05/12/2020 BARCELONA

Espectacular reducción de la mortalidad infantil en África

La rápida reducción de la mortalidad infantil en África es un dato esperanzador. Debido a varias causas, introduce a varios países africanos en la transición demográfica. En este artículo podéis ver las causas y posibles consecuencias de esta buena noticia.

“16 de 20 países africanos que han tenido encuestas detalladas de las condiciones de vida desde 2005 muestran caídas en sus tasas de mortalidad infantil […]. Doce tuvieron caídas del  4.4% anuales […]. Tres países – Senegal, Ruanda y Kenia – han tenido caídas de más del 8% anual. […] Estos tres tienen ahora los mismos niveles de mortalidad infantil que la India, una de las economías más prósperas en el mundo durante la última década.” The Economist, 19/05/2012

El descenso de la mortalidad infantil en África debe entenderse en el contexto de la transición demográfica, condición necesaria (pero no suficiente) para conseguir el desarrollo de una región. La transición demográfica tiene unas fases consensuadas: partiendo de unas altas tasas de natalidad y mortalidad, llega el momento en que esta última empieza a decrecer por causas que luego comentaremos. Después de un periodo determinado de tiempo, las tasas de natalidad también disminuyen. Este proceso continua hasta que se vuelven a estabilizar a unos niveles de crecimiento necesariamente inferiores a los iniciales.

La mayor parte de las sociedades occidentales han pasado esta transición y son ya ‘maduras’. Los países en desarrollo y regiones periféricas están en distintas fases del proceso. En este caso, África en su conjunto está en una fase inicial. Los datos no dejan lugar a dudas: varios países africanos han conseguido reducir las tasas de mortalidad infantil a menos de la mitad en los últimos 20 años, como Eritrea, Madagascar, Níger y Tanzania. La mayor parte de países africanos han empezado tarde la transición demográfica, pero muestran una velocidad superior que en muchas otras regiones en otras épocas. Es posible que no se llegue a cumplir el Objetivo de Desarrollo del Milenio 4 (ODM4) de reducir la mortalidad infantil en dos tercios en 2015 en relación a los niveles de 1990[1], pero los resultados están asombrando a muchos analistas.

Reducción de la mortalidad infantil: dónde y cómo

La mortalidad infantil se mide como el número de niños menores de 5 años que mueren por cada 1.000 nacimientos. En África, el descenso se ha dado en todas las regiones, países cristianos o musulmanes, grandes o pequeños, desde Etiopía en el este hasta Senegal y Nigeria en el oeste, pasando por Kenia y Ruanda. Esta caída es mucho más rápida que en períodos comparables en Vietnam, China y la India, y más importante si tenemos en cuenta que alrededor del 70% de las muertes infantiles se dan en África y el Sudeste asiático

En África Subsahariana, el problema de la mortalidad infantil ha estado históricamente muy presente. En lugares como Níger las mujeres llegan a tener más de 7 niños de media, en Angola 5,54, en Sudán 4,17, pero muchos de estos niños mueren cuando son todavía muy pequeños por las enfermedades y la falta de atención primaria. Hay diferencias marcadas entre los países, lo cual puede deberse a distintos modelos tradicionales de familia, al acceso a infraestructura médica como hospitales o parteras, a las situaciones de inestabilidad de determinadas zonas, condiciones económicas y muchos otros factores que sería imposible enumerar aquí. No obstante, en lugares como Malawi, por ejemplo, un país relativamente pequeño, ha pasado de una tasa de mortalidad infantil de 222‰ en 1990 a 92‰ en 2010, lo que significa una reducción de casi el 60%. O Níger, un país más grande y con un PIB menor que Malawi, que la redujo un 54%, de 311 a 143 menores por cada 1.000 nacimientos (en términos absolutos no son las tasas más bajas, pero sí de los descensos más acentuados).

Los avances tecnológicos y las redes de protección contra los mosquitos han contribuido a un fuerte descenso de las muertes a causa de malaria, por ejemplo. La mejora en los hábitos de higiene y alimentación, ya sea por mejor acceso a recursos o por campañas de sensibilización de organizaciones internacionales, han conseguido reducir los factores de riesgo asociados a desnutrición, diarrea e insalubridad. Vacunas, antibióticos y complementos alimenticios también ayudan a luchar contra esta mortalidad. Aunque las guerras y el VIH/SIDA siguen atacando a la población y son complejas de combatir, está claro que hay resultados claros.

Reducción consecuente de las tasas de natalidad

Hemos comentado que después de la caída en las tasas de mortalidad viene previsiblemente una caída en las tasas de natalidad. Si la tasa de supervivencia de los hijos aumenta, ya no es necesario tener tantos hijos para asegurarse la continuidad familiar, además de tener que repartir los recursos entre más personas a lo largo de los años y que el crecimiento económico asociado hará cambiar de incentivos, hábitos y valores. Los analistas también lo asocian a más democracia y una mejor gobernanza por la estabilidad que genera. Además, la clase media africana emergente quiere trabajar en la ciudad, vivir en un piso y tener un nivel de vida mayor al de sus padres, por lo que probablemente querrán tener no más de dos niños. Sin embargo, este cambio en la natalidad no se está viendo de manera amplia en África. Si bien Senegal, Etiopía o Ghana, por ejemplo, han conseguido reducir significativamente la fertilidad, Kenia y Uganda no la han reducido tanto. Malawi está alrededor de los 5 hijos por mujer, y Níger en más de 7. Aunque muchos países africanos gozan de un importante crecimiento económico, esta no es condición suficiente, e incluso a veces no necesaria, para ver cómo un país pasa su transición demográfica. La estructura y bases de este crecimiento y las medidas de igualdad en la población del país son también determinantes.

Gestionar el crecimiento de la población

La ONU espera que, mientras en 1990 la tasa de fertilidad del conjunto del continente era de 6 hijos por mujer, en 2030 sea que de 3, y en 2050 puede situarse por debajo de 2,5. Con estas previsiones, la población africana pasaría de los actuales 1.000 millones a unos 2.000 millones en 2050. Para tener una imagen clara: si en 1950 había dos europeos por cada africano, en 2050 puede haber dos africanos por cada europeo.

Si la mortalidad cae rápidamente, pero la natalidad no le sigue, la población crecerá más rápido. Esto puede tener varias consecuencias. Si este crecimiento se gestiona bien, se podrá aprovechar el llamado “dividendo demográfico”, como se hizo en Asia hace tiempo.

Este dividendo demográfico se da cuando el incremento en la población económicamente activa dinamiza la producción industrial y el país aumenta la productividad en conjunto, lo que viene a ser un desarrollo económico clásico. Esto sucede si se implementan las políticas adecuadas en un plazo de tiempo relativamente corto, una o dos décadas (revolución verde agrícola, freno al drenaje de recursos, etc).

 Sin embargo, si desde las instituciones públicas no se toman medidas, el resultado puede ser una gran bolsa de gente joven con ganas de trabajar pero frustrada y una población que va envejeciendo, lo que puede acabar en conflicto o en una situación de colapso, ya que los recursos (agua, tierra) no serán suficientes para el incremento de población, más teniendo en cuenta que ya hoy hay problemas para alimentar a todo el mundo[2].

 Por tanto, para muchos países africanos se acerca un momento crucial. El descenso en la mortalidad infantil es una muy buena noticia en sí, no cabe duda, pero debe acompañarse de medidas tanto para conseguir un descenso de los altos niveles de natalidad como para asegurar el acceso de la población a los recursos básicos y a las oportunidades de llevar una vida mejor. Es una muy buena oportunidad de la que hay que beneficiarse.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.



[1] Si se sigue la tendencia actual, este objetivo se conseguiría en 2038.

[2] Para más información ver “Miracle or Malthus?”, The Economist 17/12/2011

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Eva Valera

Barcelona, España. Licenciada en Ciencias Ecónomicas y con dos máster: uno en comercio internacional (del ICEX) y otro en economía internacional y desarrollo (UCM). He vivido en París, Toulouse y Cambridge, y ahora en Madrid. Con intención de acabar el doctorado algún día. Me apasiona África, leer noticias, ser fotógrafa urbana y el café.


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