13/08/2020 BARCELONA

Ruanda, 20 años después
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Hoy, recordamos lo acaecido en Rwanda hace veinte años. Uno de los eventos más sangrientos en la historia de la humanidad adquiría vigor bajo la displicente mirada internacional. En su vigésimo aniversario, el mundo recuerda.

¿Qué ocurrió exactamente en Ruanda?

El genocidio en Ruanda es uno de los episodios más atroces en la historia del mundo. Este triste periodo tiene como antecedente una guerra civil, que se potenció durante el gobierno autoritario de los hutus. Desde octubre de 1990 comenzó la lucha armada de la liberación. A partir de ese momento, los tutsis del FPR conciben el enfrentamiento armado como la opción más viable para derrocar al régimen hutu y alcanzar sus objetivos.

Cabe recordar que -durante un considerable periodo de tiempo- los líderes políticos del país provenían de la minoría tutsi. Su pertenencia a la elite política se explica por el colonialismo belga: el dominio europeo en Ruanda tuvo como principal consecuencia la estratificación social. Es indiscutible que la segmentación política, económica y cultural favoreció la noción popular de la superioridad tutsi. Y con ello, la polarización y odio necesarios para agitar el clima.

El conflicto comenzó como consecuencia de un evento particular: el asesinato del presidente Juvenal Habyarimana (miembro de la mayoría hutu),

Radio Télévision Libre des Mille Collines [Foto: Kigali Wire via Flickr]
Radio Télévision Libre des Mille Collines [Foto: Kigali Wire via Flickr]

 mientras se trasladaba en avión con el máximo representante de la República de Burundi. El hecho –ocurrido el 6 de abril de 1994- fue el punto de inflexión que cambió el curso de la historia del país. Ante la mirada pasiva del mundo, Ruanda se convirtió en un campo de batalla, en donde se robó la vida de miles de inocentes. Más de 800.000 personas murieron durante los cien días que duró el genocidio. La masacre mermó la población ruandesa en casi un 15%.

Existen quienes sostienen que fue una matanza meticulosamente perpetrada. Pero hay pocas pruebas que determinan su planeamiento: ejemplo de esto puede ser la propaganda racista e incitación a la violencia que –durante los meses previos al hecho- fueron promovidas y orquestadas por la Radio-Télévision Libre des Mille Collines (RTMC). Sin embargo, no debemos dejar de reconocer que durante este periodo de tiempo se erigió un Estado, un grupo de inteligencia y todo un aparato administrativo y técnico al servicio del exterminio de una considerable parte de la población. Algo inconcebible en cualquier momento de la historia, pero aún más objetable durante la contemporaneidad.

El genocidio alcanzó su final hacia el mes de julio, cuando los rebeldes del Frente Patriótico Ruandés tomaron la capital y lograron obtener el control del país. El líder de estas fuerzas, Paul Kagame, es el actual presidente de la nación.

Francia, ¿Estado cómplice?

La principal denuncia hacia Francia hace referencia a su apoyo a las fuerzas armadas hutus, antes y durante el genocidio. El gobernante francés de aquel entonces –François Mitterrand- fue acusado de tener total conocimiento de la situación, y de armar a la población hutu. Dichas acusaciones siempre han sido refutadas por el gobierno francés. Sin embargo, los hechos indican que Francia envió a soldados con la explícita misión de auxiliar al ejército ruandés (FAR) frente a la rebelión tutsi durante los primeros años de la guerra civil (de 1990 a 1993), mediante la provisión de armamento, educación militar y asistencia técnica. Con el “franco- apoyo”, el ejército ruandés luchó contra la rebelión tutsi que se produjo dentro de sus filas, y se preparó para una confrontación aún más grande.

Quizás intencionalmente, quizás sin darse cuenta, Francia formó de forma directa a los perpetradores del genocidio. Y esto alude a una posible responsabilidad internacional de los líderes de la época.

También es controvertida la Operación Turquoise, una misión humanitaria enviada bajo mandato de la ONU, y cuyo objetivo esencial era el de crear dentro de Ruanda una zona humanitaria segura para las víctimas. A pesar de ello, han surgido algunos testimonios que podrían oscurecer su accionar.

¿Qué responsabilidad tiene la ONU?

Fotografías de víctimas [Foto: Adam Jones via Wikimedia]
Fotografías de víctimas [Foto: Adam Jones via Wikimedia]

Sin despreciar la incuestionable responsabilidad de la Interahamwe, existe quienes sostienen que la complicidad y desdén de las principales organizaciones internacionales también coadyuvaron a que el genocidio se perpetúe en el tiempo. Tal como menciona el informe Entre las Sombras de Ruanda: Desmitificando la Actuación de Naciones Unidas ante el Genocidio de 1994, existe la convicción de que “en la memoria histórica de la opinión pública internacional se encuentra grabado el genocidio de Ruanda de 1994 como un fatídico desacierto para la Organización de las Naciones Unidas”.

La organización ha admitido su abulia y fracaso al no poder detener o prevenir la matanza a pesar de la presencia de cascos azules en Ruanda (operación UNAMIR). En un intento de redimirse, la ONU ha incentivado el “Programa de Divulgación sobre elgenocidio en Ruanda y las Naciones Unidas”, que busca “movilizar a la sociedad civil en pro del recuerdo de las víctimas y la educación sobre el genocidio de Ruanda, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”.

Sobre el proceso de reconciliación y justicia

Veinte años después del genocidio, vestigios de la violencia e injusticia continúan presentes entre los ruandeses. Sin embargo, la reconciliación es un proceso palpable, y adquiere cada día mayor relevancia. Esto es posible –por una parte- gracias a organizaciones sin fines de lucro que luchan por promover equidad y transparencia; y –por otra parte- como producto del trabajo sistemático que instituciones internacionales han realizado. A continuación, realizaremos una evaluación de la labor de algunos de estos organismos.

La labor del Tribunal Penal Internacional para Ruanda

TPIR [Foto: International Criminal Tribunal for Rwanda via Wikimedia]
TPIR [Foto: International Criminal Tribunal for Rwanda via Wikimedia]

En el seno del Consejo de Seguridad, en 1994, se dictaminó la creación del Tribunal Penal Internacional para Ruanda(Resolución Nº 955). Este organismo fue establecido para enjuiciar a los presuntos autores y promotores del genocidio. Hasta ahora, ha juzgado 65 casos, y ha pronunciado veredictos ejemplarizantes. Sin embargo, puede pensarse que la tarea del TPI quizás no desarrolló su máximo potencial, debido al accionar complementario del sistema judicial nacional y del sistema de tribunales “Gacaca”. La simultaneidad de todas estas estructuras legales puede generar discrepancias y solapamiento en las investigaciones y condenas.

Además, –cabe destacar- el Tribunal se ha enfrentado a otros desafíos. La falta de cooperación con las autoridades nacionales, la poca efectividad de las indagaciones, la inadecuada infraestructura técnica-administrativa y las denuncias sobre una justicia “parcial” oscurecen todo el proceso de búsqueda de justicia por las atrocidades cometidas.

Labor de la Comisión Nacional de Unidad y Reconciliación

Creada en 1999, las principales tareas que ha realizado incluyen la formulación de seminarios; organización de cumbres nacionales, investigación sobre los hechos acaecidos; y la puesta en marcha de dos importantes programas: el Ingando y el Itorero.

Sin desprecio de su rol social y comunitario, la Comisión no ha alcanzado grandes éxitos. Según un informe provisto por el Instituto de Justicia y Reconciliación, la misma carece de las herramientas necesarias para comprobar y dar seguimiento a los resultados de su trabajo; y cuenta con una débil capacidad de investigación y análisis. A pesar de su infrautilización y falta de progresos en áreas críticas, la Comisión ha desarrollado considerables avances en tres áreas específicas: movilización ciudadana; mediación de conflictos y apoyo a las comunidades.

Palabras finales

La memoria es nuestra más importante herramienta. Gracias a ella podemos comprender los errores del pasado y prevenir su repetición en el futuro. Es la memoria la que hará que las sociedades –especialmente en Ruanda- aprendan qué tan fácil es cruzar los límites y llegar a circunstancias tan tristes. Este genocidio ha sido uno de los hechos más atroces en la historia moderna. Y –aun así- también ha sido uno de los menos conocidos.

Es necesario que la humanidad aprenda sus lecciones. Y esto es particularmente imperioso para la sociedad ruandesa. Siendo aún una nación dividida en dos pueblos, precisa hoy más que nunca de la ayuda de la comunidad internacional para volver a ser una. La pregunta es, ¿está el mundo preparado para hacer su parte?

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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Carolina Galloso

Rosario, Argentina. Estudiante avanzada de la carrera Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario. Redactora de contenidos políticos y económicos. Apasionada por asuntos de seguridad, paz y derechos humanos. Comprometida con la labor de divulgación de información y el análisis político. Directora del Instituto de Seguridad Global Argentina. Directora de la revista especializada Acontecer Mundial, y redactora en el diario Es Tiempo de Libertad. Correo: [email protected]


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