27/05/2018 BARCELONA

(In)justicia fiscal y género: ¿quién sale perdiendo?

Ilustración: #DesigualdART, exposición de arte colectivo contra la extrema desigualdad.
En el Tax Justice Blogging Day (El Día Bloguero por la Justicia Fiscal, iniciativa de Oxfam y otras organizaciones sociales) subrayamos , conscientes de que la fiscalidad injusta es una de las causas principales de la creciente desigualdad social, que las principales víctimas de esta injusticia fiscal y social tienen, como lo tiene la pobreza, rostro de mujer.

Este artículo ha sido escrito conjuntamente por Elena Couceiro y Almudena Díaz, editoras de la sección de Género.

Con motivo del Tax Justice Blogging Day

Hoy celebramos el Tax Justice Blogging Day, una iniciativa de Oxfam y 23 organizaciones sociales más, que tiene por objetivo movilizar a la ciudadanía para colocar la justicia fiscal en el centro de la agenda política europea. El equipo de United Explanations, consciente de que la fiscalidad injusta es una de las causas principales de la creciente desigualdad social, ha querido sumarse a esta iniciativa haciendo hincapié en que las principales víctimas de esta injusticia fiscal y social tienen, como lo tiene la pobreza, rostro de mujer.

La desigualdad social no es un fenómeno nuevo, pero el ritmo de su crecimiento en los últimos años resulta, cuando menos, alarmante. Por poner algunos datos sobre la mesa extraídos del informe de Oxfam “Una economía al servicio del 1%”:

  • El 1% de la población mundial acumula más riqueza que el 99% restante.
  • En 2015, 62 personas poseían tanta riqueza como 3.600 millones de personas. Sólo cinco años antes, eran 388 las personas que poseían la misma riqueza que 3.600 millones.
  • Desde 2001, la mitad más pobre de la población sólo ha recibido el 1% del incremento de la riqueza mundial. El 50% de ese incremento ha ido a engrosar los bolsillos de los más ricos.

Fuente: Informe “Una economía al servicio del 1%”, Oxfam 2015
Fuente: Informe “Una economía al servicio del 1%”, Oxfam 2015

Hay que combatir la idea de que la desigualdad extrema “pertenece al orden natural de las cosas”. La desigualdad extrema de nuestra sociedad responde a una política neoliberal que supone un secuestro de la democracia por parte de las élites. Y una de las manifestaciones más claras de este secuestro y el crecimiento de un sistema que favorece a los más ricos es la proliferación de los paraísos fiscales: en apenas 13 años la economía en los paraísos fiscales creció al doble de la velocidad que la economía real. Según datos recientes, en España perdemos 59.000 millones de euros por fraude fiscal, mientras que el presupuesto de Sanidad, Educación y Cooperación suman apenas 4.216 millones de euros.

¿Te imaginas qué podría hacer el Estado sin este fraude que perjudica, sin duda, la financiación de los servicios públicos?

La desigualdad social y la injusticia fiscal tienen rostro de mujer

Como señala el informe Iguales:

“El fundamentalismo de mercado afecta en mayor medida a las mujeres. Los programas de ajuste estructural y las reformas de mercado se han vinculado estrechamente al deterioro de la posición relativa de la mujer en el mercado laboral, debido a que las mujeres se concentran en solo unos pocos sectores de la actividad económica, además de a su menor movilidad y al papel que desempeñan en la economía de cuidados no remunerada”. Este fundamentalismo “ha limitado enormemente la capacidad de las mujeres (especialmente de las mujeres pobres) para beneficiarse de los frutos del crecimiento y la prosperidad o para progresar económicamente”.

Además, esta desregulación perjudica especialmente a las mujeres, que ven reducidas o eliminadas algunas ayudas, “como la baja por maternidad remunerada o el derecho a vacaciones. La eliminación de estas normas afecta en mayor medida a las mujeres y a los niños, principales beneficiarios de servicios públicos como la atención sanitaria y la educación”. Al recortar en estos servicios públicos (muchos de cuyos profesionales son mujeres), no solo crece el desempleo femenino sino que las mujeres tienen que realizar tareas de cuidado por la desatención producida por los recortes.

Fuente: Informe “El Progreso de las Mujeres en el Mundo, 2015-2016”, ONU Mujeres

En tiempos de crisis, la situación de las mujeres, ya de por sí vulnerable, se ve más perjudicada. El Banco Mundial señalaba en 2012 que:

Las mujeres son más vulnerables frente a las crisis de ingresos, como el desempleo o un aumento de la pobreza, precisamente porque tienen un menor poder económico. Suelen tener menos bienes que los hombres, menos acceso a oportunidades económicas que les permitan hacer frente a cambios bruscos, y un menor apoyo gubernamental en forma de subvenciones”.

La desigualdad económica extrema impide la igualdad

A pesar de que en las últimas décadas la riqueza mundial haya aumentado, este crecimiento ha beneficiado principalmente a los más ricos ya que como denunciaban recientes informes, la mayor parte de estos ingresos (cerca del 50%) ha ido a parar a los bolsillos de los que más tienen. Esta creciente desigualdad económica afecta de manera perjudicial al resto de la población mundial, pero sobre todo a la población más pobre. Y entre los pobres, las más pobres son las mujeres. El Fondo Monetario Internacional revelaba recientemente que los países con una mayor desigualdad de ingresos suelen tener también mayores diferencias entre hombres y mujeres en términos de acceso a servicios sanitarios, educación, participación en el mercado laboral, brecha salarial y representación en las instituciones.

Algunos datos relevantes que permiten entender que la desigualdad económica agrava la desigualdad de género (y viceversa):

  • Solo 3 de las 30 personas más ricas del mundo son mujeres.
  • Harán falta 75 años para que las mujeres perciban el mismo salario por el mismo trabajo.
  • Si cada país eliminara la brecha de género, el PIB mundial podría aumentar en 12 billones de dólares en 2025.
  • El 49,1% de las mujeres tienen un trabajo precario o vulnerable, frente al 46,9% de los hombres.
  • Las mujeres ganan de media un 24% menos que los hombres por los mismos trabajos.
  • Aproximadamente 600 millones de mujeres, el 53% de las mujeres trabajadoras en el mundo, trabajan en empleos inseguros y que normalmente no están protegidos por la legislación laboral.
  • Las mujeres tienen mucha menos facilidad para acceder a créditos.

El crecimiento no implica la igualdad de género

Las mujeres representan hoy la mitad de la población activa global y son muchas las que tienen acceso a un empleo remunerado. Sin embargo, ello no implica ni una mayor igualdad, ni mayores posibilidades de llevar una vida digna. De hecho, la tasa de empleo actual de las mujeres es en casi todos los países menor que la de los hombres, y se estima que solo generan el 37% del PIB mundial.

A nivel global, es más frecuente encontrar mujeres en trabajos que no están protegidos por la legislación laboral. De hecho, las estadísticas muestran que en algunos países en vías de desarrollo hasta el 95% del empleo femenino es de carácter informal.

En otras palabras, gran parte de la población femenina global no solo no se beneficia del crecimiento económico que genera, sino que tiene muchas posibilidades de vivir en la pobreza.

La desigualdad de oportunidades y la precarización en el empleo no es la única desventaja a la que hacen frente millones de mujeres. Las mujeres siguen haciéndose cargo de la mayor parte del trabajo del cuidado no remunerado, una media de 2,5 veces más que los hombres. Las normas sociales, la brecha laboral, la falta de recursos…muchas son las razones que impiden que la mujer pueda empoderarse fuera del hogar. Además, el modelo económico y las políticas gubernamentales han fallado a la hora de invertir en esta economía invisible, dejando fuera de los beneficios del crecimiento económico a la mayoría de mujeres que se concentran en puestos del sector del cuidado, los más precarios de la pirámide económica. Con la llegada de la llamada crisis económica, la disminución de la inversión en el gasto social y la privatización de los servicios públicos han empeorado esta situación.

Informe “El Progreso de las Mujeres en el Mundo, 2015-2016”, ONU Mujeres
Fuente: Informe “El Progreso de las Mujeres en el Mundo, 2015-2016”, ONU Mujeres

La captura política de las élites en la toma de decisiones hace que las políticas se diseñen sin otorgar ninguna prioridad a los objetivos de reducción de la desigualdad económica. Además, habitualmente se asume que las políticas macroeconómicas son neutrales al género, sin embargo en la práctica, tienen consecuencias distributivas que repercuten de forma diferente sobre mujeres y hombres. Las políticas fiscales, por ejemplo, pueden reforzar en muchos casos la división sexual del trabajo y las desigualdades entre mujeres y hombres, operando como obstáculos para el desarrollo y máximo aprovechamiento del potencial de las mujeres. Ello es el reflejo del modelo patriarcal que opera en nuestras sociedades y que también influye en la formulación de las políticas, excluyendo a los más desfavorecidos, y en particular, a las mujeres. En línea con ello, otro claro ejemplo es la más que insuficiente representación de las mujeres en las instituciones clave que regulan la economía mundial.

Sin redistribución no hay empoderamiento, ¿qué falta?: voluntad política

Del mismo modo que la desigualdad social no es un fenómeno natural, sino que responde a una decisión política, combatir la desigualdad social y de género es una decisión política de primera magnitud.

Los Gobiernos deben actuar para hacer posible el empoderamiento de las mujeres mediante la adopción de políticas económicas orientadas a cerrar esta brecha:

Promover la igualdad salarial y el trabajo digno y seguro, eliminar las barreras discriminatorias que impiden o dificultan a las mujeres acceder al crédito, modificar las leyes injustas de sucesión y garantizar el acceso igualitario a las tierras, para todas las personas. Las contribuciones del trabajo doméstico y del cuidado, tanto el remunerado como el no remunerado, deben mejorarse, reconocerse explícitamente e incorporarse a las mediciones; pero sobre todo, deben redistribuirse.

Imagen: ONU Mujeres Desigualdad en Colombia / Ryan Brown
Imagen: ONU Mujeres Desigualdad en Colombia / Ryan Brown

Dado que la provisión de servicios sociales es particularmente importante para corregir las desigualdades, y en especial, las de género; es primordial que el sector público refuerce su papel en la provisión de servicios esenciales como la salud, la educación, la atención y el abastecimiento de los suministros básicos. Ello debe venir acompañado de una redistribución del esfuerzo tributario que traslade el peso que actualmente recae desproporcionadamente sobre el trabajo y el consumo, hacia la riqueza y el capital; y que garantice la transparencia fiscal.

Acabar con la desigualdad económica extrema no es posible si no se reduce la desigualdad de género. Necesitamos recuperar la democracia secuestrada por las élites, para promover una participación efectiva de la sociedad civil y, especialmente, de las mujeres, en la toma de decisiones. Para ello se han de analizar las causas estructurales que provocan estas desigualdades, desarrollar políticas que promuevan la igualdad de género real, y garantizar que el crecimiento económico beneficie de forma justa a todos.

La mitad de ese “todos” son mujeres y, al menos al 50% de la población mundial, además de a todas las personas que dependen de ella, nos va la vida en ello.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Almudena Díaz

Licenciada en Ciencias Políticas por la Universitat Autonoma de Barcelona y Université de Paris-Sorbonne y post-graduada en Relaciones Internacionales con especialidad en Paz y Seguridad en el Institut de Barcelona d’Estudis Internacionals (IBEI). Trabajó como Asistente de Investigación en una ONG local en los Territorios Ocupados de Palestina. Más tarde, se movió a Centro América, dónde estuvo en contacto con Zapatistas, indígenas, ex guerrilleros y cooperativas de mujeres con el fin de recoger información para un documental. Ha trabajado como agente de desarrollo local para la Diputación de Barcelona, y como Asistente de proyectos y de Comunicación para ONU Mujeres Panamá. Actualmente trabaja como Técnica de Responsabilidad Social en Barcelona. Además, ha realizado consultorías para organizaciones y entes gubernamentales. AlmudenaDíazPagés es.linkedin.com/in/almudenadiazpages/


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