04/08/2020 BARCELONA

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Enmarcado en los 16 días de activismo de la campaña de Naciones Unidas para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer y las niñas, queremos hablar de esta violencia desde uno de los diversos ejes que la caracteriza: la violencia obstétrica.

La violencia obstétrica es aquella que tiene que ver con la sexualidad y la reproducción femenina. Consiste en la apropiación del cuerpo de la mujer y el proceso del parto por los profesionales de la medicina, considerando patológicos todos los partos (en oposición a fisiológicos, naturales), convirtiendo a la mujer en paciente (y no usuaria) de manera automática, y realizándose actos médicos y farmacológicos rutinarios sin permitir que la parturienta participe activamente en las decisiones sobre su propio cuerpo. Sin embargo, no está todavía en el foco de las políticas para la prevención de las violencias machistas.

India y las campañas de esterilización

En noviembre de 2014, 13 mujeres murieron como resultado de una esterilización de “mala praxis” médica. No fue una simple negligencia. Estas mujeres fueron doblemente víctimas, por una parte,  de la mala gestión de un médico que les introdujo en el cuerpo instrumentos no esterilizados y provocándoles una infección letal; por la otra, de una campaña de esterilización promovida por el país asiático para frenar la natalidad. Este caso concreto pasó en la localidad de Pendari, distrito de Bilaspur, en el centro del país, donde la población ha aumentado un 12% entre 2001 y 2011 y la densidad es de 327 habitantes por quilómetro cuadrado (la media en la India es de 382 de acuerdo al censo de 2011). El médico practicó ese día 83 laparoscopias seguidas, sobrepasando de largo el límite de 30 diarias. La presión gubernamental que instaba a los médicos a hacer un número mínimo de intervenciones en una jornada le hacía priorizar el ritmo de trabajo a las condiciones higiénicas y de salud de las mujeres, poniéndolas en peligro. Y pasó lo que pasó.

Las campañas de esterilización tienen lugar en la India desde los años 70. El gobierno ha establecido campamentos dónde tienen lugar las intervenciones de manera masiva en las zonas donde las condiciones socioeconómicas de la población son muy bajas, y las familias numerosas son lo habitual. Someterse a esta operación viene acompañado de la política de “premio o castigo” ya que aunque es “voluntario”, tiene incentivos económicos (no tan solo en rupias, sino también en bienes materiales como televisiones o vehículos motores). Así, el capitalismo ejerce uno de sus juegos más malvados, casi obligando a las mujeres a formar parte del programa para poder tener acceso a aquellos bienes de los que el mismo sistema les priva. Por otro lado, se hace evidente la condición de doble opresión sobre las mujeres, porque la sociedad patriarcal considera que está “mal vista” la práctica de la vasectomía, que tendría los mismos efectos, pero sobre el cuerpo del hombre. Según la ONG Fundación para la Población de la India, en el 2013 se practicaron en la India 4,6 millones de esterilizaciones, y de estas, el 72% fueron sobre mujeres.

Imagen: Las mujeres se someten a la esterilización para acceder a bienes económicos o de consumo / Reuters
Imagen: Las mujeres se someten a la esterilización para acceder a bienes económicos o de consumo / Reuters

Esta violencia que la que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres y sus procesos reproductivos a través de la deshumanización, el exceso de medicalización y la patologización de los procesos naturales de reproducción; es también violencia de género, a pesar de que no se suele tener en consideración cuando hablamos de agresiones machistas, pero que en cambio es muy frecuente en las sociedades actuales. Quizás por ello esta violencia está tan asumida y tan poco visibilizada en lo que se denominan “países desarrollados”. Esta violencia obstétrica es violencia porque establece una relación de poder del equipo médico sobre la mujer, quien se convierte en víctima y es agredida en el momento en el que deja de tener capacidad o posibilidad de decisión, acerca de las prácticas efectuadas sobre su propio cuerpo; como si el embarazo y el parto fueran una enfermedad.

España y la tiranía de las cesáreas

Dos ejemplos (además de la esterilización) podrían ser las cesáreas, el parto no vaginal mediante una incisión en el vientre; y las episiotomías, corte en el periné para hacer más grande el orificio de la vagina. La Conselleria de Salut Valenciana calculaba en el año 2006 que un 79% de partos vaginales en los centros públicos se resolvían con episiotomía, un 89% en el caso de los centros privados. Este procedimiento puede llegar a causar daños en el útero, el feto o el periné, llegando prácticamente a ser una mutilación vaginal, en muchos casos sin consultar a la mujer que da a luz, y con una efectividad no probada.

Aquí, las cesáreas, las episiotomias, el uso de anestesia -que detiene la dilatación-, la separación de la criatura recién nacida inmediatamente después del parto… son prácticas que se llevan a cabo frecuentemente de manera innecesaria e injustificada, y cada vez más frecuente, no porque sean beneficiosas para la madre o el bebé, sino por comodidad para las y los profesionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece, por ejemplo, que las cesáreas son adecuadas en un 14% de los partos, mientras que en España en el 2007, esta cifra alcanzaba el 27% del total.

De hecho, de acuerdo a la ley catalana 5/2008, de 24 de abril, del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, cuyo redactado se considera uno de los más “completos y avanzados” en cuanto al reconocimiento de la diversidad de violencias machistas, desvía el foco de responsabilidad de las estructuras de poder pues contempla los derechos sexuales reproductivos (entendiendo esto como una aproximación a la lucha contra la violencia obstétrica), pero cuando habla de ámbitos desde dónde se ejercen estas violencias (pareja, comunidad…) pasa por alto el ámbito institucional.

Latinoamérica y la omnipresencia de la violencia obstétrica

Allí la mirada es diferente. La violencia obstétrica está muy extendida, hasta el punto de que comienza ya a ser un eje primordial en las políticas de prevención de la violencia de género. Una de las últimas noticias al respecto es el caso de Ecuador, país en el que de acuerdo al del Informe Sombra -redactado por la Coalición Nacional de Organizaciones de Mujeres del Ecuador- en noviembre de 2014, se ha incorporado la violencia obstétrica como forma de violencia de género. Ecuador se sumaba así a los otros tres países de la región que ya contemplan en su legislación este tipo de violencia a través de un tratamiento jurídico.

Imagen: Manifestación en Oaxaca, Méjico, diciembre del 2013 / César Martínez López)
Imagen: Manifestación en Oaxaca, Méjico, diciembre del 2013 / César Martínez López)

Venezuela fue el primer país del mundo en reconocerla en 2007, año en que se aprobó la Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, y que en su artículo 51 describe el concepto de violencia obstétrica y establece sanciones administrativas. Seguido, desde el 2009 Argentina cuenta con la Ley de Protección Integral para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres (Ley Nacional 26.485), hablando de la obstétrica como una violencia institucional. El último país en añadirse fue Méjico, que en abril de 2014 aprobó las modificaciones del artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tipificándola como un delito.

Por eso, desde organizaciones como El Parto es Nuestro, formada por usuarias y profesionales, se reivindica la reproducción como un hecho natural, perteneciente a la mujer. Para estas, el parto tiene que ser “integral”, es decir, no debe ser un acto patologizado y sometido a procedimientos médicos por hacerlo más sencillo y rápido. La voluntad es recuperar el protagonismo de la mujer en su sexualidad evitando la intervención y la violencia en el nacimiento, para que se convierta en asistencia y respeto, tal y como se está haciendo en Latinoamérica.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


Almudena Díaz15/04/2015
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El Instituto de Culturas del Islam de París ofrece desde ahora y hasta finales de julio la exposición “Cherchez l’erreur”, una muestra sobre cómo la guerra y las revoluciones árabes en Oriente Medio han impactado sobre la creación artística. ¿La particularidad? Todas las artistas expuestas son mujeres, y sus testimonios ofrecen una mirada muy distinta de la habitual sobre la guerra en Oriente Medio.


Almudena Díaz25/11/2014
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Hoy 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. También conocida como violencia por razones de género. Este tipo de violencia constituye una violación fundamental del derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la dignidad, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la no-discriminación y a la integridad física y mental. Una verdadera pandemia global que en pleno siglo XXI está todavía muy lejos de ser erradicada.

¿Qué se entiende por violencia contra la mujer?

De acuerdo con la Asamblea General de Naciones Unidas:

Por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

¿Cuáles son las formas de ejercer la violencia de género?

Aunque es difícil distinguir entre diferentes tipos de violencia, ya que éstas no son excluyentes, las formas de ejercer violencia de género son múltiples:

La violencia doméstica, el acoso sexual, la violación sexual, la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, los crímenes de honor, el tráfico de mujeres, la prostitución forzada, la violación sistemática como arma de guerra, la esterilización forzosa, el aborto y el embarazo forzado, la esclavitud sexual, el infanticidio femenino, y la selección prenatal por razones de sexo.

Imagen: Infografía Beijing 20 / UN Women
Imagen: Infografía Beijing 20 / UN Women

No se trata de una práctica que sólo suceda en determinadas partes del mundo. Las cifras son claras: 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha soportado violencia física o sexual, principalmente por un compañero sentimental. Este tipo de violencia supone una violación de los derechos humanos de las personas, y su perpetración refuerza y refleja las desigualdades actuales existentes entre hombres y mujeres. Dado que estas desigualdades están patentes en todos los rincones del planeta, la violencia de género también lo está.

¿Qué se esta haciendo para acabar con la violencia de género?

Con el objetivo de generar conciencia e inspirar acciones que pongan fin a una de las formas de desigualdad de género más severas, hoy 25 de noviembre Naciones Unidas, a través de su campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, celebra el llamado Día Naranja. Durante este día se invita a toda la sociedad civil a lucir algo de color naranja como muestra de sensibilización y conciencia sobre la violencia de género.

Imagen: Campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas
Imagen: Campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas

Pero no sólo se puede lucir el naranja el 25 de noviembre, sino el 25 de cada mes. Liderado por la campaña ÚNETE, el día señalado de cada mes se llevan a cabo actividades que pretenden denunciar todas las formas de violencia de género que sufren las mujeres y las niñas en el mundo. Y para ello, cada año, Naciones Unidas y las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres definen como prioritarios diferentes temas que, a día de hoy, tienen un impacto decisivo sobre la mitad de la población mundial.

A lo largo del 2014 las temáticas sobre las que se ha querido concienciar han sido:

  • La necesidad de conseguir espacios públicos seguros: las mujeres y las niñas alrededor del mundo sufren a diario violaciones de sus derechos humanos, resultado del acoso sexual y otras formas de violencia sexual en espacios públicos, como la violación o el feminicidio. Estas violaciones suceden en la calle, en los transportes públicos, en los parques, las escuelas, áreas rurales etc. Pocas son las leyes y las políticas de urbanización sensibles al género puestas en funcionamiento. La violencia y el miedo reducen la libertad de movimiento, y por consiguiente, el acceso a la educación, al trabajo, al ocio, a los servicios básicos, etc. Prevenir el acoso sexual y otras formas de violencia en los espacios públicos, es todavía una asignatura pendiente incluso en los países con mayores índices de igualdad.
  • El estigma de la violencia contra las niñas: las niñas juegan múltiples roles en el hogar y, en algunas sociedades ya desde muy pequeñas pueden ser discriminadas o víctimas de violencia, por ejemplo negándoles el acceso a la educación o restringiendo su capacidad de decisión sobre su futuro o su propio cuerpo. Además, bajo contextos de emergencia y/o conflicto, las niñas pueden ser víctimas de violaciones sexuales, prostitución forzada, esclavitud sexual, crímenes de guerra, etc. Se calcula que millones de niñas en el mundo están sometidas a prácticas dañinas, entre ellas, la mutilación genital femenina y el matrimonio temprano. A día de hoy se estima que 700 millones de mujeres en el mundo han experimentado un matrimonio prematuro, práctica que en muchas ocasiones implica la perdida de oportunidades de educación y de acceso al mercado laboral, una mayor probabilidad de embarazo adolescente y de baja salud reproductiva, mayores tasas de mortalidad materna y de violencia doméstica.
  • La violencia de género en la economía informal: millones de mujeres en todo el mundo sobreviven a través de la economía informal, en condiciones de trabajo precarias, desregularizadas. La mayoría de ellas son trabajadoras del sector doméstico, el cuidado de las personas, la agricultura, la venta ambulante y la recogida de desechos. Desprotegidas por la ley en el desarrollo de sus actividades, pueden sufrir condiciones de explotación laboral, trabajo forzado, precariedad (inexistencia de beneficios sociales, cobertura médica, salud ocupacional, convenio laboral), e incluso esclavitud. Aunque la violencia contra las mujeres en el entorno laboral puede afectar todos los sectores, las trabajadoras domésticas son, por las condiciones de informalidad que caracterizan este sector, las principales víctimas.
  • La violencia contra las mujeres y las niñas en el mundo del deporte: el deporte como carrera profesional o como ámbito de participación en los espacios públicos, puede proveer a las personas de las herramientas necesarias para desarrollar valores tan importantes como la capacidad de liderazgo, la confianza en uno mismo y el acceso a una mejor posición social. Sin embargo a día de hoy e incluso en los países más desarrollados, el deporte, y especialmente el profesional, sigue siendo mucho más practicado por los hombres que por las mujeres. Muchas mujeres y niñas no tienen la posibilidad de desarrollar su potencial en este ámbito, tanto por barreras relacionadas con la tradición y la religión, como por barreras sociales. Además, en los países más restrictivos con los derechos humanos de las mujeres, éstas pueden sufrir violencia por el mero hecho de practicarlo, y han de afrontar fuertes obstáculos para poder desarrollarse profesionalmente en el mundo del deporte. Finalmente, situaciones como las acontecidas en algunos eventos deportivos también pueden desencadenar en un aumento de la violencia de género, como por ejemplo muestran algunos estudios, sucede tras un mundial de fútbol.
  • La violencia contra la mujer en el entorno laboral: el empoderamiento económico de las mujeres es un elemento esencial para hacer frente a las causas estructurales de la desigualdad de género, le feminización de la pobreza y la violencia contra las mujeres y las niñas. La violencia de género en el entorno laboral puede adoptar diferentes formas, desde el acoso hasta la discriminación y el bullying. Las empresas tienen la responsabilidad de asegurar entornos laborales libres de violencia para todas las mujeres y las niñas, no sólo a través de campañas de comunicación y marketing corporativo, sino también por medio de políticas de tolerancia cero y no discriminación, acompañadas de herramientas y acciones para su correcta implementación.
  • La violencia sexual contra las mujeres y las niñas bajo situaciones de conflicto: la violencia sexual durante y tras situaciones de conflicto afecta a millones de personas, principalmente mujeres y niñas. De hecho puede ser utilizada como una herramienta de guerra tanto por actores estatales como no estatales, e incluye: la violación sexual, la esclavitud sexual, la mutilación genital, el embarazo forzado, la esterelización forzada…Sucede tanto en las propias comunidades como en campos de refugiados, en centros de detención, en checkpoints etc. Además, dada la situación de emergencia que caracteriza las los conflictos, muchos de los perpetradores de estos actos lo hacen con total impunidad, y los sobrevivientes tienen miedo de denunciar y muchas dificultades para acceder a la justicia, incluso una vez terminado el conflicto.
  • La Mutilación Genital Femenina (MGF): la MGF es una violación de los derechos humanos, su práctica se justifica en una mezcla de razones culturales, sociales y religiosas. Se calcula que más de 130 millones de niñas y mujeres en el mundo han sido víctimas de esta práctica que, en la actualidad, se extiende a 29 países en África y en Oriente Medio. La MGF no tiene ningún beneficio para la salud de las mujeres sino todo lo contrario: conlleva un grave daño para los órganos de la persona, puede producir dificultades en el parto, infecciones graves etc. Además de que implica una grave violación de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.
  • Asegurar un mejor acceso a la justicia para las sobrevivientes de la violencia de género: las leyes deberían criminalizar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, y para ello es necesario que se disponga de sistemas que aseguren el acceso a la justicia, el seguimiento de estos crímenes, y el apoyo a las víctimas. Sin embargo son muchos los obstáculos que impiden a las mujeres y las niñas poder reportar estos abusos, e incluso algunas áreas del planeta dónde ni siquiera son considerados crímenes o las autoridades sociales son permisivas con la violencia de género.

Hoy más que nunca tenemos que tener presente que la violencia contra las mujeres y las niñas se puede evitar. La prevención es posible y esencial, para caminar hacia una sociedad libre de violencia y discriminación por razones de género. Hoy, en el Día de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, sensibilízate, luce algo naranja, #orangeurworld.



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