01/06/2020 BARCELONA

Las desigualdades de género en los movimientos migratorios

El creciente protagonismo de las mujeres en los movimientos migratorios (en general, para trabajar de modo precario como empleadas domésticas) hace necesario abordar este fenómeno desde un enfoque de derechos y de género y reconocer los beneficios de la relación entre migrantes y sociedad receptora.

La concepción tradicional de la migración ha omitido el papel de las mujeres en los movimientos migratorios. Ello se debe, principalmente, a que la división de roles de género que tiende a vincular a la mujer con el rol reproductivo -asociado a labores como el cuidado, la crianza y el trabajo doméstico-, ha generado la creencia de que ellas migraban acompañando a los hombres o para reunirse con ellos. Además, hasta finales de la década de los setenta existió una carencia histórica de datos desglosados que permitieran un análisis pormenorizado por género en los movimientos migratorios. Este hecho hace que no sea posible una observación histórica desde una perspectiva de género. Sin embargo, estudios más recientes como el Informe sobre la Migración Internacional de 2002 realizado por las Naciones Unidas han revelado lo contrario: las mujeres ocupan una proporción muy elevada en los movimientos migratorios.

La relación del género con la migración es algo relevante en las dinámicas migratorias. Tradicionalmente, han existido limitaciones a la movilidad femenina, como son unas mayores obligaciones familiares y restricciones para la adopción de decisiones y para el manejo de finanzas. Ello tenía como consecuencia que una menor proporción de mujeres migrara. Sin embargo, el desempleo, los bajos salarios, la pobreza, el deseo de ampliar horizontes y la falta de oportunidades económicas y sociales en sus países de origen han hecho que la presión de las mujeres para migrar y buscar nuevas estrategias de supervivencia aumentara exponencialmente.

En la década de los 80, la crisis de la deuda soberana provocó una drástica disminución del gasto social en muchos países en desarrollo, que hizo a su vez que muchas mujeres tuvieran que incorporarse al mercado laboral. Muchas de ellas, al no encontrar oportunidades en sus lugares de origen, migraron hacia otros lugares. En otros casos, las hambrunas, las guerras y las catástrofes provocaron migraciones masivas tanto de hombres como de mujeres. De este modo, además de aumentar la participación de las mujeres en los movimientos migratorios, aumentó también su participación en el mercado laboral. Con ello, se dio una situación compleja: por un lado, mayor proporción de mujeres se insertaron en el mercado laboral (asumiendo un rol productivo), pero por el otro, siguieron ejerciendo labores propias del rol reproductivo, como cuidado de ancianos, niños y niñas.

Trabajadoras migrantes filipinas. Fuente: Wikipedia


En la actualidad se habla de la feminización de la migración, referida al aumento de la participación de las mujeres en los movimientos migratorios. Desde 1960 a 2000, la participación de las mujeres en las migraciones pasó del 46,6% del total mundial al 48,8%. En el caso de las migraciones a los países más desarrollados, el porcentaje de mujeres ascendió desde el 47,9% hasta el 50,9%, lo que indica en estos países ya son mayoría las mujeres migrantes. Si bien el porcentaje de mujeres varía mucho en función del país de origen, en algunos suponen entre el 70% y 80%. Esta tendencia sigue aumentando, debido al incremento del número de hombres en países en desarrollo que no pueden ejercer sus roles tradicionales de proveedores económicos. No obstante, la feminización de la migración no se refiere solamente a un predominio absoluto de la participación de las mujeres en este fenómeno, sino a una tendencia y un cambio en las relaciones de género asociadas a la migración.

Feminización de la migración y desigualdades de género

Las relaciones de género tienen gran influencia en la migración, pues muchos de sus patrones, causas, procesos e impactos están condicionados por estas. Si bien los análisis tradicionales no tenían en cuenta estas relaciones y asumieron que las mujeres migrantes eran migrantes secundarias (suponiendo que su motivación era acompañar a sus maridos o la reunificación familiar); los últimos estudios muestran una tendencia contraria: la mujer migra para trabajar y asumir de forma más notoria funciones productivas. El género influye en todas las prácticas sociales, económicas y culturales así como en las instituciones. Por ello, el análisis de la migración con un enfoque de género parte de que las relaciones de género influyen en las características y la conformación del fenómeno migratorio. De hecho, y como se explica a continuación, el género influye de manera significativa en la migración, aunque de forma compleja y, en ocasiones, contradictoria.

Recordemos que en la teoría de género, las sociedades patriarcales se caracterizan por una marcada división sexual del trabajo, que asigna roles diferenciados a cada género. Estos roles determinan las expectativas, acciones y normas que una sociedad asigna para cada persona en función de su sexo. El género femenino se asocia con una predominancia del rol reproductivo, relacionado con el  sustento emocional, la crianza y el cuidado (en el ámbito privado y doméstico). El género masculino, en cambio, se relaciona con un rol productivo, asociado al sustento económico y al trabajo remunerado (generalmente en el ámbito público). El rol comunitario, que se refiere al trabajo en beneficio de la comunidad, estaría compartido por ambos, aunque las mujeres asumirían fundamentalmente labores sociales, de cuidado y/ o educativas, y los hombres, tareas administrativas. Gran parte de las personas que migran provienen de sociedades patriarcales tradicionales en las que la división sexual del trabajo es todavía muy acusada. Ello hace que, necesariamente, el análisis de la migración desde una perspectiva de género se centre en estos roles.

En general, se podría pensar que un aumento en la participación de las mujeres migrantes tendría el potencial de alterar el equilibrio de roles tradicionales y característicos de las sociedades patriarcales. La alteración de estos roles tendría como consecuencia una mayor autonomía económica de las mujeres, quienes ya no dependerán de sus maridos o compañeros para su sustento económico. Esto tendría, por tanto, un efecto emancipador para las mujeres. Si bien esta suposición parece darse en algunos casos, los efectos de la migración en las relaciones de género parecen ser más complejos y contradictorios.

Trabajadoras domésticas filipinas. Fuente: OIT en Asia y Pacífico /Flickr


Las situaciones de clandestinidad en las que se dan muchos de estos desplazamientos y la irregularidad de los trabajos que asumen estas mujeres pueden aumentar su vulnerabilidad y, con ello, las situaciones de discriminación. Además, gran parte de las mujeres migrantes acaban trabajando en el servicio doméstico. La migración organizada de mujeres para el matrimonio forzado o concertado es otro de los casos donde se dan violaciones de derechos. Es por todo esto que existe una contradicción en la que, por un lado, las mujeres pueden aumentar su independencia y, por el otro, son dependientes respecto a factores externos como los permisos de residencia, trabajo o el empleo.

Además, el machismo afecta especialmente a las mujeres migrantes haciéndolas mucho más vulnerables. Debido a las desigualdades de género y a la clandestinidad que caracteriza muchas de las travesías que realizan en busca de una vida con mayores oportunidades, están más expuestas a abusos sexuales, explotación sexual, trabajo forzado, feminicidio o en general, discriminación de género. Como dato, se estima que entre 200.000 y 500.000 mujeres trabajan en la industria ilegal del sexo, sólo en Europa.

Los victimarios pueden ser tan variados como los miembros de las redes de tráfico de personas, las autoridades migratorias, la policía, otros migrantes, delincuentes comunes u otras mafias asociadas al fenómeno migratorio. En el caso de la migración forzada (refugiados), la vulneración de derechos puede llegar a ser incluso más acusada, dado que las condiciones en las que las personas huyen de catástrofes, guerras y situaciones de violencia pueden ser más precarias. En estos contextos las desigualdades de género llegan a tomar formas perversas, donde mujeres, niños, niñas y adolescentes sufren las peores consecuencias.

Otras repercusiones de la feminización de la migración

Aunque la feminización no parece alterar los roles y estereotipos de género, los últimos estudios muestran un aumento de mujeres migrantes que trabajan en empleos cualificados. El informe sobre el Estado de la Población Mundial de 2006 (UNFPA por sus siglas en inglés), informó de que el aumento de mujeres profesionales que viajan al extranjero estaba aumentando. Como ejemplo, en este informe se indica que, desde el año 2000, en Suecia, Finlandia y Reino Unido una cuarta parte de las mujeres migrantes han trabajado en los sectores de educación y salud.

Enfermeras, científicas, trabajadoras de fábrica, técnicas, empresarias y maestras extranjeras son cada vez más demandadas, y por ello, son más comunes en los movimientos migratorios. Las mujeres profesionales perciben salarios mucho más altos y condiciones laborales mucho mejores que sus congéneres que trabajan en la economía informal, lo que puede mejorar sustancialmente sus condiciones de vida y la de sus familias. Sin embargo, como indica el Informe antes mencionado, en estos casos también abundan abusos como retención de salarios, deudas con las agencias de empleo, pagos insuficientes, explotación y falta de acceso a servicios de salud, entre otros.

Al igual que los hombres, las mujeres migrantes envían grandes cantidades de remesas de dinero a sus lugares de origen, aliviando situaciones pobreza. Sin embargo, a diferencia de los hombres, estudios realizados indican que las mujeres envían mayor proporción de sus ingresos, regular y sistemáticamente, a pesar de percibir salarios menores y trabajar en condiciones más precarias. Ello hace pensar que el impacto de las mujeres en el desarrollo y la reducción de la pobreza de sus países de origen sería aún mayor si no estuvieran sujetas a condiciones de discriminación de género.

Trabajadora de la salud enseña a mujeres rurales a proteger su salud. Fuente: Public Domain Images.
Trabajadora de la salud enseña a mujeres rurales a proteger su salud. Fuente: Public Domain Images.


Además de las remesas económicas, las remesas sociales –entendidas como ideas, conocimientos, actitudes, educación, cultura y formación de capital humano- que estas mujeres aportan son significativas. Debido a la interacción con sus lugares de origen y su papel de proveedoras económicas, estas mujeres pueden definir una nueva idea de lo que significa ser mujer: su poder de negociación y reconocimiento en sus hogares originarios aumenta y con ello, proyectan una imagen de autonomía y empoderamiento que en muchas sociedades tradicionales no es común. No obstante, este efecto puede ser contradictorio y pueden ser culpadas de abandono familiar.

En cualquier caso, estas mujeres suelen adquirir opiniones y actitudes que tienden a romper con esquemas tradicionales, lo que puede redundar tanto en mejorar la salud de la familia de origen (debido a la exportación de mejores hábitos en salud), como nuevas ideas sobre su papel en la sociedad. Otro efecto de la feminización de la migración son las redes de mujeres migrantes. Estas redes transfieren conocimientos prácticos y recursos además de promover la transformación de ideas tradicionales sobre los roles de género, lo que también puede suponer un motor de cambio.

Por último, es importante mencionar los efectos demográficos tanto en los países de salida como de llegada. Dado que generalmente las mujeres que migran son jóvenes, en los países de salida disminuye la población de mujeres en edad reproductiva, por lo que ello alivia la presión demográfica (si existe sobrepoblación), y en los países de llegada, aumenta el número de mujeres en edad reproductiva, con lo que puede ser favorable en situaciones de envejecimiento de la población.

Políticas migratorias discriminatorias

Es claro que la feminización de la migración está relacionada con las relaciones de género y que a su vez influye en éstas. Influencia que se ve condicionada por las políticas migratorias tanto en los países de origen como de llegada.

Por un lado, unas políticas migratorias restrictivas y discriminatorias en los países de llegada reducen los flujos de migración legal, alimentando la migración clandestina, donde ocurren muchas de las violaciones de derechos de las que son víctimas las mujeres migrantes. Por otro lado, la discriminación hacia la mujer, común en muchos de los países de salida, y la falta de control respecto a las mafias de trata de personas colocan en una situación de desventaja y de vulnerabilidad a estas mujeres. Mayores peligros, mayores costos, menos beneficios, falta de información, de protección y de medidas para la migración legal alimentan la clandestinidad y la ilegalidad. Además, las leyes laborales tienden a excluir algunos sectores feminizados, como ocurre con las trabajadoras domésticas, y las convocatorias para trabajadores transitorios o temporales tienden a excluir a las mujeres. Por último, la falta de políticas con sensibilidad cultural puede acrecentar estas situaciones.

Unas políticas migratorias y de asilo que protejan a las mujeres podrían ayudar a mitigar los riesgos la migración tiene para estas. Sin embargo, dado que se trata de un fenómeno transnacional, es necesaria la cooperación internacional, tanto a nivel bilateral, multilateral como regional. Aunque la migración ha sido incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (objetivos 8 y 10) dentro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible), y las necesidades y derechos de las mujeres migrantes fueron contemplados en Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) de 1994 y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing en 1995, los avances han sido insuficientes. La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares de 1990, además de tardar 13 años en entrar en vigor, no ha sido firmada ni ratificada por gran parte de los países receptores de migración.

Se hacen necesarios un mayor número de estándares y políticas mundiales que tengan en cuenta las características de género en la movilidad de las personas, y puedan proteger efectivamente los derechos humanos de migrantes, personas refugiadas y de sus familias. Para ello, es importante abordar el fenómeno desde un enfoque de derechos que tenga sensibilidad de género, y que además, se reconozcan los beneficios de la relación entre migrantes y sociedad receptora.

 

Esta es una explicación sin ánimo de lucro. 

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Ander Arcos

Bilbao. España. Actualmente reside en Colombia. Es licenciado en sociología y máster en Cooperación Internacional para el Desarrollo por la Universidad del País Vasco. Ha trabajado para el Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD) y como consultor en diferentes proyectos sociales operados para entidades como el PNUD y EuropeAid. Tiene experiencia trabajando en proyectos de Acción Integral Contra Minas Antipersonal (AICMA), en proyectos educativos y en proyectos orientados al uso de las TIC con fines de desarrollo social. Actualmente se encuentra realizando un máster en Derechos Humanos por la Unibersitat Oberta de Catalunya (UOC) y trabaja como consultor para la Campaña Colombiana Contra Minas. https://www.linkedin.com/pub/ander-arcos/53/b00/a93


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