15/08/2020 BARCELONA

Referéndum griego: cuidado, europeo ejerciendo su derecho a voto

El pánico desatado por el anuncio del referéndum griego sobre si aprueban o no los rescates demuestra la distancia entre la construcción europea y la sociedad. Independientemente del oportunismo político en el plano doméstico, una consulta popular sobre una cuestión que está provocando tantas divisiones sociales, no debería despertar tantas críticas.

No fue hasta el día 1 de noviembre, cuando los políticos griegos parecieron darse cuenta de que entre ellos y las decisiones políticas se encuentran millones de habitantes, a los que representan y los cuales sufren las repercusiones de estas decisiones. La propuesta de referéndum de ayer nos acerca a los principios más básicos de la democracia, demos-cratos, el poder del pueblo.

Independientemente del oportunismo político que esta acción pueda encerrar por parte del Primer Ministro griego Yorgos Papandreu, una consulta popular a aquellos ciudadanos que padecen y padecerán los costes de esos rescates europeos es, a simple vista, la decisión más democrática. Sobre todo, teniendo en cuenta las manifestaciones masivas, y en ocasiones violentas, que se han producido en el país oponiéndose a los rescates y a los planes de austeridad exigidos por la UE.

¿Los europeos al rescate de Grecia?

En 2009 empezaron las alarmas de que la crisis económica estaba afectando severamente a Grecia. Por aquel entonces la Canciller alemana Angela Merkel se opuso a la inyección de capital comunitario para solventar la crisis griega. En mayo de 2010 el FMI y la UE rescataban a Grecia con 110.000 millones de euros, acompañado de un severo plan de austeridad.

¿Pero realmente se estaba rescatando a Grecia o se estaba rescatando a los bancos? En una simple ecuación del importe del rescate por cada habitante griego (poco más de 11 millones), esto supondría un préstamo de 10.000 millones de euros más intereses por cada habitante. El rescate no pretende otra cosa que reducir el déficit mediante recortes en el gasto público, lo cual conduce a una reducción de la actividad económica, prolonga la recesión y el desempleo, y reduce el consumo y las rentas. Como consecuencia, menos ingresos en las arcas públicas, y de nuevo, más déficit.  Política neoliberal en su puro estado impuesto por la Alemania de Merkel y demás.

Cabe recordar aquí, que una suspensión de pagos descontrolada en Grecia afectaría enormemente a bancos franceses y alemanes, los más expuestos a la deuda soberana griega.

¿Y cuál ha sido el resultado del primer rescate? En primer lugar, que ahora Grecia no puede pagar lo que le han prestado. Y en segundo lugar, y el más importante, ¿qué efectos han tenido en la economía griega estos rescates? La tasa de desempleo griega ha subido de un 12’6% en Julio de 2010 a un 17’6% en el mismo mes de 2011, y la inflación se sitúa entre las más altas de los 27, cercana a un 5%, según datos de Eurostat. Sin bien estos no son los únicos datos económicos para valorar el alcance de los planes de rescate, sí es verdad que éstos son los que principalmente afectan la vida cotidiana de los ciudadanos de este país mediterráneo, lo cual explica la magnitud que han alcanzado las manifestaciones griegas contra estos rescates.

Los griegos no quieren ser rescatados

Según el último Eurobarómetro publicado en la primavera de 2011, sólo el 19% de los griegos encuestados pensaban que la recuperación comenzaría a producirse poco a poco, cuando la media de los optimistas entre los ciudadanos de la UE se situaba en un 43%. Esta encuesta demuestra lo poco que los griegos confían en que las medidas que se están tomando en su país sean las adecuadas.

Los portugueses se mostraban incluso más desconfiados que los griegos en este aspecto, donde el 15% se mostraban pesimistas en cuanto a que la recuperación fuera por buen camino, otro país europeo que también ha debido ser rescatado.

Episodios de protestas y manifestaciones contra los planes de austeridad se llevan repitiendo en las ciudades griegas desde que en mayo de 2010 el Primer Ministro Papandreu anunciara la cuarta ronda de medidas de austeridad. El 5 de mayo fue convocada una huelga general y manifestaciones que fueron seguidas por entre 100.000 y 500.000 manifestantes, según la fuente, sólo en la ciudad de Atenas. Las protestas finalizaron con graves episodios de violencia y decenas de detenidos. Coincidiendo con el debate en el Parlamento griego de un nuevo paquete de medidas, en mayo de 2011 se volvieron a concentrar los “indignados” griegos en la Plaza Syntagma de Atenas, expresando su oposición a que se volvieran a aprobar nuevas reformas en esta línea.

Ante estas movilizaciones populares, resultaría lógico pensar que sería positivo convocar a todos esos ciudadanos para que sean ellos los que decidan sobre asuntos que determinarán el futuro de su país en las próximas décadas.

 Cuidado, los europeos votan

El anuncio del referéndum por parte de Papandreu ha despertado críticas, amenazas y desastrosos vaticinios por parte de todos los líderes europeos. Tardaron poco en llegar los malos augurios sobre el “euro al borde del abismo”, la bancarrota de Grecia y con ella, de Italia, España y demás países europeos a la cola. “O el rescate o el caos”, han avisado Merkel y Sarkozy a Papandreu, mientras que El Presidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso se ha empeñado en advertir a Grecia que rechazar el plan de rescate supondría “consecuencias dolorosas para su población”.

Está claro que los líderes europeos se oponen a que los griegos sean cuestionados por su futuro, como han reclamado en las calles miles de ciudadanos, que no están tan convencidos como estos líderes europeos de que estas medidas sean la única solución.

Pero, ¿por qué la UE tiene tanto miedo a las consultas populares? ¿Por qué todos líderes políticos, grandes defensores de la democracia, se han opuesto a que los griegos voten “sí” o “no” sobre una cuestión que les afecta a todos?

Esa construcción europea que lleva los principios de libertad y democracia por bandera ha acabado siendo un proyecto de unas élites que pensaron que sería lo mejor para el pueblo. El pánico a las consultas populares demuestra lo alejado que está el gran proyecto europeo del ciudadano de a pie, que ha dado a menudo la espalda a esa gran “Unión” cuando ha sido consultados. Así fue cuando los irlandeses votaron sobre el Tratado de Lisboa, el único país europeo donde se realizó dicha consulta, o cuando holandeses y franceses dijeron “no” a la Constitución europea. Esto demuestra, en primer lugar, el déficit democrático actual en el seno de la construcción europea. En segundo lugar, que el gran proyecto no ha calado en la ciudadanía europea y quizás sea hora de que empecemos a plantearnos el porqué.

 Esta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


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