03/04/2020 BARCELONA

Yarmuk, el círculo más profundo del infierno

Hace más de un año que Daesh y los representantes de Al-Qaeda en el Levante, Al-Nusra, entraron en el campo de refugiados de Yarmuk. Esto ocurrió el 1 de abril de 2015, al día siguiente los rebeldes sirios y palestinos los expulsaron. Sin embargo, esta resistencia no duró mucho: ISIS volvió a atacar Yarmuk, esta vez para tomar el control del 90% de la ciudad.

El círculo más profundo del infierno“, así denominó el secretario general de las Naciones Unidas, Ban-Ki Moon, a lo ocurrido en el campo de refugiados palestinos en Siria. Suena duro pero la entrada del grupo terrorista en la ciudad sitiada de Yarmuk solo supuso un factor adicional para los palestinos que seguía viviendo allí cuatro años después de que empezara el terror en Siria. Bajo asedio durante meses, el campo fue privado de ayuda externa durante largos períodos. Sin medicinas, sin agua y sin comida, sus habitantes fueron abandonados a su suerte, en manos tanto de francotiradores como del hambre.

Mapa de Damasco y Yarmuk [Foto: BlueHypercane761 vía WikimediaCommons]

Con una superficie de 2,11 Km2, un poco más grande que Mónaco, Yarmuk es un distrito situado al sur de la ciudad siria de Damasco. Se estableció para acoger cientos de miles de refugiados palestinos después de la guerra árabe-israelí de 1948. A nivel administrativo Yarmuk es una ciudad con hospitales y varios centros de enseñanza secundaria gestionados por el gobierno sirio. La UNRWA opera escuelas y patrocina dos de los centros de programas para la mujer, al igual que varios centros de atención médica.

Los refugiados palestinos atrapados por la guerra siria, condenados a muerte

Antes del estallido de la guerra civil en 2011, el campo de refugiados de Yarmuk era el hogar de 160.000 residentes, según estimaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (UNRWA). Ahora, solo alrededor de 18.000 personas permanecen en su interiorLa guerra civil llegó a Yarmuk en diciembre de 2012, cuando las fuerzas rebeldes entraron en el campo tratando de consolidar sus posiciones al este y al sur de Damasco y, así, realizar una ofensiva hacia el centro de la capital. Fuerzas gubernamentales sirias respondieron con bombardeos aéreos obligando a miles de personas a huir en busca de refugio en otras partes de Siria y el Líbano. Fuerzas leales a al-Assad lograron acorralar el campo y ganaron control a su acceso en febrero de 2013.

La situación de los habitantes de este territorio solo ha empeorado desde entonces. Según Amnistía Internacional, desde diciembre de 2012 hasta febrero 2013, las fuerzas del gobierno sirio en los puestos de control de Yarmuk fueron restringiendo, poco a poco, la entrada de alimentos, medicinas y otros suministros hasta que, en julio de 2013, llegó al bloqueo total. De esta manera, los habitantes que seguían en la zona fueron —y aún siguen estando— sometidos a incalculables dificultades, penurias y riesgos. Desde que el área fue sellada, los que aún quedan en Yarmuk luchan a diario para sobrevivir.

Como es de esperar en una situación así, la inanición es la principal causa de muerte en Yarmuk: más de doscientas personas han muerto de hambre. El impacto del asedio se ha ido afianzando y los ciudadanos del campo han tenido que recurrir a medidas cada vez más desesperadas, como ya sucedió en octubre de 2013 cuando el imán de la mezquita más grande de Yarmuk emitió una fatwa que permitía a la gente comer gatos, perros y burros para poder seguir resistiendo.

ISIS toma Yarmouk

Aprovechando el caos en la región, Daesh entró en Siria en septiembre de 2013, haciéndose con la ciudad de Azaz y avivando el conflicto: este se convirtió en una «guerra dentro de la guerra». De esta manera el terror de ISIS se extendió por una Siria ya devastada para luchar contra el ejército de los muyahidines, el Ejército Libre de Siria y el Frente Islámico. El grupo terrorista llegó a Yarmuk en abril de 2015 y con él vinieron los demás, convirtiendo el campo en una trampa mortal para los refugiados palestinos que allí vivían. Con varios frentes abiertos, Isis se topó con la resistencia de los rebeldes sirios, los yihadistas del frente al-Nusra, las fuerzas kurdas y las gubernamentales de al-Asad.

Yarmuk sitiado [Foto: Jordi Bernabeu Farrús vía Flickr]

En el preciso momento en que Daesh tomó el campo Ban Ki-Moon reconoció que «simplemente no podemos esperar y ver cómo se despliega la masacre». Un año después siguen sin tomarse medidas al respecto y el pronóstico del secretario general de la ONU de que «el campo de refugiados está empezando a parecerse a un campo de la muerte» se está cumpliendo.

La presencia de Daesh solo ha empeorado el acceso de ayuda humanitaria a Yarmuk. Según fuentes de la ONU, en junio de 2015 el gobierno sirio cerró todos los accesos a este tipo de ayuda al campo y sus alrededores y, por ello, las Naciones Unidas han dejado de trabajar en su interior, dejándolo a manos de pequeñas organizaciones locales —con financiamiento exterior— como Jafra Foundation. Como resultado, los residentes en el campo sufren desnutrición crónica, deshidratación y deficiencias graves de vitaminas y proteínas.

Una crisis sanitaria en medio de bombas de racimo, francotiradores y ejecuciones

Los residentes del campo de refugiados palestino carecen, como extensión de la situación, de acceso a agua corriente. Esto les obliga a extraerla de pozos improvisados, con todos los peligros sanitarios que ello acarrea. La falta de atención médica adecuada empeora aún más el panorama: el principal hospital de Yarmuk, el Hospital de Palestina, fue dañado por los bombardeos y carece del equipo quirúrgico, el personal médico, los medicamentos o la electricidad necesarios para operar, por lo que se encuentra operativo pero bajo mínimos. Por si esto fuera poco, los únicos que ejercen con el fin de mitigar el dolor de los enfermos no tienen la formación adecuada.

Debido a la escasez de higiene, a la falta de agua potable, al agravante de la malnutrición y a la falta de acceso a los medicamentos, la fiebre tifoidea y la hepatitis se han extendido entre la población. El doctor Hani Fares, un médico con larga experiencia trabajando con varias organizaciones internacionales, nos aclara que ambos brotes son enfermedades transmitidas por el agua en mal estado, lo que conlleva una crisis de salud en un sentido más amplio, poniendo en peligro a la población más vulnerable: enfermos, ancianos, niños pequeños y mujeres.

Yarmuk hoy

La situación humanitaria en el interior de Yarmuk se ha deteriorado gravemente después del choque violento entre ISIS y el grupo Jabhat al-Nusra. Los enfrentamientos van acompañados de un intenso bombardeo por parte de las fuerzas del régimen sirio y los grupos palestinos aliados a ellos. Estos enfrentamientos han dado lugar a la división del campo, con Daesh controlando el mayor porcentaje.

Es casi innecesario decir que las consecuencias son desastrosas: desde el inicio de este nuevo enfrentamiento, que estalló el 7 de abril, más de cincuenta combatientes de ISIS y otra docena de al-Nusra han muerto, así como cuatro civiles, dos de los cuales fueron decapitados por Daesh. Este grupo también prendió fuego al Hospital de Basilea y a una veintena de edificios, consiguiendo que Yarmuk se asemeje aún más al infierno que hace ya más de un año el Secretario General de las Naciones Unidas definía.

Sin lugar a dudas, Yarmuk está, al igual que otros campos de refugiados palestinos, dejado en manos de una guerra ajena, dentro de un complejo contexto regional. ¿Cuántos otros campos deben ser destruidos antes de encontrar una solución?

Migración a Europa, ¿una realidad?

La situación, ya de por si insostenible, ha forzado a muchos de los refugiados palestinos en Siria, igual que muchos de sus homólogos sirios, a emprender el camino hacia Europa. Lo hacen pagando exorbitantes precios a las mafias de contrabandistas y poniéndose en riesgo al cruzar el mar en búsqueda de un futuro mejor. Los palestinos que huyen de Siria, en su condiciendo de dos veces refugiados, se cuentan entre los más vulnerables debido a su estado jurídico. Nos encontramos ante un grupo poblacional sin los mismos derechos que el resto de refugiados. Este estado jurídico, así como la aplicabilidad de la cláusula de exclusión, ha creado en muchos casos una oportunidad para la discriminación en países como Líbano, Jordania y Egipto.

Existe una necesidad de que los estados árabes y Turquía dejen de utilizar el derecho de retorno como una excusa para negar a los refugiados palestinos provenientes de Siria sus derechos fundamentales. Recordemos que la Resolución 194 de la ONU (incumplida por Israel) reconoce el derecho de los palestinos a regresar a su patria pero, con una Europa reticente a facilitar el reasentamiento en terceros países y la falta de una actuación más efectiva de la Organización de Liberación de Palestina, es difícil imaginar qué otra solución podría garantizar los derechos a los refugiados palestinos que huyen de una guerra que no es la suya.

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Olinta Lopez

Vive en Cairo (Egipto) desde 2014, donde ha hecho crecer a la familia. Con un perfil algo dispar, pero a su vez enriquecido por la variedad, es ingeniera técnica multimedia de base complementado con un MA en Relaciones internacionales. Actualmente trabaja como relaciones externas (comunicación y fundraising) en una pequeña ONG en el corazón de Cairo.


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