20/10/2021 BARCELONA

Desafíos para los derechos de las mujeres ante el avance del Talibán

Debido a la retirada de las tropas estadounidenses, asciende la preocupación sobre la situación de la población vulnerable como las mujeres, niños y niñas en Afganistán. Ante la respuesta de la comunidad internacional, se elabora una serie de apuntes sobre las implicancias para los derechos humanos a raíz de la ocupación del grupo Talibán en el país.

El regreso del talibán tras veinte años de ocupación occidental amenaza los derechos de las mujeres afganas tomando el control cotidiano de sus vidas mediante la ley islámica ‘sharía’. Ostentaron el poder durante (1996 – 2001) bajo la mirada ortodoxa del Corán hasta la intervención de los Estados Unidos de América con el propósito de sentar los cimientos de una nación democrática, cual “programa dadivoso” se encuentra en jaque. 

Una mirada previa

Lo que ocurre hoy en Afganistán no puede ser analizado de forma aislada, teniendo en cuenta la ocupación militar de Estados Unidos durante las últimas dos décadas. Estadía respaldada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que proyectó los intereses de la política internacional estadounidense en respuesta al atentado terrorista ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de New York.

Tropa aliada en Afganistán 2011, fotógrafo Sam Shepherd para las Fuerzas de Defensa de Nueva Zelanda, shorturl.at/jkrJO
Tropa aliada en Afganistán 2011, fotógrafo Sam Shepherd para las Fuerzas de Defensa de Nueva Zelanda, shorturl.at/jkrJO

Otro evento a incorporar en la discusión ocurre en 1979. El ejército soviético invade Afganistán como punto geoestratégico para expandir su influencia, esta intervención tuvo lugar hasta 1989. Fue en el contexto de la Guerra Fría que surge el movimiento talibán – en lengua pastún significa “estudiante”- precisamente “estudiantes del Corán”, quienes evolucionaron de los muyahidines. Este movimiento integrista alcanzó mayor espacio y relevancia entre 1996 y 2001, valiéndose de la oportunidad de instaurar el Emirato Islámico de Afganistán durante ese margen de tiempo.

Sin embargo, los talibán siguieron manteniendo el control sobre algunos territorios, escalando posición de forma inminente tras la retirada de las tropas estadounidenses hasta la toma de la capital del país el 15 de agosto de 2021. Sin duda, el regreso del talibán demuestra el fracaso de Estados Unidos en su política de intervención militar. Con el supuesto de instaurar un régimen democrático para el pueblo afgano se dio inicio a una “guerra contra el terror” (impulsada durante la Administración de George W. Bush). El objetivo era liberar a ciudadanos afganos y afganas de la opresión talibán; sin embargo, las actividades concentraron el problema en el “Islam”, lo cual a nivel social y político, contribuyó a la reproducción de la “islamofobia”. Mientras que, por otro lado, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Afganistán se convirtió en el mayor exportador de opio del mundo, registrando más del 90% de la producción .

Las circunstancias de las mujeres afganas en la actualidad

Durante 20 años la justificación de la guerra se transcribió en términos de instaurar un régimen democrático, donde se sostuvieron discursos sobre la libertad en coalición del gobierno de la República de Afganistán – de facto el Emirato Islámico de Afganistán – que facilitó la estrategia extranjera, donde las mujeres particularmente han tenido que resistir no sólo al régimen talibán, sino también a la ocupación imperialista. Este último, inserta su fuerza en el dominio de una nación sobre otra, mediante aparatos políticos, militares y administrativos, que ejercen un control directo sobre el territorio. En este caso, el proceso de ocupación en Afganistán se justificó para combatir la insurgencia y sentar las bases para un nuevo sistema político, que coloque a las mujeres en el tablero, con el objeto de buscar estabilidad para la “construcción nacional”; un trabajo que quedó inconcluso. 

La operación “Libertad Duradera”, fue usada por Estados Unidos para invadir Afganistán, con un recetario de propuestas que incluían los derechos y dignidad de las mujeres, desde una perspectiva paternalista. Si bien durante los años de injerencia, las mujeres fueron conquistando espacios de autonomía, al ganar poder político, como elegir y ser elegidas en cargos públicos, también las mujeres adquirieron espacios de representación en el 2001 a la caída del régimen talibán, estableciéndose cuotas para el ejercicio político en la Cámara del Parlamento. Pese a ello, las maniobras logísticas militares, tanto del lugar de la ocupación occidental como del grupo armado Talibán, reúnen un 46% de víctimas civiles, donde cerca de la mitad de la población representan mujeres y niños, según la Misión de Naciones Unidas para Afganistán. En ese sentido, no es posible visualizar una intervención humanitaria, cuando se ha estado violentando sistemáticamente contra el cuerpo de las mujeres. Un asalto imbricado a una matriz colonial.

Ahora, el regreso reaccionario del integrismo talibán afecta directamente los derechos de las mujeres, relegándolas de la esfera pública. Como señala Tariq Ali, escritor pakistaní, al citar a una referente del feminismo: “las mujeres afganas tenían tres enemigos: la ocupación occidental, los talibán y la Alianza del Norte. Con la salida de Estados Unidos, dijo, tendrán dos”.

Archivo: Mujer soldado intenta acercarse a las mujeres afganas durante el Eid.jpg
Mujer soldado intenta acercarse a las mujeres afganas durante el Eid (2009).

Los límites para las mujeres desde la ley ‘sharía’

Primero vamos a detenernos a comentar de qué se trata la ley sharía o también ley islámica . Este complejo de normas rigió en Afganistán desde 1996 al 2001. A la fecha despierta una amenaza para la supervivencia de las mujeres afganas, debido a que someten sus voluntades. Y, es que, a pesar de que durante una conferencia de prensa, un portavoz del grupo talibán mencionó que los derechos de las mujeres serán respetados “en el marco de la ley islámica” , estas declaraciones no generan un clima favorable ni garantizan el cumplimiento de los derechos de las mujeres en el país. Ciertamente, el régimen talibán justifica su misoginia en principios islámicos malinterpretados, donde lo material y lo espiritual conviven como código de conducta totalitaria. 

Alrededor del feminismo surgen muchos debates en torno a la lógica salvacionista occidental, la cual fue instrumentalizada por el bloque imperialista para mantener sus tropas en el territorio afgano en nombre de los principios de “vida, esperanza, orden y ley”. El feminismo islámico propone agregar una interpretación distinta del Corán, a través de una relectura de las fuentes islámicas que rompa con la estructura androcentrista, a partir de una hermenéutica de género. Este enfoque hace frente a los dos grandes grupos en los que se divide el islam (sunitas y chiítas), ya que sus prácticas políticas y discursivas están cargadas de sesgos patriarcales. La narrativa salvacionista con tintes políticos fue la herramienta de la cual se amparó la ocupación, y desde donde se ha construido, de la mano de los medios de comunicación, una imagen pasiva de la mujer afgana, colaborando a la opresión de las mismas. 

Mujeres en burka con sus hijos en Herat, Afganistán (2009).

Desde luego, el bipartidismo en Estados Unidos (republicanos y demócratas) es un factor que ha nutrido el conflicto bélico en Afganistán, sin terminar los objetivos liberadores que se prometieron, finiquitaron su injerencia mediante el “Acuerdo de Doha”. El cual, sin duda, aceleró el avance de los talibán hasta llegar a Kabul, sin estipular ningún tipo de garantía social. Con la huída del presidente Ashraf Ghani, el nuevo desafío fundamentalista es el reconocimiento internacional, que desde ya, recibe el acercamiento estratégico de China que abre paso a la “Nueva Ruta de la Seda”, a través de la eliminación de barreras de tránsito para las rutas comerciales, como forma de ampliar sus intereses económicos.

En ese marco, se plantea como alternativa observar la coyuntura en clave feminista e interseccional, enlazando categorías desde una perspectiva decolonial, que atiendan las demandas específicas de las mujeres afganas, las cuales van más allá de cubrir el interés sobre el uso del hiyab (velo), criticado desde la línea del feminismo hegemónico como un oxímoron. Es decir, incompatible con la idea de libertad sobre el cuerpo de las mujeres. Esta mirada no concilia relación alguna entre feminismo e islam, debido a la carga patriarcal imperante en su credo monoteísta. No obstante, son tantos los feminismos como mujeres que se identifican en este movimiento político, situándolo en la escena mundial como una realidad emergente. 

Finalmente, la lucha es diaria y continua, convirtiendo el cuerpo de la mujer en un campo de batalla sin intervención extranjera que use la instrumentalización como arma para adjudicarse el rol de héroes occidentales. En ese sentido, el punto de partida para el análisis debe ser desde la sororidad, siendo voceras de sus demandas, denunciando y repudiando al integrismo talibán por medio de una campaña de alerta que escuche el grito internacional de todas las mujeres que nos movilizamos defendiendo la emancipación de las mujeres afganas. 

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Gianela Morales

Estudiante de Sociología de la Universidad de Buenos Aires.


One comment

  • Silvia

    13/09/2021 at

    Buen punto, ese salvacionismo ha dado lugar a la sumisión de las mujeres afganas. Eso abre la reflexión sobre cómo debemos mirar lo que pasa en ese lado del mundo

    Reply

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