
Después del triunfo en 2022 del primer gobierno de izquierda con un enfoque progresista en la historia de Colombia —que llegó justo después de una pandemia, un estallido social y varios escándalos de corrupción—, parece que el país se suma a una dinámica muy común en América Latina: la alternancia constante entre gobiernos de izquierda y de derecha.
Es el caso típico en el que las expectativas superaron a la realidad: la praxis política de Petro resultó ser más ambiciosa que efectiva. A pocos meses de rendir cuentas, el país se muestra insatisfecho. Sus escándalos y deficiencias recuerdan más a aquello que criticaba en sus predecesores que a las promesas idealistas brindadas en campaña. Esas promesas, que ahora parecen un mero artificio, se resumen en lo que ha quedado como una simple y común maniobra política conocida como “el gobierno del cambio”.

El gobierno de Gustavo Petro ha estado marcado por varios escándalos que han generado gran controversia y afectado la percepción de su administración. Uno de los principales es el entramado de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), donde varios ministros, exministros, congresistas y funcionarios han sido implicados por desvío de recursos y pagos irregulares, en un caso que sacudió los cimientos del gobierno. Además, la campaña presidencial de Petro fue investigada por superar los topes legales de financiación en más de 5.300 millones de pesos, lo que derivó en cargos formales contra la cúpula de la campaña.
Así como el juicio contra Nicolás Petro, hijo del presidente, quien enfrenta acusaciones de enriquecimiento ilícito y lavado de activos, con pruebas abundantes en la Fiscalía. También hubo polémicas relacionadas con los audios explosivos del entonces embajador Armando Benedetti (actual ministro del Interior) y de la secretaria Laura Sarabia, que pusieron en jaque la estabilidad política del gobierno. Además, la exministra María Isabel Urrutia fue judicializada por irregularidades en contratos durante su gestión.
Recientemente, en 2025, el gobierno de Petro enfrentó un grave escándalo por un bombardeo militar ordenado que causó la muerte de menores de edad en operaciones contra disidencias armadas. Este hecho generó investigaciones formales por parte de la Procuraduría y críticas sobre el cumplimiento del derecho internacional humanitario, además de pedidos de renuncia para el ministro de Defensa. Estos escándalos han sido foco de múltiples investigaciones judiciales y políticas que afectan la imagen del gobierno Petro.

Esto, de manera generalizada, se ha visto reflejado en el promedio de favorabilidad gubernamental de Petro. Según Invamer (2025), desde 2022 hasta el presente año, el promedio de aceptación del presidente ha sido del 37,6%, una cifra relativamente baja en comparación con aquellos gobiernos frente a los cuales fue líder de oposición, como el segundo gobierno de Juan Manuel Santos, que cerró con una favorabilidad del 50% (2014–2018). Incluso se mantiene cercana al 30% de Iván Duque (2018–2022), de quien fue sucesor y cuyo gobierno representó un punto de inflexión que contribuyó a la elección del primer gobierno de izquierda en la historia colombiana.

Esto podría explicar la tendencia del país a buscar un nuevo gobierno en figuras reaccionarias, algunas de tendencia de derecha a ultraderecha, como un eventual retorno del Centro Democrático, Cambio Radical o el Partido de la U. También aparecen figuras como el abogado Abelardo de la Espriella, un colérico seguidor de Trump y Bukele (…)
(…) con ideas tan descabelladas que resultarían extremas incluso dentro de este realismo mágico que inspiró a figuras tiránicas en la literatura de García Márquez.
Y aquellos que hasta hace poco se presentaban como izquierdas más moderadas en comparación con Petro —los llamados del “centro”—, ahora, frente a este gobierno, casi como si se tratara de una especie de evangelización política, han encontrado un espacio más cercano a la derecha o a la “tercera vía” que al centro. Este fenómeno recuerda a movimientos de la derecha moderada europea, como el Cinque Stelle en Italia o el Partido Laborista de Tony Blair en el Reino Unido, lo que representa una importación de ideas ajenas a la realidad colombiana: una política comparada de academia que entra en crisis ante el principio de realidad del país y ante la propia ejecución gubernamental. Entre estas figuras destacan nombres como Juan Daniel Oviedo, Sergio Fajardo e Ingrid Betancourt.
Las izquierdas más moderadas (…) como si se tratara de una especie de evangelización política, han encontrado un espacio más cercano a la derecha o a la “tercera vía”.
Frente a las encuestas, la tendencia apunta a un retorno de las viejas coaliciones, las cuales buscan fortalecer sus filas para enfrentar al gobierno actual. Estas coaliciones están encabezadas por los principales protagonistas en la carrera presidencial de Colombia: el ultraderechista y modelo totalitarista Abelardo de la Espriella; seguido por Iván Cepeda, progresista tradicional respaldado por el partido de gobierno, Colombia Humana; y, en un tercer lugar, Sergio Fajardo, quien se ha distanciado de cualquier vínculo con la izquierda y representa la oposición desde una coalición de centro que ha virado hacia una derecha más moderada.
El panorama refleja la fragmentación y los ajustes estratégicos que caracterizan la escena política colombiana de cara a las elecciones de 2026.
Por otra parte, las elecciones de los Consejos de Juventud —órganos colegiados de participación ciudadana para jóvenes entre 14 y 28 años, cuyo propósito es incidir en decisiones públicas que afectan sus vidas y comunidades (Radio Nacional, 2025)— dejaron ver una clara tendencia hacia la derecha. En Bogotá, el partido de extrema derecha Centro Democrático obtuvo 27 curules, posicionándose como la fuerza política dominante en la capital. Le siguieron el Partido MIRA, de orientación derechista y cristiana, con 16 curules, y el Partido Verde, de centroizquierda, con 14 curules. A nivel nacional, Cambio Radical, alineado hacia la derecha y la ultraderecha, fue el más votado, alcanzando cerca de 79.000 votos. En contraste, el partido de gobierno, Colombia Humana, logró un distante noveno lugar con solo 23.000 votos.
Estos resultados sugieren que la mayoría de los jóvenes colombianos que participaron en estas elecciones se inclinó hacia opciones políticas de derecha y centroderecha.
Esto último es importante, ya que hace cinco años Colombia Humana se presentó como el partido de los jóvenes que estaban cansados de la derecha tradicional colombiana, liderando el estallido social de 2021 que sentó las bases para la elección histórica del primer gobierno de izquierda, cuyo electorado fue mayoritariamente juvenil.
Conclusión
La actual coyuntura política y social en Colombia refleja un ciclo clásico de alternancia entre gobiernos de izquierda y derecha, donde las altas expectativas iniciales del gobierno progresista se han visto erosionadas por escándalos y limitaciones en su gestión. Este desencanto ha impulsado el ascenso de fuerzas políticas conservadoras y moderadas, que han sabido capitalizar el malestar social y la búsqueda de estabilidad.
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