05/12/2020 BARCELONA

El negocio de la guerra: los mercenarios del siglo XXI

Soldado del ejército británico en una carretera al sur de Afganistán [Foto: Defense Images vía Flickr].

Las empresas militares están cada vez más presentes en los conflictos actuales y empiezan a tener un papel muy relevante en las Relaciones Internacionales. Pero, ¿quiénes son los mercenarios del siglo XXI?, ¿representan una amenaza para la seguridad global? Repasamos el papel de las Empresas Militares y de Seguridad Privadas.


En el famoso libro El Príncipe de Nicolás Maquiavelo aparecen escritas las siguientes líneas:

Los ejércitos mercenarios y los auxiliares son inútiles y peligrosos: si uno funda su Estado sobre milicias mercenarias nunca se sentirá ni firme ni seguro, porque están desunidas, son ambiciosas y carecen de disciplina y de fidelidad hacia su señor; […] no tienen temor ante Dios ni lealtad ante los hombres. […] La razón de todo esto es que el único deseo y la única razón que los mantiene en el campo de batalla es recibir una pequeña paga, lo que no es suficiente para que quieran morir por ti.

Como se puede observar, ya en el siglo XVI se apreciaba la peligrosidad de externalizar una de las herramientas fundamentales de los estados: el uso de la fuerza. La utilización de mercenarios ha sido un tema controvertido a lo largo de la historia; sin embargo, actualmente está adquiriendo especial relevancia. Desde la década de 1990 las empresas militares y de seguridad privadas (EMSP) han experimentado un enorme crecimiento, su actuación en diferentes escenarios ha aumentado y sus funciones cada vez son más diversas. Según varios expertos, esta tendencia no sólo tiene consecuencias sobre el ámbito de la seguridad sino que afecta a los principios básicos del orden internacional contemporáneo, cuestionando la soberanía de los estados y las normas sobre el uso de la fuerza.

¿Cómo empezó todo? El principio del auge de las EMSP

Con el final de la Guerra Fría, a inicios de los años 90, el mundo fue testigo de diversos cambios a nivel internacional que afectaron a la industria armamentística, favoreciendo el auge de la provisión privada de la seguridad. Estos cambios fueron los siguientes:

  1. Los principales conflictos armados surgen dentro de los estados (intraestatales) más que entre ellos (interestatales). Concretamente, aquellos países en desarrollo con instituciones débiles son el foco de esta conflictividad, razón por la cual los responsables políticos recurren a las EMSP en sustitución de sus ejércitos desestructurados. Además, empresas multinacionales y ONG presentes en estos países recurren a estas mismas empresas para garantizar la seguridad de sus actividades en el territorio.
  2. Los dirigentes políticos y los ciudadanos de las potencias globales ya no quieren incidir directamente en conflictos lejanos poniendo en riesgo la vida de sus propios soldados. Sin embargo, la necesidad de proteger a las empresas y ONG abre un nuevo espacio para que sea el sector privado el que incida en estos conflictos.
  3. El auge de las ideas sobre la eficiencia del libre mercado lleva a los dirigentes políticos a apostar por la privatización y externalización de la seguridad, uno de los pilares fundamentales de los servicios públicos de los estados.
  4. El creciente uso de tecnología altamente sofisticada en el ámbito militar ha provocado una dependencia de este sector respecto de las EMSP, que disponen del personal técnico especializado en su manejo y mantenimiento.
  5. Ante el fin de la Guerra Fría, el mundo occidental experimenta una sensación de seguridad que se refleja en la reducción de sus ejércitos (aproximadamente se desmovilizan 6.000.000 de soldados profesionales entre 1987 y 1996). Este hecho provoca que dichos soldados busquen trabajo en el sector de la seguridad privada.
  6. El crecimiento de las fusiones entre empresas de la industria armamentística –que prácticamente controla la producción de armamento y la investigación y desarrollo tecnológico en el sector– con EMSP, ha creado grandes empresas con capacidad para presionar a los gobiernos a favor de la privatización del sector de la seguridad.

Helicóptero de Blackwater sobrevuela el lugar de un ataque a las fuerzas de la coalición en Bagdad [Foto vía WikimediaCommons].

¿Qué trabajo hacen los mercenarios actuales?

Existe un debate en torno a las funciones que realizan las diversas EMSP, dividiéndolas básicamente entre empresas militares o empresas de seguridad. Sin embargo, esta clasificación ha resultado ser muy pobre y, actualmente, existe una diferenciación más amplia y acotada sobre el trabajo de los mercenarios de nuestro tiempo:

  1. Las empresas militares proveedoras son aquellas que participan sobre el terreno desplegando personal armado. Esta categoría se subdivide en empresas privadas de combate, que participan directamente en un conflicto aplicando el uso de la fuerza, y empresas de seguridad privadas, que se encargan de defender personas o edificios en contextos de alta conflictividad, por lo que tienen una función defensiva.
  2. Las empresas militares de consultoría realizan actividades de formación, instrucción y asistencia sobre diversos tipos de individuos, sin participar directamente en conflictos y, por lo general, sin desplegarse sobre el terreno.
  3. Las empresas militares logísticas son aquellas que llevan a cabo servicios de transporte, avituallamiento, vivienda y otros servicios similares sin participar en la conflictividad armada.

No obstante, a consecuencia de la competitividad que impera en el mercado privado de la seguridad, la mayoría de entidades del sector ha diversificado sus actividades de manera que, cada vez más, la mayoría de empresas pueden entrar en más de una de estas categorías. Así, nacen las empresas híbridas, a las que se pueden atribuir 4 tipos de funciones básicas:

  1. Investigación y desarrollo tecnológico y análisis de riesgo y amenazas.
  2. Tareas técnicas que incluyen básicamente los servicios informáticos, el apoyo para la utilización de equipos militares sofisticados y el mantenimiento de dichos equipos.
  3. Apoyo operativo en la gestión de bases militares, en la formación y asistencia a las fuerzas armadas desplegadas, en la realización de servicios de inteligencia (vigilancia, seguimiento, interrogatorios, búsqueda de información y labores de contraterrorismo) y en la manipulación de explosivos (desactivación de armas, eliminación de minas, etc.)
  4. Uso de la fuerza armada, ya sea en forma de provisión de seguridad (trabajo defensivo) como en forma de participación directa en el conflicto armado (trabajo ofensivo).

Evidentemente, eso no significa que todas las EMSP realizan todo este tipo de funciones. Por ejemplo, casi todas estas empresas pueden incluirse como proveedoras de “tareas técnicas” pero son muy pocas las que utilizan la fuerza armada directa. De hecho, sólo algunas empresas como la sudafricana y extinta Executive Outcomes o la norteamericana Academi (antes denominada Blackwater) han realizado labores claras de participación directa en conflictos armados.

Helicóptero militar HIND Mi-24 [Foto: Msgt. Steven Turner vía WikimediaCommons].

¿Cuál es el poder de las empresas militares y de seguridad privadas en el Estado?

Tal y como se ha apuntado antes, la unión de diversas empresas militares con empresas armamentísticas ha creado grandes corporaciones capaces de ejercer una enorme presión política sobre los estados. Así pues, la principal tarea de estas empresas en los estados contratantes reside en la incidencia política, es decir, en la acción de lobby con el propósito de alcanzar sus objetivos. El poder de las EMSP reside en el hecho de tener éxito en esta actividad de presión y conseguir cambiar el comportamiento de los estados.

Este tipo de acción se refleja perfectamente en el llamado “proceso de normalización del mercado de la seguridad”. En los últimos años, los lobbies de las EMSP han luchado por convencer a los gobiernos de que realmente necesitan sus servicios. Con este objetivo, estas empresas se han encargado de redefinir problemas sociales, económicos y políticos como problemas de seguridad. De esta manera, han conseguido cambiar la agenda de los estados, que han optado por solucionar problemas que antes se arreglaban por vía de la negociación y la diplomacia, con “medidas técnicas” en las que intervienen las EMSP.

No obstante, la acción lobbística no acaba aquí. Esta tendencia a definir distintas problemáticas como problemas de seguridad para aumentar la demanda de los servicios de los mercenarios está erosionando la naturaleza del propio concepto de seguridad, que pasa de ser un bien público a un bien privado adquirible en un mercado dónde las EMSP se presentan como agentes técnicos mucho más eficientes que los ejércitos regulares.

Soldados desplazados en Irak, año 2010 [Foto: DVIDSHUB vía WikimediaCommons].

Por último, además del esfuerzo de estos lobbies para conseguir la privatización de la seguridad y la redefinición de las agendas de los gobiernos para que adopten soluciones no-diplomáticas, este “proceso de normalización” también implica que cada vez más se opte por realizar acciones militares –en las cuales las EMSP pueden desplegar todos sus servicios– como resolución de conflictos. Esto deriva del hecho de que los gobiernos saben que si contratan a los mercenarios para realizar estas actividades, reducirán los costes económicos de desplegar sus propias tropas y evitarán los costes políticos derivados del control que se aplica en los estados democráticos en materia de seguridad (autorizaciones legislativas, sesiones de control parlamentario, comisiones especiales, etc.)

[En el próximo artículo “El negocio de la guerra: el caso Blackwater” analizamos el impacto que tienen estas empresas en la actualidad y repasamos el caso de Blackwater, EMSP famosa por sus acciones en Irak y Afganistán.]


La información de este artículo ha sido extraída del libro Seguridad, Inc. Las empresas militares y de seguridad privadas en las relaciones internacionales contemporáneas (2013); editado por Caterina García y Pablo Pareja (profesores y miembros del grupo investigador de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Pompeu Fabra), y en el que participan diversos expertos de este grupo investigador.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Lluis Torres

Barcelona, España. Politólogo especializado en Relaciones Internacionales graduado por la Universidad Pompeu Fabra. Actualmente trabaja en Amnistía Internacional Cataluña, dónde también realiza labores de activismo en el grupo de incidencia política. Anteriormente, co-impulsó diversos proyectos de cooperación en los campos de refugiados de Grecia. Sus líneas de interés se centran en temas relacionados con la conflictividad y la seguridad global, la economía política y el desarrollo internacional.


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