21/11/2018 BARCELONA

Ghana y la UE: ¿relaciones comerciales de igual a igual?

Ghana, un país que integra los Acuerdos de Asociación Económica entre la Unión Europea y los países de África, Caribe y Pacífico. Estos acuerdos introducen el principio de reciprocidad, algo de lo que los países en desarrollo estaban exentos desde los años 70.

Ghana, un país que hoy en día está de moda por unirse al grupo de exportadores de petróleo, forma parte de la amalgama de países que se conoce como ACP: África, Caribe y Pacífico. Subdivididos por regiones geográficas, están en pleno proceso de negociación de los nuevos acuerdos bilaterales con la UE, en los que se contempla la reciprocidad. Estos Acuerdos de Asociación Económica, los AAE comúnmente conocidos por sus siglas en inglés (EPA), pretenden avanzar en el camino de la liberalización bidireccional de ‘casi todo el comercio’, es decir, los países ACP deben abrir sus mercados a una gran cantidad de productos provenientes de Europa y viceversa.

En concreto, Ghana, que ya ha firmado su AAE provisional, ha acordado liberalizar el 80 % de sus importaciones procedentes de la UE (con un periodo de transición de 15 años a contar desde la firma), que se concentran en maquinaria industrial, vehículos y algunos productos químicos. Se excluyen, sin embargo, productos sensibles para la economía de Ghana, como la carne de pollo y otros animales, tomates, azúcar (excepción también en las importaciones de la UE), tabaco, trigo y prendas de vestir, entre otros[1].

¿Por qué no es condición necesaria la introducción del principio de reciprocidad?

La UE quiere una liberalización comercial recíproca con la justificación de que, según interpretan, la Organización Mundial del Comercio (OMC)[2] obliga a acabar con la no-reciprocidad entre las distintas partes que comercian y que no formen un acuerdo de integración. Esta excepción al principio de reciprocidad está aceptada desde los años 70 (cuando la OMC todavía era GATT), a raíz del discurso en la ONU de  Raúl Prebisch, en el que diferenciaba la ‘reciprocidad real’ frente a la ‘reciprocidad formal’, es decir, los socios comerciales asimétricos no pueden ser tratados como iguales. Para ello, se añadieron los artículos del XXXVI al XXXVIII. En ellos se constata que “Las partes contratantes desarrolladas no esperan reciprocidad por los compromisos contraídos por ellas en negociaciones comerciales de reducir o suprimir los derechos de aduana y otros obstáculos al comercio de las partes contratantes poco desarrolladas” (art. XXXVI-8).

Freno a la industrialización

Vemos como la OMC no obliga, al menos todavía y de manera formal, a la reciprocidad entre socios en distintas condiciones de desarrollo. En el caso de Ghana y de su AAE (recordemos: provisional) con la UE, sin embargo, se ha introducido este principio. Ghana, un país muy abierto al comercio exterior pero poco diversificado en su estructura productiva, puede sufrir retrocesos en el desarrollo de una estructura industrial debido a la entrada de productos europeos libres de aranceles y de mayor calidad. Es cierto que la entrada de bienes intermedios más baratos significaría menores costes en la industria, pero si ésta es prácticamente inexistente en los países africanos, supondrá, principalmente, un aumento de las importaciones y una reducción drástica de los ingresos por aranceles, ya que no se espera un aumento significativo de las exportaciones de Ghana a Europa debido a que el comercio en esta dirección ya está lo suficientemente liberalizado.

¿Por qué se ha firmado este acuerdo?

A Ghana no le ha quedado más remedio que firmar este acuerdo provisional a la espera de que se firme el acuerdo regional África Occidental-UE (que incluye a países como Benín, Mali, Nigeria y Senegal, entre otros). Ghana no es considerado como País Menos Avanzado (PMA), así que no puede acogerse a esquemas alternativos de comercio con la UE.[3]

Mientras, la UE frena los avances en materia agrícola en la OMC y protege su agricultura. Cierto es que esto no afecta a países exportadores de productos tropicales como es el caso de Ghana, pero sí a muchos otros países en desarrollo (PED), ya que se observa esta misma posición en los tratados bilaterales. Esto, sumado a las barreras no arancelarias y a las normas de origen, muestra un doble discurso que atrasa todavía más el desarrollo de estos países africanos, caribeños y del Pacífico (y de los PED en general). ¿Por qué esta obsesión por introducir este principio? Puede ser por la pérdida de cuota europea en las importaciones de Ghana que se ha ido produciendo en los últimos años, o por un cambio de filosofía por el cual se piensa que el comercio libre es el único y verdadero camino al desarrollo. Sea por la razón que sea, parece que no se contempla alternativa alguna a la reciprocidad.

Consecuencias para Ghana

Queda claro que los riesgos para la economía de Ghana (y del resto de países africanos en menor o mayor medida) son reales. El desarrollo de una capacidad productiva industrial sólida no se conseguirá profundizando en la liberalización comercial recíproca.

También comporta un riesgo para los acuerdos de integración regionales, necesarios y deseados desde hace tiempo pero complicados de llevar a cabo. Con los acuerdos bilaterales se ponen trabas a este proceso, y más en un contexto en el que las negociaciones multilaterales no avanzan (ver el caso de la fallida Ronda de Doha, a la que se decidió llamar Ronda del Desarrollo).

En palabras del presidente senegalés Abdoulaye Wade en 2007, “las economías africanas y europeas son forzosamente desiguales. Las debilidades estructurales de la industria africana no permiten una elasticidad suficiente generadora de productos de exportación. Es una cuestión de capacidad, y no de coyuntura. […] Aceptar los AAE significa para nosotros liberar totalmente nuestros mercados a los productos europeos, sin esperar, como contrapartida, exportar de manera significativa al mercado europeo”.

A pesar de que el acuerdo está ya firmado, parece necesario repensar las condiciones, aplicar una moratoria o encontrar una fórmula que permita ‘proteger’ a los PED, en este caso a Ghana. Esto se puede conseguir en el acuerdo regional, ya que no hay que olvidar que el AAE de Ghana es provisional y, además, hay que ir revisándolo cada cierto tiempo. La realidad es que estos países no se pueden quedar sin un marco comercial viable con la UE, aun con el riesgo de ahondar en la vulnerabilidad de los países como Ghana ante los vaivenes de la economía global y a las exigencias del socio comercial más fuerte.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


[1] Cabe tener en cuenta que estos acuerdos se encuentran en el marco del Acuerdo de Cotonú del año 2005, que es el que rige las relaciones comerciales entre la UE y los países ACP.

[2] Principios del GATT: i) no discriminación, que a su vez consta de la Cláusula de Nación Más Favorecida (NMF, art. I) y el Trato Nacional (art. III) y ii) reciprocidad, por el cual el país que se beneficia de una reducción arancelaria por parte de otro país miembro debe corresponder con reducciones arancelarias sustancialmente equivalentes.  Los países o regiones que formen una Unión Aduanera (UA) o un Área de Libre Comercio (ALC) quedan eximidos de la observancia del principio NMF.

[3] Un ejemplo de esquema alternativos de comercio con la UE es el Everything But Arms, por el que los PMA pueden introducir libremente casi cualquier producto en el mercado europeo a excepción de armas y munición. Son países donde su economía depende en gran medida de las exportaciones a varios países europeos.

 

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Eva Valera

Barcelona, España. Licenciada en Ciencias Ecónomicas y con dos máster: uno en comercio internacional (del ICEX) y otro en economía internacional y desarrollo (UCM). He vivido en París, Toulouse y Cambridge, y ahora en Madrid. Con intención de acabar el doctorado algún día. Me apasiona África, leer noticias, ser fotógrafa urbana y el café.


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