06/04/2020 BARCELONA

Acceso a anticonceptivos y un aborto seguro: un derecho humano contra la violencia sexual bajo conflicto armado

Mientras los anticonceptivos y el aborto seguro pueden salvar vidas y paliar muchos de los daños físicos y psicológicos que causa una violación sexual, su financiación es todavía muy escasa y en algunos casos el acceso a estos servicios de salud es inexistente.

Según datos de Naciones Unidas, actualmente unos 60 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares debido a conflictos armados y sobreviven en campos de refugiados en unas condiciones de vida difíciles. Muchas de estas personas son mujeres y niñas, cuyo acceso a unos servicios de salud sexual y reproductiva (SSR) sigue sin estar garantizado, a pesar de haber sido reconocido a nivel internacional que la violencia sexual es un “arma de guerra”. Sin embargo, mientras los anticonceptivos y el aborto seguro pueden salvar vidas y paliar muchos de los daños físicos y psicológicos que causa una violación sexual, su financiación es todavía muy escasa y en algunos casos el acceso a estos servicios de salud es inexistente, de acuerdo a las denuncias de expertos en informes publicados recientemente.

Volver a nacer

El director de cine italiano Segio Castellito muestra en su película Volver a nacer la brutalidad y el insoportable dolor sufrido por una joven bosnia víctima de una violación múltiple y forzada a trabajar como esclava sexual en un puesto de los servicios militares serbios durante la guerra de Yugoslavia. La joven llamada Aska queda embaraza de uno de aquellos salvajes y ella y su pequeño hijo consiguen sobrevivir. Su tristeza jamás desaparece, tampoco los horribles recuerdos de la violencia sexual que tuvo que soportar ni la culpabilidad de haber entregado su hijo a otra madre para que pudiera tener una vida mejor.

El caso de esta joven bosnia es solo uno de los miles sufridos por mujeres violadas bajo conflicto en el mundo. Nigeria, Sudán del Sur, Congo, Ucrania y otros países golpeados por la violencia son algunos ejemplos de lugares donde las mujeres se exponen diariamente a la violencia sexual y de género. Es sabido que las violaciones sexuales son un arma de guerra eficaz. Aska continuó con su embarazo y sobrevivió, pero muchas mujeres no tienen esa suerte. Algunas mueren durante el parto y otras deciden arriesgar su vida sometiéndose a un aborto inseguro antes de tener un hijo no deseado de su violador, el cual será cuidado en la mayoría de los casos, en malas condiciones debido a los estragos de la guerra y a las dificultades para sobrevivir de la madre que probablemente ya tendrá más hijos a su cargo.

Violencia sexual y mortalidad materna

Foto: Revisión a una mujer Ashuar embarazada durante una campaña de salud en Kapawi, Ecuador / Reuters 2008
Foto: Revisión a una mujer Ashuar embarazada durante una campaña de salud en Kapawi, Ecuador / Reuters 2008

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFP), entre un 25% y un 50% de las muertes maternales en campos de refugiados se deben a complicaciones en un aborto inseguro. Es decir, muchos abortos son asistidos por personal médico no capacitado o incluso peor, no son asistidos porque los trabajadores de salud suelen temer ofrecer servicios de asistencia al aborto y post-aborto. Según se desprende de un estudio dirigido por la Inter-Agency Working Group (IAWG) sobre la salud reproductiva en crisis humanitarias entre 2012 y 2014, “los trabajadores de salud en países como Sudán del Sur y Burkina Faso se negaron a dar una asistencia integral en casos de abortos, porque pensaban que no estaba permitido, cuando de hecho el aborto es legal en ambos países bajo determinadas circunstancias”.

Asumiendo que la asistencia al aborto puede ser una decisión controvertida y sujeta a normas tradicionales y religiosas, la cuestión es que los peligros de los abortos inseguros en los conflictos armados o en las emergencias humanitarias podrían prevenirse si las mujeres vulnerables a este tipo de violencia sexual tuvieran acceso a servicios de planificación familiar como métodos anticonceptivos de larga duración, la píldora del día después o los preservativos.

Desafortunadamente, la realidad es que a muchas de las víctimas de violación en situaciones bajo conflicto se les niega su derecho humano a tener un aborto seguro y acceso a adecuados métodos anticonceptivos. En términos de financiación, este hecho está más que probado. La IAWG concluye en su informe que solo el 14% de los fondos destinados a servicios de salud reproductiva en emergencias humanitarias incorporaron suministros o tratamientos de planificación familiar, mientras que menos de un 1% de los fondos se dirigen a servicios de asistencia al aborto. Además, los anticonceptivos de emergencia no alcanzan ni la mitad de los suministros, mientras que la asistencia clínica para las supervivientes a una violación es considerada inadecuada en la mayoría de los campos de refugiados, según el mismo estudio.

¿Dónde queda la ética en los conflictos armados?

Imagen: Los derechos reproductivos son derechos humanos
Imagen: Los derechos reproductivos son derechos humanos

Una de las preguntas claves sería por qué mientras los fondos para la salud reproductiva en situaciones de crisis humanitarias se han incrementado en la última década, las partidas económicas para la planificación familiar y asistencia al aborto siguen siendo muy limitadas. Parece que los políticos y los líderes religiosos no tienen la suficiente sensibilidad como para exigir que se garanticen estos servicios de salud sexual y reproductiva (SSR), incluso cuando la ley los permite.

Algunos expertos abogan por cambiar los argumentos éticos más comunes en torno al aborto por un enfoque basado en los derechos humanos, especialmente en casos de víctimas de violación en conflictos armados. “Según la legislación internacional y la convención de Génova, las mujeres que han sido violadas bajo situación de conflicto tienen derecho a abortar”, recordó Jenny Tonge, representante británica del grupo parlamentario para la población, el desarrollo y la salud reproductiva en una conferencia celebrada en Londres hace algunas semanas. El propio Comité Internacional de Cruz Roja así lo reconoce también y lo incluye dentro de sus estrategias para asistir a las víctimas de conflictos armados.

“Si las agencias están trabajando en situaciones donde las mujeres necesitan un aborto y no les damos acceso a éste, ¿no están incumpliendo la legislación internacional? Por lo tanto, ¿no deberíamos estar haciendo algo sobre esto? Entiendo los problemas políticos, pero esto es legislación internacional básica. Deberíamos ser más fuertes en este sentido”, sentenció Tonge.

Ese es, sin duda, un debate urgente. Los derechos humanos y la legislación internacional están siendo puestos en cuestión, si no son garantizados. De hecho, la investigación de IAWG insiste en que pese a darse una clara mejora en los servicios humanitarios durante la última década, los servicios de SSR siguen estando crónicamente financiados de forma insuficiente.

Un manual de SSR para los conflictos armados

Foto: Burundi: Support to nutrition critical 2012 / OCHA Flickr
Foto: Burundi: Apoyo a la nutrición 2012 / OCHA Flickr

Sería injusto pasar por alto el trabajo realizado por IAWG, grupo de trabajo constituido por agencias de Naciones Unidas, ONGs, agencias gubernamentales, donantes e instituciones académicas, para el reforzamiento de los servicios de Salud Sexual y Reproductiva (SSR) dirigidos a las personas que afrontan conflictos armados. De hecho, IAWG fue la primera inter-agencia en lanzar un Paquete de Servicios Iniciales Mínimos para la Salud Reproductiva en 1996. Este manual esencial destinado a terreno está compuesto por un conjunto de actividades de alta prioridad coordinadas y diseñadas para prevenir y gestionar las consecuencias de la violencia sexual, reducir la transmisión del VIH, para la prevención de la mortalidad maternal y enfermedades en los recién nacidos, así como para planificar unos servicios de salud reproductiva completos.

Este manual fue actualizado por IAWG en 2010 y aquí pueden leerse algunas de las acciones básicas que recomiendan.

Llegados a este punto, es evidente que ofrecer servicios de salud bajo situaciones de conflicto armado sigue siendo un gran reto, y en este sentido, los servicios humanitarios han conseguido grandes progresos en las últimas décadas. No obstante, como ya hemos señalado, muchos programas de asistencia todavía omiten los servicios de SSR como parte de sus estrategias, subraya Mia Foreman, analista de las políticas en los programas internacionales de Population Reference Bureau. Y muchos de esos programas que incluyen la SSR, a menudo, “olvidan” ofrecer servicios de planificación familiar y asistencia al aborto, cuando está probado que, además de tratarse de un derecho humano, y por tanto de un derecho que debería estar garantizado a todas las mujeres, estos servicios son “herramientas” efectivas y pacíficas contra la violencia sexual en los conflictos armados.

“La comunidad internacional reclama la priorización de las vidas de las mujeres y los niños, mientras niega algunas de las intervenciones en salud reproductiva más efectivas y necesarias para salvar vidas”, concluyó en alusión a los anticonceptivos y el acceso a un aborto seguro Sandra Krause, directora de salud reproductiva en la Comisión de Mujeres Refugiadas, durante la conferencia celebrada en Londres.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Jone G. Lurgain

San Sebastian-Donostia. Estudió Periodismo y Comunicación Digital. Especializada en Política (procesos de paz, DDHH, elecciones, movimientos sociales). Tras más de diez años trabajando para diferentes medios de comunicación (prensa, radio, agencias), cursó un Máster en Cooperación Internacional, poniendo el foco de atención en temas relacionados con Género y Desarrollo. Ha colaborado con organizaciones de mujeres en El Salvador y con distintas ONGDs en Nepal y el País Vasco. Defensora de la justicia social, la igualdad y la dignidad de todas las personas.


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