político de izquierda fundado por el presidente Gustavo Petro) y la Alianza Verde (partido político de centro-izquierda con una agenda progresista) cuentan en conjunto con 25 y 50 curules entre la Cámara de Representantes y el Senado de la República.

No obstante, frente a ellos se mantiene una oposición férrea por parte de partidos de derecha como el Centro Democrático y Cambio Radical. Los partidos tradicionales y algunos partidos pequeños se han ubicado en un punto intermedio, presentándose como “independientes”. Esto ocurre especialmente con varios congresistas de partidos como el Partido de la Unidad por la Gente —asociado al expresidente Juan Manuel Santos— y defensores del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC firmado en 2016.

Pese a tratarse de un partido tradicional de derecha, comparte junto a la izquierda la defensa de la paz y el diálogo con grupos insurgentes.

Contrario al enfoque por parte de sectores de corte “uribista”, como el ya mencionado Centro Democrático, entre otros partidos, así como con posiciones divididas dentro de colectividades tradicionales como el Partido Conservador y el Partido Liberal.

De esta manera, estos partidos ubicados en una especie de centro han funcionado como una suerte de bisagra política, apoyando o rechazando distintos proyectos progresistas impulsados por el gobierno. En los últimos tiempos, varios de estos proyectos de ley promovidos por las fuerzas de gobierno han enfrentado un fuerte bloqueo o hundimiento en el trámite legislativo, pues estos partidos bisagra han optado últimamente por una posición más cercana a la oposición que a la concertación.

A grosso modo, este ha sido el panorama que configuró el escenario legislativo y las listas de los diferentes partidos políticos frente a las elecciones del 8 de marzo. Culminadas las mismas, podemos hablar de una polarización supina en el país.


Por una parte, el partido de gobierno, Colombia Humana, cuenta con 25 curules (escaños legislativos en el Congreso colombiano) en el Senado y 29 en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, afirmar que es la principal fuerza política del país resulta infundado.

Colombia Humana es, en esencia, un partido que recogió en su mayoría a pequeños partidos de izquierda en el país, como la Unión Patriótica, el Polo Democrático y el Partido Comunista Colombiano, entre otros; y que hoy en día, comparado con la política tradicional de centro-derecha y derecha, resulta inferior en mayorías dentro del Congreso entrante.

Pese a que recibió la mayor cantidad de votos en las elecciones al Senado, superando los tres millones de sufragios, el principal partido de oposición, el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, se constituye como la segunda fuerza política del país, también con más de tres millones de votos en la cámara alta. Esto le permitió obtener 17 curules en el Senado y 32 en la Cámara de Representantes, superando al partido de gobierno en esta última. De esta manera, se configura un escenario de extremos enfrentados que representará, en última instancia, un reto importante para el gobierno entrante.

Tres proyectos políticos en pugna por el Palacio de Nariño

Esta polarización resulta ser un factor importante para el próximo presidente, en un escenario donde tres (3) candidatos, según encuestas y proyecciones estadísticas, podrían ocupar el Palacio de Nariño el próximo 7 de agosto.


En primera instancia aparece la figura de Iván Cepeda, el protegido del gobierno, cuya trayectoria política se ha construido a partir de una posición crítica frente a la política tradicional de derecha. Su carrera se remonta tanto a su participación en el proceso que condujo al acuerdo de paz durante el gobierno de Santos como a su papel como figura destacada del oficialismo en el Senado desde la llegada de Petro a la presidencia.

Ivan de Cepeda. Fuente: Wikimedia Commons.

En la otra orilla se encuentra Paloma Valencia, protegida de Uribe y una de las principales voces de la oposición al actual presidente Petro. Su apuesta política se apoya en la representación de una parte del país que recuerda con nostalgia los gobiernos de derecha que dominaron la política nacional durante décadas. A esto se suma su fórmula vicepresidencial, Daniel Oviedo, un estadista y transversalista que busca capitalizar los votos tanto del denominado centro como de las derechas más moderadas “no uribistas”. Oviedo sorprendió en las consultas presidenciales de la derecha al sumar más de un millón de votos, una cifra significativa para alguien prácticamente desconocido en la esfera política fuera de la élite bogotana, convirtiéndose en una figura atrapalotodo clave para el uribismo en su intento por recuperar la presidencia.

Paloma Valencia. Fuente: Wikimedia Commons.

Por último, aparece la figura outsider de Abelardo de la Espriella, un ferviente promotor de la importación de ideas de extrema derecha que han encontrado eco en liderazgos como los de Trump, Bukele o Milei. De la Espriella se presenta a sí mismo como un outsider de extrema derecha, cuya carrera como abogado se hizo conocida por defender a narcotraficantes y paramilitares ante las cortes. Aspira a llegar al poder a partir de la promesa de una “refundación de la patria”. Su partido de extrema derecha, Salvación Nacional, logró obtener cuatro (4) curules en el Senado, lo que no simboliza una fuerza relevante en términos de representación, pero podría convertirse en un aliado importante para el Centro Democrático dentro de futuras alianzas legislativas en el Congreso.

Abelardo de la Espriella. Fuente: Wikimedia Commons.

Estos dos últimos actores, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, podrían abrir el camino hacia una polarización entre la extrema derecha y el progresismo, sumándose a la tendencia latinoamericana de alternancia entre gobiernos de derecha e izquierda, junto a países como la Argentina de Milei, el Chile de Kast y la Bolivia de Rodrigo Paz.

En este escenario, un Congreso dividido dependería de los partidos tradicionales para definir el rumbo de la nación. La oposición o la coalición de gobierno podrían bloquear o aprobar propuestas según sus intereses, influyendo directamente en la capacidad de implementar reformas o cambios estratégicos y convirtiendo cada decisión legislativa en un campo de batalla político donde se medirán alianzas, tensiones y estrategias.


Todo esto, a su vez, proyecta el debate legislativo futuro en torno a cuatro (4) aristas fundamentales que buscan consolidarse tras el primer gobierno de izquierda:

  • la implementación de reformas progresistas;
  • las negociaciones con grupos armados para alcanzar la “paz total”;
  • el posicionamiento internacional de Colombia, tanto como defensora de la paz y de la transformación energética en defensa del medio ambiente, como en su relación con la política hemisférica —ya sea manteniendo un enfoque crítico hacia el gobierno de Trump o recuperando su rol como principal aliado de Estados Unidos en la región, enfrentando los retos persistentes del narcoterrorismo y las políticas de explotación de hidrocarburos—;
  • la lucha contra la excesiva burocratización del Estado, que se ha intensificado en los últimos años.

Cada uno de estos frentes promete convertirse en un verdadero campo de batalla, donde las alianzas internas, la confrontación entre extremos y los equilibrios y contrapesos entre un Legislativo ya electo y la incertidumbre de la elección presidencial determinarán, en última instancia, el rumbo político del país en los próximos cuatro (4) años.

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Josep Plazas Domínguez

Politólogo con énfasis en Asuntos Internacionales egresado de la Universidad El Bosque (Bogotá, Colombia). Posee experiencia en investigación en áreas de análisis legislativo y políticas públicas, con especial interés en el derecho internacional, la geopolítica y la política comparada.


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