26/06/2019 BARCELONA

Henning Mankell: novela negra y activismo literario

Al igual que su compatriota Ingrid Bergman, el escritor Heinning Mankell es “el calor que vino del frío”. Cuenta con legiones de seguidores en todo el mundo y su propio club de fans. Pero este sueco sabe poner el dedo en la llaga y sacar a la luz las miserias de las sociedades de los países industrializados y los peligrosos juegos de las Relaciones Internacionales


“Más tarde Wallander recordaría a la muchacha en llamas en el campo de colza como se recuerda una pesadilla lejana, con suma dificultad, prefiriendo olvidarla”. Así se siente un hombre acostumbrado a enfrentarse cada día con el lado más oscuro del ser humano. Se trata del  Inspector Kurt Wallander de la policía de Escania, la provincia más austral de Suecia, justo en la frontera con el mar Báltico, muy cerca de la antigua URSS. Este personaje es el alter ego de su creador, el novelista sueco Henning Mankell. Tiene su misma edad, disfruta con la Naturaleza y la ópera y sufre por la maldad en el mundo. Aunque hay un punto en el que sus vidas se separan: Wallander acaba de “jubilarse” y disfruta de su retiro y Mankell regresa de su refugio africano de vez en cuando para atender los compromisos editoriales que conlleva tener  libros traducidos a 37 idiomas y vender más de 30 millones de ejemplares.

Luces y sombras del Estado de Bienestar

Los libros de Mankell son un claro exponente de la novela negra escandinava que  arrasa entre los lectores de todo el mundo. Su enfoque social y político donde las tramas sacan a la luz las miserias del Estado del Bienestar, cada vez más en entredicho, los grupos mafiosos diseminados por los países antaño satélites de la URSS, el tráfico de personas, la trata de blancas, el racismo y la xenofobia  causados por la llegada de inmigrantes a la próspera Suecia o el narcotráfico. Es el impacto local de los grandes movimientos globales.


En “El Chino”, por ejemplo, la jueza Birgitta Roslin investiga un crimen múltiple cuyo origen se remonta a una vieja historia de 1860, cuando miles de ciudadanos chinos fueron obligados a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en Estados Unidos –según Mankell es más barato comprar a una persona ahora que en 1820- acaba comprometiendo la estrategia de una China que se abre al capitalismo y a la conquista de África. La novela nace de la preocupación de Mankell por la toma de posición del gigante asiático en el continente africano. “Tenemos que estar atentos para que China no inicie una nueva posición colonialista en el mundo”, advierte.

El expolio de África y el ascenso de China

Esta declaración surge del convencimiento de Mankell de que, como intelectual, tiene una responsabilidad: “escribir sobre aquello que no está bien”, como él mismo lo define. Este escritor – cuyo ejemplo de feroz crítica social secundó con su trilogía Millenium Stieg Larsson- abrió los ojos al mundo sobre lo que sociedades, en muchos aspectos tan modélicas como la sueca, pueden tolerar. Como contemplar impasible el expolio del continente africano. China se acaba de subir a este carro, tal y como revelan en su libro Serge Michel y Michel Beuret China en África (Alianza Editorial). Al igual que Mankell, pero no desde la ficción, sino desde la cruda realidad, ambos periodistas franceses describen el apetito de China por las materias primas de como “una transformación tan decisiva como la descolonización”, ya que los chinos seducen a los dictadores porque invierten y no hablan de democracia, y a los pueblos porque construyen carreteras y casas.

Hace 25 años, movido por su afán de comprender mejor la condición humana y de ver el mundo desde una óptica que no fuera la europea, Mankell se marchó a Mozambique.  Compatibiliza el género negro con su “serie africana” con títulos como Tea-Bag, en el que el autor denuncia la trata de blancas o El hijo del viento, sobre la percepción en los países “civilizados” de la temida figura de “el otro”. Mankell está convencido de que “África necesita la ayuda de Europa, pero también Europa necesita la ayuda de África, pues los africanos tienen cualidades de las que debemos aprender”. Y aprovecha para subrayar que “antes del colonialismo la relación entre Europa y África era buena”.

Al igual que hace su personaje en la ficción, Mankell muestra su indignación ante el hecho de que las costas europeas sigan llenándose de muertos que llegan en precarios cayucos, y de que se aplique a personas, incluidos los niños, el calificativo de ilegales. El ejemplo más reciente lo encontramos en la crisis desatada en el puerto italiano de Lampedusa, desbordado por la llegada de ciudadanos tunecinos huyendo de las revueltas y que llevó a Francia a plantear una “suspensión temporal” del tratado de Schengen. “Cuando me preguntan dónde está el centro de Europa, yo digo que ahora mismo está en Lampedusa. Tenemos un grave problema en el sur de Europa que hay que solucionar”, declaraba durante su última visita a España.

“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad”, subraya Mankell.

Aunque es mucho más conocido como novelista, el teatro es una parte fundamental de su creación. Dirige un teatro en Maputo (Mozambique) su residencia desde hace 25 años, donde ha representado a Lorca, Shakespeare o Brech “El teatro tiene allí un impacto muy fuerte. Es la única manera en la que aquellas personas pueden ver sus vidas hechas arte, pues la mayoría no saben leer”, indicó.

Mankell podría ser definido como un “activista literario”. Como dijo de él en una presentación en la embajada de Suecia en Buenos Aires el embajador Arne Rodin, “sus obras son una vigorosa protesta contra los males de la explotación, el saqueo y la humillación”. No en vano participó en la Flotilla de la Libertad que en 2010 fue atacada por el ejército israelí cuando intentaba romper el bloqueo a Gaza. También ve con buenos ojos las revoluciones árabes, aunque prefiere ser prudente, pues “nadie sabe cómo terminarán”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Esther Ortiz

Madrileña, periodista de Acción Social, RSC y Gestión Cultural. Especialista en diseño de proyectos culturales, sociales y comunicacionales, así como de relaciones entre empresa y ONL como socios de acción y conocimiento. Me encantan los perros y Berlín es mi ciudad favorita. Le sigo la pista al Inspector Wallander; me emociona la voz de Robert Smith y aún sigo esperando que Ilsa no se suba a ese avión y se quede con Rick. Y cada día libro pequeñas batallas, logro pequeñas conquistas que hacen que me sienta un poquito Wonder Woman.


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