27/11/2022 MÉXICO

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Bárbara Ojeda21/09/2022
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Los mitos y la desinformación en torno a la menstruación dificultan tratar las problemáticas que vienen ligadas a la salud menstrual, como los altos impuestos a los tampones y compresas, y la falta de acceso a agua y saneamiento. Por ello, los derechos menstruales en América Latina -y en el resto del mundo- continúan siendo una asignatura pendiente que debe ser visibilizada. 

Hacia una concepción integral de la menstruación  

El concepto de salud e higiene menstrual (SHM) busca tener un abordaje integral sobre la menstruación, ya que va más allá de los aspectos relacionados con el manejo de la higiene menstrual, contemplando otros factores que la vinculan con la salud, el bienestar, la igualdad de género, la educación, así como al empoderamiento de niñas y mujeres adolescentes y sus derechos. De la misma manera, el debate acerca de los derechos menstruales no pasa únicamente por el acceso a los productos de higiene femenina, también debe abarcar la falta de acceso al agua y saneamiento que sufren una gran cantidad de mujeres latinoamericanas, especialmente aquellas que viven en zonas rurales.  

Fuente: Getty Images

Asimismo, según UNICEF, una gestión de la higiene menstrual saludable y digna implica que las personas menstruantes utilizan un material de gestión menstrual limpio para absorber o recoger la sangre menstrual, que deber ser cambiado en privado tan frecuentemente como sea necesario durante el período menstrual, usando jabón y agua para lavar su cuerpo según lo requieran,  teniendo acceso a instalaciones seguras y convenientes para desechar los materiales de gestión menstrual utilizados. 

Entonces, la menstruación es un factor que entra en juego al pensar en la desigualdad de oportunidades. El hecho de no contar con un entono adecuado y baños seguros e higiénicos, sumado a la desinformación que hay al respecto debido a que aún hoy la menstruación sigue siendo un tabú, tiene como consecuencia la reducción de perspectivas de salud, bienestar y educación para las niñas y mujeres de los sectores sociales más vulnerables.  

Las problemáticas en torno a la menstruación 

El factor económico es esencial para comprender porque muchas mujeres luchan en pos de eliminar el IVA a los productos de higiene menstrual. El gasto anual que tienen las personas menstruantes en productos de higiene, como toallitas higiénicas y/o tampones es muy elevada. Esto lleva a que, como menciona Natalia Haag (Directora de Testeo y Prevención de VIH de AHF Argentina), quienes no pueden afrontar ese gasto falten a su trabajo o lugar de estudio, llegando incluso a adoptar métodos de gestión inseguros. De esta manera, la menstruación se convierte en un factor de desigualdad que impide el pleno desarrollo de las personas 

En todos los países latinoamericanos, exceptuando Colombia, se sigue pagando impuestos por menstruar dado a que los tampones y toallas higiénicas llegan a tener un gravamen del 16%. Como resultado de esta problemática, muchas mujeres y niñas deben elegir entre comprar productos para su higiene y salud reproductiva o elementos básicos de subsistencia. 

Fuente: Pixabay

Por otro lado, tener garantizado el acceso al agua y al saneamiento es una condición clave para poder tener un buen manejo de la higiene menstrual. Por eso, contar con servicios e instalaciones deficientes de agua, saneamiento e higiene, tanto en las escuelas como en los hogares, obstaculizan que las mujeres y niñas tengan una buena salud menstrual. Para que esto cambie, se deben promover políticas públicas destinadas a construir instalaciones privadas, seguras e higiénicas donde sea posible limpiarse, así como reemplazar y desechar los productos.

Otro punto a tener en cuenta es la desinformación y la falta de educación sobre la menstruación, lo que lleva a reforzar estigmas sobre las personas menstruantes. Para revertir esta situación , se debe hablar en las escuelas sobre la higiene menstrual, sobre cómo funciona la menstruación y su relación con el embarazo, sus síntomas, etc. Según diversas encuestas recolectadas por el Banco Mundial, hay un 34,8% de niñas que viven en las zonas rurales de Colombia que no saben nada acerca de la menstruación antes de la menarquia, y el 45% de ellas no sabe de donde proviene el sangrado menstrual. Asimismo, el 55% de las niñas encuestadas en la Mosquita (Honduras) afirmaron no sentirse cómodas con asistir a la escuela durante su menstruación.

De esta forma, es necesario que los diferentes establecimientos escolares mejoren sus prácticas pedagógicas sobre la salud sexual y la higiene menstrual teniendo abordaje integral sobre la temática. Esto permitirá, por un lado, adquirir y fortalecer habilidades para manejar la menstruación e higiene personal, y por otro, ayuda a derribar los estigmas y tabúes sobre la menstruación. Sobre este último punto, es importante decir que las campañas de comunicación y las publicaciones, tanto para docentes como para adolescentes, ayudan a disminuir los tabúes, promoviendo que cada vez menos niñas y adolescentes decidan no asistir a la escuela durante su período.

Reflexiones finales

Visibilizar las problemáticas a las que se enfrentan millones de niñas y mujeres al momento de sobrellevar su menstruación es crucial para desmitificar los prejuicios entorno a la misma. Para ello, muchas organizaciones feministas están luchando para que haya un conocimiento por parte de los Estados de los derechos menstruales como parte de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y personas menstruantes.

Hasta el día de hoy, en la gran mayoría de los países, hay una ausencia de una política pública sobre la higiene menstrual. La misma debe apuntar a garantizar el acceso a los elementos de gestión menstrual, así como asegurar el acceso a agua potable para mantener la higiene y disponer de un ambiente privado y seguro. A su vez, es fundamental desarrollar campañas de información y dictar educación menstrual. Todo esto supone entender a la menstruación no únicamente como un problema personal, sino también como una demanda que requiere respuestas desde la política pública.

 

 


Bárbara Ojeda25/07/2022
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La violencia simbólica es un tipo de violencia de género que se encuentra arraigada en nuestra sociedad hasta tal punto que la normalizamos llegando, incluso, a ser invisibilizada. La misma funciona como mecanismo de control social que, a través de los usos y las costumbres, reproduce desigualdades de género.

Fuente: Observatorio Nacional de la Violencia Contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar

¿Qué entendemos por violencia simbólica?

La violencia simbólica puede ser entendida como aquella que, mediante patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmite y reproduce desigualdad, dominación y discriminación en las formas de relacionarnos con otros, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. De esta manera, la violencia simbólica se manifiesta en diversos aspectos de la vida cotidiana, como en el menosprecio moral, el control económico, el control de la sociabilidad, la descalificación intelectual y la descalificación profesional.

A su vez, la violencia simbólica reproduce estereotipos de género que profundizan las desigualdades existentes entre los hombres y las mujeres. Los estereotipos son todas aquellas representaciones que le asignan características y roles específicos a hombres y mujeres solo por su género. Estas suelen ser generalizaciones e ideas simplificadas que contribuyen a reproducir el discurso patriarcal.

El rol del lenguaje en la violencia simbólica

El lenguaje cumple un rol central en la transmisión de la violencia de género, ya que la misma se reproduce a través de discursos, normas y creencias. Así, la violencia simbólica logra imponerse mediante el lenguaje que, persuadiendo y ordenando, genera conductas que resultan discriminatorias, prejuiciosas y generadoras de estereotipos.

Siguiendo con lo expuesto en el párrafo anterior, este tipo de violencia se interioriza en los mensajes que recibimos diariamente y pasan a ser aceptados socialmente. Un espacio central en el que se reproducen estos discursos es la familia. Esto se debe a que ella es el primer lugar de socialización de los niños y niñas, donde aprenden como deben comportarse e incorporan sus primeros hábitos.

Un ejemplo de este tipo de violencia se puede ver claramente en la división de tareas hacia el interior de los hogares. Si bien hoy en día el feminismo ha avanzado en derribar los estereotipos de género, durante mucho tiempo se creía –e incluso algunos lo siguen creyendo- que solamente las mujeres debían ser las encargadas de las tareas domésticas, de cuidar a los niños y a los adultos mayores.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el mundo de la política, donde muchas mujeres suelen definirse primero como madres, y luego en función de su cargo público; mientras que, por otro lado, es muy difícil encontrar hombres que se definan primero como “padres” y, en segundo lugar, en función de su cargo público.

Los medios de comunicación e información como espacios de reproducción de la violencia simbólica

Los medios de comunicación son uno de los principales espacios donde se transmiten discursos que refuerzan las desigualdades y los estereotipos de género. Esto suele suceder por medio del contenido de noticias, programas de ficción o de entretenimiento. Además, al ser espacios que llegan a gran cantidad de personas, contribuyen a una diseminación masiva y a un fuerte arraigo en la sociedad de este tipo de violencia.

Según un estudio realizado por CONCORTV en 2013, para los/as peruanos/as, la televisión es el medio de comunicación más sensacionalista, mostrando a las personas adultas mayores (49%), niños y niñas (57%), y a la mujer (58%) de forma negativa.

Para agregar, la publicidad es uno de los principales espacios en donde se reproducen estereotipos de cómo deben verse las mujeres, cómo deben actuar y que roles tienen que ocupar. Uno de los efectos más negativos que tiene la publicidad para con las mujeres está relacionada con la imagen que ellas mismas tienen sobre su cuerpo. La publicidad suele mostrar un ideal de belleza femenina y cuerpos inalcanzables, dando lugar a parámetros que son imposibles de alcanzar, pero que generan una mirada sancionatoria hacia aquellas mujeres que no cumplen con los estándares de belleza impuestos.

Fuente: Observatorio Nacional de la Violencia Contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar

Sin embargo, se debe reconocer que actualmente se ha logrado un gran avance en el ámbito de la publicidad para no caer en la reproducción de los estereotipos de género. Como menciona Daniela Salgado, muchas marcas, como DOVE y Flores, han realizado publicidades donde muestran cuerpos muy distintos, enfatizando el valor de la diversidad.

La violencia simbólica en los países latinoamericanos

La gran mayoría de los estados latinoamericanos no reconoce la violencia simbólica como una problemática con fuertes consecuencias tanto para los hombres como para las mujeres. Esto es así debido a que, en gran medida, los países latinoamericanos no contabilizan los casos de violencia simbólica, ni tampoco hay una concientización y prevención sobre la misma.

La violencia simbólica suele estar muy naturalizada en los discursos y mensajes que circulan en la sociedad, por lo que es muy difícil reconocerla. De los países latinoamericanos, Argentina es el único que reconoce la violencia simbólica y tiene un registro de las denuncias que se realizan por este tipo de violencia. A su vez, Argentina ofrece planes nacionales, acompañamiento y lleva a cabo relevamientos con el objetivo de prevenir la violencia simbólica.

En cuanto al resto de los países latinoamericanos, siguiendo la clasificación realizada por María Fernanda Romain, nos encontramos con países que tipifican la violencia simbólica como un tipo de violencia contra la mujer, pero sin relevamientos al respecto (Bolivia, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Uruguay y Venezuela); aquellos que no la tipifican de ningún modo, pero que la regulan por medio de normativas en torno a la producción de contenidos audiovisuales y publicitarios (Perú, Colombia, Chile, Honduras, Costa Rica, Brasil, Puerto Rico, República Dominicana, Guatemala, México y Nicaragua); por último, Cuba es el único país que no ofrece ningún tipo de regulación ni normativas para abordar las diversas formas de violencia de género, entre ellas, la violencia simbólica.

¿Cómo construimos un mundo sin violencia simbólica?

Con el fin de visibilizar y luchar contra la violencia simbólica es de vital importancia que quienes trabajan en publicidad y comunicación consulten a personas especializadas en desigualdades de género. De esta forma, se podrán desarrollar soluciones que aborden las problemáticas de género que se reproducen en los medios de comunicación.

No obstante, también es necesario que la sociedad ponga en cuestionamiento el sentido común, a partir del cual se construyen estereotipos de género que reproducen desigualdades, teniendo en mira el objetivo de construir un mundo más igualitario. Entonces, se debe plantear un pensamiento crítico ante las construcciones sociales que definen a los hombres y a las mujeres en base a determinados roles que deben cumplir.


Bárbara Ojeda20/07/2022
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Durante muchos años la educación superior ha sido vista como un espacio privilegiado para los hombres, quienes podían acceder a la esfera pública con éxito, dejando de lado a las mujeres. Sin embargo, en los últimos años hubo un gran avance en materia de un acceso igualitario para las mujeres. Pero cabe preguntarnos, ¿Esta mayor inserción en el sistema educativo se ha traducido en una mayor inserción en la esfera pública?

GETTY IMAGES

La matriculación universitaria femenina en América Latina

Durante mucho tiempo las mujeres se vieron en una situación de marginalidad debido al escaso acceso al sistema educativo superior en comparación con los hombres. No obstante, en los últimos años hubo en América Latina un crecimiento elevado de la matriculación universitaria en las mujeres. Esto da lugar a que ellas tengan mejores oportunidades de acceder al mercado de trabajo y gocen de mayor autonomía económica. Además, un dato no menor es que, en muchos países latinoamericanos, la matriculación femenina no solo se ha equiparado con la masculina, sino que ha alcanzado niveles aún más altos en algunas carreras. Por ejemplo, según el censo del 2011 realizado en la Universidad de Buenos Aires (Argentina), el 60,9% de sus estudiantes son mujeres, y esta tendencia se mantiene hasta el día de hoy. Asimismo, en Brasil y Venezuela se puede encontrar una sobrerrepresentación femenina de entre un 4% y un 10% sobre la matriculación masculina. Es clave destacar que la gran mayoría de las mujeres que acceden a la educación superior logran tener un buen desempeño académico, lo que se ve reflejado en altos porcentajes de egresos anuales.

De la educación superior al mercado de trabajo

El hecho de que se hayan logrado avances en el acceso de las mujeres a los estudios superiores de manera creciente es muy importante para lograr sociedades más igualitarias en las que el género no sea un impedimento a la hora de formarnos como ciudadanos/as de derechos y sujetos políticos. Así, el acceso a la educación superior es un elemento que funciona como determinante al momento de generar una disminución en la brecha de género en el mercado de trabajo. Esto se puede ver reflejado en los países del Sur Latinoamericano (Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay) junto con Costa Rica y República Dominicana: existe una alta diferenciación en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo relacionada con los años de inversión educativa. La participación femenina en la población económicamente activa de aquellas las mujeres que han logrado tener acceso al sistema educativo superior o terciario es de entre un 21 % y el 30% más que el resto de las mujeres.

Pese a estos grandes avances, la relación entre educación superior y acceso al mercado de trabajo en las mujeres no se encuentra exenta de diversas disparidades más generales, consecuencia de que aún vivimos en un mundo desigual al que le falta mucho camino por recorrer. No se puede negar que, a mayor nivel educativo, las personas tienen mejores oportunidades de insertarse en el mundo laboral y tener mejores ingresos, lo que les permitirá cumplir sus aspiraciones de ascenso social.

Sin embargo, tampoco se puede negar que las mujeres siguen siendo relegadas al ámbito privado, a las tareas del hogar y de cuidado, y que la brecha salarial de genero sigue existiendo en todos los países de Latinoamérica. Para ilustrar, en El Salvador la tasa de ocupación de las mujeres egresadas universitarias apenas alcanza el 35,5%, mientras para el mismo nivel educativo la tasa de ocupación masculina representa los dos tercios faltantes de la estructura laboral del país. A su vez, el ingreso medio de las mujeres latinoamericanas es de aproximadamente un 53.8%, siendo solamente un poco más elevado que la mitad del ingreso promedio masculino. Cuando se mira esta relación en el caso de las mujeres universitarias, se puede observar que la brecha salarial es menor e incluso tiende a disminuir en algunos sectores de la actividad económica.

Los estereotipos de género en la educación superior

Las desigualdades de género se pueden observar hacia el interior de la educación superior. En los estudios superiores se encuentra una fuerte feminización de ciertas carreras universitarias y terciarias, es decir, hay carreras asociadas a los estereotipos femeninos, que ligan a la mujer con lo emocional, lo social y con el rol de cuidadoras, en las que se puede encontrar un predominio de estudiantes mujeres. Mientras tanto, en las carreras asociadas a ciencias “duras” y a sectores dinámicos y productivos de la economía hay un predominio de estudiantes varones. En tanto entre las carreras relacionadas con roles femeninos podemos encontrar: enfermería, nutrición, educación básica y media y ciencias sociales; entre las carreras que son percibidas como “masculinas” se encuentran, con mayores coincidencias entre los países latinoamericanos, agronomía, ingeniería, arquitectura, ciencias naturales y ciencias exactas.

Fuente: Marco Fernández

El problema de la diferenciación que se hace entre carreras “femeninas” y “masculinas” en base a los roles de género, según la división sexual del trabajo, es que la feminización de ciertas carreras tiene como resultado una infravaloración de las mismas. Por ende, los salarios de las carreras vinculadas a lo social suelen ser mucho más bajos que las carreras de ramas duras, lo que contribuye significativamente a que la brecha salarial se acentué.

Comentarios finales

La distinción que se hace en la educación superior entre carreras propias de hombres o mujeres es una gran traba al momento de que las mujeres elijan aquello a lo que se quieren dedicar, a la vez que, constituye una limitación más en la inserción laboral de las mismas. Así, los estereotipos de género, que funcionan en la educación superior, se ven traducidos en el mercado laboral con menores salarios y peores oportunidades de trabajo para las mujeres.

Por eso, es imprescindible la puesta en marcha de políticas que tengan como objetivo disminuir las desventajas a las que se enfrentan las mujeres en el mundo laboral y educativo, tales como programas de mentoría y empoderamiento de las mujeres para alcanzar puestos de liderazgo, orientación profesional para desmontar las falsas imágenes de las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, cuotas en la educación terciaria y superior para estudiantes pertenecientes a grupos vulnerables, así como la ampliación de becas.


Almudena Díaz07/09/2016
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En el Tax Justice Blogging Day (El Día Bloguero por la Justicia Fiscal, iniciativa de Oxfam y otras organizaciones sociales) subrayamos , conscientes de que la fiscalidad injusta es una de las causas principales de la creciente desigualdad social, que las principales víctimas de esta injusticia fiscal y social tienen, como lo tiene la pobreza, rostro de mujer.


Cuca Cabezon28/06/2016
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Sociológicamente hablando, una superwoman es una mujer que trabaja duro para gestionar múltiples funciones: la de trabajadora, la de ama de casa, la de madre, la de esposa… Esta connotación fue nombrada por primera vez en el “El Síndrome de Superwoman” (1984) de Marjorie H. Shaevitz. La aparición del término coincidía con el cambio de roles tradicionales en los que se había encorsetado al género femenino (ama de casa, madre y cuidadora), hacia roles personales, profesionales y públicos. Oculto bajo ese cambio, permanecía el interés comunitario de conseguir más recursos y servicios básicos. Fue entonces cuando comenzó a planteársele a la mujer un reto heroico: debía compatibilizar su papel tradicional en el hogar con su actividad reproductiva en la sociedad y con el logro de objetivos en el mercado laboral y en la esfera pública (hasta momento solo masculinos).

Desde que Shaevitz introdujera en los años 80 el término de superwoman, el estereotipo se ha ido redefiniendo en paralelo a la evolución de nuestra sociedad. Actualmente, el término superwoman, además de entenderse como un modelo de consumo, continúa utilizándose como definición de una mujer “fantástica” que parece tener superpoderes: trabaja dentro y fuera del hogar, es madre ejemplar y, se mantiene en plena forma física, emocional e intelectual.

Entre la realidad y la ficción no hay tanto abismo

Imagen: Viñeta de Wonder Woman de Brian Azzarello
Imagen: Viñeta de Wonder Woman de Brian Azzarello

En sus inicios, las historias de superhéroes eran intrínsecamente machistas y representaban a hombres milagrosos que podían hacerlo todo. Fiel reflejo de la época en la que fueron creadas, las superwomen de ficción permanecían relegadas y destinadas a ser o pareja o víctima rescatada.

Lo que en la actualidad ocurre con las superwomen de ficción, y sus adaptaciones a la televisión y al cine, no parece estar tan lejos de la realidad. No es de extrañar. Esta industria está obligada a renovarse en paralelo a sus seguidores y estos también han cambiado.

Hoy en día, las seguidoras de las superwomen de ficción, ya sean de cómic, televisión o cine, representan casi un 40% del total del mercado del cómic. Están consolidadas como un público cautivo e interesado que exige una representación acorde a la nueva sociedad: quieren super heroínas más cercanas para imaginar que también ellas pueden hacer esas proezas.

Ahora es la mujer la que, si quiere, puede hacerlo todo en el universo del cómic. Y, al igual que en la vida real, una superwoman de ficción es una mujer increíble, multifacética y heroica que trabaja duro y se camufla bajo otra identidad para gestionar múltiples funciones. Su vida consiste en compatibilizar los roles de la mujer terrenal, con el logro de objetivos supraterrenales. Y, sobre todo, son iconos que rescatan el liderazgo femenino moderno de acuerdo a cualidades específicas como la inteligencia, la valentía, el poder, el profesionalismo y la maternidad. Pero, al contrario de lo que ocurre con la superwoman real, ésta lo tiene un poco más fácil: se mueve en hiperespacios, es capaz de recuperar sus fuentes de energía, tiene pociones mágicas a su alcance, se comunica con ilusiones telepáticas, no sufre ni padece de estrés, y está protegida por la fuerza de los dioses.

Ejemplos de cómic, de la última generación de Superwomen

 Wonder Woman, la mujer maravilla

https://www.youtube.com/watch?v=22USzNTB4iQ&feature=youtu.be

Es hija de Zeus y Princesa de las Amazonas. Tiene numerosos poderes que le han sido otorgados por los dioses y por su duro entrenamiento, casi militar. Una de sus principales armas es el lazo de la verdad. Lucha por la justicia, el amor, la paz y la igualdad de género. Representa la valentía y el coraje del género, y da lecciones a los hombres. Pelea mejor que Batman y que Superman.

Invisible Woman, la mujer invisible

Pertenece a Los 4 Fantásticos. Su mayor poder es el de la invisibilidad. Además, genera campos de fuerza que domina a su gusto. Es una super heroína muy potente y, además de ser supermamá y una científica brillante, toma las decisiones difíciles y de manera totalmente independiente.

Batgirl

Conocida por ser la chica que acompaña a Batman. Es un referente de la informática. Una mujer brillante, detective y analista. Representa el valor del empeño para salir adelante sin importar lo que le depare el destino. Además, se transforma en el cerebro de estos superhéroes.

Captain Marvel

Es una piloto con entrenamiento militar, con fuerza y energía sobrehumana y con poderes cósmicos. Una mujer moderna, poderosa e independiente. El sinónimo de mujer fuerte para la que nada es imposible. Su guionista es una mujer.

Batwoman

Nace para dar respuesta a los cambios actuales de la sociedad actual y ha funcionado con éxito. Aunque se dio a conocer por ser la compañera de Batman, es mucho más que eso: es una exitosa y millonaria mujer de negocios entrenada militarmente. Además, es la primera super heroína con pareja femenina, la Capitana Sawyer.

Ms. Marvel (Kamala)

Una adolescente paquistaní-americana, de religión musulmana, que tiene que lidiar entre su fe, su familia y su lucha contra los villanos. Su lucha va mucho más allá de su definición como mujer o musulmana al denunciar la imposición de etiquetas según el origen de las personas.

El listón de las Superwomen reales

Entre un universo y otro, el listón impuesto a la superwoman real es demasiado alto considerando que no está protegida por ningún dios y que no lo ha instaurado el mercado de la ficción sino una sociedad patriarcal, individualista y desigual que, interesadamente, la empujó a alcanzar el supuesto éxito profesional, y sus exigencias, sin contemplar la reorganización de su esfera privada y otros roles hasta entonces atribuidos sólo a su género. El resultado: aun trabajando fuera de casa tanto como el hombre, y aún también asegurando recursos materiales para el sostenimiento de la familia, continúa siendo “ella” la que dedica la mayoría de las horas a las tareas domésticas. Cuantas veces se oye decir, “él le ayuda en casa”, cuando en realidad se debería oír, “se reparten las tareas de la casa”. La mujer de entre 40 y 60 años, reflexiona hoy sobre su vida y sobre el cambio generacional del que ha sido testigo, comparándolo inevitablemente con las experiencias de su madre, o/e hijas, y no se define a sí misma como una superwoman sino como una superviviente.

Una superviviente “fantástica” que, cuando decidió salirse de los convencionalismos, tuvo que optar por sobrevivir a grandes dificultades, a no pocas presiones sociales y a un ideal de mujer desproporcionado, marcado por criterios masculinos que, lejos de fortalecerla, destruían su autoestima.

En la industria actual del cómic, existe el miedo a que el espectador masculino no vaya a ver películas protagonizadas por una mujer; tanto productores como fanáticos se sienten de alguna manera “amenazados”. ¿Será también este temor reflejo de lo que realmente le sucede a nuestra sociedad?

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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En esta nuestra binaria sociedad, no hay nada que aterre más que saberse Jekyll y Mr. Hyde o, si se prefiere, Anakin Skywalker y Darth Vader. En mayor o menor medida, todas las personas nos pasamos al lado oscuro de la fuerza más de una vez. Pese a no querer verlo, llevamos a Darth Vader muy adentro, porque de alguna forma su figura reporta privilegios: todo aquello que no sea problemático para mí, no me preocupa, no me afecta y, por lo tanto, no me incumbe.


Ines Jimenez07/01/2016
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A pocos días de que se entregue el Balón de Oro de fútbol en categoría masculina, el argentino Lionel Messi se perfila como el gran favorito para alzar, por 5ª vez, el preciado premio. ¿Esto significa que Messi es el mejor jugador de fútbol de la historia? Pues si nos atenemos al palmarés de este premio…la respuesta es ¡no!