12/08/2022 MÉXICO

Giunia, la esposa trágica

Portada de la pàgina web del Teatro Real: Lucio Silla de Wolfgang Amadeus Mozart.
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"Una obra que se encuentra entre lo más difícil y brutal que se ha compuesto para la voz humana." Reseña sobre la ópera "Lucio Silla" de Wolfgang Amadeus Mozart, que abría temporada del Teatro Real, el pasado 13 de septiembre, con motivo del bicentenario de su fundación y el vigésimo aniversario de su reapertura.

Adiós luz de veranos


Madrid (España) deja atrás los agobiantes días de calor y se pone la gabardina para asistir a Lucio Silla: la primera ópera de una festiva temporada en el Teatro Real en la que se aúna la celebración de su bicentenario con su vigésimo cumpleaños desde la reinauguración. Con motivo de la efeméride han logrado reunir piezas inéditas al Teatro Real (como Lucio Silla) y estrenos en España como Die Soldaten de Bern Alois Zimmermann o Dead Man Walking.

La audaz apuesta por Lucio Silla, una controvertida composición que se ha representado en contadas ocasiones por la enorme dificultad vocal que entraña, ha suscitado ilusión pero no pocas reservas. Los detractores resaltan su estructura inconsistente y caótica mientras los admiradores destacan la inusual fuerza expresiva de una ópera seria que desafía a su propio género. Es la tercera ópera de un ambicioso Mozart de 16 años. El niño bien portado que deja prendado al Palacio Arzobispal con El Sueño de Escipión, gana autonomía en Lucio Silla vislumbrando al excelso compositor de la Flauta Mágica.

Se estrenó en 1772 con un éxito rotundo, y se mantuvo en la oscuridad por casi doscientos años hasta rescatarse en 1964. Fue concebida para la soprano del momento: la napolitana Anna de Amicis, elogiada por Metastasio por su “fogosidad, franqueza y audacia”. Joan Matabosch declara con vehemencia que “las arias que Mozart escribió para Lucio Silla se encuentran entre lo más difícil y brutal que se ha compuesto para la voz humana en la historia de la música”. Se trata de una pieza con larguísimos recitativos y un virtuosismo musical salvaje. Relata, sin embargo, un tema siempre vigente: la corrupción del poder. La preocupación por plasmar este asunto ha sido central para Claus Guth, con quien han vuelto a contar para la dirección de escena después del sobresaliente trabajo con Lucio Silla en el Liceu, y del exitazo que cosechó con Parsifal el año pasado.

En el contexto actual, Guth nos conecta con los afanes de poder de unos líderes dominados por la ambición y la tiranía que reflejan el arquetipo del déspota cuyo epitome es Silla: “Individuos imprevisibles, volátiles y que crean una sensación de terror a su alrededor.”

Guth logra amenizar la tenue narrativa con una dinámica escenografía que sintoniza perfectamente con las angustias y la eterna zozobra de los personajes, prestando especial atención al dramatismo del personaje de Giunia. Combina reductos grises que recrean un búnker con el recurso de una plataforma giratoria que contrarresta la uniformidad armónica de la pieza. El contraste de la inmaculada tez de Giunia y el rojo de sus cabellos dialoga con la recreación de un escenario truculento y le confiere un efecto estético sublime.

Preparado para una ópera intrépida, uno se olvida rápidamente de los brutales contrastes de agudos y graves para caer a los pies de una majestuosa Giunia, representada por Patricia Petibon, que acapara la máxima intensidad expresiva de la ópera. Desbordada de aplausos desde la primera aria “Dalla sponda tenebrosa” llena el escenario de una delicadísima aura, regalándonos un retrato íntimo de mujer trágica. Esta preeminencia de la subjetividad bebe de un romanticismo en plena eclosión que llega a Lucio Silla con elementos dramáticos que lo distancian del género de la ópera seria.

Es sin lugar a dudas, el personaje femenino el más fascinante del conjunto y el que inaugura, según Tellez, la colección de mujeres mozartianas fuertes y complejas de una exquisita sensibilidad que culminan con el retrato de Donna Anna en Don Giovanni. Esta esposa trágica es el eco de las Heroidas, esa fantástica colección de voces femeninas de la antigüedad que sufren con desgarro el deterioro del tiempo y la espera. Capta al ritmo reverberaciones de Cánace, Filis, Penélope o Ariadna que reclaman a sus maridos, en un llanto de horror infinito, y nos llega con una coloratura de notas que tiene forma de laberinto.


“Si algunos vocablos no son inteligibles por obscuros borrones,

Será que la carta se ha manchado por la sangre de tu amante.”

CARTA XI de Cánace a Macareo

Patricia Petibon lleva el lenguaje corporal de su personaje hasta las últimas consecuencias, y se apropia del personaje con una naturalidad digna de elogio. La adecuación psicológica de Giunia con Petibon hacen pensar que Ivor Bolton configuró una versión a la medida de la soprano de forma análoga a la elección de De Ammicis en la composición original. Esto se hace ver en el grito improvisado del “Ah se il crudel periglio” ante la inesperada presencia de Silla. Este baile del virtuosismo recitativo con la improvisación pone a Petibon en una categoría de soprano indiscutible.

La batuta de Bolton domestica una composición de dimensiones colosales y entrega una celeste sinfonía que persuade en seguir el ejemplo moral de Silla. Abandonar los vanos placeres del despotismo y someterse al más autoritario de los imperativos: el amor.

Tras el cóctel de bienvenida que el Teatro Real ha preparado, Madrid se despide de Silla. Adiós luz de veranos y bienvenido sea el otoño. Nunca antes supo tanto a primavera.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Paula Curzio

México D.F, México. Humanista. Me gusta leer, escuchar conferencias, aprender idiomas e instalarme los sábados en La Fídula. Email: paula.curzio.08@gmail.com.


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