
Inspirado en la figura de Charlie Kirk, el influencer español Vito Quiles anunció, tras la muerte del estadounidense, una gira por las universidades públicas españolas para “abanderar la libertad donde más amenazada está”, según explicó en X el 7 de octubre. La “España combativa” de Quiles —nombre con el que bautizó su periplo— tuvo su primer asalto en la Universidad Autónoma de Barcelona. Allí, tras una cadena de intercambios, amenazas y publicaciones previas que tensaron el ambiente en redes sociales, estalló un enfrentamiento entre sus seguidores y grupos contrarios. La apertura de la primera jornada del recorrido del activista quedó frustrada.
El día fue caótico. Entre consignas franquistas y el saludo nazi que imitó una mujer, se difundió un video de jóvenes vociferando: “Rojo muerto, abono para mi huerto”. La tensión escaló hasta los golpes, con objetos volando de un lado a otro y la intervención de la policía, mientras los gritos evidenciaban la fractura política entre generaciones —las mismas que venían a confrontar las disputas de sus padres—, transformando el campus en un hervidero. Quiles cerró su convulsa y fallida aparición rodeado de sus seguidores, megáfono en mano: “Ya han demostrado que no pueden con los argumentos, como lo hicieron con Charlie Kirk en Estados Unidos; que la única forma que han tenido para acabar con él y con su voz es pegarle un tiro, porque no saben hacer otra cosa, porque son incapaces de rebatir”.
Entre la provocación, la polémica y el debate político
Vito Quiles, de 25 años, se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la ultraderecha en España, con millones de seguidores en redes sociales, en su mayoría jóvenes. Su salto a la fama llegó gracias a los videos que publica en estas plataformas, en los que interpela a dirigentes de la izquierda española y difunde fragmentos virales. Su estilo provocador lo ha convertido en una figura polémica dentro del nuevo activismo español: entre quienes lo ven como un defensor de la libertad de expresión y quienes lo acusan de propagar discursos de odio bajo ese mismo argumento.
Pero ¿cuándo termina la libertad de expresión y comienza la incitación al odio? Lisa Zanotti, investigadora del Democracy Institute de la Central European University (CEU), señala a United Explanations que el límite tiene primero una dimensión “moral y ética”, ya que depende de la percepción subjetiva de cada persona. Sin embargo, recuerda que tanto el derecho nacional como el internacional —incluida la orientación de las Naciones Unidas en el Plan de Acción de Rabat— establecen que la libertad de expresión no es absoluta. “No es que uno pueda decir siempre cualquier cosa que se le ocurra y estar protegido por este derecho. El límite se encuentra en la incitación al odio, a la violencia y también a la guerra”, añade.
En cualquier caso, es innegable que Vito Quiles ha sabido hacerse notar. Es el mismo comunicador que protagonizó un intercambio con el portavoz del PSOE, Patxi López, después de que este se negara a responderle en el Congreso y lo calificara de racista; el mismo que ha mantenido acaloradas discusiones y ha sido tildado de “fascista” por figuras como Óscar Puente e Irene Montero; y el mismo cuya actuación llevó al Congreso de los Diputados a replantearse las normas de acreditación de la prensa parlamentaria.

Su estilo lo ha llevado a capitalizar a un público joven que, cada vez más, se muestra encantado con las ideas de la ultraderecha, como lo han señalado diversas encuestas. Según el último barómetro del CIS, de octubre de 2025, Vox alcanza una intención de voto del 23,3 % entre los jóvenes de 18 a 24 años. Los hombres jóvenes son especialmente receptivos a estas opciones, con un apoyo de hasta el 40 %, y aunque el voto femenino sigue siendo menor, también ha mostrado un aumento en las franjas más jóvenes.
La analista Lisa Zanotti sugiere que esta tendencia podría estar relacionada con el sentimiento de deprivación que perciben los jóvenes, es decir, la sensación de que “su generación está mucho peor en términos económicos, pero que además enfrenta una amenaza cultural grande que no sentía la generación de sus padres”, detalla.
“La ultraderecha es mucho mejor que los partidos mainstream, sean de derecha o de izquierda, en colocar al centro de la agenda sus temas y en hacer sentir a los votantes —en este caso, a los jóvenes— que sus preocupaciones son las más urgentes”, comenta.
Lo cierto es que varias universidades —entre ellas las de Granada, Málaga y la Pablo de Olavide, en Sevilla— han decidido no acoger los actos de Vito Quiles, argumentando que no fueron autorizados y que podrían alterar la convivencia y la seguridad en sus campus, como ya ocurrió en Barcelona la semana pasada. Además, según la Cadena SER, grupos universitarios de Canarias ya han anunciado movilizaciones contra la gira, calificando los discursos del comunicador como “xenófobos y machistas”.
Frente a esto, el activista respondió, como suele hacerlo, en su cuenta de X, asegurando que se presentará pese a las restricciones impuestas por las universidades, porque, a su juicio, “los jóvenes tienen derecho a escuchar un discurso distinto al que impone la extrema izquierda en las facultades. Estaremos en todos los campus y daremos una respuesta patriótica masiva”, desafió.
https://x.com/vitoquiles/status/1980324435124187464
