14/07/2020 BARCELONA

Noruega archivos | United Explanations

Nayla Videla08/10/2014
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La crisis política en Ucrania que se desató en noviembre del año pasado ha provocado tensiones en las relaciones entre Rusia y Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea le han impuesto sanciones económicas y financieras a Moscú por su apoyo a la anexión de Crimea a territorio ruso. Como consecuencia, Rusia ha respondido con la prohibición de las importaciones de productos alimenticios y agropecuarios provenientes de aquellos países. Así es como se abre un mercado con gran potencial para los productos latinoamericanos.

Ante un escenario mundial en el cual Rusia es acusada, por Washington y Bruselas, de violar el principio de ”No injerencia en los asuntos internos de los Estados” al intervenir en el conflicto en Ucrania, se le impusieron diversas penalidades. Entre las medidas se encuentran la prohibición a diversos políticos rusos del ingreso a Europa y congelamiento de sus activos, el incremento de dificultades para la financiación de las empresas rusas, dificultades para la importación de materiales destinados al sector energético, entre otros. La intención de estas sanciones es atacar al núcleo de la economía y del poderío ruso: el sector energético (dificultando la financiación e inversión europea en empresas estatales Gazprom, Rosneft y Transneft) para así convencer a Rusia de la necesidad de negociar.

El Secretario de Estado norteamericano John Kerry, junto a C. Oleksandr Turchnov Presidente interino de Ucrania y el Primer Ministro Arseniy Yatsenyuk – Conversaciones en Kiev Marzo 2014

En respuesta, el Kremlin prohibió la importación por un año de alimentos y productos agropecuarios desde la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia y Noruega. La lista de productos afectados incluye las carnes de vaca, pollo y cerdo, el pescado y sus sub-productos, los productos lácteos y por último, las frutas y verduras. También, las autoridades anunciaron que estudian limitar la importación de autos, textiles y hasta está considerando cerrar su espacio aéreo a las aerolíneas europeas. La decisión también contempla respaldar a las empresas rusas afectadas por las sanciones europeas y estadounidenses otorgándole ayudas económicas.

Rusia es un importador neto de productos alimenticios. Las cifras correspondientes al primer cuatrimestre del año fueron de 16.900 millones de dólares y sus exportaciones de 7.100 millones de dólares.

En cuanto a sus socios comerciales, Rusia absorbe el 10% de las exportaciones agrícolas y agroalimentarias de la UE por un monto de 12.000 millones de euros por año. Por lo cual, estas prohibiciones no sólo pueden implicar la pérdida del negocio sino la saturación del mercado interno europeo. En cambio, para Estados Unidos, la nueva norma no implica un daño sustancial. El año pasado las exportaciones americanas equivalieron a 1.300 millones de dólares y, de ese total, los productos afectados corresponden sólo a la mitad. Ocurre una situación similar con Australia, los bienes prohibidos solo corresponden a 30 millones de dólares. No son cifras importantes para las dimensiones de estos dos países.

La Ministra de relaciones exteriores de Ecuador, María Isabel Salvador, y el Canciller de Rusia Sergey Lavrov

Para evitar la escasez en el supermercado, el gobierno ruso está buscando diversificar sus mercados recurriendo a América Latina, la cual tiene una matriz de exportaciones alimenticias muy amplia, que incluye los productos que Rusia prohibió importar. En este marco, se realizaron encuentros entre el director del Servicio ruso de Inspección Agrícola y Ganadera, Serguéi Dankvert y los embajadores ecuatoriano, chileno, argentino y uruguayo en Moscú. En esta serie de reuniones, Ecuador que es uno de los mayores socios latinoamericanos de productos no petroleros, propuso exportar más atún, café, brócoli, frutas tropicales y lácteos; Chile busca aumentar las exportaciones de carne de cerdo, pollo, pescados, verduras y frutas. En la misma línea, Argentina pretende aumentar sus suministros de ternera, cerdo y pollo, quesos, leche en polvo, mantequilla, verduras y productos del mar; Y Uruguay, propuso aumentar las exportaciones de carne de calidad suprema y abordó la posibilidad de transportar al mercado ruso cabezas de ganado.

Si bien Brasil no participó en la comitiva, se espera que suceda en breve. Este país es uno de los principales proveedores de productos alimenticios del mercado ruso y se destaca en carne bovina. Según Seneri Paludo, Secretario de Política Agrícola del Gobierno de Brasil, el país espera no sólo aumentar este volumen sino también el de maíz, soja y carnes vacunas. Con el objetivo de afianzar esta propuesta, Rusia ha levantado algunas restricciones sanitarias a alimentos que recaían sobre productos de la región. Por ejemplo, la leche brasilera. También se ha interesado en mejorar la logística entre ambos mercados como establecer vuelos charter entre Ecuador y Rusia para agilizar el transporte de mercadería.

La situación coyuntural es ideal para el aumento de las exportaciones de la región. Para poder efectivizar este nuevo negocio es necesario que cada gobierno trabaje junto al sector privado. Cada producto y cada destino tienen sus particularidades en el comercio internacional, por lo tanto desde las diversas agencias gubernamentales de Promoción de las Exportaciones deben ofrecer asistencia y capacitación sobre este nuevo y potencial mercado. Por ejemplo, Argentina ya se encuentra desarrollando una Agenda Empresarial por este asunto.

Las mejoras comerciales de este tipo no son las mejores ya que el aumento del volumen exportable es coyuntural. La cuestión no reside solamente en tomar esta oportunidad sino en aprovecharla para mejorar la competitividad real.

Frente a la respuesta positiva de America Latina de profundizar la relación comercial con Rusia, la UE ha manifestado su malestar. Optó por manifestar sus quejas por la vía diplomática pero es importante que no se endurezcan las relaciones y no se lleve esta disputa al campo político. Los respectivos gobiernos deben sopesar tanto el lado económico como el político del asunto. En cuanto la situación a Rusia, realizó la denuncia a la Organización Mundial de Comercio.

Las situaciones de crisis que se fueron acumulando a lo largo de los últimos meses afectaron a las relaciones diplomáticas entre Rusia y Occidente. Aún no se sabe qué destino le depara. Sin embargo, de toda crisis surge una oportunidad, y es el turno de América Latina de aprovecharla.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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No son superpotencias económicas. Tampoco militares. En la escena global apenas tienen peso y dentro de su contexto regional tampoco son pilares básicos. Pero se vive bien, muy bien en ellos. Ahí, al norte de Europa, están cuatro de los países donde supuestamente existe una mejor calidad de vida. Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia son, a pesar del frío, considerados como unos excelentes lugares para vivir.


Rubén Ruiz06/08/2013
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Noruega, un Estado cuya integración en algunas políticas europeas es notable, no ha alcanzado el punto de encuentro entre las intenciones de los gobiernos de adherirse a la Unión Europea, y el continuo rechazo de la ciudadanía, que ha renunciado por medio de referéndum en dos ocasiones a su pertenencia a la UE.

El petróleo transforma Noruega

Hasta el final de la primera guerra mundial, Noruega era uno de los países más pobres de Europa, en el que la agricultura, la ganadería y la pesca eran la fuente principal de ingresos. A principios del siglo XX, este país descubre el potencial del agua y utiliza la hidroelectricidad para desarrollar la industria, que se convierte en la principal fuente de energía de Noruega. Más tarde, en la década de 1950, el desarrollo de la industria química y la explotación de minerales provocan un auge económico en el país nórdico. Sin embargo, ha sido el descubrimiento de los yacimientos de petróleo en el Mar del Norte en 1969 y explotados durante los años 1970, lo que ha hecho de Noruega uno de los países más ricos del mundo, con un PIB por habitante de 62.400 euros y ocupando el primer puesto mundial en el índice de desarrollo humano.

Noruega considera su éxito económico no sólo a su potencial energético, sino a la forma en la que esos recursos han sido administrados. Gracias a estos ingresos, este país cuenta con el segundo mayor fondo soberano del mundo, que gestiona 740.000 millones de dólares, lo que correspondería a 150.000 dólares a cada ciudadano noruego, una cifra que le ha permitido al país escandinavo reembolsar la totalidad de su deuda.  Además, el gobierno destaca el modelo noruego de administrar la renta de los recursos petrolíferos: incluso si la empresa encargada de explotar los recursos no es noruega, los beneficios por esta explotación son propiedad de la nación. El petróleo representa para Noruega el 80% de sus exportaciones y, sin pertenecer a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), representaba en 2012 el séptimo exportador mundial de petróleo, así como el segundo de gas natural.

Noruega busca su lugar en Europa

En abril de 1962, Noruega solicita por primera vez su adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE), un año después de hacerlo Irlanda, Reino Unido y Dinamarca. Sin embargo, las negociaciones con los cuatro Estados candidatos se detienen debido a las reticencias del presidente francés, el General Charles de Gaulle, a la adhesión británica. A pesar de ello, estos cuatro países insisten en su vocación europea volviendo a solicitar su entrada en la Comunidad en 1963, llegándose a firmar los tratados de adhesión en enero de 1972. Sin embargo, al contrario que el caso de Irlanda, Reino Unido y Dinamarca, que ratifican estos tratados y se adhieren a la CEE en 1973, el 53,5% de los noruegos lo rechaza en un referéndum en 1972. A pesar del “no” por parte de los ciudadanos, el país escandinavo no desecha la opción de la adhesión y vuelve a solicitarla en 1992, abriéndose un año después las negociaciones. Un nuevo referéndum con resultado negativo en 1994 (el 52,2% vota “no”)  detiene los avances de Noruega en su camino hacia la Unión Europea.

Noruega y la Unión Europea, una adhesión no consumada. Foto: Hassan Bleibel
Noruega y la Unión Europea, una adhesión no consumada. Foto: Hassan Bleibel

Actualmente, el fundamento de las relaciones de Noruega con la Unión Europea se establecen en su pertenencia al Espacio Económico Europeo (EEE). Desde su entrada en vigor en 1994, este acuerdo une a los Estados miembros de la Unión Europea con los que forman la Asociación Europea de Libre Cambio (AELC o EFTA) excepto Suiza, formando un mercado interior común que permite la libertad de personas, bienes, servicios y capitales. La legislación de la UE relevante para el EEE se incorpora a este acuerdo y se transpone a las legislaciones nacionales de Noruega, Islandia y Liechtenstein. El país escandinavo también participa en un gran número de agencias y programas de la UE en varios campos y, al pertenecer al EEE y a la AELC, contribuye en materia financiera a la cohesión económica y social de la UE. El acuerdo EEE incluye la cooperación en áreas como investigación y desarrollo, educación, política social, medioambiente, protección a los consumidores, empresa, turismo y cultura. Sin embargo, quedan fuera del acuerdo la política agrícola común y las políticas de pesca (a pesar de que existen disposiciones en varios aspectos), la unión aduanera, la política comercial común, la unión económica y monetaria, la política exterior y de seguridad común, y los asuntos de justicia e interior (aunque los países AELC son parte del Espacio Schengen). Por tanto, las leyes en relación con el mercado europeo son de aplicación también en Noruega

Además de formar parte del Acuerdo Schengen, así como de Europol y Eurojust, Noruega coopera con la UE en misiones policiales como la de Bosnia. El país nórdico también colabora con Frontex en la gestión de las fronteras exteriores de la UE, siendo la frontera de Noruega de gran importancia para la UE, ya que el acuerdo de la Unión Nórdica de Pasaportes suprimió los controles fronterizos entre Noruega y Suecia, por lo que la frontera exterior noruega representa la frontera europea. Cabe destacar, igualmente, que este Estado es considerado por la UE como un país valioso con el que colaborar en importantes políticas, como es el caso de la energía o el cambio climático.

Pasado y presente: la adhesión tendrá que esperar

Tras las dos consultas a la población noruega en 1972 y en 1994, con resultados negativos, la cuestión de la adhesión a la UE se encuentra aparcada en la política interna noruega. Aunque los partidos políticos siguen haciendo referencia a la cuestión de la adhesión en sus programas, a corto plazo no se convocará un nuevo referéndum, que, con toda probabilidad en un momento en el que Europa pasa por dificultades económicas, volvería a ser rechazado por la población.

No basta con mirar a la actual Noruega y ver en el alto nivel de vida de los ciudadanos la principal causa del rechazo de la población noruega a su pertenencia a la Unión Europea. La memoria reciente del país es clave para entender su resistencia a implicarse más profundamente en la UE.

Tras algunos siglos de unión forzada con Dinamarca y, posteriormente, con Suecia, hasta su independencia en 1905, Noruega ve con desconfianza ya desde principios de siglo XX propuestas como la de Aristide Briand, en 1930, de unión federal europea. Después del Reino conjunto entre Noruega y Dinamarca aunque bajo hegemonía danesa, la dominación sueca, que se extiende de 1814 a 1905, es vista por el pueblo noruego como una humillación. La población noruega estaba compuesta en aquel momento esencialmente por campesinos y no había nobles en el país desde que los daneses dejaron Noruega. Suecia contaba con una importante nobleza, inspirada en la francesa, y despreciaba a los representantes de Noruega que llegaban a Estocolmo, lo cual favorecía el aumento del nacionalismo noruego. Posteriormente, en la Segunda Guerra Mundial, Noruega sufre la ocupación alemana con una posición ambigua por parte sueca. Sin embargo, la forma de percibir el nacionalismo durante la guerra y las consecuencias traumáticas para los principales Estados implicados no eran igual en el caso de Noruega. Por ello, tras 1945, los noruegos no consideraban tan necesario participar en la Europa unida que se estaba creando y olvidar los nacionalismos que habían llevado a los desastres de la guerra.

Actualmente, el rechazo de los noruegos a la adhesión también se explica teniendo en cuenta el alto nivel de bienestar del que disfrutan los ciudadanos de esta nación nórdica. La falta de interés, el miedo a perder soberanía y a que los derechos que hoy disfrutan los noruegos no se vean igualmente representados dentro de la UE; y el riesgo de perder recursos con la adhesión (por ejemplo, en el sector de la pesca), representan, igualmente, razones de peso de la negativa noruega a dar el paso definitivo hacia la Unión Europea.

Foto de portada: EU- delgasjonen

Artículo original publicado en Miradas de Internacional y Statu Quo Diplomático.

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Karen Oliveira02/04/2012
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Gro Harlem Brundtland fue presidente de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas y la responsable de la publicación del Informe Nuestro Futuro Común. La publicación se hizo famosa por contener la conocida definición: “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.



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