21/01/2021 BARCELONA

La eterna búsqueda de la estabilidad en Haití

Tras meses de inestabilidad, Haití parece que obtiene un poco de calma con la victoria del cantante Michel Martelly en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y legislativas del pasado marzo. Pero el 37% de la ayuda internacional prometida tras el devastador terremoto de enero de 2010 sigue sin llegar. ¿Cómo afronta el país la recuperación?

Recuperando un poco de estabilidad

Tras meses de inestabilidad, Haití parece que obtiene un poco de calma con la victoria del cantante Michel Martelly en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y legislativas del pasado marzo. El político conservador obtuvo el 67,6% de los votos,  según los resultados definitivos difundidos la pasada semana, por delante de Mirlande Manigat, una antigua primera dama que ganó la primera vuelta de los polémicos comicios celebrados en noviembre.

Las elecciones debían de suponer un paso significativo para acelerar el proceso de reconstrucción de las zonas devastadas por el terremoto que sacudió en enero de 2010 al país más pobre del hemisferio oeste –con cuatro de cada cinco personas viviendo en la pobreza- y que se saldó con más de 300.000 muertos y unos daños equivalentes al 120% de su PIB. Sin embargo, la cita con las urnas se vio empañada por acusaciones de fraude electoral a favor de la candidatura de Jude Célestin, auspiciada por el presidente saliente René Préval. Los resultados desencadenaron en enfrentamientos violentos entre los partidarios de Célestin y Martelly, quien no aceptó el tercer puesto que se le otorgaba. Tras dos meses de crisis política y  fuertes presiones diplomáticas, el comité electoral hizo caso a las denuncias de observadores internacionales y dio a Martelly el segundo puesto en la primera vuelta de los comicios y su pase a la siguiente vuelta, de la que salió vencedor.

El 37% de la ayuda internacional sigue sin llegar

La estabilidad del país tampoco mejoró con una epidemia de cólera que se ha cobrado la vida de cerca de 5.000 personas en seis meses y que ha complicado aún más el día a día de los miles de haitianos que viven precariamente en refugios temporales desde el sismo de enero. La ayuda internacional ha llegado al país caribeño pero en menor medida de lo prometido. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sólo se ha materializado el 63% de la ayuda anunciada.

La ayuda prometida en la conferencia de donantes

En la conferencia de donantes de marzo de 2010, 48 países acordaron destinar 9.900 millones de dólares para la reconstrucción de Haití, de los cuales 2.100 millones se iban a invertir en 2010. Sin embargo, según la ONU, únicamente llegaron el pasado año a Haití un total de 1.200 millones de euros. Las cifras de la ayuda pública aún son menos alentadoras, con solo un 37,2% de la ayuda materializada, según estadísticas de la ONU.

La mejora de la implantación de la ayuda internacional ha sido una de las principales promesas electorales de Martelly, después de que la corrupción y la burocracia de las débiles instituciones haitianas frenarán, según algunos analistas, parte de la materialización de las donaciones. “El proceso de reconstrucción avanza con una lentitud desesperante”, dijo la pasada semana Martelly tras reunirse en Washington con la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, quien prometió no abandonar la causa haitiana. “Los haitianos pueden tener por delante un largo camino, pero mientras lo recorren, EEUU estará con ellos durante todo el trayecto”, señaló la responsable de la diplomacia estadounidense.

La lucha contra la corrupción –durante la campaña insistió en que el gobierno malgastaba 900 millones de dólares-, reformas agrícolas o la mejora de la seguridad con la paulatina salida de las tropas de la misión de la ONU y la reinstauración del ejército, que cuenta con un triste balance de atrocidades en el pasado, son otras de las promesas electorales de Martelly, cuyo partido estará, sin embargo, en minoría en el parlamento.

Hacia un nuevo Haití

La Comisión Interina de Reconstrucción de Haití (CIRH) -co-presidida por el ex mandatario estadounidense y enviado especial de la ONU en Haití, Bill Clinton,- ha lanzado un ambicioso programa con el objetivo de convertir Haití en un país emergente en el año 2030, con instituciones democráticas, una economía abierta basada en la agricultura, una mejora de las devastadas infraestructuras, acceso universal a la educación y la sanidad y sobretodo con un mayor nivel de vida de los haitianos. Según Clinton, se están produciendo algunos avances –“pequeños milagros”- sobre el terreno,  como un nuevo plan de educación que espera reducir hasta un 90% el trabajo infantil o proyectos sanitarios y energéticos.

Sin embargo, la sociedad civil haitiana no parece estar muy contenta con la labor de Clinton. Una cuarentena de entidades, agrupadas bajo el Grupo de Apoyo a los Repatriados y Refugiados (GARR), reclamaron, en un manifiesto difundido en marzo, la disolución de la CIRH por considerar que está excluyendo al Estado y a la sociedad civil en las adjudicaciones de los programas de reconstrucción, lo que está “acelerando un fenómeno de declive y regresión” entre la población.

La labor de la CIRH y del Gobierno haitiano en la reconstrucción también es criticada por Amnistía Internacional, que denunció recientemente un aumento de la inseguridad en los campos de desplazados, especialmente de las agresiones sexuales a mujeres y niñas que no pueden costearse la visita a un hospital. Haití cuenta actualmente con cerca de 50.000 refugios temporales, la mitad de la cantidad prevista. La población desplazada que reside en los campos se ha reducido significativamente en los últimos meses, hasta las 680.000 personas, muy por debajo del máximo alcanzado de un millón y medio de desplazados, según la Organización Internacional de Migraciones. Este descenso es visto por algunas entidades como una prueba del progreso de Haití, mientras que para otras es una consecuencia de la rampante inseguridad. De hecho, 53 miembros del Congreso de EEUU reclamaron hace dos semanas al presidente Barack Obama una mejora de las condiciones sanitarias de estos campos, tras constatar que un 38% de los asentamientos carecen de subministro de agua y un tercio no dispone de baños.

En este difícil escenario, Martelly intentará afianzar las bases del crecimiento de un país, cuyo futuro sigue dependiendo de la ayuda internacional y de la labor de las más de 10.000 ONG que trabajan sobre el terreno supliendo al fallido Estado. El presidente electo deberá hacer frente también a los retornos del el ex dictador Jean Claude Duvalier, quien regresó en enero a Haití tras 25 años de exilio en Francia y que afronta un proceso judicial, y al del ex mandatario Jean-Bertrand Aristide, que volvió en marzo de su exilio en Sudáfrica. Ambos tienen el triste honor de haber contribuido a que Haití –el primer país que se independizó de la región en 1804- sea desde hace muchos años uno de los países más inestables y pobres del mundo.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Joan Faus

Licenciado en periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado dos años como periodista en la agencia española de noticias EFE en las delegaciones de Barcelona y Buenos Aires. Está interesado en cuestiones de geopolítica, economía internacional, derechos humanos y progreso social.


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