13/08/2020 BARCELONA

¿Qué responsabilidad tienen las agencias de calificación de deuda en la crisis europea?
Raymond McDaniel, presidente de Moody's, y Kathleen Corbet, expresidenta de S&P. / M.GOLDEN (BLOOMBERG)

Las Agencias de Calificación crediticia han tenido un claro protagonismo en los medios de comunicación al ponerse en entredicho la imparcialidad e independencia de su ejercicio. La Unión Europea ha sido particularmente beligerante con las tres grandes. Hoy analizamos cuál ha sido su responsabilidad ante la crisis europea.

Cuando se hace referencia a las agencias de calificación de deuda, la mayoría de las veces hacemos alusión a las tres compañías más importantes del sector: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. Ante la ausencia de una agencia europea de calificación, estas tres empresas estadounidenses controlan alrededor del 90 % del sector. Puede considerarse, por tanto, la defensa de los intereses del dólar de Estados Unidos, en detrimento del euro, como línea directriz de las estrategias que siguen estas agencias. Aunque sus calificaciones se siguen teniendo en cuenta en el mercado financiero, estas compañías han sido condenadas por los países del G-20. El descrédito de dichas compañías, por varias razones, es evidente cuando recordamos que éstas valoraban positivamente a Leman Brothers justamente antes de su debacle.

Las agencias de calificación de deuda cuentan con libertad para calificar productos financieros tanto de empresas privadas como del sector público, como es el caso de Estados o administraciones regionales. Cuando una entidad solicita a estas empresas que evalúen la deuda que van a emitir para financiarse, estas agencias pueden aumentar o disminuir la calificación dependiendo de sus intereses, favoreciendo el papel del dólar estadounidense como moneda de reserva internacional y atacando al euro, una divisa que, según el Banco Mundial, acompañará al dólar y al renminbi como monedas de reserva.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acusó a las agencias de calificación de contribuir a la inestabilidad financiera, por lo que pidió a sus Estados miembros que mejoren la transparencia y reduzcan los conflictos de interés en estas empresas. En muchos casos, estas compañías, por su propio interés, necesitan valorar con la mejor calificación a sus clientes ya que, de esta manera, podrán seguir contando con ellos. Según un informe del Banco Central Europeo (BCE), las agencias de calificación de riesgo asignan una calificación superior a los grandes bancos y a las instituciones con más posibilidades de proporcionar un importante negocio.

Últimamente se han producido algunos casos conflictivos entre algunos Estados y estas agencias de calificación. Standard & Poor’s perdió un juicio contra Australia por una serie de calificaciones “AAA” realizadas antes de la crisis que, según el Tribunal Federal de Australia, se llevaron a cabo de forma “engañosa y falaz”, tergiversando, por tanto, los productos que podían ser objeto de los inversores. Por otra parte, Italia ha pedido que se enjuicie a algunos responsables de Standard & Poor’s y de Fitch por manipular el mercado. En este caso, estas agencias son acusadas de rebajar la calificación de la deuda soberana italiana con el fin de desestabilizar la imagen del país en el mercado financiero y debilitar el euro.

El pasado mes de octubre, la agencia Standard & Poor’s decidió hundir la calificación de la deuda española a largo plazo a “BBB-”, que a su vez había bajado en abril de “A” a “BBB+”. La primera vez, la agencia alegó que bajaba la calificación por el riesgo al deterioro presupuestario en España, no sólo como causa de la contracción de la economía, sino también por el riesgo a un mayor apoyo económico y fiscal a los bancos. En octubre, Standard & Poor’s dejó la deuda española a un escalón del llamado “bono basura”. En este último caso, la agencia consideró que las previsiones del Gobierno de España eran demasiado optimistas y que están creciendo las tensiones entre el Gobierno central y las regiones.

Siguiendo el ejemplo de España, vemos cómo la bajada de la calificación de las agencias es un círculo vicioso que no tiene fin si no vemos el problema desde una perspectiva europea en lugar de nacional. Una baja calificación de la deuda soberana provoca el alejamiento de un gran número de inversores de un determinado país, simplemente porque una compañía considera que un Estado tendrá más o menos dificultades para devolver el crédito prestado. Sin embargo, cuando las agencias disminuyen la nota del riesgo de la deuda, tan sólo están especulando con unas calificaciones, pero que tienen serias consecuencias de cara a las inversiones en este país. Por tanto, las consecuencias de una nota a la baja de un país serán, a su vez, las causas de la próxima disminución de la misma deuda soberana y que, de nuevo, volverán a tener repercusiones negativas en la economía del Estado en cuestión, continuando el ciclo de la misma manera y llegando, así, al “bono basura”. En ese momento, el Estado afectado verá que no sólo cae la valoración de su deuda, fruto de la especulación, sino que también cae el número de inversores por el miedo que las agencias de calificación han inculcado en estos acreedores. Además, puesto que los estatutos de los grandes inversores prohíben las inversiones en “bonos basura”, la recesión económica seguirá incrementándose. No es comprensible que las agencias de calificación hayan reducido la nota de la deuda española desde la “triple A” hasta situarla próxima al “bono basura” en tan sólo tres años.

Con el fin de dar un paso hacia una mayor control de estas agencias, el Parlamento Europeo ha llegado a un acuerdo con la Presidencia del Consejo de la UE, según el cual las agencias de calificación estarán obligadas a establecer un calendario para el anuncio de su calificación de la deuda soberana de los Estados miembros de la Unión Europea. Estos anuncios deberán realizarse al menos una hora antes de la apertura de las Bolsas o tras su cierre. De esta manera, se impone un mayor control sobre estas compañías y aumenta la transparencia de sus acciones.

Éste es un paso importante, pero no la solución final mientras estas agencias estadounidenses sigan manteniendo el monopolio en el sector. Por tanto, es necesaria una agencia de calificación europea. Las perspectivas del dólar estadounidense y del euro son las de compartir un escenario en el que ambas divisas convivan como monedas de reserva internacional. Por esta razón, esto debe reflejarse en la existencia de compañías por ambas partes y que no sólo defiendan los intereses de una de ellas. Una agencia europea eliminará el monopolio estadounidense y limitará considerablemente la especulación sobre los Estados europeos desde fuera de nuestras fronteras.

Artículo original de Rubén Ruiz para Statu Quo Diplomático.

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Rubén Ruiz

Statu Quo Diplomático es un blog gestionado por Rubén Ruiz que trata sobre la Diplomacia actual en la Unión Europea así como otros temas de análisis internacional vinculados con Europa y la Unión Europea.


One comment

  • Víctor O. García

    21/01/2013 at

    El problema de estas agencias no es que sean estadounidenses o europeas. El problema son las agencias mismas y sus socios locales. Los argentinos sabemos mucho al respecto, por crueles y dolorosas experiencias pasadas (pero no terminadas).

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