08/04/2020 BARCELONA

¿Cómo ha decidido una ciudad filipina combatir el acoso sexual callejero?

Desde finales de 2014 y durante todo el año 2015 pudimos participar, a través de las redes sociales, de un video que mostraba lo que le ocurría a una joven transeúnte por las calles de Nueva York, que buscaba denunciar el acoso sexual callejero y que tuvo un impacto viral. Este video recibió críticas tanto positivas como negativas. Por un lado, recibió un fuerte apoyo de quienes consideraban que sacaba a la luz un conflicto de convivencia que debía resolverse urgentemente; y, por otro, recibió un fuerte rechazo de quienes no entendían por qué lo que hasta entonces consideraban un cumplido, podía llegar a ser percibido por otras personas, como acoso.

A 13.700km de Nueva York, en la Ciudad Quezón, la más poblada de Metro Manila (Filipinas) dados sus más de 3 millones de habitantes, el alcalde Herbert Bautista se posicionó a favor de este video ofreciendo su imagen para la campaña global iniciada por ONU Mujeres “He for She” y declarando posteriormente querer ir más allá de la mera creación de “personajes de referencia”. Bautista quería actuar enérgicamente por la prevención del acoso y otras formas de violencia sexual contra mujeres y niñas en espacios públicos.

¿Y qué es violencia sexual?

Ya sea en Nueva York o en Manila, pocas personas dudan de que los tocamientos, los roces malintencionados, las masturbaciones públicas, el exhibicionismo y un largo etcétera de acciones, incluidas las relaciones sexuales, constituyan violencia sexual cuando no son consentidas por al menos una de las partes. Sin embargo, cuando se trata de actos menos graves pero que incomodan, o incluso intimidan, a quienes son objeto de dichos comportamientos, el consenso parece quebrarse. Por ejemplo, para quien no los desea, también los comentarios subidos de tono sobre el aspecto, las bromas y las miradas lascivas, los silbidos o los gestos sexuales, son considerados acoso sexual.

Como respuesta a la violencia sexual en los espacios públicos, existente en los más diversos países del mundo, y con el objetivo de mejorar la seguridad de las mujeres que transitan por las calles de ciudades altamente urbanizadas, en el año 2010 ONU Mujeres puso en marcha una iniciativa global llamada “Ciudades seguras y espacios públicos seguros” (Safe Cities and Safe Public Spaces es el nombre original en inglés).

En Ciudad Quezón, con la alianza de su gobierno con ONU Mujeres se lanzaba un mensaje, según el cual las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a recorrer la ciudad y a disfrutar de la misma sensación de confianza y seguridad que ellos. El triángulo de colaboraciones lo completó la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Así, Quezón se convertiría en la ciudad que lideraría la experiencia piloto en Metro Manila, y se uniría a otras 23 ciudades repartidas por todo el planeta que ya participaban en la iniciativa global y entre las que se encuentran ciudades tan dispares como Bruselas, Kigali, Nueva York o Quito.

¿Cuál es la situación en Ciudad Quezón?

Imagen: Pat Buenaobra para el evento Safe Cities de ONU Mujeres Filipinas
Imagen: Pat Buenaobra para el evento Safe Cities de ONU Mujeres Filipinas

En noviembre de 2015, el Gobierno Local de Ciudad Quezón y ONU Mujeres Filipinas recopilaron datos de investigación relacionados con el acoso sexual en los espacios públicos a través de un estudio exploratorio que servirá de base para evaluar el impacto final del proyecto. Tres meses más tarde, un segundo estudio sobre la seguridad de las mujeres y niñas en Ciudad Quezón establecería el punto de partida del proyecto en los dos barrios elegidos para el desarrollo de la experiencia piloto.

Los resultados del estudio exploratorio fueron alarmantes, tres de cada cinco mujeres en la ciudad habían sido objeto de diferentes formas de violencia sexual en las calles y otros espacios públicos y tres de cada cinco hombres reconocían haber realizado tales actos. Por otra parte, la protección legal contra este tipo de violencia era insuficiente, en gran parte por las barreras en el acceso a la denuncia a las que las mujeres se veían expuestas y al miedo a ser ignoradas o ridiculizadas por las autoridades; y/o a sufrir represalias por parte de los perpetradores.

Este mismo estudio revelaba que muchas mujeres y niñas dicen sentirse incómodas e inseguras cuando recorren las calles de la ciudad, y no se atreven a volver a casa del trabajo o de la escuela tras la puesta de sol, que en Manila suele caer entre las 17:30h y las 18:30h.

Son muchas las chicas que se sienten incómodas cuando un desconocido les pregunta si las puede acompañar. Y no son pocas las veces que prefieren dar un rodeo a los grupos masculinos con los que se van encontrando en su camino, aunque ello suponga hacer varios kilómetros más en su recorrido; o que prefieren ir acompañadas de sus padres, o incluso piden a la policía que las escolten, con tal de evitar posibles intimidaciones. Hechos muy comunes que se viven de forma, desgraciadamente, habitual y que a muchas personas no les parece un problema.

El problema de la normalización del acoso

Según manifiesta la Comisión de Mujeres de Filipinas en el estudio nombrado, “la cultura filipina ha tolerado y hasta fomentado durante mucho tiempo el acoso sexual haciendo incluso bromas sobre ello”.

Katherine de Belen, responsable nacional del proyecto para ONU Mujeres declaraba indignada a GMA News que “en muchos casos se considera que las mujeres se deberían sentir agradecidas (y) que es tan sólo un piropo” cuando les prestan cualquier tipo de atención sexual no deseada.

Uno de los discursos más oídos es el de acusar a las propias víctimas de buscar o provocar cualquier forma de violencia sexual al llevar pantalones cortos, escotes, camisetas de tirantes muy finos, o mucho maquillaje. Se repite una y otra vez que es normal acosar a una mujer ‘sexy’ y que cuando se viste o maquilla de forma especialmente atractiva es porque desea ser objeto de atención. También es frecuente exculpar a los perpetradores, recurriendo al estereotipo masculino del deseo o la debilidad sexual.

La mayoría de las veces se considera que ignorar el abuso es la mejor opción para solucionar el problema. Sin embargo, en el marco de los eventos celebrados en torno a la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, la famosa actriz filipina Glaiza de Castro mantenía que el silencio podría ser una buena solución para resolver conflictos, pero que éste no era el caso cuando se estaba presenciando un acoso sexual.

¿Y qué se está haciendo contra el acoso sexual en Quezón?

Quienes participaron en el estudio pidieron la realización de campañas que sensibilicen al público contra el acoso

Imagen: Campaña contra el acoso sexual callejero en Ciudad Quezon
Imagen: Campaña contra el acoso sexual callejero en Ciudad Quezon

sexual, entendido como “comentarios, gestos y acciones no deseados forzados sobre una persona desconocida en un espacio público sin su consentimiento y dirigidos hacia ella por su sexo, género, expresión de género u orientación sexual manifiesta o percibida”. Muchas niñas pedían más protección.

Y el ayuntamiento se puso manos a la obra. Su primera acción fue reformar la legislación de la Ciudad de Quezón e incrementar las multas por la comisión de cualquier tipo de violencia sexual en todos los espacios públicos, incluido el acoso, con elevadas multas económicas y hasta un año de prisión. Esta acción fue reforzada con la ampliación de las unidades policiales en materia de violencia contra mujeres y niñas para que también atendiesen los casos de acoso y otras formas de violencia sexual que ellas pudieran reportar. También se ha apostado por las redes sociales y la publicación de reportajes en diferentes medios de comunicación con el fin de que la población interactúe y se comunique.

Tanto el gobierno de Ciudad Quezón, como ONU Mujeres y la AECID esperan resultados positivos que impliquen la mejora de la seguridad de las mujeres y niñas en Ciudad Quezón y que otras localidades de la gran Metro Manila se unan a la iniciativa. Aún es pronto para conocer y valorar el impacto de los esfuerzos realizados hasta la fecha, sin embargo, se debe reconocer que, si bien el proyecto tan solo acaba de comenzar, el gobierno local ya ha mostrado interés por mejorar la iluminación pública, aumentando el número de farolas y de calles bien iluminadas, y se ha fijado como objetivo mejorar las condiciones de seguridad de las niñas en las escuelas públicas construyendo más vestuarios femeninos.

Aguardaremos resultados.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Frances Galache

Actualmente se encuentra en una pequeña localidad costera de la provincia de Castellón. Su profesión e interés personal la han llevado de la abogacía a ocuparse en proyectos de protección de la equidad de género y de cooperación internacional al desarrollo. Desde el punto de vista académico es doctora en derecho, experta en cooperación internacional al desarrollo, género y derecho internacional humanitario. Apasionada por la lectura, la investigación, los viajes y la práctica deportiva, descubrió que su hogar es la tierra y su motor preferido la bicicleta.


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