14/03/2026 MÉXICO

El GENOCIDIO que muchos intentan disfrazar: la realidad de los cristianos en Nigeria

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Secuestros de decenas de niñas, persecuciones y destrucción de pueblos enteros. Una situación de la que los cristianos escapan desde hace años en Nigeria, pero a la comunidad internacional parece preocuparle solo cuando las cifras aumentan en cientos de miles.

 

En febrero de 2018, miembros de Boko Haram secuestraron a 110 niñas de entre once y diecinueve años de una escuela en cuestión de minutos —una práctica lamentablemente habitual en la región—, de las cuales solo 104 fueron liberadas dos meses después. En 2024, miles de campesinos cristianos fueron asesinados a manos del grupo yihadista de los Fulani.

Niger girls. Fuente: Wikimedia Commons.

Nuevamente, en agosto de este año, el grupo InterSociety de derechos civiles reportó que, desde enero hasta la fecha en cuestión, más de 7.000 cristianos fueron asesinados y otras 8.000 personas fueron víctimas de secuestros.

A pesar de los terribles sucesos, las autoridades nigerianas continúan negando la gravedad de lo que ocurre y, en muchos casos, guardan silencio ante la escalada de violencia en la región.

¿Se imaginan vivir en un lugar donde cada noche no podés dormir con tranquilidad por la posibilidad de un nuevo ataque? ¿O ser padres y decidir no mandar a tus hijos a la escuela por temor a que nunca vuelvan? ¿Se imaginan no poder trabajar, estudiar, o tener que huir solo por pertenecer a una religión?

Los cristianos en Nigeria llevan años sobreviviendo esta persecución, y el gobierno no logra poner un alto a los grupos terroristas que controlan el país.

Nigeria es un país que alberga a más de 200 millones de personas, un número importante tanto en África como en el mundo, pues es el quinto país más poblado a nivel global. Se trata de un país que reúne no solo diferentes lenguas y culturas, sino también comunidades diversas. Las religiones predominantes son el islam y el cristianismo, dos creencias profundamente arraigadas y particulares.


Si bien la Constitución de Nigeria establece la libertad de religión y declara al país como un Estado secular —es decir, que no adopta una religión oficial—, en la práctica esto parece no cumplirse. Desde hace tiempo, la nación enfrenta serios desafíos vinculados a la persecución religiosa y a la violencia cometida por grupos terroristas, especialmente en el marco de la lucha por erradicar a Boko Haram.

No es ninguna novedad que la máxima autoridad de Nigeria no posee ni ejerce el control legítimo sobre la totalidad del territorio. De hecho, gran parte de las regiones están en manos del propio Boko Haram o de ramas extremistas del islam que comparten similitudes en sus principios y valores. Este es un dato clave, ya que refleja el verdadero alcance de las facciones más radicales y la incapacidad del gobierno nacional para brindar seguridad a la población.

7000 boko haram members surrender. Fuente: The organization for world peace.

Algunos datos a tener en cuenta…

La situación de violencia en Nigeria no es reciente. Si bien el aumento de las cifras de víctimas generó revuelo en el último año, se trata de un fenómeno que se arrastra desde la década pasada.

Ya en 2009, el país estaba sumido en graves problemas de seguridad frente al avance de la insurgencia. De acuerdo con Naciones Unidas, grupos yihadistas han causado la muerte de más de 40.000 personas y el desplazamiento de más de 2 millones desde entonces en la región, principalmente por acciones de Boko Haram, un movimiento insurgente con motivaciones tanto políticas como religiosas en un contexto de conflicto secular.

Nigerian army boko haram demosntration. Fuente: Picryl

La capacidad de este grupo aumentó con el paso de los años. Para 2014, los ataques contra cristianos, fuerzas de seguridad y policías, escuelas y medios de comunicación se producían casi a diario en gran parte del norte del país. Uno de los episodios más impactantes a nivel internacional ocurrió ese mismo año, cuando miembros del grupo yihadista secuestraron a más de 250 niñas en el Estado de Borno, hecho que llevó a que se los catalogara como grupo de terrorismo internacional.


La cuestión de los actores involucrados en esta problemática también es un factor clave. No solo hablamos de grupos terroristas como Boko Haram —cuyo nombre se traduce como “La educación occidental está prohibida” y que buscan derrocar al gobierno nigeriano para establecer un régimen basado en la ley islámica—, sino también de organizaciones como ISWAP (Provincia de África Occidental del Estado Islámico), que, a pesar de haberse debilitado en los últimos años, siguen activas actualmente.

Además, los campesinos musulmanes FULANI, un grupo nómade que se desplaza constantemente, juegan un papel relevante en la dinámica de violencia: protagonizan conflictos armados con agricultores del sur, mayoritariamente cristianos.

A pesar de ello, es necesario mencionar también la pérdida de musulmanes moderados, cuyas víctimas alcanzan aproximadamente 60.000 desde 2010, a causa de la violencia y los conflictos armados en la región.

Ante la creciente escalada de tensión, el presidente de Nigeria, Bola Tinubu, quien asumió el cargo en 2023, no ha logrado implementar cambios significativos frente a la crisis que atraviesa el país.

Miembros del Poder Ejecutivo han declarado que no se trata exclusivamente de ataques deliberados —y mucho menos sistemáticos— contra la comunidad cristiana. Si bien los problemas de seguridad son una realidad que debe afrontarse,


sostienen que afirmar la existencia de una persecución específica contra cristianos es inexacto.

Por otro lado, diversos analistas consideran que la situación tiene raíces mucho más profundas. Los conflictos se desarrollan en un contexto de violencia entre credos, pobreza, desigualdad, una gobernanza débil y las propias tensiones internas de las religiones presentes en la región.

Las voces de la escena internacional

La escalada de tensión ha generado revuelo en los últimos meses a nivel global, no sólo por la magnitud de los hechos, sino también por la reciente participación del gobierno de Estados Unidos en la cuestión.

El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió en una serie de comunicados y declaraciones en sus redes sociales que, de no frenarse la persecución contra los cristianos en Nigeria, el ejército norteamericano podría desplegar tropas en el país o ejecutar ataques aéreos para detener los asesinatos selectivos de cristianos en el territorio.

Pierre Buyoya ( left ) High Representative of the African Union for Mali and the Sahel, former President of Burundi with Joachim Rücker ( right ) President of the Human Rights Council during special session human rights council on Boko Haram.

Actualmente, Nigeria enfrenta graves desafíos de seguridad en distintas regiones. Figuras como el sacerdote católico Atta Barkindo, presidente del Comité Nacional de Paz en Nigeria, consideran que recurrir a la narrativa de un “genocidio cristiano” evidencia la incapacidad del gobierno para proteger y brindar seguridad a sus ciudadanos.

Otros referentes de la comunidad africana han señalado que parte de la violencia podría tener, en efecto, matices religiosos, especialmente en las zonas del centro-norte del país. Sin embargo, no consideran creíble la existencia de una campaña impulsada por el propio gobierno o coordinada para acabar con los cristianos, lo que constituiría un genocidio.

Sin embargo, la situación excede lo local: también entran en juego los intereses de potencias externas. ¿Por qué, de repente, el presidente estadounidense prestaría atención a un tema que nunca fue prioridad en su agenda? La respuesta parece evidente: en Nigeria hay mucho más que una crisis humanitaria. El país es hoy una de las naciones petroleras más importantes de África, con España como uno de sus principales compradores. A esto se suma la creciente presencia de actores como Rusia en regiones del continente —por ejemplo, en Burkina Faso—, un movimiento que Washington percibe como una amenaza directa en la disputa silenciosa pero constante por la influencia en África.

Diversos políticos estadounidenses han calificado la situación como una “persecución”, acusando a funcionarios nigerianos de ignorar o facilitar los asesinatos de cristianos a manos de grupos yihadistas. Desde Abuja, las autoridades rechazan estas acusaciones y aseguran estar haciendo todo lo posible para combatir a las insurgencias, aunque Trump ha insistido en que el gobierno está “desacreditado” y permite la matanza de cristianos.

Más allá de declaraciones y cifras, lo cierto es que los derechos humanos suelen ganar atención internacional sólo cuando las grandes potencias deciden involucrarse, generalmente con intereses propios en juego. Mientras tanto, la comunidad cristiana en Nigeria continúa sobreviviendo a una persecución que quizá no esté coordinada por el gobierno, pero frente a la cual el Estado ha demostrado una incapacidad persistente para proteger la vida e integridad no sólo de los cristianos, sino de todos sus ciudadanos: un derecho que jamás debería ser vulnerado.

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Sofia Sanchez

Tesista de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, especialista en temas de Seguridad Internacional, Geopolítica y Política Exterior. Voluntaria en diversas organizaciones y redactora e investigadora para medios de divulgación y periodísticos. Actualmente trabajo como columnista de internacionales en el noticiero del Canal EL 10TV y como panelista en el programa Antena Geopolítica.


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