24/02/2020 BARCELONA

Mujeres atacadas con ácido: marcadas de por vida

En los últimos años cada vez son más los casos de mujeres que han sido atacadas con ácido, una práctica muy habitual en Oriente Medio y Norte de África, en el sureste de África, en la África subsahariana y también en India. Hoy por hoy esta práctica también se está extendiendo en América Latina.


En los últimos años cada vez son más los casos de mujeres que han sido atacadas con ácido, una práctica muy habitual en Oriente Medio y Norte de África, en el sureste de África, en la África subsahariana y también en India. Hoy por hoy esta práctica también se está extendiendo en América Latina.

“Los motivos más frecuentes para estos ataques son el rechazo por parte de las mujeres a las insinuaciones sexuales o las ofertas de matrimonio”, dice John Morrison, director de ASTI (Acid Survivors Trust International), una organización que investiga estos casos dramáticos, que en el mundo alcanzan los 1.500 al año. Esta misma organización destaca que el 80% de las víctimas de los 1.500 casos que se dan al año, son mujeres, y en el 90% de las veces, hombres los que arrojan el ácido.

Como señala Morrison, la mayoría de los atacantes son hombres y entre sus razones destacan la supuesta infidelidad, no obedecer al marido, o haber tratado de romper la relación. Además, el uso de esta práctica tiene doble intención: no sólo el daño que van a causar a la víctima, sino además el saber que se tratará de un estigma para ellas de por vida pues las consecuencias en la piel son muy difíciles de reparar y permanentes. De hecho, muchas de las víctimas están condenadas a largas sesiones de cirugía que pueden durar incluso años.

Es por esta razón que además de las físicas, las consecuencias psicológicas son también terribles para las víctimas, siendo así muy alto el número te intentos de suicidio de las personas supervivientes de un ataque de ácido.

Foto: Gloria Piamba, superviviente al ácido / Reuters.

En América Latina hoy por hoy se conocen algunos casos. Uno de ellos fue el de Gloria Piamba en Colombia. En diciembre del 2010, esta vendedora ambulante de 25 años sufrió un caso aberrante de violencia de género a manos de su ex-pareja, Édgar Pinto Valbuena. Éste la buscó con la propuesta de una reconciliación en la noche de Navidad. Ante el rechazo, intentó agredirla con un puñal. No lo consiguió pero antes de irse le dijo: “Si no eres para mí, no lo serás para nadie. En tu cara me voy a cagar y con la ley me voy a limpiar el culo”. Poco después un desconocido del que sólo ha quedado un vago retrato robot, le lanzó un líquido que le afectó la sien izquierda, un ojo, la nariz y el mentón. “Sentí que me estaban prendiendo fuego”, recuerda ella. La mujer asegura que las autoridades no la protegieron pese a que durante varios años había denunciado los maltratos.

Desde entonces, Gloria reconoce que muchas veces al confrontarse con el espejo ha pensado en quitarse la vida porque “esta vida ya no vale la pena”. Con los años ahorró y compró un par de máquinas de coser para vivir como confeccionista. Sin embargo todavía de vez en cuando su tranquilidad es alterada por su expareja -quien está libre y sin ningún cargo en su contra pues nunca se puedo saber quien le lanzó el ácido-. La llama para decirle: “¡Si ves lo bonita que quedaste!”.

Foto: Ameneh Bahrami / Lluis Gene para AFP

También existen otros casos muy sonados como el de Ameneh Bahrami en Irán, quien fue rociada con ácido por su agresor tras rechazarle en el 2004. Tras el ataque se quedó ciega y desde entonces ha tenido que pasar por el quirófano en 24 ocasiones distintas. En el 2007 Ameneh Bahrami volvió a Irán para pedir “justicia retributiva” la cuál es legal en el país, por el ataque que Majid Movahedi le había infringido. Su idea inicial era “vengarse” y castigarle a sufrir los mismos daños que ella había sufrido, es decir, que le rociaran con ácido. El gobierno iraní puso reticencias al principio pero finalmente llegó a aceptar la petición, siendo denunciado así por numerosas organizaciones como Amnistía Internacional. Sin embargo, en el 2011 Ameneh Bahrami cambió de opinión y perdonó a su agresor. Majid Movahedi continua a día de hoy en prisión.

Estos son tan sólo dos de los 1500 casos que se suceden anualmente en el mundo. Y lo peor es que como vemos con el caso de Gloria Piamba, en muchas ocasionesla justicia ni castiga al agresor ni protege a las víctimas, a pesar de que ellas quedan marcadas de por vida.

Foto de portada: “Konolla recibiendo un tratamiento en el Hospital gracias a ASTI. Fue atacada por su marido al negarse a darle permiso para casarse con una segunda mujer” / Andrew Testa.

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Mikel Secada

Emprendedor por naturaleza. Periodista de vocación. Dirijo teknomarketing y colaboro con medios digitales (Exekuo, lacuestion.es o Neupic). Apasionado con las nuevas tecnologías, en constante investigación y puesta al día.


One comment

  • Vitto Castaldi

    23/03/2015 at

    Para que se presenten estos casos de ataques con ácido hacia las mujeres es porque ocurre algo en común en estos países como Irán y Colombia. La justicia es extremadamente laxa, benevolente y casi nula con los criminales e implacablemente torpe, lenta e inexistente con las personas que buscan reivindicar sus derechos. No hay voluntad de cambio en sus autoridades

    Reply

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