15/08/2022 MÉXICO

La emergencia climática en América Latina y el Caribe: el desafío del que no se discute

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Los mecanismos de adaptación al cambio climático demandan el desarrollo de capacidades sobre el desgaste de recursos del medioambiente. ¿Cómo los actores responsables pueden desempeñar un rol más activo? El artículo resalta los desafíos para la adopción de programas acorde a los factores de vulnerabilidad, reconociendo que aquellos son distintos.

Debido a que el cambio climático perfila como uno de los factores hacia el flujo migratorio es imperativo plantear una respuesta que mitigue el riesgo y atienda los efectos. Este fenómeno reúne devastadoras repercusiones a nivel mundial. La crisis ecológica y el calentamiento global provocados por la acción humana impactan sobre la salud alimentaria y las reservas de agua; acentuando la mitigación y conflictos que deriven de esta.

Desplazamientos asociados al cambio climático

La principal dificultad que entraña este tipo de migraciones es distinguir entre las situaciones en las que el medio ambiente es el principal factor que desencadena la migración, y aquellas en que los factores son otros o el medio ambiente es solo uno de ellos. Así mismo, se necesitan datos cuantitativos, longitudinales, desglosados, georreferenciados y comparables para estimar en qué medida la movilidad puede entrañar beneficios, y cuáles son los posibles riesgos que deben acotarse al mínimo.

La mayoría de los rastreos existentes centran el objeto de estudio en los vínculos entre migración y el medio ambiente como factor causal. Es decir, el cambio climático como variable que provoca el efecto de la migración, cuando su carácter es fundamentalmente cualitativo; sin embargo, el medio ambiente es uno de los factores, pero no el único.

¿Cuáles son las claves de este fenómeno?

En primer lugar, se hace distinción de dos categorías: migrantes por motivos ambientales y desplazados por motivos ambientales. Respecto a los primeros serán aquellos que debido a un cambio repentino en el medio ambiente se ven obligados a abandonar el lugar habitual de residencia. Desplazándose así, temporal o permanente, dentro del país o al extranjero.

Mientras que los desplazados medioambientales son aquellos que se desplazan dentro del país en el que residen o que han cruzado una frontera internacional. E inclusive son para quienes la degradación, deterioro o destrucción del medio ambiente es la causa principal pero no la única de su desplazamiento. Los factores medioambientales están estrechamente relacionados con factores socioeconómicos, políticos, demográficos, culturales y personales que contribuyen a causar o evitar la movilidad.

¿Cuál es la propuesta de la comunidad internacional?

Han ocurrido diversas cumbres y conferencias mundiales con el propósito de adoptar medidas eficaces que mitiguen las consecuencias del cambio climático. La última de ellas fue la 26ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-26), donde se han reunido gobiernos, empresas, autoridades locales y sociedad civil, a fin de debatir sobre la acción mundial por el clima.


“Lejos, en las profundidades más oscuras del Universo, se encuentra un pequeño planeta verde azulado, cuyas formas de vida primitivas todavía piensan que destruir su único hogar es una idea bastante ingeniosa.” COP26. [Imagen: Flickr.]

Entre los objetivos prioritarios de la conferencia encontramos el compromiso a escala mundial para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, y un incremento de los esfuerzos mundiales para alcanzar una adaptación al cambio climático y su financiación.

No obstante, las consecuencias del cambio climático no afectan por igual a todas las naciones. América Latina y el Caribe es una de las regiones más vulnerables debido a los frecuentes desastres naturales que se producen, como la destrucción de islas en el Caribe o sequías cada vez más extremas. Sin embargo, su participación en la COP-26 ha reflejado una brecha existente entre los países que la conforman.

Veintiún países latinoamericanos participaron en la Cumbre realizada en la ciudad de Glasgow, Escocia. De cuyas intervenciones se concluye la falta de una estrategia común y capacidades dispares en cuanto al compromiso en la lucha por el cambio climático. Maisa Rojas, autora del sexto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, señala este desequilibrio de voluntades estatales al afirmar que “no todos los países de América Latina habían registrado sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Además, Brasil y México no han mejorado sus compromisos desde el Acuerdo de París en 2015”.


Estos dos últimos países son los que emiten mayor porcentaje de dióxido de carbono (CO2) en el hemisferio, según el Atlas Mundial de Carbono. Concretamente y en lo referente a México, la reforma constitucional del sector energético, norma reguladora de las energías eólica y solar, a un segundo plano es frontalmente contradictoria con la necesidad de cambiar el modelo energético convencional basado en combustibles fósiles.

Respecto a Brasil, ha mostrado varios vestigios en su voluntad por adoptar medidas, como son: el compromiso con la reducción de un 30% de las emisiones de metano para el 2030, lograr la neutralidad de carbono en el 2050, y a acabar con la tala ilegal en la Amazonia. Respondiendo a la necesidad de cerrar acuerdos económicos con la Unión Europea, que exige la preservación del mayor bosque tropical del planeta. Asegura Hamilton Mourao, vicepresidente brasileño (2019 – actualidad), que no está garantizada la conservación natural debido al desarrollo de la minería y construcción de carreteras en la selva tropical.

Tala ilegal en Madre de Dios, Perú. Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR).

Esta insuficiente voluntad estatal genera situaciones de desastres que facilitan el fomento de patrones de movilidad interna e internacional. Según los datos del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC), las mayores catástrofes naturales del 2018 provocaron el desplazamiento de casi 20 millones de personas. Lo alarmante es que se trata de una tendencia en alza, tal y como estima un estudio del Banco Mundial, en 2050, 17 millones de personas pueden llegar a verse forzadas a desplazarse internamente debido a los impactos del cambio climático.

Un punto a pie de página en esta problemática es la introducción de factores medioambientales en la definición sobre la condición de refugiado en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951), pendiente a contemplar la categoría de “refugiados climáticos”.


Particularmente, es necesario que desde los gobiernos de América Latina y el Caribe se adopten programas de gestión diseñadas acorde a los factores de vulnerabilidad ante desastres naturales. Respecto a ello, señala Diogo Andreola Serraglio, coordinador del Observatorio Latinoamericano sobre Movilidad Humana, Desastres y Cambio Climático, la solución que se ha adoptado es: “la concesión de visados por razones humanitarias, que incluyen desastres naturales” – una medida paliativa que atiende un problema de manera temporal -. En esta misma línea, se pronuncia Astrid Puentes, Codirectora Ejecutiva de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente, al estimar que la falta de voluntad política y financiación es el principal obstáculo para crear herramientas eficaces de prevención y monitorización. 

Conclusiones

A manera de corolario, se trae a la discusión la Ley Marco sobre el Cambio Climático del Perú, la cual propone atender la migración forzosa por efectos del cambio climático. Otro ejemplo, es la Estrategia Nacional de Cambio Climático de Honduras, otorgando un marco legal e institucional para este tipo de migraciones como parte integral en medidas de adaptación. Estas iniciativas destacan como un punto de partida para las políticas públicas nacionales que conforman la región y carecen de una regulación específica en la materia. Por lo tanto, se pueden crear instrumentos de seguimiento, evacuación y asistencia uniformes que favorezcan la respuesta rápida y conjunta de todos los Estados, regulando simultáneamente tanto el cambio climático como las migraciones.

Esta es una explicación sin ánimos de lucro.

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Paz Ramírez Rodríguez


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