27/11/2020 BARCELONA

La “Spanish revolution” y la revolución de las cacerolas: ¿qué nos enseña el caso islandés?

¿Podemos sacar lecciones de la islandesa “revolución de las cacerolas”? Este artículo establece una comparación del movimiento 15M con los movimientos sociales islandeses.

La inspiración islandesa

La denominada Spanish revolution parece haber despertado a la adormecida sociedad española. Los que ayer parecían apáticos ciudadanos, aparecen hoy como un organizado movimiento con un poder de convocatoria y nivel de auto organización sin precedentes.

Como muestran algunas de algunas las consignas cantadas en las manifestaciones[1], y tal y como afirman los creadosres de la plataforma de una Democracia Real Ya ,  las protestas españolas se han inspirado en la “revolución de las cacerolas”, la serie de protestas que tuvieron lugar en la capital islandesa a finales de 2008 y principios de 2009 como reacción de a la crisis financiera.

España no es, por múltiples razones, Islandia. Pero sin duda hay ciertos paralelismos entre las protestas que tuvieron lugar en Islandia y las que se están desarrollando en España. Por ello, parece pertinente preguntarnos: ¿podemos aprender algo del caso islandés? ¿Qué tienen en común las protestas de los islandeses y las de los indignados españoles?

La crisis islandesa

Islandia era una de las economías más prósperas del mundo y tenía uno de los Estados sociales más avanzados, con una altísima renta per cápita y prácticamente pleno empleo. A mediados de la pasada década, la economía islandesa aparecía además como un modelo de los beneficios de la desregulación financiera, sobre todo por la expansión de la actividad exterior de sus bancos, como consecuencia del boom del crédito mundial.

Sin embargo, en octubre de 2008 Islandia se vio arrastrada por el tsunami de la crisis financiera mundial. Como consecuencia de la quiebra del sector bancario, principalmente a causa del caso Icesave, la economía del país sufrió un durísimo shock, lo que puso de manifiesto la fuerte dependencia de la economía islandesa del sector bancario. La que años atrás era un modelo, se había convertido en la primera víctima de la crisis financiera: Islandia tuvo que ser rescatada por el Fondo Monetario Internacional, convirtiéndose así en el primer país occidental que rescataba este organismo desde 1976.

Las primeras protestas comenzaron cuando, como consecuencia de las primeras medidas tomadas por el gobierno conservador ante la crisis y sus efectos en la economía del país, algunos indignados habitantes de la capital Reykjavik comenzaron a concentrarse frente al Parlamento. Pero poco después, cuando el gobierno propuso la nacionalización de la deuda del banco Lansbanki[i], miles de ciudadanos se sumaron a las movilizaciones y, lo que nació como un grupo de ciudadanos descontentos, se convirtió en pocas semanas en la denominada “revolución de las cacerolas”. Esta ola de protestas juntó todo tipo de tendencias políticas y personas y se perpetuó durante meses.

Como indica este artículo del periódico IcelandReview de octubre de 2008, el acento de las protestas estaba puesto en sanear el sistema político, expulsando a los elementos que, con su ineptitud y sus malas decisiones, llevaron al país a la quiebra. Se trataba principalmente de revitalizar una democracia que había sido vulnerada y devolver el control de las decisiones al pueblo. Así pues, las movilizaciones se centraron en lograr la dimisión del gobierno conservador, la puesta en marcha de un proceso para juzgar a los responsables y la organización de un referéndum para someter a la voluntad del pueblo la cuestión de la deuda. Tras meses de protestas, los manifestantes lograron sus objetivos.

Los logros de la revolución de las cacerolas:

  • La caída del gobierno: el primer gobierno que cae víctima de la crisis financiera mundial de 2008. Como consecuencia de las continuas manifestaciones y caceroladas que reflejaban el descontento popular, a finales de enero de 2009 el Primer Ministro se vio forzado a dimitir.
  • La disolución del Parlamento y la organización de Elecciones generales. El 23 de enero de 2009 se convocaron elecciones anticipadas, qué tuvieron lugar tres meses después. Como resultado de las elecciones, la Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda Verde formaron en abril un gobierno de coalición, liderado por la nueva Primera Ministra Johanna Sigurdardottir.
  • La puesta en marcha de dos referéndums para impedir la nacionalización de la deuda privada. El pago de la deuda contraída con Holanda y Gran Bretaña obligaba a las familias islandesas a devolver el dinero durante 15 años y con una tasa de interés del 5,5. Como respuesta a lo que consideraban unas condiciones abusivas, la población solicitó someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificar la ley, anunciando que habría una consulta popular.
  • Apertura de un proceso para dirimir responsabilidades y juzgar a los responsables de la crisis. Como consecuencia de las propuestas, el nuevo gobierno creado tras las elecciones inició una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comenzaron las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos, que fueron llevados al banquillo de los acusados para dirimir su responsabilidad en la crisis.

Lo qué está pasando en España

Aunque ahora nos suene un borroso y lejano sueño, hasta 2008 la economía española era considerada una de las más dinámicas de la Unión Europea. Pero como bien sabemos, la crisis económica de 2008 y 2009 trajo consigo el final del espejismo del éxito económico español: el modelo basado en el turismo, el boom inmobiliario y la construcción demostraba su debilidad y su vulnerabilidad. Una severa recesión, en la que destacan como punta del iceberg una tasa de desempleo que dobla la media europea y una serie de recortes sociales y políticas de austeridad, fueron las consecuencias más palpables de este descalabro económico.

Pero al contrario que el caso islandés, y a pesar de los duros recortes sociales puestos en marcha a lo largo de 2010, la sociedad española ha tardado en despertar. La huelga del pasado mes de septiembre, por ejemplo, no alcanzó el seguimiento esperado y los millones de afectados por la crisis, sobre todo los parados y los jóvenes, parecían estar aguantando sin inmutarse las reformas del gobierno.

Sin embargo, el pasado domingo 15 de mayo, decenas de miles de manifestantes se concentraron en más de 50 ciudades de toda España, lo que inició una ola de protestas y acampadas en grandes ciudades. Como indica Cristina Buhigas en un reciente artículo, hay una gran diversidad entre los protestantes. No obstante, predominan los jóvenes y los grupos vinculados a movimientos sociales.

Las iras de los manifestantes se dirigen principalmente a tres blancos: la clase política, las élites financieras y el bipartidismo. En primer lugar, la principal bestia negra de los manifestantes es la clase política: los ciudadanos que sufren la crisis perciben a sus líderes como incapaces de resolver sus problemas. Y a esta incapacidad hay que sumar otra cuestión todavía más grave: la corrupción. Como indica la web Nolesvotes.com, los partidos se han convertido en “grandes empresas ineficientes y enormemente corruptas”.

En segundo lugar, aparecen las élites financieras (los bancos y los acreedores internacionales), vistos como los responsables de la crisis y de la política de austeridad puesta en marcha por el gobierno: “no somos mercancías en manos de banqueros” es así uno de los eslóganes más repetidos. En tercer lugar, se protesta contra el bipartidismo imperante, puesto que se considera que no refleja la diversidad de la población española. Se propone por tanto la reforma de la ley electoral.

Pero, aparte de la crítica a la clase política, los bancos y el bipartidismo, las peticiones de los manifestantes recorren un amplio espectro de propuestas. La derogación de la Ley Sinde, la ley de la reforma del sistema electoral, el aumento del salario mínimo, el alquiler social universal, la derogación de la reforma laboral y de las pensiones, una reforma fiscal eficaz y progresiva, son algunas de las principales propuestas.

Similitudes y diferencias

Tanto la revolución de las cacerolas como la Spanish revolution tienen un denominador común: recoger el hartazgo de una población que siente que está perdiendo las riendas de sus vidas y de su futuro. Tanto los manifestantes islandeses como los españoles expresan de este modo su rabia al sufrir los efectos de una crisis económica que es percibida como consecuencia del codicioso comportamiento de la élite financiera y de las irresponsables decisiones de los gobernantes. Ante este panorama, ambos movimientos coinciden en la reivindicación de una revolución ética en la política y una revitalización de la democracia.

No obstante, también percibimos alguna diferencia. Así pues, el movimiento islandés estuvo más focalizado: a pesar de que el objetivo general era lograr una revitalización de la democracia, las reivindicaciones eran muy concretas, a saber, la dimisión del gobierno, nuevas elecciones, juzgar a los responsables y un referéndum. Por el contrario, las demandas del movimiento español son mucho más amplias, al recoger una gran variedad de reivindicaciones sobre todo de índole social (reforma fiscal, aumento del salario mínimo, acceso a la vivienda, etc.).

Es difícil aventurarse a afirmar cual fue el secreto del éxito de las movilizaciones islandesas (hay que tener en cuenta el tamaño del país y una cultura política más proclive a escuchar a sus ciudadanos), pero hay un elemento que parece haber sido clave en sus protestas: la concisión de sus demandas, centradas en sanear el sistema político y dirimir responsabilidades. Por el contrario, las demandas de la Spanish revolution son mucho más amplias, corriendo el peligro de convertirse en una interminable lista de la compra (sobre todo de políticas sociales, y que implican por tanto gasto en un contexto de recesión).

Además, con el clima político post 22 de mayo y teniendo en cuenta la situación de las arcas del Estado, una lista demasiado larga de reivindicaciones podrían comprometer las posibilidades de éxito de la Spanish revolution. Centrarse en la reivindicación de lograr una revitalización de la democracia, pidiendo cambios institucionales que refuercen el control de los ciudadanos y la rendición de cuentas, así como en los problemas sociales más acuciantes,  podría ser un buen modo de focalizar las demandas.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[i] Esta propuesta proponía la devolución de la deuda contraída a Gran Bretaña y Holanda, mediante el pago de 3.500 millones de euros, de la que tendrían que hacerse cargo las familias islandesas.

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Ana G. Juanatey

Después de estudiar Ciencias Políticas y especializarme en Relaciones Internacionales, me mudé desde Galicia a Barcelona donde vivo desde hace 7 años. Actualmente escribo mi tesis sobre el derecho a la alimentación y trabajo en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales. Mis áreas de interés principales son los derechos humanos como herramienta emancipadora, la seguridad alimentaria y los procesos de democratización. No obstante -dispersa por naturaleza- me apasionan temas tan variopintos como las novelas de espías, las series de TV, los juegos de mesa, la cocina y los documentales.


2 comments

  • Xavi Basora

    24/05/2011 at

    Muy interesante el artículo. Hay que aprender de los islandeses y concretar las demandas para evitar que el movimiento se diluya.

    Reply

  • Cristina

    25/05/2011 at

    Genial artículo Ana!! Enhorabuena!!

    Reply

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