05/12/2020 BARCELONA

Pyongyang versus Washington

En las últimas semanas la creciente tensión entre Corea del Norte, Coreal del Sur y Estados Unidos ha provocado multitud de análisis sobre si podría llegar a producirse un conflicto bélico o no. ¿Sería esto una opción racional? ¿O sería el suicidio de la nación coreana? Lo analizamos en nuestro artículo de hoy.

En un mundo perfectamente racional, las amenazas de Kim Jong Un a Estados Unidos deberían leerse como un farol. No sólo porque no dispone de misiles balísticos con capacidad nuclear que le permitan llevar a cabo sus amenazas sino también porque en el hipotético caso que dispusiera de tales medios y los utilizase, cometería automáticamente el suicidio físico de toda su nación.

No estamos en un mundo perfectamente racional

Corea es sin lugar a dudas la región más militarizada del planeta. Es una península que a pesar de medir sólo 220.000 km², alberga tres de los seis mayores ejércitos del mundo. Para hacerse una idea, el Reino Unido tiene una extensión similar. Además, limita con China, hogar del mayor ejército del mundo. A pesar de que muy probablemente ningún ataque norcoreano vaya a alcanzar jamás el suelo americano, el potencial destructivo que atesora la península es descomunal.

Ahn Young-Joon/Associated PressCorea del Norte ha sido muy regular en sus amenazas a Estados Unidos y a su vecino del sur desde que terminó la guerra hace más de medio siglo. Es por este motivo que la mayoría de analistas y líderes militares entienden que el fin último de esta escalada de tensiones es obligar a sentar a Estados Unidos y Corea del Sur en la mesa de negociaciones para conseguir nuevos convenios de ayuda y cooperación. De ser así, este nuevo episodio sería sólo un capítulo más en el largo historial conflictivo de la única dinastía comunista del mundo.

Pero Corea del Norte tiene un nuevo líder al que todavía no se le ha puesto a prueba en este tipo de situaciones. De Kim no se sabe a ciencia cierta ni su edad, lo que lo convierte para para la mayoría de nosotros en un misterio. Como líder ha tensado tanto la cuerda qué no se sabe si es consciente de como jugar esta mano. En frío, sus amenazas resultan, como mínimo, temerarias y no es descartable que sea capaz de lanzar un ataque si se ve acorralado. La teoría de las perspectivas es consistente con esto.

¿Cómo sería el más racional de los ataques?

Si Corea del Norte se dispone a atacar y quiere evitar desaparecer a los pocos minutos mediante un ataque nuclear americano, deberá restringirse a utilizar fuerzas de tierra respaldadas por fuego de artillería. De esta forma Corea del Norte sólo podría atacar directamente a sus vecinos del sur aunque podría alcanzar mediante misiles de medio alcance y con una precisión aproximada a Japón, su otro gran enemigo regional.

Resulta que Corea del Norte tiene el mayor ejército del mundo si se tienen en cuenta los reservistas, y nada hace pensar que estos se queden en casa el día que empiece la guerra. Por su parte, Corea del Sur dispone de 690.000 soldados, que a su vez recibirían apoyo directo del ejército americano.

A grosso modo, Corea del Norte tiene un 50% más de tanques, misiles, aviones, barcos y artillería que su vecino del sur aunque tecnológicamente este arsenal es bastante más rudimentario puesto que en su mayor parte no es más que un vestigio del armamento soviético almacenado durante la guerra fría. Esta superioridad numérica obliga a Corea del Sur a ser más inteligente y hábil. Seúl consigue este objetivo mediante la disposición de un avanzado arsenal provisto por Estados Unidos.

Yun Tae-Hyun/Yonhap, via Associated PressAunque los enfrentamientos generarían una destrucción sin precedentes, las tropas de Kim Jon Un no llegarían muy lejos. El ejército surcoreano junto a las tropas americanas estacionadas en Seúl, Japón y Guam terminaría por laminar el régimen comunista. Estos movimientos generarían, muy seguramente, una oleada de refugiados norcoreanos hacia China, generando muchos problemas al gigante asiático y desestabilizando, todavía más, la región.

La historia cambia si China decide apoyar a su histórico aliado

China es la segunda economía del planeta e invierte cerca del 4,5 % de su PIB en sus fuerzas armadas. Es una nación que dispone de un ejército gigantesco formado por 2,3 millones de soldados. Sólo al lado de la península de Corea, y sin contar las fuerzas de tierra, China alberga en el mar del norte una fuerza naval compuesta por tres submarinos nucleares, 10 submarinos diesel, 10 destructores, 9 fragatas, 2 barcos anfibios y cerca de 20 patrulleras armadas con misiles. Y esto es sólo una fracción de su arsenal.

Win Mcnamee/Getty ImagesPero a pesar de tener el músculo suficiente como para aterrorizar a cualquiera, no está claro que Pekín quiera seguir apoyando a su histórico aliado. Los estados nunca han tenido aliados permanentes y últimamente China ha combinado muestras de apoyo con quejas más o menos abiertas sobre la actitud beligerante de la clase dirigente de Pyongyang. Además, el pasado febrero China aprobó el enésimo paquete de sanciones que impusieron las Naciones Unidas a Corea del Norte después de que esta detonara, por tercera vez desde 2006, una ojiva nuclear.

Es precisamente la aprobación de este nuevo paquete de sanciones el elemento que justifica a Kim Jong Un tocar los tambores de guerra. Si China quiere ser mínimamente consistente, no se debería  entrometer en una guerra entre una Corea del Sur apoyada por Estados Unidos y Corea del Norte si esta última se decide atacar unilateralmente dentro del marco de esta escalada de tensiones. Aun así, los problemas que generaría una guerra en la región pueden empujar a China a perseguir la paz. Por el momento Estados Unidos ha cumplido con su papel, ya se ha preparado para un eventual ataque y ha anunciado que va a posicionar un escudo antimisiles en la base de Guam.

Una locura, ¿posible?

Un ataque tradicional no garantizaría, ni de lejos, una victoria a Pyongyang. Es por esto que en caso de atacar Kim Jong Un se podría ver tentado de elegir entre un ramillete de alternativas desgraciadamente trágicas.

Ahn Young-Joon/Associated PressSi Corea del Norte decide usar su escasa decena de bombas atómicas, o decide vendérselas a alguno de sus socios comerciales como Pakistán o Irán, o a algún grupo terrorista tipo Al Qaeda, va a abrir la veda a un ataque nuclear por parte de Estados Unidos que la borraría, literalmente, del mapa. Debería ser un ataque milimétrico, pero que en cualquier caso enajenaría China, Rusia, y que seguramente frenaría muchos procesos de cooperación internacional. Un ataque nuclear motivaría paralelamente a Tokio y Seúl a desarrollar arsenales nucleares y conduciría a Pekín a multiplicar el suyo, empezando una nueva carrera armamentística en una de las regiones con más tensiones del planeta.

Por otro lado, el uso de armamento químico es una opción que se abre al analizar el arsenal norcoreano. Pyongyang dispone de hasta 5.000 metros cúbicos de armamento químico entre tabún, un gas nervioso que se utilizó en la guerra entre Irak e Irán, y gas mostaza. De nuevo, el uso de un arma de destrucción masiva de este tipo abriría la veda a la destrucción total del régimen mediante la utilización de los medios más violentos por parte de unos Estados Unidos que querrían acabar de una vez por todas, con un problema estancado durante demasiadas décadas.

El abismo

Según la CIA, Corea del Norte está hecha trizas económicamente. Su producción industrial ha bajado a niveles anteriores a la década de los noventa y tiene dificultades a para conrear sus cultivos lo que ha hecho de la malnutrición un mal extendido en el país. En términos prácticos, Pyongyang es un gigantesco cuartel militar llevado al límite, que sobrevive gracias a la ayuda internacional, capitalizada principalmente por China. Es probable que el flujo de esta ayuda acabara el día en que empezase la guerra.

Independientemente de si empieza la guerra o no, Corea del Norte está en una situación desesperada que difícilmente será sostenible en el tiempo. Su actitud aliena progresivamente hasta a sus aliado más tradicional lo que condena a largo plazo al régimen comunista de Pyongyang. Aunque lo más racional sería una abertura del régimen al mundo, hay que tener en cuenta que en situaciones desesperadas, la última de las opciones que se tiene en cuenta, es precisamente la más racional.

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