25/11/2020 BARCELONA

Frances Galache, autor en United Explanations

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Desde finales de 2014 y durante todo el año 2015 pudimos participar, a través de las redes sociales, de un video que mostraba lo que le ocurría a una joven transeúnte por las calles de Nueva York, que buscaba denunciar el acoso sexual callejero y que tuvo un impacto viral. Este video recibió críticas tanto positivas como negativas. Por un lado, recibió un fuerte apoyo de quienes consideraban que sacaba a la luz un conflicto de convivencia que debía resolverse urgentemente; y, por otro, recibió un fuerte rechazo de quienes no entendían por qué lo que hasta entonces consideraban un cumplido, podía llegar a ser percibido por otras personas, como acoso.

A 13.700km de Nueva York, en la Ciudad Quezón, la más poblada de Metro Manila (Filipinas) dados sus más de 3 millones de habitantes, el alcalde Herbert Bautista se posicionó a favor de este video ofreciendo su imagen para la campaña global iniciada por ONU Mujeres “He for She” y declarando posteriormente querer ir más allá de la mera creación de “personajes de referencia”. Bautista quería actuar enérgicamente por la prevención del acoso y otras formas de violencia sexual contra mujeres y niñas en espacios públicos.

¿Y qué es violencia sexual?

Ya sea en Nueva York o en Manila, pocas personas dudan de que los tocamientos, los roces malintencionados, las masturbaciones públicas, el exhibicionismo y un largo etcétera de acciones, incluidas las relaciones sexuales, constituyan violencia sexual cuando no son consentidas por al menos una de las partes. Sin embargo, cuando se trata de actos menos graves pero que incomodan, o incluso intimidan, a quienes son objeto de dichos comportamientos, el consenso parece quebrarse. Por ejemplo, para quien no los desea, también los comentarios subidos de tono sobre el aspecto, las bromas y las miradas lascivas, los silbidos o los gestos sexuales, son considerados acoso sexual.

Como respuesta a la violencia sexual en los espacios públicos, existente en los más diversos países del mundo, y con el objetivo de mejorar la seguridad de las mujeres que transitan por las calles de ciudades altamente urbanizadas, en el año 2010 ONU Mujeres puso en marcha una iniciativa global llamada “Ciudades seguras y espacios públicos seguros” (Safe Cities and Safe Public Spaces es el nombre original en inglés).

En Ciudad Quezón, con la alianza de su gobierno con ONU Mujeres se lanzaba un mensaje, según el cual las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a recorrer la ciudad y a disfrutar de la misma sensación de confianza y seguridad que ellos. El triángulo de colaboraciones lo completó la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Así, Quezón se convertiría en la ciudad que lideraría la experiencia piloto en Metro Manila, y se uniría a otras 23 ciudades repartidas por todo el planeta que ya participaban en la iniciativa global y entre las que se encuentran ciudades tan dispares como Bruselas, Kigali, Nueva York o Quito.

¿Cuál es la situación en Ciudad Quezón?

Imagen: Pat Buenaobra para el evento Safe Cities de ONU Mujeres Filipinas
Imagen: Pat Buenaobra para el evento Safe Cities de ONU Mujeres Filipinas

En noviembre de 2015, el Gobierno Local de Ciudad Quezón y ONU Mujeres Filipinas recopilaron datos de investigación relacionados con el acoso sexual en los espacios públicos a través de un estudio exploratorio que servirá de base para evaluar el impacto final del proyecto. Tres meses más tarde, un segundo estudio sobre la seguridad de las mujeres y niñas en Ciudad Quezón establecería el punto de partida del proyecto en los dos barrios elegidos para el desarrollo de la experiencia piloto.

Los resultados del estudio exploratorio fueron alarmantes, tres de cada cinco mujeres en la ciudad habían sido objeto de diferentes formas de violencia sexual en las calles y otros espacios públicos y tres de cada cinco hombres reconocían haber realizado tales actos. Por otra parte, la protección legal contra este tipo de violencia era insuficiente, en gran parte por las barreras en el acceso a la denuncia a las que las mujeres se veían expuestas y al miedo a ser ignoradas o ridiculizadas por las autoridades; y/o a sufrir represalias por parte de los perpetradores.

Este mismo estudio revelaba que muchas mujeres y niñas dicen sentirse incómodas e inseguras cuando recorren las calles de la ciudad, y no se atreven a volver a casa del trabajo o de la escuela tras la puesta de sol, que en Manila suele caer entre las 17:30h y las 18:30h.

Son muchas las chicas que se sienten incómodas cuando un desconocido les pregunta si las puede acompañar. Y no son pocas las veces que prefieren dar un rodeo a los grupos masculinos con los que se van encontrando en su camino, aunque ello suponga hacer varios kilómetros más en su recorrido; o que prefieren ir acompañadas de sus padres, o incluso piden a la policía que las escolten, con tal de evitar posibles intimidaciones. Hechos muy comunes que se viven de forma, desgraciadamente, habitual y que a muchas personas no les parece un problema.

El problema de la normalización del acoso

Según manifiesta la Comisión de Mujeres de Filipinas en el estudio nombrado, “la cultura filipina ha tolerado y hasta fomentado durante mucho tiempo el acoso sexual haciendo incluso bromas sobre ello”.

Katherine de Belen, responsable nacional del proyecto para ONU Mujeres declaraba indignada a GMA News que “en muchos casos se considera que las mujeres se deberían sentir agradecidas (y) que es tan sólo un piropo” cuando les prestan cualquier tipo de atención sexual no deseada.

Uno de los discursos más oídos es el de acusar a las propias víctimas de buscar o provocar cualquier forma de violencia sexual al llevar pantalones cortos, escotes, camisetas de tirantes muy finos, o mucho maquillaje. Se repite una y otra vez que es normal acosar a una mujer ‘sexy’ y que cuando se viste o maquilla de forma especialmente atractiva es porque desea ser objeto de atención. También es frecuente exculpar a los perpetradores, recurriendo al estereotipo masculino del deseo o la debilidad sexual.

La mayoría de las veces se considera que ignorar el abuso es la mejor opción para solucionar el problema. Sin embargo, en el marco de los eventos celebrados en torno a la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, la famosa actriz filipina Glaiza de Castro mantenía que el silencio podría ser una buena solución para resolver conflictos, pero que éste no era el caso cuando se estaba presenciando un acoso sexual.

¿Y qué se está haciendo contra el acoso sexual en Quezón?

Quienes participaron en el estudio pidieron la realización de campañas que sensibilicen al público contra el acoso

Imagen: Campaña contra el acoso sexual callejero en Ciudad Quezon
Imagen: Campaña contra el acoso sexual callejero en Ciudad Quezon

sexual, entendido como “comentarios, gestos y acciones no deseados forzados sobre una persona desconocida en un espacio público sin su consentimiento y dirigidos hacia ella por su sexo, género, expresión de género u orientación sexual manifiesta o percibida”. Muchas niñas pedían más protección.

Y el ayuntamiento se puso manos a la obra. Su primera acción fue reformar la legislación de la Ciudad de Quezón e incrementar las multas por la comisión de cualquier tipo de violencia sexual en todos los espacios públicos, incluido el acoso, con elevadas multas económicas y hasta un año de prisión. Esta acción fue reforzada con la ampliación de las unidades policiales en materia de violencia contra mujeres y niñas para que también atendiesen los casos de acoso y otras formas de violencia sexual que ellas pudieran reportar. También se ha apostado por las redes sociales y la publicación de reportajes en diferentes medios de comunicación con el fin de que la población interactúe y se comunique.

Tanto el gobierno de Ciudad Quezón, como ONU Mujeres y la AECID esperan resultados positivos que impliquen la mejora de la seguridad de las mujeres y niñas en Ciudad Quezón y que otras localidades de la gran Metro Manila se unan a la iniciativa. Aún es pronto para conocer y valorar el impacto de los esfuerzos realizados hasta la fecha, sin embargo, se debe reconocer que, si bien el proyecto tan solo acaba de comenzar, el gobierno local ya ha mostrado interés por mejorar la iluminación pública, aumentando el número de farolas y de calles bien iluminadas, y se ha fijado como objetivo mejorar las condiciones de seguridad de las niñas en las escuelas públicas construyendo más vestuarios femeninos.

Aguardaremos resultados.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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El amplio debate sobre la prostitución

En Julio de 2012 el Grupo de HIV/SIDA del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicaba un amplio informe, sobre cuya base el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, recomendaba la descriminalización de la prostitución a nivel global. Sin embargo, a pesar de haber realizado entrevistas a prostitutas/os, activistas y trabajadores/as en el ámbito de la salud pública en más 140 países, este informe se centra fundamentalmente en la cuestión del SIDA y no entra a analizar las diferentes políticas que se pueden aplicar en relación con la prostitución y sus respectivos impactos, a pesar de antecedentes como el estudio elaborado por la London Metropolitan University, que sí lo hace y en profundidad.

El debate sobre la prostitución es amplio y en España especialmente encarnizado, en él participan activistas pro derechos, feministas, anticapitalistas, moralistas, usuarios, proxenetas, etc., y se alternan términos como despenalización, legalización, regulación, abolición y prohibición, de tal forma que todo puede resultar confuso, razón por la que este tema merece ser analizado y explicado desde sus diferentes puntos de vista y experiencias.

Prohibición y estigmatización

Mapa mundial de la situación legal de la prostitución Verde: Prostitución legalizada y regularizada. Azul: Prostitución legalizada (intercambio de servicios sexuales por dinero) pero no regularizada (burdeles y/o proxenetismo son ilegales). Rojo: Prostitución ilegal. Gris: Sin datos

Hay sectores que abogan por la prohibición de la prostitución en todas sus vertientes argumentando que “sólo de este modo se puede luchar contra su existencia, bien por entender que vulnera los derechos de quienes practican la prostitución o bien por considerarla una práctica inmoral”.

Dicha criminalización implica la persecución y posterior sanción penal de traficantes, proxenetas, usuarios e incluso de las propias personas que se prostituyen.

Los problemas que conlleva la absoluta prohibición son numerosos, destacando entre ellos el hecho de que no deja abierta ninguna vía de protección contra la discriminación y los abusos de los que son objeto quienes se prostituyen. Así, la propia represión criminal, muchas veces acompañada de violencia policial, empuja a la prostitución a un mundo sumergido, oculto de las miradas. Ello implica que no se puedan “negociar” condiciones más seguras ni el uso de preservativo u otros límites.

A su vez, la estigmatización de quienes se prostituyen les impide acceder a programas de prevención y cuidados del HIV/SIDA. Quienes sufren cualquier tipo de agresión durante la relación sexual, ya sean golpes o incluso violaciones, renuncian a presentar denuncia contra su agresor ante el temor de ser arrestadas por ejercer la prostitución. Finalmente, señala el informe del PNUD que la penalización implica la denegación de los derechos más fundamentales de quienes se prostituyen, pues no podrán tener propiedades de forma legal, ni registrar a sus hijos/as, acceder a educación, justicia, salud o incluso servicios bancarios.

Legalización y empoderamiento

Foto: TXP (Todo por la Praxis) – Pasarela Lumi Fashion/Hetaira

Quienes defienden la legalización de la prostitución en locales de alterne, solución por la que se ha optado, por ejemplo, en Holanda, Alemania y gran parte de Australia, argumentan que:

“Ello conllevaría un importante aporte económico a los presupuestos del país a través de los impuestos y, donde existen, cotizaciones a la Seguridad Social provenientes tanto de la propia prostitución como de los negocios indirectamente beneficiados, como cafeterías, tiendas, taxis, hoteles, etc.”

Dicha legalización supondría, además, el reconocimiento de los “derechos laborales” de quienes ejercen la prostitución, incluidos el derecho a sindicarse y a la huelga, e incluso su empoderamiento, pues tendrían la opción de ejercer “por cuenta propia”, desligándose así de las mafias que, por otra parte, serían perseguidas con mayor dureza.

 Aboliciónen Europa

Los resultados de la experiencia práctica, sin embargo, no han hecho sino echar más leña al fuego alimentando tanto los argumentos de quienes abogan por la legalización como de las posturas abolicionistas.

En octubre de 2002, diez años después de la legalización de la prostitución, el Bundestag alemán (Congreso de los Diputados) celebró un debate de expertos/as sobre la cuestión en el que participaban prostitutas/os, empresarios/as de locales y clubes de alterne, consultores/as e investigadores/as y casi todos/as (a excepción de los empresarios) mostraron cierta decepción.

Las conclusiones de este debate fueron que las condiciones laborales de quienes se prostituían no habían mejorado, habían aumentado las exigencias de practicar sexo sin preservativo y les había resultado prácticamente imposible negarse a prácticas sexuales en ocasiones indeseadas, como pueden ser el sexo anal o el sado-masoquismo. Sus aportaciones al sistema de la seguridad social habían sido mínimas y, en consecuencia, también lo serían sus pensiones. Asimismo, al perder su anonimato quienes se registraron públicamente en el ejercicio de la prostitución, fueron estigmatizadas y consecuentemente discriminadas/os.

La legalización de la prostitución no se había acompañado de una profunda regulación de la actividad, por lo que la policía sólo podía entrar en los locales de alterne cuando existían sospechas concretas, lo que dificultaba la prevención y persecución de tráfico de personas y abusos sexuales, entre otros.

Tanto Alemania, como Holanda y Australia registraron un importante aumento del tráfico de personas para fines sexuales, moviéndose los proxenetas a la luz de la legalidad y sin que las leyes de prostitución ni la penalización del tráfico de personas fueran suficientes para hacer frente a esta modalidad del crimen organizado, un negocio que en Australia ha visto crecer sus beneficios a la desorbitada cifra de 1.000.000$ a la semana.

Los argumentos pro-abolición sirvieron de base para adoptar políticas innovadoras como la sueca (1999), seguida diez años después por Noruega e Islandia.

“La legislación sueca, además de criminalizar el tráfico de personas y el proxenetismo, penaliza también a la clientela de la prostitución, pero nunca a quienes la ejercen, considerándoles víctimas de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños”.

Foto por: Valdiney Pimenta en Flickr

Dicha ley fue acompañada de un amplio programa de formación y sensibilización dirigida a policías, jueces, fiscales y trabajadores/as sociales, entre otros, así como de un programa de reinserción socio-laboral. Desde entonces se ha reducido la cantidad de prostitutas en dos tercios y la de clientes en un 80%, habiendo desaparecido casi por completo la prostitución en las calles e incluso se ha reducido la cantidad de locales de alterne. Y desde entonces ha aumentado la proporción de población que apoya la actual legislación sueca de un 30% en 1996 a un 75% en 2002.

Asimismo se estima que entorno a los años 2000-2002 entraron en Suecia entre 200 y 500 víctimas de tráfico de personas, mientras en la vecina Finlandia las cantidades ascendían a entre 10.000 y 15.000.

Sin embargo, el negocio del sexo se ha trasladado a Internet, convertido en la nueva vía de contacto entre clientes y quienes se prostituyen, y a la vecina Finlandia. Este problema, el del turismo sexual, lo ha tratado de resolver Noruega introduciendo en su Código Penal la criminalización del turismo sexual cuando éste es cometido por ciudadanos noruegos aprovechando su salida del territorio del que son nacionales.

Un debate abierto

El debate continúa vivo, por cuanto prostitución continúa existiendo a nivel mundial, incluidas Suecia, Noruega e Islandia y porque abolicionistas y regulacionistas siguen sin ponerse de acuerdo respecto a si realmente existen personas que deciden libremente ejercer la prostitución o si todas se encuentran inmersas en una red de coacción más o menos visible o sutil.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro



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