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Rebelde en el norte de la República Centroafricana

En las últimas décadas se ha dado un aumento constante de la importancia del medio ambiente en los conflictos. Es más, la utilización económica de los recursos naturales de los que disponen algunos países ha contribuido a la prolongación de los mismos, prolongando de la misma manera el sufrimiento de las poblaciones.

Diamantes, oro, uranio, petróleo, maderas preciosas, minerales e, incluso, el tráfico de narcóticos son algunas de las materias que ayudan a la financiación de estos conflictos. El Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados (6 de noviembre) proclamado por Naciones Unidas nos recuerda la necesidad de considerar esta dimensión en las estrategias de prevención, transformación y resolución de conflictos.

Los conflictos en la Posguerra Fría y los recursos naturales

Minero en el distrito de Kono, Sierra Leona, buscando diamantes [Foto: USAID Guinea vía Wikipedia]

Con la caída de la Unión Soviética y el fin del conflicto bipolar la ayuda militar que existía por parte de los bloques hacia sus aliados se desvaneció. Muchos movimientos y grupos rebeldes así como los gobiernos existentes (legítimos o no) en ese momento en cada país tuvieron que ingeniárselas para conseguir los recursos económicos que les permitieran proseguir los enfrentamientos. En este momento de incertidumbre, en muchos de estos conflictos se llegó a treguas y acuerdos de alto el fuego, como sucedió en Angola, cuando la UNITA consiguió hacerse con los yacimientos de diamantes y explotarlos de forma beneficiosa. Estas situaciones fueron aprovechadas por los distintos grupos armados para reorganizarse y buscar nuevas fuentes de financiación. Las hallaron en sus propias tierras: los recursos naturales que esconde bajo su suelo el continente africano y también el asiático, si bien no son las causas inmediatas de las guerras, sí contribuyen de forma fundamental a la perpetuación de estos conflictos.

En esta prolongación de la duración de los conflictos hay ganadores y perdedores. La población civil continúa sufriendo las calamidades, violaciones de derechos humanos, emergencias humanitarias y desplazamientos mientras que los señores de la guerra y sus secuaces se lucran de esta extensión de los enfrentamientos. Los señores de la guerra se vuelven los verdaderos protagonistas de esta economía de guerra, acaparando fortunas personales. Sin embargo, el fin de la violencia no es posible porque acabaría con sus recién creados imperios ya que, tal y como señala Mats Berdal en How “New” are “New Wars”? Global Economic Change and the Study of Civil War (2003), “no se trata de ganar, sino de legitimar acciones que en tiempos de paz serían castigadas como delito”.

La teoría del ‘Greed & grievance’

Existe un enfoque para aproximarse al estudio de las causas de los conflictos que se ha denominado ‘greed & grievance‘ (codicia y agravio). Este debate académico responde a la diferencia entre aquellos que consideran que lo principal en el día de hoy al explicar las causas de los conflictos es estudiar los aspectos económicos, mientras que otros señalan que no es posible ceñirse a este sólo aspecto y que no tener en cuenta los agravios políticos, étnicos, religiosos, etc. puede tener consecuencias desastrosas a la hora de planificar estrategias de resolución de conflictos.

Cantera de Kalgoorlie [Foto: Brian Voon Yee Yap vía Wikipedia]

Uno de los autores más destacados en la postura greed‘ es Paul Collier. Este autor señala tres factores que son necesarios a la hora de estudiar la relación entre el conflicto en un país y su riqueza en recursos naturales. El primer factor es el nivel de ingresos per cápita. Según sus cálculos el aumento de la renta per cápita reduce el riesgo de conflicto. El segundo factor es la tasa de crecimiento económico, que se encuentra muy relacionado con el tercero, la estructura de la economía. Esto es, su dependencia respecto a la exportación de materias primas. Según los datos que aporta en el informe realizado para el Banco Mundial titulado Natural Resources and Violent Conflict. Options and Actions, si el porcentaje de exportación de materias primas de un país supone un 33% del producto interior bruto, el riesgo de conflicto se eleva hasta el 25 %. Sin embargo, cuanto este porcentaje decae hasta el 10%, el riesgo baja al 11%. No obstante, podemos ver que esto no suceden en casos como los de Arabia Saudí o Botswana, cuyas economías dependen en gran medida de la exportación de un único bien (petróleo en el primero, diamantes en el segundo) y que no se han visto envueltas en ningún conflicto civil.

Otros factores que para Collier también explican la aparición de conflictos armados son la composición étnica y religiosa de las sociedades. Cuanta menor diversidad existe en una sociedad, según su opinión, es más probable que estallen conflictos entre la mayoría y la minoría étnica o religiosa. La pobre gobernanza y la tan extendida corrupción son también uno de los factores que contribuye a generar más conflictos. Muchos grupos étnicos, religiosos o políticos se sienten excluidos de la toma de decisiones en favor de los grupos a los que se adscriben aquellos que detentan el poder, generando riqueza intraclan y regímenes neo-patrimonialistas que producen lucro en unos y ahondan la pobreza en el resto de la sociedad. A estos regímenes no les interesa poner fin a conflictos en los que ellos también se enriquecen por la explotación y el saqueo de los recursos naturales del país.

Críticas a la teoría de ‘greed & grievance’

Mineros de diamantes en Sierra Leona [Foto: Laura Lartigue vía Wikipedia]

Mats Berdal realiza algunas críticas a esta primacía que se está dando a la teoría de la codicia como explicativa de los conflictos. En primer lugar señala que los motivos económicos son uno más de los que influyen en la explicación de los conflictos, pero no son el único y dejar a los demás de lado nos arriesga a tener una visión distorsionada de lo que sucede. Además, las estrategias para poner fin al mismo no son las correctas. Los agravios políticos, personales, identitarios, etc. también tienen un papel fundamental en hacer que un conflicto estalle y no hay que perderlos de vista. Lo importante es cómo todos estos factores interactúan entre sí para contribuir a la persistencia de la guerra.

En segundo lugar, centrarnos en la novedad que supone la economía de la guerra nos hace olvidar que esto no es algo nuevo. Numerosos conflictos a lo largo de la historia han respondido a estas mismas motivaciones económicas. ¿Cómo entender si no las conquistas y colonizaciones de América, Asia y África?

En tercer lugar, la globalización ha contribuido a la apertura de los mercados y al acceso a la tecnología, con la que muchos de estos grupos rebeldes pueden explotar estos recursos e insertarlos en los mercados internacionales.

A su vez pueden adquirir armamento y tecnología militar sin ningún tipo de trabas pese a la legislación internacional y las medidas destinadas a evitarlo. Hay que destacar que, pese a la codicia que puedan tener los señores de la guerra y los gobernantes, los conflictos civiles también se financian por el interés de numerosos actores privados internacionales que se ven beneficiados de la persistencia de estos conflictos-negocio.

¿Cómo solucionarlo?

Las propuestas para minimizar el impacto de los recursos naturales en los conflictos se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, crear una Agenda de Desarrollo Global, compuesta por tres grandes puntos:

Cantera de Nkana [Foto: Per Arne Wilson vía Wikipedia]

  • Aumentar el crecimiento económico de los países pero también distribuir la renta de manera más justa para que este crecimiento pueda generar desarrollo y no convertirse en simple acumulación de riqueza en manos de los mismos.
  • Diversificar las economías. Terminar con la dependencia de la exportación de materias primas como fuente primaria de ingresos, orientar la producción hacia el consumo y no hacia la exportación e incorporar la economía popular como un elemento clave de las economías de muchos países.
  • Reducir la exposición a los shocks en precios. Esto podría darse mediante la creación de unos márgenes de precios y de producción, tal y como sucedía en los años 60 y 70, para así evitar la especulación en los mercados de futuros.

Por otro lado, medidas relacionadas con la gobernanza de los recursos naturales a nivel mundial:

  • Aumentar la transparencia de los ingresos que reciben los gobiernos.
  • Expulsar a los rebeldes de los mercados mediante su regulación, lo que haría que los recursos naturales explotados por éstos no resultasen competitivos en precio.
  • Perseguir la financiación de los bienes ilegales.
  • Fortalecer el escrutinio de los pagos ilegales.
  • Atraer a compañías que posean gran reputación para que inviertan en ambientes de riesgo.

La mayor parte del artículo se basa en <<Berdal, M., 2003: “How “New” are “New Wars”? Global Economic Change and the Study of Civil War” en Global Governance 9, p. 477-50>>.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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