17/10/2019 BARCELONA

Se habla de cambios en Cuba

Si bien en algunos años quizás nadie recuerde ya la relevancia que tuvo el 17 de Diciembre de 2014, en Cuba se habla ya de un escenario post 17-D. ¿Qué cambios se vislumbran en la isla en el futuro más cercano?


Si bien en algunos años quizás nadie recuerde ya la relevancia que tuvo el 17 de Diciembre de 2014, en Cuba se habla ya de un escenario post 17-D. Esta isla del Caribe, que durante más de 50 años se ha resistido a ser el patio trasero del gigante estadounidense, captó la atención del mundo entero tras esa llamada telefónica entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en la que se acordaba la futura reapertura de las embajadas cubana y norteamericana en los respectivos países. Este fue el primer movimiento de una estrategia diplomática que, a pesar de ser todavía incipiente, cuenta ya con imágenes como la del apretón de manos entre ambos presidentes en la cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA) o la declaración de intenciones del presidente Obama de retirar a Cuba de la lista en la que un día el ex-presidente George Bush incluyó a Cuba para catalogarla como país que daba soporte al terrorismo. Motivos suficientes para que el mundo haya centrado su atención en esa frontera de noventa millas que separa la costa de Florida de Cuba.

Chaos and calm. Les Haines vía Flickr.
Chaos and calm. Les Haines vía Flickr.

Desde el pasado mes de Diciembre, grandes empresas de todos los continentes pretenden, si no lo han hecho ya, desembarcar en territorio cubano para hacerse un hueco antes de que tenga lugar ese acontecimiento, al que algunas voces se refieren ya como un camino sin retorno, que es la caída del bloqueo estadounidense. La reacción no ha sido sólo por parte de los inversores directos, los mercados especulativos, siempre sensibles a este tipo de cosas, también han aumentando el valor en bolsa de las grandes cadenas hoteleras – en su gran mayoría españolas – que operan ya en territorio cubano. Del mismo modo, y tampoco al margen de intereses económicos, la diplomacia internacional ha comenzado a realizar una aproximación política a la isla, dejando atrás prejuicios que hasta ahora imperaban en el discurso de la mayoría de ellos. Muestra de ello son la reciente visita del presidente Hollande, y ya empiezan a circular rumores sobre la de John Kerry para este mismo año.

Por otro lado, y sin aventurarme a decir que se trata de una consecuencia directa de este acontecimiento, la realidad es que cada día aterrizan en la isla millones de turistas que, parece, vienen a Cuba con la prisa de llegar a tiempo para ver con sus propios ojos las calles recorridas por antiguos Dodge y Cadillac de 1950, como si se tratara de una exhibición de automóviles de época que se va a acabar pronto.

Cambios… el único que apenas habla de cambios es el cubano de a pie. Para aquel que ha visitado la isla en los últimos diez años, es cierto que percibirá que ahora la gente dispone, en algunos casos, de teléfonos móviles y que en muchas casas ahora cuelga el cartel de “se vende” o “alquila”, lo cual antes era impensable. Si uno va ahora a los hoteles de las playas de Varadero, podrá encontrarse con cubanos que tienen ahora permitido hacer turismo nacional, además de volver al país, en el caso de conseguir una visa para el extranjero. De hecho, esta sigue siendo la gran aspiración de la mayoría de jóvenes, mucho menos comprometidos con la construcción de la nación cubana de lo que lo estaban sus padres, padres a los que también les preocupa el destino que puedan correr sus hijos si se quedan.

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Foto: Revolutionary Crops. Yu Pong vía Flickr.

Se observa también una mayor proliferación de los agros, pequeños comercios de frutas y verduras que tienen permiso para vender lo que cultivan en tierras cedidas para usufructo particular y, entre el asfalto levantado y boquetes en barrios como el de Vedado o Miramar, es posible encontrar dulcerías, paladares o pequeños locales que hacen las veces de supermercado. Son ejemplos de cuentapropistas que sirven lo que tienen en ese momento ya que no siempre hay productos en el mercado, a lo que el vox populi cubano se refiere con la expresión de que “hay lo que trajo el barco”.

A pesar del tan apelado “acercamiento”, el bloqueo impuesto por los Estados Unidos sigue vigente, y las implicaciones que eso tiene para el cubano de a pie, entre otras cosas, no dejan de hacer de cada día una incógnita. Para encontrar esa pieza del Moskoviz ruso que ya no se fabrica, para solucionar el suministro de agua que no abastece de manera diaria, bajo la emblemática frase de “vamo’ a resolver”, los cubanos ponen a prueba su asombrosa capacidad de inventiva siempre con el mejor talante y disposición. Todo cubano, cuenta con una canasta de alimentos básicos, muy reducida bajo el pretexto del aumento de las desigualdades, pero que evita que nadie se muera de hambre. Sin embargo, para algunos ir más allá del arroz con frijoles obliga a tener que acceder al mercado privado dominado por el peso convertible (CUC), moneda que convive con la moneda nacional cubana (CUP), en el que los trabajadores reciben su salario.

Foto de Laura Señan Cagiao
Foto de Laura Señan Cagiao

Este fenómeno, consecuencia de la quiebra económica que provocó la desaparición del campo soviético en la década de los noventa – el llamado Período Especial en Tiempos de Paz –, tuvo como resultado la dualidad monetaria en la que opera la economía cubana. Con el objetivo de unificar ambas monedas, las autoridades cubanas obligan al mercado privado a indicar el precio en CUC y en CUP, lo que ha hecho mucho más evidente para la gente la fuerte depreciación de sus salarios. Cuando el valor de un bote de tomate frito es 200 CUP, el mismo que el de una pensión de jubilación, se hace impensable la compra de un coche, el arreglo de una vivienda, incluso la obtención de ciertos alimentos y en definitiva cualquier posibilidad de estimulación del mercado interno. Es sólo una pequeña muestra de una lista de anécdotas que hacen que parezca imposible trasladar cualquiera de las grandilocuentes iniciativas de inversión o de estrategia diplomática a la realidad de la calle.

Todo ello queda lejos de llevar implícito que los cambios necesariamente tengan que dirigirse hacia un proceso de apertura bajo los códigos del neoliberalismo rampante, objeto de las más duras críticas no sólo del gobierno, sino también de gran parte de la sociedad. El pueblo cubano es consciente que vive un momento diferente, sin embargo, tampoco hablar de cambios en su sentido más amplio es correcto mientras éstos no reviertan de algún modo más evidente sobre la población.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Laura Señán Cagiao

Madrid, España. Graduada en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Relaciones Internacionales por la University of Amsterdam. Totalmente apasionada por el análisis socio-política de la realidad latinoamericana, en donde me instalo siempre que puedo, actualmente trabajo en Bruselas.


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