05/12/2020 BARCELONA

El negocio de la guerra: el caso Blackwater

Las Empresas Militares y de Seguridad Privadas han cambiado el panorama de la seguridad global. Desde la difusión del uso de la fuerza, el militarismo como solución a los problemas actuales hasta el caso de Blackwater: una mirada a los mercenarios de nuestro mundo.

Habiendo repasado en el artículo anterior, El negocio de la guerra: los mercenarios del siglo XXI, el origen de las empresas militares y de seguridad privada, las funciones que desempeñan y su poder de lobby; es hora de analizar la huella que dejan en nuestro mundo y analizar el caso que puso a estas empresas en el punto de mira mediático: el caso Blackwater.

El peligroso impacto de las EMSP en el mundo actual

Si bien en algunas ocasiones se ha señalado que las EMSP (Empresas Militares y de Seguridad Privada) aportan ciertas ventajas como la rapidez en el despliegue de tropas o unos menores costes económicos para el estado, la realidad es que también aportan peligrosos inconvenientes. Éstos son, básicamente, la pérdida de soberanía de los estados, la mala utilización de la fuerza militar, y la falta de legitimidad de las intervenciones de los mercenarios.

Un guardia de seguridad mantiene su arma en ristre en Kabul, Afganistán. Contratistas de seguridad privada se pagan grandes sumas de dinero para proteger los proyectos de ayuda y embajadas extranjeras, pero los militares a menudo son llamados para salvarlos. Foto: Getty Images
Un guardia de seguridad mantiene su arma en ristre en Kabul, Afganistán. Contratistas de seguridad privada reciben grandes sumas de dinero para proteger los proyectos de ayuda y las embajadas extranjeras, pero los militares a menudo son llamados para salvarlos. Foto: Getty Images

La privatización de la seguridad comporta que los actores públicos subordinan sus estrategias a los agentes privados, lo que genera una relación de dependencia. En este sentido, la empresa tiene capacidad para abandonar al cliente (en este caso, al gobierno que haya contratado a los mercenarios) o, al controlar la estrategia y ejecución de los servicios, puede convertirse en un agente más poderoso que el propio gobierno, que ve mermada su capacidad de control de la situación.

Además de eso, obviamente las EMSP no actúan en favor del interés público sino que tienen objetivos lucrativos, lo cual implica que no tienen ningún problema en realizar acciones contrarias a este interés cómo, por ejemplo, incidir en la capacidad de control del uso de la fuerza de los estados, interferir en las acciones de los ejércitos regulares, vulnerar valores sociales como el respeto al Derecho Internacional y los Derechos Humanos, o realizar acciones poco transparentes que eviten una eventual rendición de cuentas.

En general, estos dos son los mayores problemas derivados del impacto de las EMSP en el panorama internacional. Sin embargo, podemos disgregar diversos fenómenos que hacen que estas empresas sean agentes tan peligrosos para la seguridad global:

  1. El enfoque militarista de la seguridad que aportan las EMSP aumenta la posibilidad de que se use la fuerza militar para resolver conflictos.
  2. La legitimidad de los “expertos en seguridad” de estas empresas se basa en sus conocimientos técnicos, no en un mandato político. Así, se les convierte en agentes con autoridad para realizar acciones que pueden ser contrarias al interés público.
  3. La difusión del monopolio de los estados respecto al uso de la fuerza conlleva que haya más actores con capacidad para utilizar la fuerza. Este hecho es lo que se denomina “neomedievalismo” y representa un aumento de la inseguridad global.
  4. A diferencia de los políticos, las EMSP no son responsables ante los ciudadanos, con lo cual no deben rendir cuentas por sus acciones. Así, cuando los gobiernos utilizan a los mercenarios están evadiendo los controles democráticos.

Cómo el siglo XXI descubrió a los mercenarios: el caso Blackwater

Ya a finales del siglo XX, algunas empresas militares tuvieron un papel protagonista en diversos conflictos. Este es el caso de la firma surafricana Executive Outcomes, que participó en el conflicto entre el gobierno de Angola y el movimiento político UNITA (National Union for the Total Independence of Angola) a raíz de los resultados electorales de 1992, bajo contrato del gobierno de Angola. Posteriormente, esta empresa también participó, en favor del gobierno de Sierra Leona, para sofocar la insurrección de las guerrillas del RUF (Revolutionary United Front) en 1995.

Instalaciones de la empresa Blackwater. Foto: negotiationisover.net
Instalaciones de la empresa Blackwater. Foto: negotiationisover.net

Sin embargo, el mundo actual conoció la importancia de las EMSP a raíz del caso Blackwater, empresa militar fundada en 1997 que recibió contratos millonarios por parte de diversas administraciones norteamericanas y que participó en la Guerra de Irak, dando a conocer el impacto de estas empresas en los conflictos armados contemporáneos.

Blackwater inició sus actividades en Irak en 2003 –las cuales incluían el uso de la fuerza en cooperación con las fuerzas armadas regulares– y fue protagonista de diversos conflictos. Entre ellos se encuentra “la emboscada de Falluja”, en la que cuatro mercenarios de la empresa fueron abatidos por insurgentes en la ciudad de Falluja y, posteriormente, sus cuerpos fueron mutilados y colgados en un puente sobre el río Éufrates. Este hecho desembocó en la Primera Batalla de Falluja, en la que el ejército de los EUA combatió en la ciudad para expulsar a las fuerzas insurgentes, siendo una de las batallas más cruentas de la Guerra de Irak.

Muchas veces se ha señalado que la acción descoordinada de las fuerzas mercenarias –consecuencia directa de la discrecionalidad de sus acciones–  permitió el afianzamiento de la insurgencia iraquí en el llamado triángulo suní (delimitado por Bagdad, Ramadi y Tikrit), que incluye la famosa ciudad de Falluja. No obstante, no fueron sólo acciones de descoordinación las que pusieron de relieve la peligrosidad de este tipo de empresas sino que Blackwater se vio obligada a cambiar su nombre a Academi después de los escándalos por matanzas de civiles y violaciones de Derechos Humanos en sus intervenciones, bajo contrato del gobierno norteamericano, en Afganistán e Irak. En este último caso ha habido sentencias penales contra personal de la empresa por el asesinato de civiles en Bagdad.

Si bien Blackwater es la EMSP que adquirió más relevancia, en Irak llegaron a participar más de 50.000 mercenarios de 181 empresas diferentes, entre las que se encuentran firmas norteamericanas como DynCorp, Triple Canopy o la británica ArmorGroup.

Lejos de remitir, la contratación de mercenarios parece ser una tendencia en crecimiento, y gobiernos de estados como Rusia o China ya han empezado a sumarse a ella. Así, es posible que nos adentremos en esa era del “neomedievalismo” dónde más actores tienen capacidad para hacer uso de la fuerza y ésta tenderá a ser, cada vez más, la solución a los conflictos actuales.


La información de este artículo ha sido extraída del libro Seguridad, Inc. Las empresas militares y de seguridad privadas en las relaciones internacionales contemporáneas (2013); editado por Caterina García y Pablo Pareja (profesores y miembros del grupo investigador de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Pompeu Fabra), y en el que participan diversos expertos de este grupo investigador.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Lluis Torres

Barcelona, España. Politólogo especializado en Relaciones Internacionales graduado por la Universidad Pompeu Fabra. Actualmente trabaja en Amnistía Internacional Cataluña, dónde también realiza labores de activismo en el grupo de incidencia política. Anteriormente, co-impulsó diversos proyectos de cooperación en los campos de refugiados de Grecia. Sus líneas de interés se centran en temas relacionados con la conflictividad y la seguridad global, la economía política y el desarrollo internacional.


4 comments

  • agustin

    31/08/2015 at

    Es una espada de doble filo, el primero, es que puede ser importante frente al crecimiento de la violencia, asaltos, robos etc. pero el segundo no existen leyes que sanciones frente a excesos, violaciones de los derechos humanos. Todos los los pueblos tienen derecho a asumir sus problemas internos, si una empresa exrajera tienen inversiones en una nacion ajena, debe someterse a sus leyes, respetarlas y cumplirlas sin sumision y comprometerse a su desarrollo sostenible y no a la expoliacion .

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