30/11/2021 BARCELONA

“Quisimos vivir como tiburones…”

La novela negra es la cronista de los males de nuestro tiempo. "Con el agua al cuello", de Pietros Markáris nos zambulle de lleno en el drama griego con un endeudamiento público de 30.000 euros por ciudadano. Si Sófocles levantara la cabeza ...

Tercer año de recesión en Grecia. La deuda pública supera los 30.000 € por habitante y sigue su ascenso imparable, acabando con las tímidas esperanzas de recuperación económica y con el gabinete de Papandreu. En Atenas se suceden sin descanso las protestas ciudadanas contra las medidas de austeridad impuestas por la troika (la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo). Atrapada entre la espada del euro y la pared de los mercados, Grecia se entrega al doble ejercicio de sobrevivir y de buscar una explicación a la debacle.

Por un lado, el gobierno heleno avanza en la sucesión de recortes, aún a riesgo de deprimir todavía más la economía real. Se baja el sueldo a los funcionarios, se congelan las pensiones, se detiene la contratación del Estado y se reduce el sector público a través de privatizaciones. Se sube el IVA, se incrementan los impuestos especiales (carburante, tabaco, alcohol) y se crea una contribución sobre la propiedad inmobiliaria que grava el metro cuadrado y lo carga a la factura de la luz, disminuyendo así tanto el fraude – ¿quién esconde un metro cuadrado? – como el riesgo de impago – ¿a quién le gusta que le corten el suministro eléctrico?

Manifestaciones, huelgas y oligarquía

Por otro lado, la población encaja los golpes y los devuelve en la calle, manifestándose contra una casta política dominada por las familias de siempre a la que culpa de los males presentes. Fueron ellos quienes falsearon las cuentas, fueron ellos quienes nos metieron en el euro, fueron ellos quienes celebraron las Olimpiadas de 2004 y fueron ellos quienes compraron armamento a los vecinos europeos hasta situar el porcentaje de gasto en defensa en el doble de la media de la Unión. Fueron ellos y nosotros no lo vimos venir.

Menos condescendiente y posiblemente más realista parece la mirada sobre la situación griega que nos ofrece el escritor Petros Márkaris en su obra Con el agua al cuello, última entrega de la serie negra protagonizada por el Comisario Jaritos y primera novela de una trilogía dedicada a la crisis. Con un estilo irónico y ameno que emplea como excusa la resolución de una serie de crímenes en el sector financiero, Márkaris va soltando las pinceladas que acaban por dibujar un cuadro en el que prevalecen los tonos oscuros.

En el fondo del lienzo Atenas en el año 2010. Sobre él, un sistema económico cimentado en la demanda interna y en el endeudamiento respaldado por la fortaleza del euro, un sistema en el que “unos vendían tierras para comprar todoterrenos, otros se compraban las tierras aunque para ello tuvieran que pedir un préstamo”. En la siguiente capa, un funcionamiento apoyado en el reparto de favores que se extiende desde la más alta esfera política hasta el día a día ciudadano, donde a menudo se agiliza un trámite o una visita médica con el inevitable fakelaki (“sobrecito”). Un funcionamiento en el que el que un impuesto se percibe como un atraco por parte del Estado y en el que la economía sumergida se estima en un 30% de la actividad. En primer plano, el drama humano. Las quiebras personales, la persecución de los deudores, la inseguridad sobre el futuro, la miseria y depresión que arrastran a lo más hondo.

Mirado en su conjunto, el cuadro se muestra como una conclusión dura y fea, hecha de oportunidades perdidas y consentimientos tácitos. Una conclusión en la que no salen perdiendo los más culpables, sino los más débiles. Una conclusión de la que nosotros, países de la Europa meridional sólo podemos extraer lecciones. “Para los mercados financieros somos los PIIGS, los “cerdos”. Y cada cerdo debe ayudar a los demás, no hacerle la pelota a los tiburones. Quisimos vivir como tiburones y ahora estamos ahogándonos, porque los cerdos no saben nadar” sentencia Márkaris.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

 

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Diego Fernandez

Madrid, España. Doctor ingeniero de caminos por la UPC y estudiante de economía. Trabajo como consultor especializado en el ámbito de la movilidad y los transportes. Me apasiona la realidad y la capacidad de los seres humanos para interpretarla, modificarla y comunicarla. De aquí mi interés por la ciencia, la economía y la política. Email: [email protected]


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