12/08/2020 BARCELONA

Tragedia en Noruega: las dos caras de una misma moneda

El episodio de Noruega nos recuerda a tragedias como las que se han vivido durante la última década en otras ciudades europeas, como Londres o Madrid. Matanzas que se perpetraron en nombre de diferentes religiones, dioses e ideologías, pero que se cobraron del mismo modo la vida de decenas de ciudadanos inocentes. Al fin y al cabo, son dos caras de una misma moneda.

El terrible episodio vivido en Noruega nos recuerda a tragedias como las que se han vivido durante la última década en otras ciudades europeas, como Londres o Madrid. Matanzas que se perpetraron en nombre de diferentes religiones, dioses e ideologías, pero que se cobraron del mismo modo la vida de ciudadanos inocentes.

El pasado viernes 22 de julio “el país en el que nunca pasa nada” se convirtió en el país donde explotó un coche bomba enfrente de la sede del gobierno y escenario de una matanza indiscriminada. Las víctimas rondan los 80 muertos, siete en el primer atentado y unos 70 jóvenes en la isla, en la que se desarrollaba un campamento de verano del Partido Laborista de jóvenes de entre 16 y 22 años, a manos de un solo hombre, Anders Behring Breivik. Este noruego nacionalista, ultraderechista y anti-islamista preparó meticulosamente su plan para atentar contra los pilares de lo que él más odiaba: el marxismo y el multiculturalismo. Más allá de crear terror y difundir una propaganda política, su plan era parte de una elaborada estrategia para destruir estos valores.

Sin embargo, Breivik comparte mucho con esos fundamentalistas islamistas a los que él tanto odia: el odio al diferente (muy centrados en homosexuales e inmigrantes, especialmente los musulmanes), la intolerancia y una causa por la que creen que merece la pena sacrificar la vida de inocentes que nada tienen que ver con la cruzada que ellos mismos se han impuesto. Al fin y al cabo, son dos caras de una misma moneda.

Cuando la amenaza viene de dentro

Cuando aún no se conocían más detalles del ataque que se había perpetrado contra la sede del gobierno noruego, muchos ya eran los que apuntaban al grupo terrorista de Al Qaeda como autor de los hechos. Incluso el periódico New York Times lo publicaba en su portada en el diario online, basándose en una declaración de un “grupo yihadista” que había reivindicado el atentado, grupo que posteriormente se comprobó que ni siquiera existía.

Cuando empezaron a esclarecerse los hechos y se conoció que el culpable del atentado y de la masacre en la isla de Utoya no era un islamista fundamentalista que había actuado en el nombre de Alá, sino un noruego de 32 años, blanco, cristiano y anti-islamista, la palabra “terrorismo” desapareció de todas las páginas de noticias europeas. En el ideario europeo, el terrorismo islamista es el único capaz de cometer un crimen tan atroz, parecíamos incapaces de concebir que la amenaza podía venir desde dentro.

En efecto, es mucho más fácil culpar a alguien de fuera que pensar que puede haber algo dentro de nuestras propias sociedades que falla. Los atentados en Noruega nos enseñan que el uso de la violencia no es exclusivo de ninguna religión o cultura, sino que diferentes personas con ideas radicales pueden recurrir a la violencia para perseguir sus objetivos.

El contexto de Breivik: la subida de la extrema derecha en Europa

Aunque detrás de los atentados hallemos a un individuo con delirios megalómanos y omnipotentes y unas ideas radicales, no hay que aislar este hecho del contexto en el que Breivik ha cultivado este ideario radical. No hay que olvidar que éste militó durante años en el Partido del Progreso noruego, de extrema derecha y la segunda fuerza política del país con el 23% de los votos en las pasadas elecciones. La extrema derecha ha ido ganando adeptos en la mayoría de los países europeos, ya sea en Finlandia con la subida en las pasadas elecciones del partido de los Auténticos Finlandeses; el Partido holandés del ídolo anti-islamista de Breivik, Geert Wilders; el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o incluso el peligroso auge en las pasadas elecciones catalanas del partido ultraderechista Plataforma per Catalunya.

Discursos de xenofobia, racismo e intolerancia se han convertido en el día a día no sólo de partidos políticos de ultraderecha en Europa, sino también de medios de comunicación e incluso de partidos de derecha que se han ido acercando peligrosamente a ideas de la derecha más radical ante la amenaza de perder votantes frente a otros partidos de ultraderecha, como es el caso del partido del Presidente francés Sarkozy o el Partido Popular en España. Incluso la canciller alemana Angela Merkel sentenciaba que “el multiculturalismo ha fracasado completamente”.

Los discursos políticos se han ido radicalizando y los partidos políticos han enviado mensajes alarmistas sin importar las consecuencias a largo plazo. Los ciudadanos se han convertido así en meros votantes a los que se puede manipular a placer con programas y políticas cortoplacistas. La crisis económica que está azotando al continente europeo está favoreciendo el odio hacia el inmigrante, mientras que los políticos se aprovechan de ello, convirtiéndoles en el chivo expiatorio, mientras desvían la atención de las verdaderas causas y culpables de la crisis. Mensajes sobre los gastos sociales por parte de los inmigrantes alarman a los ciudadanos, preocupados por una hipoteca que los asfixia y un sueldo que no les alcanza. Una visión que se aleja de una realidad en la que, si tomamos datos oficiales de la seguridad social en España, los inmigrantes cotizan más de los que gastan de esta seguridad social.

La culpabilización y el odio hacia el diferente es una tendencia social que suele aflorar en épocas de crisis y dificultades. Sin embargo, políticos y medios de comunicación no deberían dejarse llevar por estas inclinaciones xenófobas e intolerantes y evitar cálculos tan cortoplacistas. Las ideas en las que se ha basado el asesino Breivik para perpetrar la matanza son las mismas de las de muchos políticos que ocupan escaños en parlamentos europeos.

Ésta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


6 comments

  • Rafael Salinski

    27/07/2011 at

    Me encanta la apostilla final:
    “Ésta es un explicación sin ánimo de lucro”.

    Por lo demás, buena.

    Reply

    • Ana Almuedo Castillo

      27/07/2011 at

      Así es, todas las explicaciones y opiniones de esta página se hacen “sin ánimo de lucro”. Todos los donantes son bienvenidos!
      Gracias por comentar!

      Reply

  • Esther Ortiz

    27/07/2011 at

    Contundente, claro y conciso. Muy bien Ana. Es muy fácil decir que el multiculturalismo ha fracasado, porque en sí no implica integración – es otra forma de engañar a los ciudadanos-. Hay que pasar del multiculturalismo a la interculturalidad.

    Reply

    • Ana Almuedo Castillo

      27/07/2011 at

      Gracias Esther! Tienes toda la razón, el siguiente paso que nos queda es aceptar la realidad de que ya no sólo se trata de una convivencia de culturas en un mismo espacio-tiempo, sino que éstas misma culturas ya no son impermeables.
      Muchas gracias por tu comentario, como siempre, enriquecedor 🙂

      Reply

      • Paco yanes

        08/08/2011 at

        Muy bien Ana, enhoabuena, decir las cosas claras es una virtud no bien vista por la inmensa mayoría de los medios…..hay que guardarse, parecen decir. Efectivamente se le ha indigestado a muchos medios el que el atentado terrrorista sea protagonizado por uno/os, de su misma ideología(?)y a la que alimentan impunemente desde sus púpitos;si, efectivamente la palabra terrorismo desapareció inmediatamente del discurso de los voceros profesionales de la inquina y la intoxicación

        Reply

  • Sergi Arjona

    27/07/2011 at

    Siempre cuesta mucho más construir que destruir.
    ¿Por qué nos empeñamos en poner adjetivos al terrorismo?. Cuando es tan sólo una única cosa, terror.

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